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Piense

El cobarde

Rafael Loret de MOLA

Sólo nos falta que los médicos estadounidenses, preocupados por la endeble salud del señor peña nieto -¡qué bajo ha caído y no sólo en cuanto a la aceptación ciudadana!-, gestionen ante Interpol la “sustracción” del mismo para que sea internado en uno de los enormes centros médicos de Houston, Texas –debe ser allí para que, en tanto, su mujer pasee por las célebres “galerías” de la ciudad-, y le sea implantado un nuevo “chip” que responda automáticamente a las órdenes del Pentágono que, por supuesto, ha rebasado igualmente a “pato” Donald Trump, huésped perentorio de la Casa Blanca en donde hasta sus voceros ya se deslindan del jefe del Estado.

Es, sin duda, el siguiente paso. Hace años, cuando el represor y desalmado Manuel Bartlett se encontraba al frente del desgobernado estado de Puebla -¡pobre entidad, de verdad, con lo “chula” que es!-, sugerí en una de mis novelas, “Alcobas de Palacio”, que el mandatario estatal era objeto de un operativo estadounidense, DEA de por medio, para ser llevado a juicio a la fuerza. No era mi intención, desde luego, que se produjera una invasión de este calibre sino una solución ficticia para explicar la vulnerabilidad de nuestro gobierno ante el gran gigante de nuestro tiempo, terco en volcar sus culpas hacia los débiles sin explicar cómo es que los “padrinos” de allá, con vínculos con el Capitolio, jamás son molestados por los órganos judiciales.

Me resultó especialmente extraño que Antonio Gárate Bustamante, quien perteneció al grupo “Leyenda” de la DEA comandado por Hector Berreyes, me telefoneara desde Los Ángeles en una comunicación “de tres líneas”, esto es con Berreyes en la tercera, para decirme:

–¡No sabe usted cuántas veces hemos pensado en ello! Pero nos detienen los de Washington porque quieren evitar un conflicto diplomático con México que reventaría en la ONU. Pero no hemos desechado la idea.

Meses después, en entrevista con la conductora Flor Berenguer, gran amiga por ahora en retiro, ésta le preguntó al poblano-tabasqueño si tenía conocimiento acerca de que no podría entrar a los Estados Unidos; el cínico, sin el menor pudor, le respondió:

–Bueno, entrar sí puedo. Lo difícil, en todo caso, es que me dejen salir de allí. ¿Para qué me arriesgo?

Y este tipejo forma parte hoy del equipo selecto de Andrés, en la Cámara de Senadores con un falso cariz de izquierdista que le permite contar con fuero constitucional y evitarse así las sorpresas de los “operativos” yanquis. ¿Vale la pena, señor López Obrador, ensuciarse la conciencia y las manos por alguien de tan nefastos antecedentes, sentenciado ya por la historia como defraudador electoral, asesino de líderes de opinión y perverso hasta los más íntimo de su ser?

Cuesta Arriba

CIUDAD DE MÉXICO, 25OCTUBRE2018.- Andrés Manuel Lopez Obrador, presidente electo de México, emitió su voto durante la Consulta Nacional Nuevo Aeropuerto en la casilla ubicada en la explanada de la alcaldia de Tlalpan. FOTO: SAÚL LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Aunque a los muchachitos les falta todavía encontrarse con los Reyes Magos –con el negrito Baltasar al fondo, como designio infalible–, los adultos comienzan a recoger las cenizas, los restos de la piñatas, los alimentos sobrantes que, la verdad, pocas veces se consumen –en vez de donarlos a alguna casa de asistencia–, hasta recuperar a las compañías ineludibles de los últimos años: la impotencia, acaso el rencor y la apatía política que nos debilita, a cada rato, como factura del insuperable, hasta hoy, temor social.
Concedo que no es amable iniciar 2019 con una escala de pesimismo pero, por desgracia, cualquiera otra cosa, estando como está la realidad, sería tanto como caer en el hondo abismo de la demagogia sin redención posible. Y, francamente, prefiero lo primero aunque se me acuse de ser una especie de cuervo maldito contador de las oscuras reseñas sobre las infestadas e infectadas cuevas de la incivilidad y el despropósito políticos. No es que me guste el papel, pero la vocación, a través de poco más de cincuenta años de profesión, me impulsa a arrebatar del rostro de nuestros lectores las vendas de la impudicia y la simulación, las armas preferidas del establishment.
En fin, como viene sucediendo en cada sexenio incluidas sendas alternancias en el poder Ejecutivo federal, nos vemos obligados a iniciar el primer ciclo anual del lópezobradorismo, el de la esperanza que aseguró se sobrepondría a los villanos que rompieron con cuanto de bueno aportaron los héroes de la “bola”.
¿Cuántos en este 2019 están listos a convertir a la política en el modus vivendi más exitoso de cuantos existan en el complejo andamiaje de una comunidad, cada día, más devaluada e inconsistente? Por ello perviven los grandes ladrones, asesinos y capos con pieles de oveja, dentro del territorio oficial sin que podamos actuar contra ellos. Y con ellos las sospechas sobre las muertes de Erika y Rafael Moreno Valle, los caciques de Puebla que llora la ultraderecha.
Es curioso, cada día, más lectores reclaman señalando supuestas omisiones acaso pretendiendo que, en unas cuantas cuartillas, recojamos todas las inmundicias del pasado inmediato… para luego quejarse de la maloliente sensación de la “intolerancia”. Por ejemplo, si señalamos a la aún poderosa “novia de Chucky”, de regreso en su hogar de Polanco en la Ciudad de México, no faltan quienes exigen caballerosidad en una época en la que el clamor por la igualdad es columna vertebral de la convivencia; y otros, enseguida, estiman que no citar a Carlos Romero Deschamps, el hampón petrolero, en tal o cual artículo significa ¡que nos hemos vendido al mejor postor!
La mala fe no alcanza a salpicarnos, desde luego, pero exhibe el tremendo nivel de incongruencia que surge de la ignorancia y el dolor colectivos.

Polvorines

Rafael Loret de MOLA

El presidente López Obrador recibió de su predecesor, el miserable enrique peña nieto, una serie de polvorines encendidos y conectados entre sí para reventar la estabilidad del país y así, en cuestión de meses, tirar al traste con el nuevo gobierno. Recuérdese que tal ha sido tradición en cada cambio sexenal, incluso entre hermanos de partido sean priistas o panistas, para marcar diferencias y romper así el sello monárquico del predecesor y cualquier tipo de influencia de éste en el campo de la política y las instituciones nacionales.

Curiosamente cuando mayor benevolencia hubo fue a lo largo de la primera alternancia, en 2000, cuando el entrante señor fox trató con algodones al señor zedillo, el doctor z, reconociéndole logros importantes en educación y salud, según dijo vicente, el de Marta; y ello a impulso de las relaciones internacionales de Ernesto quien es, sin duda, el mexicano más influyente en Washington y Nueva York en donde incluso sigue desarrollándose en la ONU.

Este poder fue, sin duda, uno de los detonantes para armar el gabinete actual con el cuarenta por ciento de sus miembros con origen en el sexenio sucedáneo, es decir el que debió encabezar Luis Donaldo Colosio y no el rey de diamantes de José María Córdova Montoya, el gran manipulador de la política salinista siempre acorralada a pesar del genio atribuido al antiguo duende de Dublín próximo a instalarse otra vez allí o en otra de sus locaciones en el exterior… por aquello del 21 de marzo.

Las trampas puestas contra el nuevo régimen son evidentes, además de los signos propios y ya reseñados del gabinete:

1.- El movimiento migrante que colocó al país en el límite de un cierre de la frontera norte aun cuando, de realizarse, sería más perjudicial para el lado estadounidense cuya bonanza depende, en buena medida, de los compradores mexicanos. Desde luego hay mar de fondo para la bomba se encendió, en su momento, para que estallara en los primeros días del gobierno del presidente Andrés Manuel quien sabe disfrutar el honor de ser ya comandante supremo de las fuerzas armadas.

2.- La rebelión de los gobernadores, sobre todo panistas pero también el de Jalisco, Enrique Alfaro, quien tomará protesta pasado mañana y se cobija en el Movimiento Ciudadano favorecido más bien por él, en demanda de mejores prestaciones federales y contrario a la distribución de recursos con premios hacia los de izquierda y castigos a cuantos no se exhiben incondicionales… como algunos priistas sin dignidad.

3.- El nivel creciente del narcotráfico que ha sabido aprovechar los vacíos de la transición para armar barruntos de tormentas en media docena de entidades sometidas desde hace años con la complacencia de algunos mandos intermedios y superiores de las fuerzas armadas con la infiltración de marines de USA.

Para comenzar no es sencillo apagar tales infiernos.

