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Martes 18 Septiembre del 2018
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Qué tanto es Tantitito

El árbol de la noche triste

Teitter/ @uyuyuyy

El otro día anduve por Popotla, lugar de inventos como la dizque leyenda del mentado Cañitas que resultó una farsa, también estuve en la placita del “árbol de la noche triste”, el ahuehuete está más pachiche que cacahuate seco y muy solitario.

Ya saben, algún Delegado Político se creyó muy listo y quiso llamarlo “el árbol de la victoria”, hasta se pintó un mural sobre la batalla de esa noche lo llamaron La Noche de la victoria, puras machincuepas, especialistas como el arqueólogo Eduardo López Moctezuma, fue el primer coordinador del proyecto del Templo Mayor y de prestigio en todo el mundo, él escribe en un artículo, que el árbol en donde dicen lloró Cortés, no hay ninguna prueba de que existió, asegura el arqueólogo, y que las dos citas que dan información sobre la noche del 30 de junio de 1520, una es del propio Hernán Cortés, lo hizo en una de sus cartas de relación dirigidas al Rey de España, ahí, Hernán cuenta al Rey que “murieron 150 españoles, dos mil indígenas aliados y 45 yeguas y caballos…”

Claro, se puede pensar que siendo la española una cultura machista, de menso Hernán dice que lloró, se entiende, que lo haya ocultado, pero quien lo balconea es el Bernal Díaz del Castillo en su “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, cuenta que esa noche después de la corretiza y abandonar los tesoros, llegan hasta por los rumbos de Tacuba, donde Cortés esperó a sus demás hombres, el último en llegar fue Pedro de Alvarado, todavía Cortés esperaba que llegara alguien, pero Alvarado le dice que los demás han muerto, y Bernal escribe cómo a Cortés se les escaparon unas lágrimas… Es lo que se sabe de un testigo presencial y en ninguna otra fuente se hace referencia a esta escena, mucho menos a un árbol.

La leyenda del árbol de la noche triste surgió en el imaginario de la gente y hasta ha habido sesudos especialistas que aseguran que el de Popotla no es el verdadero árbol sino otro que está cerca del Santuario de la virgen de los Remedios. Y hasta locos que lo han quemado. Ni modo, si ni los historiadores ni los locos han podido desaparecer al legendario árbol de la noche triste, el abandono y el olvido lo están logrando de a poquito, pero si importara ya muchos hubieran puesto el grito en el cielo… digo, qué tanto es tantito.

Los arcos rojos del barrio chino

FOTO: MARIO JASSO /CUARTOSCURO.COM

En la Ciudad de un día para otro cambian las cosas. Ahora el Barrio Chino tiene arcos, a la entrada de la calle de Dolores casi esquina con avenida Juárez hay un arco de los llamados Torii, son de la tradición oriental. Es una arco pintado de rojo y se usa en la religión sintoísta. Simboliza la entrada del lugar sagrado, como un templo sintoísta, y sirve para alejar las malas vibras.

Este arco es muy bonito y no sustituye al que está en el parque de José María Marroquí, sobre la calle de Independencia, y a sus leones que estaban ahí los trasladaron a Dolores esquina con Independencia. Y en la esquina de Dolores con Ayuntamiento hay una Puerta Luna o Puerta de la Luna, un arco que tiene una especie de enorme ventana circular, eso indica que ahí termina el lugar sagrado.

Tanto el arco como la puerta de la Luna resguardan los lugares sagrados, como un templo sintoísta. Por cierto en la esquina de Dolores y artículo 123 hay ideogramas chinos de medio metro de altura en negro y rosa como la marca de CDMX pero dicen los chinos que no quieren decir CDMX sino Ciudad de México.

Estos arcos Torii aseguran los chinos son indestructibles, hay fotografías por ejemplo de Japón de cuando cayó la bomba atómica en Hiroshima y se destruyeron las construcción de esa ciudad pero esos arcos quedaron en pie, igual sucede en los tsunamis que azotan el oriente, los lugares se ven devastados pero los arcos están en pie. ¿Cómo la beisbol?

Lo malo es que les está quedando muy bonita la calle, con macetones como de fierro o acero con letras con ideogramas chinos de Ciudad de México, pero los amigos de los ajeno, como magos, desaparecieron unos diez macetones y las rejillas que sirven para que en los canales corra el agua impidiendo que la basura no las tape, ni chance dan de que del estreno, el vandalismo ya hizo de las suyas, no sean gachos, que tanto es tantito.

Legendarios los caldos de Indianilla

LA NETA de la corneta noctámbula el reposado es al otro día cuando la cruda hace estragos y se antoja algo calientito para sudarla y eso en Chilangolandia ha sido de tiempos ancestrales, basta leer las crónicas del siglo XX para saber cómo se la curaban los que bailaban en Waikiki o en el Salón México. No se por qué los intelectuales o los artistas de fama internacional les gusta acercarse a los barrios populares para ver cómo se la curan o como se la beben.

Es el caso de los célebres caldos de Indianilla, estaban cerca de la estación de tranvías de Indianilla. Se nombraron así porque el lugar donde estaban se llamaba de la Indianilla, hoy colonia Doctores, el taller se ubicaba en las calles de Claudio Bernard, Niños Héroes y Doctor Lucio. Y por estos caldos de Indianilla se asomaron Dolores del Río, Orson Wells, Rita Hayworth, el Indio Fernández, Diego Rivera, Rodolfo Usigli José Revueltas, la crema y nata para hacer rompope.

Imagino a estos personajes probaron los caldos de gallina: “gallina vieja hace buen caldo”, reza el refrán, parecen que estaban retebuenos, estos personajes de seguro los acompañaron con hojas de té de naranjo con piquete, algunos aseguran que ahí nació la legendaria teporocha, tres medidas de té por una de chínguere, vaya usted a saber, los cierto es que por aquí también estaban “las veladoras”, otro lugar para beber chínguere, que los mandaba a dormir como angelitos, claro en estos lugares tocaban los tríos sus boleros de moda, música romántica, de esa de rompe y rasga el corazón, ese era el ambiente de los famosas caldos de Indianilla.

Ahora ese tipo de legendarios lugares no existen, a lo más que llegamos son a los puestos de tacos con su “paisa” favorito, será la inseguridad que ya ni la noche lleva la fiesta en paz. Pero no se pongan tristes, se pueden dormir temprano y al otro día llegarle a su mercado favorito por unas enchiladas de mole y unas chelas.

O a la pancita de la calle del Buen tono, en el Centro Histórico, a un lado del gimnasio “Los nuevos Jordán”, hacen una pancita que lo mismo da si pida de cacarizo, libro o callo, sabe sabrosa con sus rama de epazote y las tortillas recién hechas y un café de la olla o su helodia, digo para sudar la última gota de la noche anterior, que tanto es tantito.

Se lo llevó la Reforma

@uyuyuyy

Hablar de la Santa María la Redonda es hablar también del Paseo de la Reforma y cómo éste al prolongarse hacia el norte de la Ciudad con la Calzada de Guadalupe y la de los Misterios, en el año de 1963, siendo regente de la Ciudad, Ernesto P. Uruchurtu, el barrio de la Santa María queda dividido de su colonia, la Guerrero, y más cercano a Garibaldi, la Lagunilla y san juan de Letrán.

Y un teatro legendario, el Tívoli, fue demolido para abrir paso a Reforma. Estaba en la calle de la Libertad número 9, siguiendo la numeración actual, su ubicación era sobre lo que ahora es el Paseo de la Reforma Norte. El Tívoli fue teatro de revista y burlesque, ahí las damitas se desnudaban y con pudor ocultaban su vello púbico con un pedacito de tela.

El teatro fue una arena de box y lucha pero al inaugurarse la arena Coliseo, en la calle de Perú, los propietarios, un señor Iracheta y el señor Mancini, optaron por reacondicionar la arena como teatro, con el tiempo lo fueron mejorando, así surgió el Tívoli. Hay una película que estelariza Alfonso Arau bajo la dirección de Alberto Isaac, “Tívoli”, donde cuentan una dulzona historia del mítico teatro popular.

El Tívoli se inauguró en 1946, del 13 al 15 de septiembre, según el cómico Willy, hijo de “La Guayaba” la grandísima Amelia Wilhelmy, tenía 700 localidades en luneta y también había galería, ahí entraban en montón.

Se iba inaugurar a todo glamour pero ni se presentó la obra anunciada, ni llegaron los invitados, eso sí, estuvieron Fernando Soler, Buster Keaton, Miroslava y la madrina Emilia Guiú. Por este escenario desfilaron el “Cuatezón Beristáin, Medel, el Ojón Jasso, Tongolele con su espectáculo “las Mangoleles”, Benny Moré canta una canción celebrando a las encueratrices: “Me gustan todas las mangoleles, Yara, Sumui Key, Fridé y uno se vuelve loco por comerse a Kalantán pero la Tongolele me gusta más…”, había vida nocturna, digo, qué tanto es tantito.

La calle de La Palma

Twitter/ @uyuyuyy

La calle de Palma es una de las calles más antiguas del Centro de la Ciudad, imagínese, unas décadas después de la caída de Tenochtitlan, se llamaba Diego López, el viejo, de seguro ahí tuvo una casa el tal Diego, y ya en el siglo XVII, en otra casa, nos dice el maestro Tovar y de Teresa, que había en su jardín una palma y la gente le dio en llamarla “La casa de la palma”, con el tiempo terminó la gente llamando a toda la calle La Palma.

Esta primera calle es la que encuentra entre 16 de septiembre y Madero. De las calles de 5 de Mayo hacia el norte, en siglos anteriores se llamaban “de la Alcaicería”. Les cuento, una alcaicería es una calle donde hay comercios que venden cosas de lujo como la seda, famosas son las de la zona andaluza de España, acá en tiempos de la Nueva España la seda en bruto era muy requerida por la gente con billete para sus lujos.

En esas calles de la Alcaicería surgen negocios lujosos y casas casi palacetes, una de ellas ocupó hace décadas los antes famosos “Caldos Zenón” tan de gratos recuerdos para los crudos, muy buenos caldos de pollo con sopes de salsa verde, otra construcción antigua, es el restaurante, frecuentado por políticos, El Cardenal, el original, han surgido otras sedes. En la esquina con 5 de Mayo, se encontraban las casas de Cortés, ahora lo ocupa el edificio donde el conde del Regla, don Pedro Romero de Terreros, el hombre más ri- Armando Ramírez co de su época, construyó su Real Monte de piedad, ahora es el Nacional Monte de Piedad.

También está la cantina La Montañesa, soldados de levita acuérdense de Adelita, y en la esquina con Tacuba está la panadería más antigua de la Ciudad, La Vasconia, hacen un pan de muerto del diez. Hasta ahí llegaba la calle de la Alcaicería. Por cierto, de la Alcaicería más que una calle parecía un callejón, en la panadería hay una foto de la calle, ahí podrán ver cómo parecía más un callejón.

En el siglo XX, esta calle fue ampliada y pasó a ser Palma, llega hasta Belisario Domínguez, aunque, quién sabe si por magia de la nomenclatura, saltó, cruzando construcciones que pertenecieron al convento de Santo Domingo para llegar a la calle de Paraguay, en la zona mueblera de la Lagunilla, debe de haber una explicación, si la encuentro se las cuento, digo, qué tanto es tantito.

Calle Nautla

Foto: Cuartoscuro

Lo primero es lo primero y es salvar vidas de los escombros de los derrumbes y a la siguiente hora habrá que evitar más tragedias, así es la situación. La calle de Nautla es pequeña, hace esquina con Tlaxcala, y como en 1985 otra vez la tan castigada colonia Roma, sobrecoge el corazón y se estruja el ánimo de impotencia al ver los edificios que han sido desalojado por estar severamente dañados, están acordonados con cintas amarillas, pero un arquitecto habitante del edificio de Nautla número 28, está a la mitad de la calle, nos invita a entrar a esa construcción de unos seis pisos, está muy inclinada hacia la calle, la mayoría de los vidrios de las ventanas están rotos y la entrada está abierta de par en par, accedemos con miedo, en la oscuridad del cubo del zaguán escucho esta meditación: “una réplica y se nos cae”, lo primero que vemos es la caja del elevador, destrozada, subimos por las escaleras, los escalones están endebles, nos dice el anfitrión, pisen con cuidado, más temor, está muy oscuro, llegamos al segundo piso, entramos a un departamento deshabitado, vemos grandes grietas en las paredes de los cuartos, hay yeso, vidrios rotos y concreto caído en el suelo, estremece ver una grieta muy amplia por donde pasa la luz de la calle, al caminar se va uno de lado. En el tercer piso, donde vive el arquitecto, los daños son peores, nos explica que el edificios con una réplica se puede caer sobre las construcciones vecinas, quiero bajar pero me aguanto, nos pide que digamos esta situación, han venido ingenieros jóvenes en representación de las autoridades, vieron el edificio, les dijeron, no se podía hacer nada, había otras prioridades y se fueron. Pienso lo catalogaron de alto riesgo. En la calle una señora rubia señala a su madre, de más de ochenta años de edad, está sentada en la calle, nos pregunta por un albergue para llevarla, la tarde amenaza lluvia, llegan autos y camionetas, se llevan las pertenencias de la gente de casas vecinas, la rubia se lamenta, dice que el edificio desde hace tiempo está dañado. Después del rescate de personas de edificios caídos habrá que evitar más víctimas y no es un edificio, hay varios en las calles de Morena, Pestalozzi… en la Roma, Medellín, Tehuantepec, Nautla… digo, rapidito, qué tanto es tantito.

La Bondojito sí existe…

AUNQUE LAS AUTORIDADES SE ENCARGUEN DE DESAPARECERLA EL BARRIO SEGUIRÁ EXISTIENDO

Recorriendo la CDMX se lleva unos susrtotes, qué creen, la Bondojito no existe, llegué al mercado de la Bondojito, en la esquina de norte 72 y Henry Ford y los vecinos me dijeron que ya se enterraron que no son de la Bondojito, que el mercado Bondojito pertenece a la colonia Ampliación Emiliano Zapata, igual las tortas Bondojito y están encabritados, creyendo que estaban en la Bondojito le puso el nombre del barrio a sus tortas, pero resulta que no son de la Bondojito sino de la Ampliación Emiliano Zapata.

Pero como dicen, la Bondojito, aunque las autoridades se encarguen de desaparecerla, el barrio seguirá existiendo.

Y los vecinos me desengañaron, resulta que años viví creyendo que Rubén Olivares, el gran Púas, era de la Bondojito, pero dicen que no, es de la colonia Tablas de san Agustín, que la vecindad del “Quinto patio”, donde creció el gran Rubén, pertenece a la colonia Tablas de san Agustín.

Me contaron que la palabra Bondojito es de origen otomí: “bondo”, que quiere decir “nopal pelón” y que el diminutivo es Bondojito, “nopal peloncito”. Y por prueba dicen que el icono del Metro Bondojito es un Bondo. Uy uy uuuy.

Me fui a la calle de Victoria y Norte 70, con razón los padres querendones del nororiente de la ciudad ya no van al mercado de Sonora o la Merced para comprar sus piñatas, juguetes baratos y dulces para las fiestas de sus chilpayates.

Es una alegría ver la calle de Victoria con sus tiendas de piñatas, dulces, juguetes. Nos cuentan que hace treinta años a un señor se le ocurrió poner un changarro y vender bolsas de dulces de una fá- brica que los producen por ahí cerca. Y tuvo tanto éxito que luego otro señor se puso las pilas y puso otro changarro pero con el agregado de vender también piñatas y al paso del tiempo también se pusieron a vender en esas tiendas juguetes de plástico y los vasitos y los gorro hasta ser lo que es hoy esta zona en los límites de la Bondojito y la Aragón Inguarán, ora si dijeron, qué tanto es tantito.

¡Tengo ganas de llorar!

Al leer la encuesta que publicó el Diario BASTA! este lunes me quedé con el ojo biónico cuadrado, me entero que la inseguridad pública es uno de los tres grandes problemas que angustian a la gente, y no es para menos, delincuencia común y organizada traen frito a los ciudadanos.

Otro problema muy grave que ha ido ascendiendo en el top ten de las preocupaciones de la gente en este sexenio, se ve clarito en la encuesta, es la falta de empleo, ¿sin chamba cómo se sobrevive? dígame usted, a eso cárguele al costal de las preocupaciones de la gente ¡los salarios bajos! Sí, ya me extrañaba que la gente no pegara de gritos por la contención de los salarios de los trabajadores, una cosa es Domínguez y otra no me la Mínguez. La gente ya no quiere que la carguen las pulgas de una economía que crece pero para los vencedores y nada para el trabajador.

Donde la burra tuerce el rabo es el señalamiento de los ciudadanos a la corrupción, no creen que se esté combatiendo, tal parece que los escándalos de políticos que están metiendo a la cárcel, se piensan es para taparle el ojo al macho, el 80% de la gente señala que la corrupción no se ha combatido de verdad.

Y si eso cree 8 de cada 10 ciudadanos, es como decirle al gobierno: ustedes creen que no me fijo pero ciego no soy, digo, bolas con las rolas. Y sigue la mata dando con la economía casi 8 de 10 ciudadanos confiesan que está más jodido ahora que hace un años, chispas de chocolate chino. ¡Párenle! Siento gacho comentar cómo valora la gente el trabajo del señor Presidente, dice la gente en la encuesta realizada por la empresa Berumen, que ¿usted cree que lo aprobaron? caliente, caliente, de seguro usted fue de los que encuestaron, el 81% no lo aprueba, ay hasta sentí feo como cuando reprobé algebra en segundo de secundaria.