Ninguna manta

Rafael Loret de MOLA

Ni una sola manta de protesta salió al aire para protestar por la aprehensión de Elba Esther Gordillo Morales, la novia de Chucky, y ganadora del concurso de la mujer más aterradora de la historia –su contrincante mayor, Cayetana, la Duquesa de Alba hace varios años descansa en su mausoleo sevillano–, mientras la rebeldía contra el gobierno de peña subía de tono por cuanto a la célebre “reforma educativa” que tenía, como fondo, recuperar el tejido magisterial para controlarlo política y electoralmente como lo había realizado la poderosa señora desde hace varios lustros. Los fraudes comiciales siempre estuvieron unidos al nombre del perverso personaje.

Ella, al parecer, se sintió la imagen misma de la patria –como una especie de sarcasmo a la bella tlaxcalteca que empuña nuestra bandera en los libros de texto–, tratándose de hacerse la única cirugía que el dinero no puede pagar: la del alma. Pero, dominada por el ego al fin, resumió que su liberación significaba el derrumbe de la reforma educativa como si ésta hubiese sido la razón de su castigo y no los millonarios abusos contra su gremio, los latrocinios sin fin, la malversación de fondos hasta donde puede entender la memoria pública y la nada airosa y perturbadora acusación sobre “lavado de dinero” considerando que en México NADIE puede hacerse de fortunas gigantescas –se calcula la suya en más de 300 millones de pesos–, sin el aval de los grandes narcos quienes dominan el panorama y ponen y quitan a quienes les cuidan las espaldas desde la estructura gubernamental; parece –es– una historia de terror que salpica el rostro de nuestros hijos cuya ingenuidad no sirve para contrarrestar la manipulación oficial.

La histeria fácil de la mujer perversa suele aparecer cuando se siente con capacidad y fuerza para contratacar y hacerlo con el mayor ruido posible. De esta premisa surgió la idea de demandar por “daño moral” al periodista que la puso en la picota y obligó, con pruebas contundentes, a perseguirla y encarcelarla cuando el régimen de peña aún no mostraba sus propios síntomas malditos que estallaron, como un tumor incurable, a los largo del terrible 2014: Tlatlaya, Ayotzinapa, Tanhuato; todo ello a contrapelo de los intereses nacionales y a favor de las grandes compañías en expansión desde Estados Unidos, Canadá y España.

Si peña hace las maletas para su próximo viaje al inframundo, sea Actlán, de los mexicas, o Xibalbá, de los mayas, la susodicha maestra no debería estar fuera de las rejas provocando, azuzando y guerreando, con sus millones en la mano, contra quienes la exhibimos. Felicito a Carlos Loret de Mola Álvarez por ser la punta de la lanza que estamos todos –los periodistas decentes y dignos–, dispuestos a lanzarle al maltrecho cuerpo de la pretensa “maestra”, la peor de todas y la más fiel imagen del sistema, acaso no de peñismo –que es peor–, pero sí de las estructuras que nos asfixian y no queremos seguir sobrellevando.

La sola conducta de Elba, sobre su caballo castrado, demuestra que está lejos de México la justicia, la libertad, la democracia y el estado de Derecho. ¡Mil veces maldita!

Animal político

Lo de que el hombre es un “animal político” no puede estar mejor señalado que en la figura de Andrés Manuel López Obrador, para muchos el satán dispuesto a poner en riesgo sus comodidades y ventajas y acaso llegar al extremo de estatizar –¡qué barbaridad! –, las siempre “imparciales” empresas de comunicación –y varios otros emporios del continuismo nacional–, y clausurar al Congreso para rehabilitar la figura del presidente fuerte –quizá por ello ha vuelto los ojos hacia el represor manuel bartlett–, en fase de engendrar un régimen fascista, reeleccionista claro cuando el virus del poder se inocula hasta lo más hondo, simulando, como en Venezuela por ejemplo, un ejercicio democrático en quien sólo creen los incondicionales.

El cambio de talante y de discurso le ha venido mal a muchos a quienes todavía sorprenden los virajes en una nación rebosante de mutantes de la política, geniales, sí, para justificarse con largas expiaciones personales que justifican las mudanzas más escandalosas entre un partido y otro. Hasta se sienten, cuando lo hacen, en la piel de Churchill cuya fama era que se levantaba conservador y se acostaba liberal… pero nadie era capaz de negar su carisma y capacidad de aglutinamiento excepcionales. En fin, los más repelentes del perfil de López Obrador, del antiguo y del “nuevo”, no admiten sino hipocresías en los distintos acentos por él puestos en cada una de sus etapas. Y no les sobra razón para ello.

También es cierto que nadie, como él, es capaz de manejar con tanta ligereza a las masas conmovidas.

Hombre bueno…

Rafael Loret de MOLA

La vida de un periodista, por ejemplo la del colega asesinado Javier Valdez Cárdenas en Sinaloa, vale una pistola con cachas blancas; hace años, al principal matón del cacique de la Huasteca, Gonzalo N. Santos, le apodaban “Mano Negra” –su nombre era Agustín Ojeda quien se hacía pasar como capitán-, por un ritual singular: se colocaba un guante oscuro a la hora de ejecutar a quien su patrón le decía arrojando el cadáver de la víctima “nunca a menos de cincuenta metros de la carretera”.

Santos fue quien integró el némesis de la moral política:

“La moral es un árbol que da moras”.

Y después su especial letanía:

“Mujer coqueta tira a puta;

Caballo manso tira a penco;

Hombre bueno tira a pendejo;

En política, la moral vale para pura madre”.

Su epitafio resumió su pensamiento: “primero muerto que cansado”. Lo mismo ahora con los caciquitos que quieren imponer a su hijo como sucesor en el gobierno de Veracruz, Yunes Linares, o a sus servidores, en el caso de Yucatán con la negociadora y modelo de pijama Ivonne Ortega Pacheco, conocida en Mérida como “la asesina” por haber dejado sin instrumentales los hospitales de Ticul y Tekax, entre otros, causando las muertes de decenas de yucatecos. Lo de siempre: no quiso darle importancia a las obras de los gobiernos panistas y, sencillamente, las abandonó. Maldita partidocracia.

Así y todo, quieren darle a semejantes sujetos, el hijo de Yunes y el putativo de Ivonne, el favor de una elección amañada –lo mismo en Veracruz y Yucatán; también en Puebla con la esposa del nefasto Rafael Moreno Valle, el ex gobernador bala, Martha Erika Alonso Hidalgo-, para combinarla con la presidencial en el entendido, en cada una de estas entidades, de que están listas sus autoridades a convertirlas en modernos laboratorios para la conversión fantasmal de sufragios a espadas de la voluntad colectiva.

Así se hizo en 2006 y ello dio lugar a la usurpación de calderón y la asunción de sus falderillos, amén de la nefasta presencia del catalán Antonio Solá –el del “peigro para México”-, quien ahora quiere colocarse con Andrés para seguirse enriqueciendo a expensas de los dineros para el proselitismo. Es una verdadera industria de vividores.

Y esta es nuestra supuesta democracia. Pero, entiéndase, la sociedad está más madura y mejor comunicada por las redes sociales pese a los riesgos que entraña el manejo irresponsable de las mismas. Lo cierto es que, por cuanto he apuntado y escuchado, la sociedad no soportaría una parodia como la del 2012 –bonos y despensas-, ni un atraco en despoblado como en 2006. Y esto puede marcar la diferencia más allá de fanatismos e idolatrías.

Apunte personal: tengo la impronta de que no votaré por quién ganará las elecciones; pero defenderé su victoria hasta con la vida misma.

Bolsonaro, Trump y Andrés

Rafael Loret de MOLA

Jair Bolsonaro, quien ganó la presidencia en Brasil con escaso margen, ha sido calificado de cien maneras que se resumen en una: es un fascista exacerbado cuyas consignas, entre los suyos, apuntan hacia los vítores por el retorno de la dictadura aunque nos parezca increíble. El sujeto es demostración de un severo retroceso en las líneas democráticas y una más honda, dolorosa, manipulación colectiva; por eso mismo se dejó en la cárcel, y en el olvido, a Lula da Silva cuyo prestigio le señalaba para reelegirse, otro mal endémico que convierte a la democracia en decrepitud. Ya hablaremos de ello.

Por el momento, Bolsonaro, cuyos discursos de odio sea por cuestiones de género o racistas le retratan, se ha dado a la tarea de amenazar a los periodistas y a los medios –un recurso que toma vuelo entre los autócratas–, diciéndoles que cerrará y callará a las empresas informativas y a los colegas que lo cuestionen o critiquen cancelando con ello todo resquicio para el ejercicio de la libertad de expresión. Sólo el gobierno de la ultraderecha tendrá la última palabra sin analizar el fondo de los cuestionamientos ni contar con más elementos de juicio que sus propias vísceras. Esperemos que la condena fútil no llegue a México por la marejada de la represión.