Voy a llorar pero sigo contando, un 16% de los ciudadanos cree que van re bien re bien el señor Presidente y, sopas, hago gulp, me entero que un 62.3% dice que va re mal. Me estoy deprimiendo, porque el cielito lindo se ilumina con una tenue estrella, primero los huracanes y los sismos, uno tras otro y de diferente epicentros y ahora esta encuesta. Yo tan contento que iba a desayunar una pancita con una chela, ya me aguadaron la mañana, digo, no hay que ser, qué tanto es tantito.

Brigadistas en la Obrera

Parecería sencillo describir a un brigadista, pero son tan distintos, en el parque España se encuentran cientos de jóvenes de colonias adineradas, comprometidos, bien vestidos de forma casual, llegan en bicicleta y se les nota el compromiso, platiqué con una señora de ojos claros y su hija de 16 años, venían del Pedregal de San Ángel, también con Javier Alarcón el conductor de deportes llegó con una camioneta de carga, estaba repleta de cajas con medicina, unas jovencitas bajaron y dejaron en el centro de acopio varias cajas y la camioneta conducida por Javier se fueron hacia el Parque México.

Hacia Álvaro Obregón encontré brigadistas de colonias populares y clase media con garra y corazón participan en recoger escombro, a veces van y abrazan a un señor angustiado, espera noticias de su sobrina, me comentó que había hablado con ella por celular, estaba en el cuarto piso, se quejó de que no veía que hubiera gente en las labores de rescate, ellos querían entrar y no los dejaron, vi a una señora asturiana con muchos años en México, poeta, habitaba ese mismo edificio, se ha refugiado en la casa del poeta de la Roma, pero aquí está solidaria con ropa prestada, no pudo sacar nada de su departamento, fumaba nerviosa con los ojos llorosos, me dieron ganas de abrazarla y lo hice, no supe qué decirle, sonrió y me despedí.

Llegué a la colonia Obrera, a la fábrica de textiles, frente a la bodega Aurrera, aquí los jóvenes brigadistas son de los barrios cercanos: Doctores, Buenos Aires, Centro, de la misma colonia Obrera y jovencitos y jovencitas de los municipios conurbados, llevan días durmiendo en tiendas de campaña, usan cascos amarillos o rojos, desde una camioneta vocean: “se necesitan picos en Lucas Alamán”, me ofrecieron cubre bocas, barras de cacahuate, botellas de agua, son ágiles, acostumbrados al trabajo rudo, jovencitas de las escuelas de enfermería ejercían sus conocimientos, la pulquería salón Casino es punto de cita, pasó una camioneta ofreciendo llevar a brigadista a Xochimilco, no les dijeron dos veces, en un 2 x 3 treparon a la camioneta, se alejó rumbo al sur de la ciudad, los jóvenes que resguardan la entrada por Bolívar alzaban el brazo con la mano empuñada, es señal de guardar silencio, digo, está chido, qué tanto es tantito

Alameda de Tacubaya

Twitter/ @uyuyuyy

La Alameda de Tacubaya tiene magia, nada más pararse o estar sentado en una de sus bancas descubrirá que la escuela primaria está en el jardín, fue la casa de Justo Sierra, el maestro de América, por su vocación para educar, impulsor de la Universidad Nacional, antes de que fuera Autónoma, un intelectual de primera, diputado, ministro de la Suprema Corte de la Nacional, un hombre que pensó en la educación de los mexicanos para hacer un gran país.

Y entonces recorro con la vista los alrededores y encuentro el obelisco que enseñorea la fuente y me recuerda a los mártires de Tacubaya: en el siglo XIX cuando conservadores y liberales peleaban para imponer su visión de cómo debería ser el país hubo una batalla entre ellos en Tacubaya, perdieron los liberales, fueron hechos prisioneros y ahí mismo los fusilaron, quien firmó la orden fue el conservador Tomás Mejía, quien años después sería fusilado en el cerro de las Campanas junto a Maximiliano, los fusilamientos causaron estupor en el mundo, entre las víctimas estaba un joven escritor Juan Díaz Covarrubias, autor de la novela “El diablo en México”. Juan era un estudiante de medicina, liberal y que se alojaba en un cuarto en la Escuela de Medicina, el mismo cuarto que después ocuparía el poeta Manuel Acuña, quien se suicidaría con cianuro.

Enfrente, sobre la Avenida Revolución está el templo de la Candelaria, tiene más de 450 años de haberse construido. La gente de estos rumbos se prepara para celebrar el 2 de febrero, el día de la Candelaria. Otra cosita antes de la iglesia estuvo un adoratorio dedicado a Cihuacóatl, la diosa de las parteras.

Y en la esquina de José María Vigil y Revolución está el viejo edificio del Palacio Municipal con su reloj destartalado, a la vuelta en la calle hay un comedor público y más atrás el antiguo cuartel de bomberos, es del año de 1935, con su fachada roja y blanca, con los carros estacionados esperando las llamadas de auxilio.

En el jardín hay un busto de Gabriel Siria Levario, mejor conocido como Javier Solís, ídolo de Tacubaya, quien fuera boxeador al igual que otro ídolo de ahí, el Finito López, sí ahí esta el recuerdo del cantante de “Sombras nada más entre tu vida y la mía…” La Alameda de Tacubaya contiene la historia del barrio, qué tanto es tantito

Por el maldito vicio

 

José Guadalupe Posada pegó el primer grito de su vida el día de la Candelaria, a las diez de la noche, fue un 2 de febrero 1852 en la Ciudad de Aguascalientes, sí, el creador de la calaca Catrina era hidrocálido, aunque muy joven emigró a la Ciudad de León, ahí fortaleció su vocación de caricaturista y conoció al amor de su vida, era el año de 1875, él tenía 23 años y María de Jesús Vela tenía tan solo 16 años, pero así y todo José Guadalupe Posada firmó el acta de matrimonio, pero no todo irían bien, en la Ciudad de León hubo una inundación que obligó a Guadalupe con todo y familia emigrar a la Ciudad de México.

Acá don Lupe conocería a Antonio Vanegas Arroyo, dueño de la imprenta donde Guadalupe Posada imprimiría la Catrina, primero se ubicaron en la calle Santa Teresa, hoy Licenciado Verdad, en el Centro, y luego se cambiaría a la calle de Santa Inés, ahora Moneda, cerca de la iglesia y convento de Santa Inés, hoy ahí se encuentra el Museo de José Luis Cuevas. La célebre foto donde están don Lupe, su hijo Juan Sabino y Antonio Vanegas Arroyo afuera de la imprenta es en esta calle, Moneda.

Le iba bien a don Lupe pero agarró el maldito vicio del chupe, se iba de gira etílica sin importarle la familia, como la vez que su hijo Juan se enfermó y murió sin que él se apareciera, vivían en la calle de Nicaragua, cerca de la calle de Argentina. Ni modo, así como captó la picardía de la gente también agarró la botella. Sus ilustraciones en las publicaciones de Vanegas Arroyo lo daban a conocer, como la célebre nota roja de “los 41”, fueron aquellos que agarraron en una fiesta, eran puros hombres, unos vestidos de mujeres y otros de hombrecitos, entre ellos estaba Nacho, el yerno de don Porfirio Díaz, la redada capturó a 42 gays pero para que no quedara huella de que Nachito bateaba chueco, quedaron en 41 por órdenes de don Porfirio, lo supo Posada e hizo un grabado con “la fiesta de los 41”, de ahí que con ese número se designe en los barrios a los gays.

Pero Posada no pudo con su vicio, don Lupe para los cuates, murió en una vieja vecindad de Tepito, en el 6 de Jesús Carranza, la madrugada del 20 de enero de 1913, nadie reclamó su cuerpo y lo tuvieron que enterrar en la fosa común. Y todo por chupar y decir, qué tanto es tantito.

El barrio de Peralvillo

Twitter/ @uyuyuyy

El tiempo vuelve invisible a barrios que fueron importantes como el Peralvillo, un barrio tan típico que inspiró a Alejandro Galindo para hacer la película Los Fernández de Peralvillo, o a Francisco Martínez de la Vega, a crear el detective Peter Pérez de Peralvillo. Es un barrio que se confunde con Tepito, su avenida principal es la calle de Peralvillo, parte del Eje uno norte y termina en la antigua garita de Peralvillo.