Al mismo tiempo, el anaranjado Donald Trump, quien gusta de rodearse del color dorado hasta en la Casa Blanca acaso como si con ello deslumbrara por su riqueza personal y no por su liderazgo cuestionable –pese al apoyo de racistas, xenófobos, misóginos y, en fin, fascistas–, si bien cambió la perspectiva a favor del partido llamado demócrata el pasado martes, culpa de todo y para todo a la prensa que no cesa de mostrarle sus excesos, exabruptos –algunos los ha rectificado–, como si narrar los hechos fuera el numen de la tragedia americana cuya sociedad se acerca, cada día más, al espejo de la Alemania de la década de los treinta del siglo anterior.

Por ello, insisto en el linchamiento iniciado por el presidente electo, Andrés Manuel –de quien he señalado también sus virtudes y capacidad de dirigente–, hacia los periodistas que no concuerdan con él o muestran los otros lados de las monedas lanzadas al aire y cuya cara es la de Manuel Bartlett o las de Ebrard, Durazo, Esteban Moctezuma –muy diferente a su hermano Pablo, éste sí izquierdista de verdad–, Olga Sánchez Cordero y hasta el recién designado futuro secretario de la Defensa, Luis Sandoval González, quien nació en Mexicali y fue cercano a la familia zedillo y a la del padre biológico de éste quien, es obvio, no tenía este apellido.

La tendencia es ominosa: reducir los espacios para la crítica, amedrentándola, y a la democracia cerrando las vías de desfogue necesarias para un correcto funcionamiento de la maquinaria política. No es esto, creo yo, lo deseable; más bien, apuesto por el exceso de los informadores más que por la persecución. Ya lo he dicho y lo sostengo; en cualquier diferendo entre los periodistas y el gobierno estaré, siempre, del lado de los primeros porque éstos no tienen el poder, ni el capital, ni el dominio de los escenarios públicos como sí cuentan con todo ello los ejecutivos de los tres niveles: municipal, estatal y federal.

Diálogo en el Infierno

Rafael Loret de MOLA

Cuando dialogué con el general Jesús Gutiérrez Rebollo en marzo de 2002 –el 22 para ser precisos, el mismo día que hablé cara a cara con Mario Aburto Martínez, señalado como asesino material de Luis Donaldo Colosio–, el defenestrado militar puso énfasis en dos asuntos medulares:

1.- Que existía un grupo de elite, en México, adiestrado en el Pentágono de Washington, y pagado por la Comisión de Combate a las Drogas que él encabezó por unos meses aunque jamás conociera sus identidades. Eran, como los califiqué entonces, “los rambos” mexicanos preparados para acciones extremas y preparados, además, para actuar en la más completa oscuridad, cuál si se tratarse de llevar a la realidad las más taquilleras políticas de ficción.

Poco se ha sabido de ellos aun cuando no se niega su formación y existencia; mucho menos los operativos en los que, de verdad, intervienen, acaso codo con codo con los marines estadunidenses infiltrados en la Armada de México, si bien no han podido detener el flujo de narcóticos hacia el norte, si tal fuese su papel, a la vista de la permanente animación de los mercados, principalmente el mayor del mundo al norte de nuestro país, regulados por elementos de la CIA, la NSA, la DEA y el FBI. Nadie se ha atrevido a desmentir esta versión por temor a que el escándalo los rebase.

2.- Igualmente, el general Gutiérrez Rebollo –quien murió en el Hospital Militar el 19 de diciembre de 2013, en el mismo piso en donde, al otro extremo, se operaba al presidente peña de las secuelas cancerígenas–, señaló al general Enrique Cervantes Aguirre como quien proveía los encuentros entre los líderes de los cárteles más poderosos, en aquellos días –1996-97–, el de Juárez, encabezado por Amado Carrillo Fuentes, y el de Tijuana, bajo las órdenes de los hermanos Arellano Félix, a cambio de 50 millones de dólares transportados en patrullas de la Federal de Caminos adscritas –aunque tal no fuesen sus funciones–, a la residencia oficial de Los Pinos cuando el huésped principal era ernesto zedillo ponce de león.

Con ello confirmaba, desde la prisión de alta seguridad de Almoloya, la extrema colusión de los mandos castrenses con los “capos” de mayor relevancia territorial sobre nuestro suelo. Y, en ningún momento, tal circunstancia ha cambiado a pesar de las transmisiones del poder Ejecutivo federal, en zigzagueante modelo con dos alternancias de partidos ya considerando la vuelta del PRI al poder.

Detengo el relato en este punto para insistir en lo inexplicable que resultó el mantenimiento de la plutocracia partidista, con el PRI como director de orquesta, en un medio plagado de traiciones, conexiones soterradas y ententes cordiales. Diría, sí, que en estos momentos tras la devastación del país, mantenerse en el PRI es, sin duda, el mayor acto de traición que puede cometer un mexicano. Ya el tiempo dirá como serán señalados los sumisos y beneficiarios de los regímenes priístas; pero, en esta hora, son sencillamente despreciables.

La agonía

Rafael Loret de MOLA

¡No, señor presidente electo! La mayor parte de la ciudadanía, con excepción de sus incondicionales y fanáticos, reclama que el combate contra la corrupción por usted prometido supere a sus ansias de perdonar a los personajes de un pasado que hoy termina aunque aún queden algunas gotas del presente. No queremos que mañana, al despertar y cuando usted ya sea constitucionalmente el Primer Magistrado, Andrés, la cuarta transformación comience coludida con el viejo régimen así como la monarquía española surgió a partir de la muerte del abominable Franco y con todo y la gendarmería a la que usted citó recientemente.

La justicia, Andrés, nada tiene que ver con la impunidad ni con el “empantanamiento” de otras acciones como recientemente afirmó. Es esencial para asegurar las libertades, todas ellas comenzando con la de expresión, y los cauces necesarios para reconstruir el muy afectado tejido social. ¿O no era el propósito en tus largas tres campañas por la Presidencia? Así lo expresó, una y otra vez, con la voz del opositor firme contra sus instituciones corroídas y empecinado en alcanzar la meta superior del cambio político estructural a costa de no robar, no traicionar y no mentir; tres apotegmas que desgraciadamente no se han cumplido del todo en esta transición que, por fin, llega al último día.

Por allí quedan las dudas sobre los presuntos sobornos recibidos por Gabriel Regino, (a) Rojino, subsecretario de Seguridad Pública en el entonces Distrito Federal bajo la administración de Andrés Manuel, entre 2000 y 2006; provenían del cártel de Sinaloa, concretamente de Ismael El Mayo Zambada, el verdadero líder de esta organización, que ha sabido cubrirse las espaldas hasta hoy con el consentimiento de calderón, peña y los gobernadores Mario López Valdés y Quirino Ordaz Coppel. No es poca cosa.

Lo que más molesta es la coincidencia falsa entre el mandatario saliente –¡no hay mal que dure cien años!–, y el entrante sobre mantener la presencia militar en las calles pero ahora redoblada; al ejército habrá de sumarse la Guardia Nacional, continuidad de la inútil Gendarmería inventa por el colombiano Óscar Naranjo Trujillo y marginada por peña, con el objetivo de darle legalidad hasta los actos de rapiña –el botín de guerra–, de los uniformados coludidos con las mafias dominantes. ¿Esta es una novedad para los funcionarios en fase de iniciar sus gestiones?

En fin, termina el mal gobierno peñista sin necesidad de un nuevo grito de Independencia. La cuestión es si, como hiciera el Padre de la Patria, invocamos al espíritu de Fernando VII quien fue el responsable de perder las “colonias” al servicio de la corona española ante la fogosidad de los levantamientos en toda Latinoamérica. En el norte mataron a todos los aborígenes; hacia el sur, violaron a todas las mujeres para crear el mestizaje y dicen los gachupines que debemos estar agradecidos.

En fin, repito hoy con más fuerza y ante el ímpetu de perdón que, como espíritu maligno, parece haberse apoderado del mandatario entrante:

¡Cárcel para peña y sus cuarenta ladrones y asesinos! Así debe comenzar el combate contra la corrupción a trueque de un continuismo malsano que destruiría la confianza de los 30 millones de sufragantes que eligieron a López Obregón.

Cuerda floja

Rafael Loret de MOLA

HACE CINCO AÑOS COMENTÉ QUE, ANTE LA OLEADA TERRORISTA INICIADA EN FRANCIA CONTRA LA REDACCIÓN de un semanario satírico “Charlie Hebdo”, con un sangriento saldo de trece muertos incluyendo a un trabajador recién contratado a quien se excluye de la lista funesta, nuestras autoridades no habían tomado la debidas medidas de emergencia para prevenir una incursión de los grupos radicales que, es obvio, tienen como blanco algunas ciudades de los Estados Unidos, no sólo Nueva York sino también la capital de la poderosa nación. Podría parecer exagerado y hasta se presumiría que tal extendería la psicosis colectiva pero tratándose de un fenómeno de alto riesgo tales criterios son absolutamente banales.

¡De hecho, en México se ha instalado ya el terrorismo desde hace algunos años. Si tal denominación se da a quienes siembran el terror contra la ciudadanía indefensa bien cabe el mismo para calificar a cuantos, por ejemplo, aterraron a Morelia la noche trágica del 15 de septiembre de 2008, cuando comenzó de hecho la escalada de violencia bajo el calderonismo con ocho víctimas mortales a las que ya ni siquiera se cuenta dentro de los más casi cien mil asesinados, por causa de la guerra entre mafias, durante el mencionado régimen.

Y lo mismo puede expresarse de los grupos con capacidad para extender sus territorios obligando a los pobladores en estado de indefensión a refugiarse en sus casas o morir en las calles… a la vista de destacamentos militares que voltean hacia otros lados. En Iguala y Cocula, por ejemplo, porque en San Pedro Limón, Tlatlaya, fueron protagonistas directos.

Daños mayores

Rafael Loret de MOLA

Con la efeméride de la expropiación del petróleo, misma que cambió, en definitiva, el destino económico y político del país –el social no porque, por desgracia, el oro negro, mal administrado, no alcanza para iniciar con él siquiera la fallida “cruzada por el hambre” anunciada por el presidente enrique peña nieto como una panacea–, surge en paralelo la esfinge del general Lázaro Cárdenas del Río, sin exclusivas partidistas como pretendieron los dirigentes priístas durante varias décadas. Y pocos sabían que el ilustre personaje, precisamente, rechazó su credencial como priísta –la número dos, después de la del entonces presidente Manuel Ávila Camacho– porque consideró innecesario el cambio de siglas sin una verdadera reestructuración de estatutos que asumieran una tendencia vanguardista, con objetivo visionario como él era.

Pasamos la celebración con los hilos cambiados. Hay una división seria –no profunda porque suelen los priístas no ser demasiado audaces cuanto se enfrentan al poder presidencial, únicamente cuando quien ocupa Los Pinos es de su misma filiación–, dentro de algunos de los actores principales del partido en el poder, precisamente por la desazón causada por el anuncio de una modificación estructural que tienda, precisamente, hacia la derecha como si la segunda alternancia hubiera estado profundamente contaminada o condicionada a otra clase de intereses reñidos con el patrimonio nacional. Y así lo perciben no pocos mexicanos conocedores de nuestra epopeya histórica.

Lo que más me disgusta, en esta hora incierta, es observar a quienes ahora defienden la propiedad de la riqueza energética de México que es, claro, de los mexicanos desde 1938. Un cuarto de siglo nos separa aún del centenario, pero hoy recordamos que hace setenta y siete años desterramos a las compañías inglesas que habían forzado las cosas para explotar sin remedio a los petroleros mexicanos; como ahora siguen siéndolo los mineros y otros grupos a quienes las injusticias y los tratos inhumanos parecen haberlos detenido en el lejano principio de la centuria anterior. Una vergüenza para una nación dotada de tantos recursos naturales al punto de que Adolf Hitler, dispuesto a apoderarse del mundo, puso su mirada en nuestro territorio y pronunció una sentencia terrible:

–México sería la mayor potencia del mundo… si la gobernáramos los alemanes.

Fue una bofetada contra nuestro nacionalismo que supo a poco bajo los estruendos de la Segunda Guerra Mundial y la tardía participación del mexicano Escuadrón 201 con el que sumamos las pobres fuerzas militares de nuestro país a una contienda con tintes de Apocalipsis; sin embargo, nuestro petróleo se revaloró y pudimos, todos, salir delante de la precariedad que sembró en el “primer mundo” aquella conflagración mundial. La pregunta es: ¿por qué, entonces, nos quedamos rezagados? Y la respuesta única es a causa de la corrupción infinita que degrada a los hombres públicos y también a quienes la toleran. En buena medida, la amnesia colectiva nos coloca en este nivel por desgracia.

Por ejemplo, hace tres años el presidente peña anunció en Londres, a bombo y platillos, su disposición para ofertar, regalar, los recursos de nuestro subsuelo dada la baja en el valor del petróleo, de la mezcla mexicana del crudo. La reforma respectiva no fue suficiente porque los interesados no previeron la caída y se amontonaron pidiendo los contratos ofrecidos; apenas ahora se nos habla de que “los primeros acuerdos” se darán en junio acaso después de cerrarse los mismos en Gran Bretaña a la sombra del glamour. Otra vez, retornó peña de un periplo internacional con saldos rojos, muy lejanos a las expectativas originales. Como mandatario, en la perspectiva diplomática, es todo un perdedor aunque se sienta aristócrata.

Carnicerías

Rafael Loret de MOLA

En Sutherland Springs –un pueblecillo de apenas ochocientos habitantes, en Texas–, un solo hombre, armado, entró al templo del lugar antes de iniciar los servicios religiosos a los que suelen acudir unas cincuenta personas, y comenzó a disparar, preso de una ira irracional, hasta asesinar a veintiséis personas que iniciaban sus acostumbrados rituales, entre ellos varios niños y una mujer embarazada –con ello los muertos suben a veintisiete–; además, el reguero de sangre se extendió a 16 heridos más lo que significa que alcanzó a cuarenta y dos fieles. El dato estremece porque el sujeto, después abatido por la policía, tuvo tiempo bastante para acribillar a sus víctimas, casi todos los feligreses, durante varios minutos de horror; después, claro, llegó la policía. Siquiera.

Hace unos días, en una Sinagoga de Pittsburgh, otro tiroteo acabó con la vida de ocho personas mientras en México los ojos se fijaban en la caravana de migrantes y en la consulta de Andrés sobre el aeropuerto de la Ciudad de México.

El horror, una condición que anida en los mexicanos desde hace más de una década al grado de aprender a vivir con ella, nos hizo recordar, entre las tinieblas de la memoria, a un suceso igualmente bárbaro: la brutal masacre que cobró la vida de cuarenta y cinco tzotziles, entre ellos niños y mujeres embarazadas –bastante normal entre los más humildes que convierten a sus mujeres en incubadoras permanentes por ignorancia–, quienes oraban en el modesto templo de Chenalhó, en Chiapas, el 22 de diciembre de 1997, hace casi veinte años en las vísperas de la Navidad. La diferencia es que este hecho no tuvo conclusión alguna y se adujo las vendettas interraciales para justificarlo, en principio. No fue así: los cartuchos encontrados en la zona no pudieron ser substraídos por el ejército en su totalidad y algunos miembros de la sociedad civil encontraron algunos… propios de calibres exclusivos del ejército mexicano.

Entonces, sólo entonces, comenzó a mencionarse que todo se debió a una incursión de grupos paramilitares, al servicio de los caciques de la región, bien parapetados por las autoridades, desde el secretario de la Defensa, entonces Enrique Cervantes Aguirre, cuyos nexos con los cárteles más poderosos se evidenció con el tiempo al posibilitar reuniones entre los grandes “capos”, como el “muerto viviente” Amado Carrillo Flores, sinaloense en Ciudad Juárez, y los hermanos Arellano Félix, enseñoreados de la plaza de Tijuana en donde manda, por cierto, Jorge Hank Rhon, heredero del célebre maestro de Santiago Tianguistenco, Carlos Hank González, fallecido en su rancho el 11 de agosto de 2001, cerca de donde nació, y uno de los grandes gurús de nuestra política. ¿Van atando cabos?

El hilo conductor obliga a realizar un repaso sobre la impunidad reinante. Nunca compareció el entonces gobernador de Guerrero, Julio César Ruiz Chávez, ni el mando del ejército mencionado, ni mucho menos el presidente en funciones, ernesto zedillo. Venció, como siempre, la impunidad y, peor aún, se persiguió a quienes dieron notoriedad a la noticia hasta relegarlos y marginarlos a partir de entonces. Una dictadura perfecta, no “casi” como refirió Vargas Llosa cuando todavía se atrevía a llamar a las cosas por su nombre, digamos hasta antes de obtener la ciudadanía española.

El terror siempre se queda y la justicia pasa cuando los polos de la perversidad se atraen sin remedio.

Denuncias

Especial
Rafael Loret de MOLA

@loretdemola

Por ejemplo, Meade lanzó la acusación sobre el lavado de dinero que encubre Anaya y le colocó a éste, con una catarata de propaganda en redes sociales y en medios abiertos, con el lugar común de los criminales dispuestos a vender sus almas con tal de asegurarse una vida placentera.

Anaya, expresó su indignación por esta acusación basada en la compraventa de una nave industrial por 54 mdp. Dicen que no importa el monto sino la acción; y es verdad salvo si la operación respectiva no fuera un negocio entre particulares.