El barrio pertenecía a Tlatelolco y se llamaba Atenantitech, en náhuatl significa “bordo de piedra”. En la época de la Nueva España la gente de la Corona española se da cuenta de la cantidad de pulque que se consume y construyen una garita para el pago de impuestos a la entrada norte de la ciudad y aunque también por ahí entraban otras mercancías le llaman “la Aduana del pulque”. Era un bello edificio de estilo barroco, la construcción fue mutilada para abrir al norte el Paseo de la Reforma, lo que queda del recinto lo ocupa el Museo Indígena, antes ahí fue una pre-vocacional del Politécnico, también fue el Instituto Matías Romero, de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Si camina por Peralvillo rumbo a la Basílica de Guadalupe podrá admirar su hermosa fachada tallada en cantera, actualmente la entrada del Museo es por el Paseo de la Reforma.

La avenida Peralvillo prolongaba en tiempos de Tenochtitlan la Calzada del Tepeyac, una de las calzadas que comunicaba a la ciudad con pueblos asentados en la tierra, no sobre los lagos. En la época novohispana Peralvillo es la avenida por donde entran a la ciudad los europeos que llega por Veracruz, aunque seguía siendo un barrio indígena poco a poco fueron ganado terreno las casas de los criollos, que no podían darse el lujo de vivir alrededor de la plaza Mayor, hoy el Zócalo.

Al tomar el poder Porfirio Díaz al barrio de Peralvillo le sonríe la fortuna, por el rumbo se instalan fábricas como la de vitrales de Claudio Pellandini, las casas de la Fundidora de los Talleres del Coro, etc. ahora son jacalones abandonados, unas cuantas construcciones sobreviven en buen estado como la iglesia, el edificio Marina, expresión del art decó y vecindades como la de dos salidas, que cuentan fueron caballerizas de don Porfirio y se puede admirar, digo, no hay que ser, qué tanto es tantito.

Poetas en camión

Twitter/ @uyuyuyy

Vamos a recordar a los “Delfines”, ¿se acuerdan de ese tipo de transporte público?

Muchos tendrán en su corazoncito su tipo de camión favorito, los “trompudos”, la neta, estaban gachos o “los chatos” la verdad tampoco estaban muy estéticos, eso sí, se distinguían por llevar su motor en la parte delantera, como los famosos “Juárez-Loreto”, hasta el poeta Efraín Huerta le cantó a los Juárez- Loreto y a la bella mujer que cuando se sentaba enseñaba sus hermosas rodillas, no lo digan, ahora está de moda acusar de acoso a la mujer, imagínense al poeta acusado de acoso por hacer poesía con las rodillas de una usuaria del Juárez-Loreto.

Los tiempos cambian, al poeta Ramón López Velarde, creador de la “Suave Patria” lo hubiera acusado de lo mismo, dicen que se estaba las horas en la antigua Plateros viendo cómo las señoritas bien bajaban de sus carruaje y él se sentía complacido al verles el huesito del tobillo.

Todo cambia, el transporte público, a excepción del Metrobús y del Metro, siempre han sido una calamidad, cuando fueron del pulpo camionero o cuando pertenecieron a la Ruta 100. Pero de todos los camiones los que tenían una belleza urbana que engalanaban la vieja San Juan de Letrán, eran los Delfines.

Pase por la iglesia de san Francisco frente a la Casa de los Azulejos, ahí encontrará un placa con el nombre de la persona que se le ocurrió por primera vez alquilar los carruajes, luego vinieron los trenes de mulitas, los taxis jalados por caballos.

En los años sesenta y setenta las autoridades compraron los Delfines, comenzaron costando 60 centavos el pasaje, lo subieron hasta un peso, pero eran amplios, grandes y trasladaban mucha gente, y parecían delfines.

Bueno hubo un tiempo que los autobuses gringos de la Greyhound, salían de Insurgentes e iba hasta Canadá, era cuando no todo mundo tenía billete para volar.

Ahora los reyes de las calles son los microbuses, parecen trocas que cargan guacales de la Central de Abasto, son influyentes, se detienen a la mitad de la calle para levantar a la gente, huelen a gas, y si no trae cambio le echan sus habladas y ya no diga la inseguridad, tanto de la delincuencia como la de quienes conducen los microbuses, qué hicimos los chilangos para tener micros, quiero unos delfines, digo, qué tanto es tantito.

La Balbuena es rica en famosos

DONDE SE UBICA LA COLONIA JARDÍN BALBUENA ERAN LOS TERRENOS DE DOS HACIENDAS

La Magdalena y Santa Lucía, propiedad de la familia Braniff, de hacienda sólo tenían el nombre, eran potreros, pastizales, que el gobierno compró y abandonó.

Esos terrenos los usó Alberto Braniff para volar su aeroplano, también Emilio Carranza, sobrino de Venustiano, incluso el Presidente Madero fue el primer mandatario que voló en un avión ahí, su piloto fue Dyott, en un Desperdussin.

Estos terrenos sirvieron de campo de aviación de los militares, hasta que por 1946 el Gobierno los fraccionó.CDMX. Así surgió la Merced Balbuena que fue ocupada al principio por bodegueros de la Merced que construyeron casas estilo neocaliforniano, todavía en Congreso de la Unión se ven algunas.

Los terrenos de la Balbuena fueron campos de fútbol y en los años 50 se levantaron casas de clase media, era una población de comerciantes de la Merced, deportistas exitosos, profesionistas que iniciaban la formación de sus familias, etc. Y más adelante comenzaba la colonia Moctezuma, con tres secciones.

La Jardín Balbuena que es hermana de la Unidad John F. Kennedy fueron diseñadas por el arquitecto Mario Pani y su socio Agustín Landa.

Una características de la Jardín Balbuena son sus retornos, las casas eran parecidas, fueron financiadas por el Banco Nacional, con el tiempo han adquirido su personalidad propia por las modificaciones de sus dueños, en las calles principales se observa en algunas casas que en los frentes han puesto cafeterías, escuelas, tiendas, etc. Y las palmeras que se plantaron han ido desapareciendo.

La Jardín Balbuena es rica en dar futbolistas como Enrique Borja o Hugo Sánchez y en la actualidad Raúl Jiménez y no digamos de luchadores, nada más porque no traen sus máscaras no los reconocen, Armando Vega Gil de Botellita de Jerez y como olvidar un hijo ilustre de Tepito que también fue ilustre en la Jardín Balbuena Raúl “Ratón” Macías, que hasta restaurante tuvo en esta colonia, digo que tanto es tantito.

Pueblo que fue ladrillera

Y que con la evangelización y el tiempo ha ido desapareciendo.

Xochimanca significa: “el lugar donde se ofrecen flores”, aquí los indígenas se dedicaban a la agricultura y a la pesca cuando el lago llegaba hasta estos lares, al caer Tenochtitlan los evangelizadores franciscanos construyen la iglesia dedicada a San Lorenzo Mártir, su fecha de construcción genera dudas, si fue a finales del siglo XVI o principios del XVII, lo cierto es que tiene cuando menos 400 años de existencia, como asegura Héctor Vega Álvarez, originario del lugar.

Testigo de la antigüedad prehispánica es el basamento reconstruido que se encuentra en san Pedro de los Pinos y es que Xochimanca no es el único pueblo indígena de la colonia Del Valle, están los pueblos de Tlacoquemécatl, Mixcoac, Xoco, Santa Cruz Atoyac.

Los vecinos originario del pueblo de Xochimanca, se afanan en conservar su identidad ante la modernidad que los avasalla, todavía a mediados del siglo XX era un pueblo vivo, desde el centro del jardín se adivinan Insurgentes sur y Félix Cuevas, con sus edificios altos y los de departamentos que lo rodean, las calles de fresas y manzanas bordean al jardín, sus nombres nos recuerdan que este lugar hace honor a su nombre Xochimanca, la tierra era fértil, se daban árboles de tejocotes, perones, capulines.

Don Héctor cuenta cómo cuando era niño veía a las familias que vivían en los hoyos de las ladrilleras, recordemos que cruzando Insurgentes sur por la colonia Noche Buena, donde se encuentra la Ciudad Deportiva, está la Plaza México y el Estadio Azul que donde se construyeron fue una ladrillera.

Ahora lo que queda del pueblo es esta iglesia de San Lorenzo Mártir con sus fiesta de cada año y unos vecinos que quieren no se olvide este pueblo indígena llamado san Lorenzo Xochimanca, digo que tanto es tantito.

Condesa comehombres

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Se cuenta que fue una mujer que donde le ponía el ojo al hombre se lo echaba y lo hacía chicharrón. La Condesa no fue dueña de una o dos haciendas, no, las tenía regadas por todo el centro del territorio de la Nueva España, en Zitácuaro, Tuxpan, Hidalgo y minas en Santiago de Compostela, Nayarit, en Tlalpujahua y en la Ciudad de México.

No cantaba mal las baladas del cacicazgo, en la Ciudad de México fue dueña de Tacubaya y de ahí hasta donde se desparramaba la vista, ahora colonias como la Condesa, la Roma, con decirles que un caserón que está en avenida Revolución, en la actualidad lo ocupa la embajada de Rusia era de su propiedad y también de la casa que habitó en el siglo XIX el embajador de España y su esposa, la marquesa Calderón de la Barca, es el palacete que se encuentra en la calle de Bolívar, casi enfrente del casino español, ahora es un hotel boutique con varios restaurantes.