Lo peor, fue el intento de Anaya por ensuciar a Andrés con la falta de licitación, a favor del Grupo Rioboo. El hecho se dio desde 2002 y, ¡sorpresa!, se dio a conocer 10 años después en el preámbulo de las elecciones en las que López Obrador va tan arriba que un derrumbe a estas alturas sería visto como arte de un fraude inmenso.

Y, en el aire están los señalamientos contra el oficialista Meade, cuya tensión se observa en su vitíligo que ha dejado de tratarse al grado que perdió lo que había ganado en sus terapias en Cuba. Y como no tiene acceso al Hospital Militar, donde peña se ha sometido a quimioterapias de elite, la enfermedad lo pintó solo lo que le resta seguridad al mostrarse y receptividad en sus oyentes; no se trata de discriminación sino, de actos reflejos de las conductas reacias a ver con normalidad los padecimientos ajenos. Parte de nuestros defectos mayores, como la desigualdad social.

En fin, aunque Andrés grita que no es corrupto, el hecho es cada quien recibió sus bolsas de basura y están ahora repletas. Pero si de democracia hablamos es evidente quién ganará los comicios ¡y pobres de aquellos que busquen defraudarnos! Ya no. Sitiaremos al INE si es necesario, tanto los que hayan votado por Andrés como todos aquellos que no desean preservar un sistema corrupto.

 

 

¡Qué baje el telón!

Rafael Loret de MOLA

Al fin, terminamos con 2018. Cada quien puede observar sus saldos personales y algunos hasta se entusiasman por ellos. En el fondo de cada conciencia, sin embargo, anida la desesperación, la impotencia y la rabia contenida. Si quienes ejercen el poder no lo percatan, peor para ellos. Hay que avisarles: 2019 no será tranquilo ni pueden esperar que la sociedad siga cruzada de brazos ante el espectáculo grotesco de una clase política represora, asesina y profundamente ignorante y desconocedora de la geografía nacional. No es posible soportar más.
Desde luego no es misión de este columnista estelarizar el papel de aguador de fiestas en esta noche que esperamos tranquila y sin avisos de Apocalipsis como en las respectivas efemérides de 1994 y 2012. Sin embargo, es necesario reflexionar, una y cien veces si es necesario, cuáles son nuestros deberes primigenios empezando con el bienestar de la familia que no se agota con una buena cena de fin de año; lo trascendente es legarles a quienes nos siguen un México con justicia y libertad. ¿Y cuánto hemos andado en esta dirección? Veamos hacia atrás y resolvamos esta interrogante en lo más profundo de nuestras conciencias. De no hacerlo, el tiempo pasará y nos convertiremos en cenizas sin posibilidad de redención.
Nos duele México aun cuando, en familia, tratemos de consolarnos unos a otros, observando los pesebres hogareños que nos guían todavía con la esperanza de la estrella que se posó en Belén como demostración de que la humildad es el mejor ingrediente para ejercer el liderazgo, en este caso el divino, el más alto de todos, sobre las sociedades convulsionadas
Vivimos entre el odio y la violencia. ¡Ay, si lo entendieran los gobernantes, de ayer y hoy, que nos agobian y afrentan precisamente con la soberbia que es origen de la prepotencia y la ceguera ante las terribles heridas sociales!
Quizá algunos lectores –y lo entiendo– lean estas líneas pareciéndoles fuera de lugar, incluso molestas en una tarde-noche en la que suele brillas la euforia, exaltada por los vinos de marca o el alcohol destilado según sea el nivel de cada quien en una comunidad plagada de desigualdades extremas; pero es necesario recordarlo así como los romanos triunfadores llevaban al pie de su carroza, durante los desfiles con olor a gloria, a un servidor que les decía constantemente al oído: “recuerda que eres humano”. Y comprendían así que la perentoria exaltación terminaría junto al despliegue de sus tropas. Nada más, como no tiene un día más un sexenio ni un año como el que hoy termina.

Rencor y esperanza

Rafael Loret de MOLA

Se entusiasman por ellos. En el fondo de cada conciencia, sin embargo, anida la desesperación, la impotencia y la rabia contenida. Si quienes ejercen ahora el poder no lo percatan, peor para ellos. Hay que avisarles: 2019 no será tranquilo ni pueden esperar que la sociedad siga cruzada de brazos ante el pasivo espectáculo de una clase política, que deseamos instalar en el pasado, represora, asesina y profundamente ignorante y desconocedora de la geografía nacional que heredó el nuevo gobierno. No es posible soportar más.

Desde luego no es misión de este columnista estelarizar el papel de aguador de fiestas en esta noche que esperamos tranquila y sin avisos de Apocalipsis como en las respectivas efemérides de 1994, 2006 y 2012. Sin embargo, es necesario reflexionar, una y cien veces si es necesario, cuáles son nuestros deberes primigenios empezando con el bienestar de la familia que no se agota con una buena cena de fin de año; lo trascendente es legarles a quienes nos siguen un México con justicia y libertad. ¿Y cuánto hemos andado en esta dirección? Veamos hacia atrás y resolvamos esta interrogante en lo más profundo de nuestras conciencias. De no hacerlo, el tiempo pasará y nos convertiremos en cenizas.

Nos duele México aun cuando, en familia, tratemos de consolarnos unos a otros, observando los pesebres hogareños que nos guían todavía con la esperanza de la estrella que se posó en Belén como demostración de que la humildad es el mejor ingrediente para ejercer el liderazgo, en este caso el divino, el más alto de todos, sobre las sociedades convulsionadas por el odio y la violencia.

El incendio

Rafael Loret de MOLA

Los conformistas, siempre hastiados de las opiniones y posturas de los demás, abrumados a cada rato cuando se sacuden las paredes de la inercia inútil, alegan que deben dejarse las cosas como están y, por ejemplo, cerrar el ominoso capítulo de Puebla, en donde pretende imponerse a la usurpadora Erica Marha Alonso Hidalgo de Moreno Valle, identificada como las “muchas faldas” del cacique asesorado siempre por Javier Lozano –hoy priísta en el borde la explosión de su pobre burbuja luego del fracaso de Meade y de sus corifeos–, cuya cultura le cabe en una uña, digamos al estilo de Karime Macías, la supuesta prófuga esposa de Javier Duarte, perseguido –como única acción de su podrido gobierno– por el otro gran derrotado, Miguel Ángel Yunes Linares, mucho peor a su enemigo.

Por cierto, y no quiero que esto aparezca como una defensa, la señora Karime dista mucho de vivir con los lujos y excentricidades de los funestos Yunes; la carrera del patriarca, por ejemplo, comenzó cuando se hizo del control de la gubernatura en el sexenio de Patricio Chirinos Calero, entre 1992 y 1998, a quien convirtió, alcoholizándolo y drogándolo –con su consentimiento, claro–, en una piltrafa humana incapaz de raciocinio alguno… para que él, Miguel Ángel, pudiera actuar a sus anchas. Y así comenzó la penetración del narco en la costeña entidad entre otras muchas lindezas.

Es la tónica de Rafael Moreno Valle, panista por conveniencia y heredero de una línea caciquil priista de primera mano. Recuérdese cómo los fox apoyaron a Ricardo Salinas Pliego, en la toma del Cerro del Chiquihuite, cuando se apropiaron, con la guardia personal del magnate de la plata y las remesas –Ricardo, claro–, del canal 40 que era propiedad, precisamente, de la familia Moreno Valle. A cambio de ello se abrió el camino para que Rafael se apoderara, cual si se tratase de un botín, de Puebla y sus nexos. No entiendo cómo los poblanos soportan este yugo, a no ser que sean parte de la abyecta aristocracia del lugar, misma que odiaba al general Ignacio Zaragoza por haber vencido a los perfumados franceses de mierda. Quizá lo hubieran linchado de no ser por la tifoidea y el tifus que lo aniquilaron meses después de su victoria el 5 de mayo de 1862, precisamente en septiembre del mismo año a los 33 años de edad.

Los Moreno Valle son herederos de Maximiliano y de todos los reaccionaros que ofrecieron a México en bandeja a un “príncipe” europeo para que los sacudiera del Benemérito Juárez, a quien odiaban por su sangre indígena; y lo más vergonzoso es que la primer comitiva de apátridas fue encabezada entre otro por José María Almonte, vástago del gran Morelos, el Siervo de la Nación, lo que demuestra que los hijos no son siempre espejo de sus padres ni siguen sus pasos, ni piensan igual, ni luchan hombro con hombro. Duele decirlo.

Puebla debe redimirse. No es posible, dadas las condiciones actuales, que permanezca una usurpadora en el poder cuando la mayor parte de los mexicanos vuelcan su esperanza a favor de una democracia que creemos apenas despunta pese a los intentos, ya ahora, de desviarla hacia los mismos escenarios de antaño. Lo decimos a tiempo, como siempre lo hemos hecho, antes de que la mala energía brote por todos los rincones heridos de nuestra gran nación.

Hechos y mentiras

Rafael Loret de MOLA

Un juzgado federal ordenó reabrir el caso de la matanza de San Pedro Limón, Tlatlaya –en la que tanto hemos insistido–, en el peñista Estado de México en donde se repudian a los entenados y parientes del mandatario federal, sobre todo a Alfredo del Mazo Maza. Y sólo con esta actitud se pone en predicamento las actuaciones judiciales sobre la matanza de veintidós personas, la mayor parte civiles a quienes se pretendió situar como narcotraficantes, y se descubre el hilo fino de las masacres similares: la búsqueda de botines multimillonarios –en el caso mencionado fueron 80 millones de dólares, en efectivo, escondidos en una “casa de seguridad”–, y tomados por las tropas que los llevaron a la oficina principal de la Sedena.

Sólo en un día, los militares tomaron el control de la desquiciada Colima, donde residen los zares de las mentafetaminas, uno de los más potentes estimulantes que afectan el sistema neurológico, a la sombra de dos familias ex presidenciales: los de la madrid y los zedillo, con raíces por allí sobre todo los primeros. Todo ello, además, con la complacencia de los cómplices infiltrados dentro de la estructura gubernamental; además, se produjeron asesinatos en Guanajuato y Chihuahua –sendas entidades gobernadas por el PAN–, balaceras y narcobloqueos en distintas partes del país, sobre todo en Morelos y Tamaulipas, con saldo de varios muertos, amén de descubrirse diez cadáveres en Guerrero y registrarse más asesinatos en Veracruz o Yuneslandia, en donde el caos se extiende, sin disminuir un ápice desde la captura de Javier Duarte de Ochoa; el finiquito del rufián Yunes Linares serpa escandaloso igualmente.

Frente a estos hechos, en la misma jornada, el señor peña, listo a presentar su último informe dentro de poco más de una semana, en ausencia como es ya su costumbre, inventándose formatos y desplantes que sólo son lugares comunes, anunció una “cifra histórica” en cuanto a las inversiones extranjeras: 52 por ciento más de cuanto se captó en el sexenio anterior cuando la cloaca del entreguismo ya estaba abierta. Esto es: la administración actual NO HA TENIDO LÍMITES PARA VENDER AL PAÍS A PEDAZOS.

Algo similar ocurrió durante el mandato del odiado carlos salinas de Gortari, quien presumió de haber alcanzado, por primera vez en la historia reciente, un superávit en cuanto a los ingresos y egresos anuales, gracias a la venta de paraestatales útiles y con entradas seguras, como Telmex. A la larga aquello resultó una fatalidad porque disminuyó notoriamente la captación de recursos aunque se instituyera el conocido “terrorismo fiscal”.

Podría sintetizarse que la prioridad de peña, de cara a su muy próxima letanía de autoelogios es vendernos que hay confianza entre los extranjeros aunque se siga asesinando a los mexicanos y se reprima, cada día, a los periodistas valientes y libres, no a los malditos mercenarios de la letra impresa quienes, tantas veces, esconden la mano detrás de las bambalinas de sus empresas corroídas.

Las mentiras siguen; los asesinatos y los rencores también. Esto no puede terminar bien de manera alguna… ni con la esperanza puesta en el nuevo régimen.

Ni raza ni hispanidad

RAFAEL LORET DE MOLA

 

Mal día para celebrar cualquier nexo con España, a la que tanto cariño le tenía hasta observar cuán equivocado estaba en mi percepción sobre el quijotismo y la fuerza de espíritu en los hispanos de hoy tan cerrados y obtusos, en medio de la batahola llamada Catalunya –en catalán así se escribe y es mi deseo nombrarla en su idioma natural-, y la absurda posición de una monarquía que no parece autocrática salvo cuando el gobierno parlamentario así lo exige.

España está rota desde su columna vertebral hasta las células neuronales; lo está desde los brutales años del franquismo cuando millones estaban aterrorizados ante la grotesca figura de un “caudillo” chaparrito, más cercano a lo chaplinesco que a los grandes personajes de la historia, que mandó durante 36 años y prolongó la agonía de los republicanos quienes, todavía hoy, no ocultan su tremendo rencor y buscan cadáveres en las laderas y en los viejos límites territoriales de cada pueblo ensangrentado. Y el trauma no se superó ni con la muerte de Franco porque fue él quien legó, por capricho y sin ninguna resistencia, una nueva monarquía de Borbones, afrancesados y tremendamente ostentosos como sus egos encendidos por las cortes aduladoras… igual que en México bajo el rufianesco comportamiento de la elite del poder.

En estas condiciones nuestro “día de la Raza”, cuando las antorchas brillan y los tamborileos ensordecen en algunos sitios específicos –para algunos la efeméride debía desaparecer por la mantenida esclavitud, pocas veces disfrazada, de las etnias, salvo en aquellas donde se han convertido en folklor para el turismo, regalando, o casi, sus excelentes productos manuales. ¡Y todavía los amorales los regatean… lo que jamás harían en un almacén de lujo como “el palacio de los palacios” de Alberto Baillères, en donde no hay descuento ni se solicita por estatus!

En Madrid, ya no en toda la península convulsionada con los aires de escisión en el País Vasco, la autonomía que persigue también su soberanía, se da el nombre de “día de la hispanidad” a la conmemoración de hoy. De ser por recuerdo de la colonia y la mal llamada “conquista” que no fue sino una invasión contra las bases indígenas asentadas en el territorio que hoy es México, la esdrújula sin par, entonces las festividades tendrían que ser sangrientas sobre una inmensa piedra de los sacrificios. Quizá como la sorda violencia contra los catalanes, el primero de octubre, hace apenas once días, por parte de la Guardia Civil y la Policía Nacional de España que rompieron lo que quedaba de corazón ibérico a los catalanes. Luego vinieron otras afrentas.

No debiera haber celebración, por tanto, ni en México, donde el término raza parece ser una indigna diferencia entre los criollos, los mestizos y los indígenas; ni en España en donde no fueron capaces de evolucionar, tras la muerte cómoda del dictador en su cama, bien apapachado hasta por el brazo de Santa Teresa guardado al lado del lecho, y mantuvieron la figura absurda de la monarquía parlamentaria con una bifurcación insana que produjo los brotes de rebeldía que hoy huelen a una fragmentación inevitable de una nación sin himno, con pobres identidades y una fractura entre conservadores y liberales que el tiempo no podrá curar.

Maleantes inolvidables

Rafael Loret de MOLA

Fue como una broma macabra cuando comenzaron a verificarse el monto de los sobornos y los sobreprecios de sus “servicios” a varias d las plantas de Pemex con la intermediación del corrupto –rompe-madres, se dice–, Emilio Lozoya Austin, quien, con su cola y mañas de velocirraptor, puede sentirse orgulloso de ser continuador de grandes personajes del peñismo: La Gaviota, Luis Videgaray –beneficiarios de Higa–, Virgilio Andrade “la cloaca”, Gerardo Ruiz Esparza “el socavón” y el propio titular del Ejecutivo quien asienta que la corrupción no es uno de los males mayores. Falta establecer desde el punto de vista de quién.

No son todos los cómplices, desde luego, ni los únicos beneficiarios de los sobornos de Marcelo Bahía Odebrecht, el brasileño convertido en el Luzbel de los empresarios para convencer a los jefes de Estado de casi todo el continente a beber sobre sus palmas, cuyas sumas son tan desiguales como el propio caso: los periódicos oficiosos hablan de montos mayores a 400 millones de pesos; El País, de España, cita 41 millones y medio pero de dólares y La Jornada apunta que son 876 millones de pesos los “sobreprecios” pagados a la multinacional por instrucciones de muy arriba –los dos últimos cotidianos citados sí coinciden, a cambio de falacias mayores en los otros–, al tiempo que se citan las tremendas irregularidades cometidas en dos de las obras “emblemáticas” de un régimen amoral: el tren México-Toluca –rey de la tala inmoderada–, y el célebre paso Exprés.

Lo de Odebrecht ha sido, sin duda, un pedacito del enorme pastel de la corrupción horneado y confeccionado con las manos de Angélica Rivera Hurtado –sobrina, y es en serio, del ex presidente miguel de la madrid hurtado, ya agusanado–, en el corazón de Chapultepec, en Los Pinos, mientras esperan mudarse a algunas de sus casas blancas, no en la de la Ciudad de México sino en el extranjero, decididos a no quedarse en su país al término de una gestión repulsiva para 93 de cada cien mexicanos. Lo reitero, y me gusta hacerlo, para subrayar la ilegitimidad democrática de un mandato que resultó un fraude mayor.