Fue una mujer rica, astuta, malévola, unos aseguran que estaba guapa pero los más que su riqueza la hacía verse sensual, cuentan por los rumbos de Michoacán que con los hombres después de tener noches calientes, los agarraba dormidos y los envolvía en cueros de res, los amarraba y los ponían al sol y cuando estos comenzaban a encogerse morían asfixiados, ¿ustedes creen? además de que a 300 esclavos les puso herraduras, les digo.

Y lista para el dinero no perdonaba los préstamos ni a la iglesia, ahí fue donde la Condesa torció el rabo, les quiso cobrar la deuda y los clérigos que se encabritan y la amenazan con excomulgarla, se aplacó, en esa época no se ponían con Sansón con sotana a las patadas, se espantó que la fueran por bruja aunque riquilla. Y para apantallar, resulta que la tercera Condesa de Miravalle era poetisa, émula de sor Juana Inés de la Cruz, ganó un certamen de poesía, convocado en honor a la décima musa, uy, qué mujer, es más, terminó emparentando con la descendencia de Moctezuma, su primogénito casó con una descendiente de la hija de Moctezuma.

María Magdalena Dávalos Bracamonte y Orozco fue un tipo de personaje femenino como los que interpretaba María Félix, la famosa devoradora como Doña Bárbara. Ella era bárbara por más alcurnia que tuviera. Sí ella fue la tercera Condesa de Miravalle, mujer legendaria, ha de haber dicho, qué tanto es tantito.

Los baños Lupita

La primera vez que conocí los baños Lupita fue en 1980, eran unos baños públicos que todavía daban servicio a los habitantes del barrio que en su casa no tenían regadera, pero con el tiempo las casas de Tacubaya, todas, tiene sus regadera para bañarse diario, no como en los viejos tiempos cuando la gente se iba a bañar los sábados, tomando su vaporazo y un masaje para el estrés, pero los baños Lupita también eran gimnasio, por eso llegué ahí para entrevistar al Cuyo Hernández, que era una de las vacas sagradas del boxeo de la época de oro.

Ahí estaba el Cuyo Hernández a la orilla del ring viendo cómo boxeaba el boxeador Lupe Pintor, oriundo de Cuajimalpa, y los pupilos del establo del afamado mánager le daban con singular entusiasmo a la pera loca, al costal, o hacían boxeo de sombra, le pedí una entrevista, don Arturo que así se llamaba el Cuyo, me miró con esos ojitos que dominaban su rostro y me dijo con una media sonrisa que sí, me platicó de cómo surgió el apodo del Cuyo, me dijo que de niño era muy peleonero, allá en su barrio de la Guerrero y que una vez, se surtió a otro niño y se fue corriendo a su vecindad, pero al rato llegó el niño llorando con su mamá, entonces la mamá al ver a los niños que jugaban en el patio le preguntó a su hijo: “quién fue” y el niño llorando lo señaló: “ese, el que tiene los ojos de cocuyo”. Y escucharon los demás niños y le comenzaron a decir el Cuyo. Sí en esa época el Cuyo Hernández tenía su establo en los Lupita, había dejados los baños Jordán de Arcos de Belén, desde esa época se hizo célebre el gimnasio de los baños Lupita, cuna de campeones de box, como el Finito López y ahí entrenaron célebres boxeadores como Mike Tyson o Alexis Argüello, o lo visitaron ilustres del boxeo mundial como Don King y George Parnassus, eso sin olvidar que mucho antes aquí forjaba sus ilusiones de ser un campeón de box Javier Solís, que era en esos tiempos carnicero, pero los caminos de la vida lo llevaron a ser un gran cantante de la música ranchera.

Hoy languidecen los baños Lupita, ya no hay servicio de baños, lo que funciona es el gimnasio, llevan un programa social para los jovencitos del barrio para que canalicen su agresividad, quien quita y salga algún campeón de box, como antes, digo, qué tanto es tantito.

Casa de una querendona

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Antonieta Rivas Mercado fue una feminista cuando no estaba de moda serlo, en un país donde el machismo era el pan diario. Y quién era ella. Era hija de Antonio Rivas Mercado, arquitecto que creó la columna de la Independencia, monumento que enseñorea una de las glorietas del Paseo de la Reforma, donde resulta que el Ángel no es ángel sino la figura mitológica de la Victoria alada o sea, es Ángela. Además don Antonio remodeló la casa de los condes de Buenavista, hoy museo de San Carlos. Era el arquitecto favorito de Porfirio Díaz.

Rivas Mercado construyó su casa en una zonas privilegiadas en esos tiempos, la parte de la colonia Guerrero que dominan el jardín, la iglesia y el panteón de San Fernando, cerca de la Alameda Central. Más preciso en la calle de Héroes 145. Es una enorme mansión, no fue el único que lo hizo, hubo otros que decidieron construir ahí sus mansiones, esas casas han sido derribadas o algunas se convirtieron en vecindades y otras estuvieron muchos años abandonadas, como la hermosa mansión de los Rivas Mercado.

La familia emparentó con el rey del pulque, Ignacio Torres Adalid, personaje que dominaba con sus 600 pulquerías el comercios del tlachicotón, en esa época se consumía mucho neutle, todavía no estaba la campaña de las cerveceras que crearon la leyenda de que lo fermentaban con excremento, ahora sabemos que eran puños de granos de café para recoger la acidez de la bebida. Y los granos ya remojados se imaginarán que parecían.

La mansión de la calle de Héroes es enorme, con grandes sótanos, bodegas, muchos cuartos, salones, un jardín que ya no existe, escaleras de herrería artística y pasamanos de madera, grandes ventanales. Esta casa la habitó toda su vida Antonieta Rivas Mercado, una mujer rica mecenas de los poetas llamados Los Contemporáneos, como Salvador Novo o Torres Bodet. Y pintores como Diego Rivera y Frida Kahlo, incluso se enamoró de Rodríguez Lozano, excelente pintor, pero era gay y fue novia de José Vasconcelos, el genial filósofo de la “raza de bronce”. Ella a los 30 años se suicidó en Parías y es una figura legendaria de la cultura en México.

Su casa ha sido remodelada y es una belleza que se encuentra en la colonia Guerrero; ahora es un centro cultural, vale la pena visitarla, digo que tanto es tantito.

Las casas de Cortés

En el terreno de lo que hoy es el edificio del Monte de Piedad en el Centro de la Ciudad en la época de la gran Tenochtitlan ahí tuvo su palacio Axayácatl, el padre de Moctezuma y Cuitláhuac, esta propiedad la heredó Moctezuma, siendo señor de Tenochtitlan, pero él como poderoso señor se construyó otro palacete, en lo que hoy es el Palacio Nacional, a esa construcción le llamaban las casas nuevas de Moctezuma y la construcción donde está el Monte de Piedad se llamó las casas viejas de Moctezuma. Y es que la verdad se confunde la gente con tantas casas, es decir propiedades, pero bueno, en las casas viejas, Moctezuma albergó a Hernán Cortés y su gente, los trató de peluche, y ellos lo aprehendieron y lo tuvieron prisionero, nada más para protegerse de algún levantamiento, como lo fue la famosa Noche triste, de esas casas huyeron en la noche, pero como todos sabemos regresaron los españoles con más refuerzos de otros pueblos que odiaban a los aztecas e hicieron que cayera Tenochtitlan, cuando se empezó a construir la nueva ciudad, Cortés, que tenía obsesión por sepultar el mundo prehispánico, sobre las casas viejas de Moctezuma construyó las suyas y la gente le dio en llamar, las casas de Cortés, a la construcción enorme que se había regalado el vivillo de Hernán. Esas casas dominaron la llamada primero Plaza Menor por referencia a la Plaza Maque así se llamó primero la Plaza del Zócalo. La Plaza Menor está a un costado de Catedral, es la calle de Monte de Piedad. Las casas de Cortés eran muy grandes, para que se dé una idea, camine de la calle Monte de Piedad a Tacuba y de ahí hasta Isabel la Católica y le da la vuelta y llega Madero y va de regreso a la calle de Monte de Piedad, ese era el tamaño de las casas de Cortés, premiado por el Rey de España con el título de Marqués del Valle de Oaxaca. Pero pasó el tiempo, Cortés había muerto y sus herederos vendieron la propiedad y se convirtió en un mercado llamado la Alcaicería, donde se vendían sedas venidas de oriente y había locales de orfebres, peleteros y mucho comercio, pero se incendió y una parte de la propiedad la compró don Pedro Romero de Terreros y fundó el Real Monte de Piedad, origen del actual Nacional Monte de Piedad, digo, cosas de la historia, total, qué tanto es tantito

2 de Abril, barrio mítico

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Hay barrios que nacen destinados a la leyenda, como el del 2 de Abril, pertenece a la colonia Guerrero, va de Valerio Trujano al Eje Central y de avenida Hidalgo a la calle de Mina. Surge cuando Porfirio Díaz inaugura la colonia Guerrero, concebida a partir de la creación de Ferrocarriles de México, con su estación de Buenavista, en la colonia Buenavista, vecina a la actual Guerrero.