Pero, ¿quiénes deben responder por los fraudes, sobornos y sobreprecios pagados a Odebrecht y distribuidos entre la cúpula gobernante? ¿Y la estafa maestra de Rosario Robles y sus alfiles de Hacienda? El primero, sin duda, el ahora aprendiz de Canciller, Luis Videgaray Caso, el hombre de las transacciones sucias con olor nauseabundo; después, Emilio Lozoya Austin, uno de los juniors que defienden su dinastía y le “rompen la madre”, según dijo, a los demás. Y por la misma senda colocamos al actual director de la paraestatal, José Antonio González Anaya, concuño nada menos de carlos salinas de gortari –su esposa es Gabriela Gerard Rivero, hermana de Ana Paula, la consorte del genio del mal–. Un círculo diabólico, apabullante, que carcome al espíritu nacional.

Desde luego, quedan pendientes revisar los estados de cuenta –lo que se debe hacer ya con la debida autorización judicial–, de enrique peña, de su tío y mentor Arturo Montiel Rojas y, por supuesto, del Gran Gurú, carlos salinas. Entonces, sabremos la verdad porque, desde luego, la declaración de bienes de estos personajes ya la perdió el tiempo, remedio infalible de los corruptos.

Grave pecado

Rafael Loret de MOLA

El mayor enemigo del próximo presidente de México –a ocho días de ascender a la condición de Constitucional–, no está en el norte ni el sur ni allende los océanos; está en casa y más que allí en su propio refugio intelectual. Se encuentra en la soberbia que trata de disimular en los actos públicos, donde suelen exaltarlo como un héroe aún en gestación, pero anida en sus decisiones no siempre lógicas y en ocasiones fuera de la realidad. Lo peor es que, además, buena parte de mexicanos le cuestiona hasta el modo de andar y hasta por sus canas y edad.

Lo superfluo por encima de la profundidad, es cierto, y también dañino para construir la imagen de un liderazgo firme y serio, sin chascarrillos del pobre nivel de fox, con la conciencia de que al ser jefe del Estado mexicano su comportamiento y guía es fundamental para quienes conformamos la gran comunidad nacional. Nada de calificativos insulsos ni peleas de gallos humanos, con o sin espolones, dispuestos a ver a los adversarios como enemigos irredentos y golpearlo hasta su misma extinción. Esto no sería congruente con un gobierno democrático sino se vería paralelo a la autocracia que no se reserva nada y combate cuanto se mueva sin el consentimiento del mandamás.

Fíjense, la intolerancia es tanta que no pocos de los aduladores del inminente mandatario se disgustan porque utilizo el término “régimen” cuando me refiero a la próxima administración federal; el término no es denostativo ni insinúa la presencia de una dictadura: simplemente es referente al conjunto de normas y modelos que dan forma a un gobierno. Así hay regímenes democráticos, revolucionarios, dictatoriales, etcétera. En todo caso es menester esperar el desarrollo del gobierno de Andrés para ponerle apellido; pero el nominativo es correcto, si bien la ignorancia nos quiere imponer denominaciones que simplemente no existen.

Lo anterior es superfluo, desde luego, pero es especialmente significativo del proceder de quienes al ser incondicionales pierden su capacidad de juicio y de criterio y no son sino una nueva “borregada” como la que tanto cuestionaron, cuestionamos, en los tiempos de los regímenes priistas y panistas ya padecidos. A ellos deberían instruir los funcionarios en cierne considerando que ellos y quienes piensan distinto conforman, unidos, la soberanía popular.

No queremos galopar hacia el destierro, como mandaban los reyes autócratas para quienes les contradecían y aún lo hacen los dictadores que se mantienen en el filo de la historia. Pretendemos ir a la par con las acciones del futuro gobierno que tantas esperanzas ha despertado al tiempo de generar crispaciones por parte de cuantos, desde ahora, se sienten acosados temiendo lo que no ven más allá de sus narices.

Porque ningún error de los cometidos por Andrés en la etapa de transición es equiparable a las matanzas de Tanhuato, Tlatlaya y tantos otros lugares, incluyendo las desapariciones de Ayotzinapa; tampoco con la ingente corrupción de peña y sus secuaces, la más elevada de la historia, y la aviesa construcción de obras cuyas comisiones se pagaron mucho antes de ser iniciadas y no terminadas en medio de la jauja de la corrupción.

Por eso estamos en nuestro derecho de no perder la esperanza.

La última copa

Rafael Loret de MOLA

La última y nos vamos, suelen repetir los ebrios de cantina para tratar de demostrar una disciplina imposible; al final se pierde la cuenta de las copas y el raciocinio hasta para poder andar sin tropezones ni habladurías cuya violencia muchas veces trastorna las neuronas y agita al cerebro hasta perder la noción de la realidad. Algo similar ocurre con los simpatizantes “duros” de los aspirantes presidenciales quienes, caída a caída, insisten en que siempre podrán levantarse… sin observar que están muertos, cuando menos políticamente hablando.

De acuerdo al diario El País, de cimiente española y proclive hacia la izquierda cuando ésta no gobierna –ya ha demostrado que cuando se trata de apoyar a los mandatarios de esta filiación en su país suele convertirse en oficialista, como ocurrió con el largo período de José Luis Rodríguez Zapatero–, en un análisis bastante serio, Andrés tiene el 92 por ciento de posibilidades para ganar la elección mientras sus adversarios se sitúan en cinco, dos y un punto. Pongan los nombres ustedes en este orden: Anaya, Meade y El Bronco, el Conan del norte.

Desde luego, en unas cuantas semanas, esto es las que faltan para la justa comicial, parece no sólo imposible revertir la tendencia irrefutable sino construir el andamiaje para un fraude escandaloso, monumental, ante la observación de quienes, desde el exterior, siguen con curiosidad el proceso mexicano y es éste, como explicamos hace unos días, el mejor antídoto contra el presunto fraude que los leguleyos y enmascarados del establishment han estado montando desde hace varios meses; acaso por esta obsesión, el anaranjado de la Casa Blanca recrudeció posturas y afinó baterías contra el gobierno mexicano… y fue Andrés el único de los candidatos en no encarar al personaje sino al contrario: solicitó que se reunieran peña y Trump para remedia la rispidez. Los demás atacaron con vehemencia al “pato” Donald.

Lo anterior no es, ni de lejos, la actitud que hubiera podido esperarse de Andrés, siempre vanguardista en cuanto a las descalificaciones y la imposición de apodos –riqui riquín canallín–, algunos bastante malos, que lo remiten a los patios de las escuelas –el de Tepetitán, en donde estudió, lo es–; pero ahora, al parecer ha aprendido a medirse cuando se trata de dirigirse al jefe de la banda de la Casa Blanca e incluso al de Los Pinos a quien ya extendió, de hecho, un perdón a priori junto a la celebrada amnistía ofrecida al bandidaje que permanece fuera todavía de las prisiones. ¿Serán estas las condiciones que debió llenar para barrer la senda hacia el Palacio Nacional sin requiebros ni trompicones?

No lo dudo conociendo a Andrés y su permanente ambición política –lo que no está mal–, hasta convertirse en el mexicano que, sin duda, mejor conoce al país… casi hasta el último rincón. Hace semanas visité, por ejemplo, la locación de Real de Catorce, en San Luis Potosí, y me confirmaron que hasta allí no había llegado, sólo hasta Matehuala. Es, claro, una referencia aislada pero que obliga al “casi”.

Por lo pronto, en víspera del tercer debate, en la blanca y deliciosa Mérida, Andrés debe apurarse a llegar para que pueda dormir sobre una hamaca de doble o triple aguja, bajo la maravilla del cielo estrellado de Yucatán. Amanecerá tranquilo.

¡Caramba!

FOTO: ELIZABETH RUIZ /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Andrés Manuel, a una semana de su ascensión a la Primera Magistratura, da visos de negar sus banderas sociales, mismas que le llevaron a donde está, para manejar una condición de continuador detrás de bambalinas de la mano del neoleonés Alfonso Romo Garza, empresario agroindustrial que ahora se presenta como miembro de Morena en trance de convertirse en el jefe de asesores de la Presidencia, cargo que desempeñó, bajo el salinato sanguinario, el siniestro Joseph-Marie Córdova Montoya. Qué revolcón.

En unos cuantos días, de facto convertido en el supremo poder –contradiciendo con ello la autonomía del Legislativo y el Judicial–, ha enviado iniciativa para convocar a una asamblea para asegurar una “constitución moral” con escasa información sobre la misma salvo a hipótesis de que buscará enmendar algunas viejas desviaciones históricas a favor de la derecha aunque él anuncia un cúmulo de medidas francamente contradictorias y muy alejadas de sus presupuestos ideológicos de origen. Veamos.