Los riquillos del régimen porfirista vieron la oportunidad de hacer negocios y tener sus casonas al sur de la Guerrero: Los Rivas Mercados, Joaquín Casasús, Limantour, etc.

Al norte de la Guerrero se fueron a vivir los trabajadores del ferrocarril, por Nonoalco y el barrio de Los Ángeles.

El barrio se llama 2 de abril porque Porfirio Díaz inaugura oficialmente la colonia Guerrero el 2 de abril de 1873, en ese tiempo se conocía a Porfirio Díaz por el héroe de la batalla de 2 de abril, tan importante para expulsar al ejército francés del país, obvio debería de haber una calle con el nombre de esa batalla, 2 de Abril. Saquen conclusiones.

En ese barrio en la calle de la Santa Veracruz una de las familias pudientes tuvo su mansión, la Casa Requena, dicen los que la conocieron era una obra maestra del art nouveau, por cierto, esta familia la llamaba “La Santa” por estar en la calle de la Santa Veracruz, pero los vecinos durante años le dijeron “La Mansión”, a pesar de estar deshabitada y abandonada.

Calles como Pensador Mexicano, Santa Veracruz, Mina, 2 de Abril están atrás de la plaza de la Santa Veracruz y los museos Franz Mayer y el De la Estampa. Era un rumbo pudiente, pero en el siglo XX en la década de los años treinta apareció en Pensador Mexicano el Salón México y por el 2 de Abril las chicas de la vida alegre, todavía en los años ochenta del siglo pasado surgió un cabaret legendario, pasando el mercado 2 de Abril, sobre la calle Mina, el King Kong, donde los intelectuales y los famosos se dejaban ver bailando salsa y por ahí está un teatro Blanquita abandonado, que comenzó siendo la Carpa Margo…

Y frente al mercado se está cayendo un edificio donde despachaba el “el Púas” Rubén Olivares, durante los sismo del 85 por ahí llegó Rigo Tovar a ayudar y dicen que ese edificio escribió su éxito “Qué culpa tengo de ser tan guapo”, digo, qué tanto es tantito.

Convento de Jesús María

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El convento de Jesús María fue uno de los más deslumbrantes de la Nueva España. Basta leer la crónica que escribió el intelectual novohispano, don Carlos Sigüenza y Góngora, sobre la construcción de este convento. Tuvo por huésped ilustre a Catalina de los Ángeles, hija ilegítima del Rey de España, Felipe II, se dice estaba afectada de sus facultades mentales, si usted ve las dos entradas de la iglesia de Jesús María notará en lo alto de los arcos una corona, son coronas reales, el convento estaba bajo la protección del Rey de España, siendo el único en América con esta bendición real, el Rey le aportaba 40 mil ducados al año al convento.

Aquí también se hizo monja sor Juana Inés de la Cruz, luego abandonaría este convento por el de San José de Gracia y terminaría sus días en el de San Jerónimo.

Pasaron los siglos y llegaron los tiempos en que se aplicaron las leyes de la Reforma y los conventos pasaron a manos del gobierno, era el año de 1861, salieron a la venta y se vendieron los locales y cuartos para ser habitados o en comercios. Por eso a principios del siglo XX en lo que fue el convento de Jesús María estaba el cine Mundial, además había una sala de baile y un billar y el resto era una vecindad.

En el siglo XX la iglesia es devuelta a los sacerdotes, solo que algunos de ellos también han cooperado con la destrucción del convento, hace años Armando Ramírez un sacerdote tuvo una brillante idea para estacionar su auto dentro de la construcción, como la entrada que está en la división de la iglesia y el convento era muy estrecha, al padrecito se le ocurrió ampliar la entrada para que cupiera su auto y destruyó el arco de cantera y tezontle de la entrada, pero quedó rebonito su garage con cortina metálica y un anuncio que dice, “Entrada, no estacionarse”.

Con los sismos de septiembre pasado la iglesia sufrió daños severos, tiene unas hendiduras a la mitad de la nave, van del suelo al techo, lo mismo se ven desde el interior de la iglesia que por la calle de Jesús María.

Por cierto, hace pocos años, en lo que quedó del convento el Gobierno de la Ciudad iba a hacer un centro cultural y quedó en sueños guajiros, ahora iglesia y convento languidecen y solo queda un opaco resplandor del convento real, digo, ni un ojito le echan, total, qué tanto es tantito.

La Mocte es una delicia

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Estos chilangos que habitan lo que fue el ejido de Texcoco son los descendientes de los hijos del antepenúltimo Tlatoani azteca, el sibarita, Moctezuma Xocoyontzin, estos hombres de linaje construyeron sus casas sobre el oriente centro de la Ciudad.

Las colonias surgieron después de que a principios del siglo XX la fiebre por la aviación causaba entre los hijos de la familias ricas del país y le anidaba el síndrome del pajarito: Volar, volar…

Y lo hacían por los rumbos de los campos de Balbuena, como Alberto Braniff, su avioncito hecho de madera, aun cuando agarraban vuelo, se hacían como un papel al viento, fue el primero que voló un avión en la Ciudad de México, el 8 de enero de 1910. Además Braniff, de ser uno de los iniciadores de la aviación en México, fue dueño de los terrenos en donde volaba, a finales de los años 30s del siglo XX sus propiedades se fraccionaron para que surgiera la colonia Moctezuma.

Algunas calles tienen nombres como Iztaccíhuatl o de pilotos famosos como la Emilio Carranza. Era nieto del hermano de Venustiano Carranza y tan valiente como su tío abuelo, en el año de 1927 durante 11 horas voló sin escala, de la Ciudad de México a Ciudad Juárez.

En el año de 1928, por orden del gobierno hizo un vuelo sin escala de la Ciudad de México a Washington, ya que antes Charles Lindbergh había hecho lo mismo pero de Washington a México, la orden fue para agradecer el vuelo de Lindbergh al gobierno americano, allá el piloto mexicano fue recibido de pipa y guante. Pero Emilio nunca regresó a México, de regreso se estrelló con su avión en Nueva Jersey.

La Moctezuma tiene prosapia de barrio, son artistas como los que pinta la Capilla Sixtina de Miguel Ángel en la Iglesia del Perpetuo Socorro. Y otros son artistas de la barriga. En una esquina de Oriente 176 se arremolinan, bailan, la música sale de una bocina de pie, hay gente sentada en sillas de plástico, en la banqueta, el olor es exquisito, están comiendo tacos de carnitas estilo Michoacán, es como si se sintieran tlatoanis y hubieran volando en los llanos de Balbuena, “cinco mi maik”, mientras detienen sus platos con una mano, con la otros bañan sus tacos con salsa y los devoran de tal manera que se antoja, sabroso, y a ritmo de cumbia, total, qué tanto es tantito.

Los nuevos ocupantes

EN 1808, Napoleón invade España, siendo rey Fernando VII, en la Nueva España no quieren a Napoleón desean que el Rey Fernando VII exija ser rey de la Nueva España, el imbécil dice que no, y el virrey Iturrigaray apoya a Francisco Primo de Verdad entre otros para proclamar la autonomía de la Nueva España.

Pero las fuerzas armadas aprenden al Virrey en Palacio y a Francisco Primo de Verdad en el Cabildo, lo llevan a una celda en el Palacio del Arzobispado y Primo de Verdad amanece muerto, digo les dieron unos toques a los autonomistas.

Pero en 1810 llega la guerra de Independencia y en 1821 se proclama el país independiente de la corona española. Agustín de Iturbide aprovecha esta situación para coronarse Emperador de México, Agustín I.

Entonces el Palacio de los Virreyes pasa a llamarse el Palacio Imperial. Pero a Agustín el gusto le duró 6 meses, lo derrocaron y huyó a Europa.

En el año de 1823 el Congreso declara al país una República y el Palacio de los Virreyes pasa a ser el Palacio Nacional. Ahí tuvieron sus recintos los poderes de la Nación. El primer Presidente fue Guadalupe Victoria pero Mariano Arista fue quién restauró en 1852 el Palacio Nacional, ventanas, patios, escalinatas, y ordenó construir una tercera puerta, sólo había dos, el Presidente la ordena para uso del Presidente, por eso la puerta se llama: Puerta Mariana por Mariano Arista.

Ahí vivirán siendo Presidentes Vicente Guerrero, López de Santa Anna, Valentín Gómez Farías, etc. El ejercito francés invade el país y proclaman emperador a Maximiliano con su Carlota. Y el Palacio ya no se llama Palacio Nacional sino Palacio Imperial de nuevo. Pero Max y Carlota se van a vivir al Castillo de Chapultepec, pero le metieron la mano a Palacio, Carlota mandó construir la famosa “escalera de la Emperatriz Carlota”.

Entonces llega el Presidente Benito Juárez a vivir a Palacio Nacional, ahí muere. Y en tiempos de don Porfirio en 1896 se traen la campana de Dolores y la instalan y en las fiestas del Centenario de la Independencia, la toca Porfirio Díaz.

Y llega la Revolución ahí vive Madero y los generales, Carranza, Obregón, Calles hasta que Lázaro Cárdenas no quiere vivir en Palacio y construyó los Pinos. Ahora parece vivirá un Presidente en Palacio Nacional, digo que tanto es tantitito.

San Pedro Atocpan un pueblo de tradiciones

Disfrute del mole, el pulque y lo tamales de frijoles, características de este lugar

ATOCPAN SIGNIFICA TIERRA HÚMEDA, fértil, y así es la tierra de San Pedro Atocpan, tierra de gente creativa, con imaginación para inventarse su tradición, las de los diferentes moles que elaboran la mayoría de familia en este pueblo bendito, perteneciente a Milpa Alta, al sur de la Ciudad de México.

Cuando tenga tiempo conozca este pueblo mágico con su convento e iglesia de San Pedro Apóstol, inició su edificación a la mitad del siglo XVI, se siguió todo el siglo XVII y los terminaron entrado el siglo XVIII, les digo, si de convento y templos se trata en la Nueva España, se tardaban un poquito en levantar sus edificios religiosos pero les quedaban de peluches, tan es así que crean un estilo que deriva del barroco europeo, si allá se recargaban en su decoración de formas y figuras, acá, era como si fuera la decoración de un pastel de XV años, no quedaba espacio alguno, todos los retablos están ocupados por figuras de santos, formas vegetales, símbolos religiosos y con un poco de evocación de la geometría de las pirámides y así tienen el churrigueresco o barroco novohispano.

Así es el mole que hacen en San pedro como el barroco mexicano, las familias del pueblo elaboran sus moles con más de 40 ingredientes: chiles, cacao, comino, clavo, almendra, canela, galletas y plátano macho, llaman la atención las pencas de plátano macho en los molinos donde las familias van a moler sus recetas, es una calle cercana al mercado, ahí se suceden los molinos y los ingredientes en tinas que lleva el mole, sus olores llegan a la calle.

Por cierto cerca de esta calle está otra que lleva al panteón del pueblo y le llaman de “iras y no volverás” adivine por qué.

Entrando al pueblo está la calle de los comercios con el mole en polvo en enormes cazuelas de barro y las abuelitas orgullosas de s u s recetas secreta, las probaditas de mole lo dejan a uno babeando, muy sabrosos los moles. Ah y un pinole para hacerse con leche y agua, otro poquito de cacao y canela, uy, esa receta me la dio una abuelita de ahí.

Alrededor de la plaza de san Martín Caballero con su austera iglesia de 1560, hay restaurantes con ventanas y balcones con vista a la plaza, ahí puede saborear el mole, el pulque y los tamales de frijoles, digo, que tanto es tantito.

 

En la Vieja Casona del 42

EN LA CALLE DE JESÚS MARÍA, frente al ex convento de Jesús María, en una vieja casona que estuvo abandonada, destruida, sí, de las ruinas, la casona del 42 de Jesús María ha resucitado, muchos la daban por perdida y la neta si uno se asoma desde la azotea de esta casona descubrirá lo que queda de otras casonas vecinas, ruinas donde la hierba silvestre ha hecho su edén y los muros sólo conservan muros fragmentados, no existen techos, ni puertas, solo agujeros que fueron ventanas.

Visite esta casona un fin de semana, para los jóvenes es un centro de diversión con música electrónica y chelas a precios económicos, y para los adultos hay una taquería con tacos con tortillas cuadradas, le llaman La Pancha, usted entra y parece que se le va aparecer Pedro Infante cantándole a Silvia Pinal, Ay Nana Pancha.

Los que laboran ahí dicen que son monjitas las que aparecen en la noche, les testerean las nachas y sienten chiflones de aire o ven correr sombras en los rincones de la casona. La casa tiene bonitos balcones desde donde se ven las cúpulas de la iglesia de Jesús María, ahí por primera vez se enclaustró sor Juana Inés de la Cruz.

Lo chido de este lugar son los precios económicos, la atmósfera es la de las viejas casonas que rescatan en san Ángel o Coyoacán, los muros antiguos nada más los barnizaron, dejan ver el ladrillo, el tezontle y las diferentes capas de pintura de las diferentes épocas, desde el siglo XVIII hasta nuestros días.

Los tacos son llenadores, los de suadero, dice el chef que la carne primero la deja cocer en una olla y luego la fríe y los tacos los sirven con una salsita de chile manzano, de muy señor mío, el mole de olla y la birria son excelentes, para los crudos. La iluminación es intimista, las mesas fueron hechas con las vigas gruesas de los techos que ya no servían, son mesas hasta para diez personas, todo lo que en otras construcciones es desechable aquí se reusó y quedó artístico.

Ya era hora que en los barrios del Centro Histórico, como este de Jesús María, remodelaran las casas antiguas, les dieran una manita de gato muy moderna sin traicionar el pasado, ojalá y cuando se vuelva de moda la casona, los precios sigan económicos como ahora, con 250 pesos una pareja come, bebe y se divierte, digo que tanto es tantito.

En mercado de La Portales

VISITAR el Mercado de la Portales es asistir a un mundo fantástico, no es un mercado cualquiera, es un mercado de las mil y una noches, hay de todo.

Es cosa de recorrer el mercado y lo primero que se le antojan son los jugos, licuados, cocteles, hay varios locales donde le ofrecen un licuado de avena con huevo, un plátano y miel, con eso es más que suficiente para aguantar hasta la comida.

Las aguas de fresa son de alfalfa, o de piña y limón, los cocteles de fruta con granola, miel, son enormes. Y si se pierde en las fondas, no jueguen, hay para todos los gustos, comida corrida, enchiladas, chilaquiles, caldo de gallina, mariscos y taquerías de todo tipo, al pastor, de cabeza o de cecina de Yecapixtla, pero en esto de la comida y los antojitos, el mercado de la Portales es célebre entre los sibaritas del asfalto por sus tostadas de patas, Dios Santo, son exquisitas y bien servidas, con una leve salsa verde, crema.

Pero no sólo hay un puesto, son varios que compiten con quién da las mejores tostadas de pata, también hay tostadas de tinga pero las que me apantallaron fueron las de carne tártara, exquisitas, ya me creía Gengis Kan.

Hay locales que le ofrecen productos para que usted cocine en su casa, como los locales de productos oaxaqueños, son orgullo de la Portales, basta citar al gran Carlos Monsiváis, que como le había presumido en Tepito los tacos de tripa y de hígado y las migas, me invitó a sus terruños, en la Portales, y fuimos a comer a un lugar de comida oaxaqueña, desde ahí observe que hay muchos oaxaqueños en la Portales.

En el mercado hay locales donde venden pan de yema pero también pan de olla, sal de mina, mole amarillo, mole negro, tlayudas, mezcalito, chapulines, pinole, para hacer atole, ajos tostado y tasajo.

Y si necesita que le haga un sur cido invisible o un ajuste a su pantalón aquí son magos, hay también venta de disfraces o se los hacen para su niño para las fiestas infantiles en las escuelas, también hay estéticas donde le cortan el cabello a la moda. Y lo mágico, encontré una librería dentro del mercado, con todo tipo de libros de García Márquez, de Harry Potter, incluso me presumieron que varias veces llegó Carlos Monsiváis. Y esto es una parte de todo lo que hay en este bendito mercado, digo que tanto es tantito.

Eran fantasías las noches de la Obrera

UNO DE LOS BARRIOS HISTÓRICOS DONDE LA MAYORÍA DE LAS PERSONAS TRABAJAN DE NOCHE.

UNO DE LOS EDIFICIOS con historia es el que está en la esquina de 5 de febrero, Tlaxcoaque y diagonal 20 de noviembre, es el Hospital Nacional de Homeopatía, fundado en el gobierno de Porfirio Díaz, y por qué creen que el gobierno les dio apoyo.

Cuentan que doña Carmen Romero Rubio, esposa de don Porfirio, era afecta a la medicina homeopática y Díaz tenía un problema en una pierna, los doctores que lo atendían no pudieron sanarlo, entonces don Porfirio acudió a un doctor en homeopatía y sanó su pierna. Díaz, generoso, donó a esta institución los terrenos donde se ubica el hospital, en los límites de la colonia Obrera con la colonia Centro, hasta la fecha ahí se encuentra, en la esquina de 5 de febrero y Tlaxcoaque.

Otro edificio que estuvo desde el crecimiento de la colonia, a principios del siglo XX, fue la iglesia de San José de los obreros, se encuentra en la calle de Fernando Ramírez, fue historiador en el siglo XIX. La iglesia al principio se construyó de manera endeble, sólo con el tiempo ha llegado a ser la iglesia a la cual la gente que trabaja de noche va en el día a dar gracias al Creador. Los nombres de las calles del barrio son de escritores y poetas, intelectuales, como Manuel Payno, autor de Los bandidos de río frío, Lucas Alamán, historiador, Gutiérrez Nájera, poeta, Ángel de Campo, cronista, se paseaba por las calles populares de la ciudad para narrar lo que veía.

La calles recibieron esos nombres porque al no pegar el nombre de Escandón, pensaron, que le iría bien, “colonia de los Intelectuales”, pero terminó siendo la colonia Obrera, porque en efecto fue colonizada por obreros. En el barrio vive muchas gente que trabajaba de noche, recuerdan esos viejos tiempos cuando al cabaret Barba Azul lo acompañaban en la vida nocturna muchos más, donde la mujeres que trabajaban de noche se ganaban la vida bailando y acompañando a los hombres solos, los músicos iban hueseando de cabaret en cabaret o en el salón Colonia, “el cocoliso”, memorable templo del danzón, a donde el rey del timbal Consejo Valente, mejor conocido como Acerina, partía el pastel, en esa pista, a lado de Miguel Ángel Sarralde o Carlos Campos, y no por nada pero ahí está la explicación de la cantidad de hotel que todavía sobreviven en la Obrera… digo que tanto es tantito.

Leyendas de la Doctores

LA COLONIA DOCTORES EMPEZÓ A FRACCIONARSE EN 1899 Y SE LLAMÓ EN PRINCIPIO COLONIA HIDALGO

De ahí que su mercado todavía se llame Hidalgo, pero en 1906 donde Porfirio Díaz inaugura el Hospital General y las calles a su alrededor recibieron nombres como el del doctor Liceaga o doctor Vértiz, Barragán, Lucio. Y la gente empezó a llamar a ese barrio colonia de los doctores.

La primera calle de esta colonia fue la de Pajaritos, era un callejón muy cercano a la fuente del Salto del agua, hoy se llama doctor Valenzuela y es una calle larga. Por cierto, en Pajaritos se encontraba una casa de chicas malas, las de madame Rassimi y cerca estaba un burlesque recatado, muy atrevido para la época, el baile del Can can hacía desmayar a las damas de la vela perpetua.

Tal vez con estos antros comienza la tradición de lo cabarets en la doctores, que junto a la colonia Obrera formaron la zona de diversión nocturna más legendaria de la Ciudad, hojas Petra. En la Doctores estaban el cabaret Leda, el Balalaika, la Burbuja, el Tranvía, donde Nancy Green y Claudia Tate causaban furor con su sensualidad, estos lugares dieron fama a la vida nocturna a la colonia, donde taxistas y parroquianos iban hombro con hombro a los lugares celestiales.

La Doctores también tuvo sus cines legendarios, ¿quién se podrá acordar del cine Titán o del Maya o el Edén? Este terminó llamándose Almoloya, en plena decadencia de los cines grandes. Y cómo olvidar el cine México, sobre avenida Cuauhtémoc, ahora son unos elegantes departamentos, frente a la desembocadura de la avenida Álvaro Obregón, cine peculiar compartía sus estreno con los vecinos de la Doctores y la colonia Roma.

Y el cine Internacional, de espeluznante recuerdo, estaba en la calle de doctor Liceaga y Carmona y Valle, que junto a las oficinas de la Secofi se cayeron en los sismo del 85, ocupaban el terreno de lo que ahora es el jardín Ignacio Chávez, enfrente del jardín están los “Soldominios”, edificios de condominios, que en los sis – mo del 2017 quedaron dañados, barrio al fin la Doctores. Qué tanto es tantito.

Cempasúchitl, flor-vida

Twitter/ @uyuyuyy

Me acuerdo que el año pasado en Xochimilco en algunas chinampas estaban muy tristes los chinamperos, una semana antes había caído una granizada que casi hecha a perder su cosecha de la flor de los 20 pétalos, para los aztecas, el número 20 era lo mismo que “muchos o muchas”.

Cempasúchitl significa: la flor de los 20 pétalos o sea de muchos pétalos, como es en la realidad esta bella flor, que en la chinampas de Xochimilco en esta época le dan una tonalidad de amarillo soleado al ambiente, es un gusto ver cómo van recogiendo las flores que en su tallo algunas alcanzan hasta un metro de altura y al ver los canales y las chinampas uno no puede menos que recordar, que fue una flor sagrada para los nahuas.

En tiempos de la gran Tenochtitlan y hasta la fecha en templos católicos, en los pueblos cercanos a la Anáhuac, en días de fiesta se riegan en dos hileras, para marcan un camino, con pétalos de cempasúchitl. Los aztecas creían que los pétalos de esta flor recogían la luz del sol, tan preciada por los nahuas. En su cultura y religión el sol era el dador de la vida. Y les preocupaba mucho, en su mitología, que el sol saliera todos los días, que nunca dejara de aparecer después de la noche.

Así, a la flor del cempasúchitl la tribuyeron esa cualidad, la de contener el calor, la luz del sol, lo que da vida. Ahora en el México del 20017, a casi 500 años de que cayera Tenochtitlan seguimos queriendo a las flores de cempasúchitl y prolongando la creencia de que regresan los difuntos y para eso hay que iluminarles el camino con veladoras y pétalos de flor de cempasúchitl.

Flor emblemática de las chinampas de Xochimilco, en estos días se ven los ramos de la flor del sol ser trasladada en trajineras o canoas por los canales, esos canales que el 19 de septiembre pasado unos turistas americanos paseado por ellos y con los movimientos del sismo creyeron que se daban el fenómeno del tsunami. No sabían que aquí se cultiva el cempasúchitl.

Por eso se usa en las festividades como los días de muerto. Los nahuas creían que había vida más allá de la muerte. Además tenía un uso medicinal o alimenticio, todavía en una pulquería de Xochimilco, el Templo de Diana, preparan un curado de flor de cempasúchitl y canela que es una delicia, digo, qué tanto es tantito.

Para el calor unos ostiones

AHORA QUE HA ESTADO haciendo calor y anda como Torombolo: sudado y le ruge el león, no hay nada como refrescar el cuerpo con una docena de ostiones, nada más para agarrarle la temperatura al tiempo.

Si no le gustan los ostiones u ostras entonces qué le parecen un doce de camarones en coctel y una chela bien helodia y michelada, ay ojitos pajaritos, hasta me dan ganas de hacer gorgoritos, ahora que si quiere llevarse sus mariscos a la casa para prepararlos como usted cree que dios manda, aquí sobre la calzada de la Viga también venden productos del mar fresco y bara bara.

Y lleva los ingredientes para prepararse unos cocteles como para el rey León, se tira en el sillón y pone su serie de Luis Miguel, ay ojitos pajaritos, hasta se va a sentir el Sol de chilangolandia. Ahora que si usted anda en la actitud que sólo lo orgánico da salud pues salud, agarra el Metro y dos tres estaciones adelante está el mercado de Jamaica, el verde es vida, me cay.

Cuando esté en el mercado métase hasta el fondo a donde están las mujeres indígenas ofreciendo los productos que nos da la madre tierra, maravillas que se extienden en las mantas sobre el piso del mercado, eso sí se maravillará de los champiñones enormes, las setas parecen orejas de elefante arrugadas, los honguitos, tal los describe Lewis Carrol en “Alicia, en el país de las maravillas”, eso sí no venden conejos blancos que usen sombrero de copa. Las señoras con su piel de cáscara de cacahuate y su tono moreno por los inclementes rayos del sol, vigilan con ojos profundos sus setas, hongos y champiñones.

Se imagina para la cena unas quesadillas con setas, epazote, queso Oaxaca y unas rajitas de chile verde. Y los huazontles, con sus frutos abundantes, para rellenarlos de queso, capeados y una salsa de jitomate o en chile pasilla y que se repita la serie de La reina del sur… Y que saquen el agua de limón con chía, porque aquí en Jamaica, la exhiben en jícaras.

Y cómo ve?, unas verdolagas con carne de puerco en salsa verde, unas tortillas clientes… uy uyuuy, repito. Esto sí es orgánico porque llega de las chinampas de Xochimilco, ahora que el estómago gruñe, dele de comer a los bichos, qué le parece un huarache azteca con una costilla y una salsa molcajeteada y de beber lo que guste, que tanto es tantito.

Basta! para que te enredes

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