1.- El empeño puesto en una nueva iniciativa de ley para la seguridad pública dista mucho de su deseo de cambio. Es, palabras más o menos, lo mismo que propusieron calderón y peña en la hora negra de la mayor corrupción de nuestra historia: a la gendarmería de peña que no sirvió para nada, le llamaremos ahora guardia nacional con elementos reclutados en la policía federal. Y el ejército se mantendrá en la calle sin preocuparse por las tesis jurídicas que designan como inconstitucional el nuevo ordenamiento.

2.- Durante largos años, Andrés exhibió a la mafia del poder, con razón, y la centró en instituciones privadas como las televisoras, los bancos y los empresarios rapaces aunque siempre mantuvo vínculos con personajes como Carlos Slim Helú y su gran amigo el español Felipe González Márquez, ex presidente de su país. A los demás no les tuvo consideración e incluso se cansó de insultarlos, igual que a sus colaboradores cercanos, en cuanto tenía oportunidad. Ahora, Salinas Pliego, Bernardo Gómez, Hank Rhon, lo que queda de Vázquez Raña y hasta Miguel Alemán Magnani, nieto del mandatario más ladrón antes de la llegada de enrique peña, formarán un consejo especial, sin funciones específicas, para asesorar al próximo presidente.

3.- A los constructores del aeropuerto cancelado en Texcoco ya les extendió, antes de tiempo, concesiones para realizar y explotar el de Santa Lucía, lo que tira por la borda la idea de que la consulta efímera no fue contra la corrupción sino para modificar el rumbo de ésta hacia otras latitudes en donde obtendrán ganancias similares o mayores. Un golpe al hígado de cuantos creyeron en la bondad del segundo proyecto.

4.- Porque si de combatir a la corrupción se trata, ¿qué hace Bartlett aguardando por su nuevo hueso en la CFE? ¿Y los zedillistas Esteban Moctezuma, Olga Sánchez Cordero, Alfonso Durazo Montaño, Marcelo Ebrard Casaubon y hasta el general Luis Sandoval González? Todos tienen una historia en común y sólo falta que el ex presidente Ernesto tome parte de una nueva cruzada contra el hambre… desde el punto de vista institucional.

Andrés vuelve a la ruta. No dejes perder, por los consejos de Romo, el liderazgo popular que tardaste en construir un cuarto de siglo. Regresa a tus orígenes.

Acuerdos

Rafael Loret de MOLA

Hace dos años, los debates camarales concentraron la atención en la posibilidad de legalizar la marihuana, favoreciendo con ello a la nueva aristocracia de la que forman parte destacada los fox, la pareja ex presidencial, mientras el país perdía soberanía e identidad por el Acuerdo –o Tratado– de Asociación Transpacífico. México, como nunca antes, está a la deriva y ya no depende de sí mismo para observar el futuro ni con miras a forjar su destino. Como nación estamos en jaque frente a las grandes potencias del orbe.

Por cierto, en México señalamos como tratado lo que para Estados Unidos es un “acuerdo”. La diferencia no es poca: un acuerdo se centra en la relación con otros países basado en el mutuo consentimiento y con obligaciones marginales; puede incluso considerarse como un acto de amistad y nada más, esto es sin protocolos mayores para su eventual cumplimiento y con facilidades para salirse del mismo sin sanciones de ninguna clase.

En cambio, un “tratado” implica el cumplimiento cabal de obligaciones y las consecuentes sanciones por negligencias o fallas en un rango mucho más elevado y con límites y derechos perfectamente establecidos. Esto es: al firmarlo un gobierno se compromete a no desviarse del rumbo establecido ni cuando ocurra una alternancia de partidos o un cambio sustantivo en la estructura gubernamental. La diferencia es, por tanto, tan grande como la ignorancia de los legisladores sobre las diferencias entre un mero acuerdo y un tratado… pese a que el de Libre Comercio de América del Norte ya tuvo efectos, no muy favorables, en nuestro territorio. Bien se haría en evaluar sumas y derroteros en esta hora de incertidumbre.

En fin, el “Tratado Transpacífico” obliga a los signatarios a someterse a reglas que rebasan a las normativas locales, incluyendo a la Constitución, para favorecer a los grandes consorcios –tienen que serlo para participar en la rebatiña de las concesiones–, y no a los intereses generales, ni siquiera a los empresarios cuyas posibilidades no sean macro y no integren el muy selecto grupo de los grandes multimillonarios, por lo general avocados a tres rubros fundamentales: la minería, las comunicaciones –en maridaje con el poder público– y la cerveza, las grandes fuentes de la riqueza amoral.

De esta manera, el pretendido tratado –impuesto por los financieros de Wall Strett–, no concede mayores posibilidades ni intervenciones a los pequeños y medianos inversionistas y acoge a los grandes, cuando menos con liquidez superior a los mil millones de dólares –el mínimo para ocupar un sitio dentro del listado del semanario Forbes en donde se excluye, sospechosamente, a los presidentes y ex mandatarios con fortunas superiores–, y capacidad para cumplir los requisitos para hincarle el diente a las naciones subdesarrolladas con ganancias triplicadas de inmediato y la consiguiente depauperación de las regiones circundantes al Pacífico, en Estados Unidos, Canadá y Asia fundamentalmente si bien excluyendo a China, la gran adversaria contemporánea de las potencias de occidente.

Cimientos podridos

Rafael Loret de MOLA

No faltan quienes se felicitan porque la transición política, es decir la del poder Ejecutivo –la nueva Legislatura, la número LXIV, sesenta y cuatro para quienes tengan dificultad para leer los números romanos, entrará en funciones dentro de catorce días, el primero de septiembre–, transcurre de “manera ejemplar”, sin rebotes ni obstáculos, si bien la parodia de Elba Esther fue un acto de agresión política por los jueces venales que quisieron congraciarse con el mandatario en cierne, Andrés Manuel López Obrador, a quien sólo le la falta portar la banda tricolor para terminar con los signos protocolarios.

En la realidad el relevo ya se dio. El señor peña nieto parece un mendigo de impunidades mientras Andrés dispone y ejecuta, como su decisión de que los primeros encuentros con su predecesor se den en Palacio Nacional y no en Los Pinos donde peña despachaba… en pasado, sí, porque ahora la residencia oficial parece un cascarón indigno de la primera dama de la alcurnia farandulera, Angélica Rivera Hurtado, “La Gaviota” –sobrina de miguel de la madrid hurtado para quienes aún lo ignoran–, aunque ya la aristocracia mexicana parece rendirse ante la nueva realidad. ¿Nacerá otra?

Pese a los buenos deseos no puede haber tersura en una transición tan extrema como la que atestiguamos. Y acaso por ello viene una flagrante contradicción del presidente electo: por una parte aduce que habrá perdón sin olvido y, por la otra, subraya una sentencia repetida durante gran parte de su campaña: “por encima de la ley, nadie”. ¿Y Bartlett, por ejemplo, rey de la impunidad? ¿O la “novia de Chucky”, ahora en libertad plena aunque la GR señale que no había sustentos para dejarla sin cargos? ¿Y los tantos priistas y panistas predadores –las entidades más violentas son las gobernadas por el PAN: Tamaulipas, Chihuahua, Veracruz, Puebla, Guanajuato, como un referente a la realidad–, que creen haber “negociado” su blindaje hacia el futuro?

Andrés tampoco puede ponerse “encima de la ley”, con lo cual defraudaría a los 30 millones de mexicanos que lo eligieron y a los 24 millones que tomaron otro rumbo porque no confiaron en él, y exonerar a los grandes pillos de la clase política, sin moral alguna, empezando, precisamente, con los dos últimos mandatarios, calderón y peña, éste último el peor de los últimos cien años acaso desde 1913. Ni perdón ni olvido ni amnistía. Esta es la demanda mayoritaria que el futuro mandatario –quien obedece– debe acatar sin remilgos, sin pretextos –como los usados para justiciar algún nombramiento repelido por la casi totalidad del colectivo-, y sin dilaciones. Tome en cuenta que está en el piso más alto de su popularidad… pero este índice puede bajar dramáticamente si la sociedad se percibe engañada.

Son varios los funcionarios, y no pocos los gobernadores y ex mandatarios, quienes están en capilla. El presidente electo debe preocuparse ya de contar con un fiscal general, avalado por el Congreso a propuesta suya, para iniciar la senda de la justicia mandando el diablo el lugar común sobre la “cacería de brujas”.

Recuerde: NO se puede construir el edificio del nuevo México sobre los cimientos de los predadores del viejo.

¡Calma, fanáticos!

ARCHIVO / FOTO: ILSE TRUJILLO /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Al presidente es menester cuestionarlo con el rigor al que obligan sus constantes desaciertos.

Recordemos que son dos las grandes defensas de la sociedad mexicana contra el autoritarismo y los propósitos de ganar la eternidad por parte de quienes portan la banda tricolor y se creen semidioses dignos de la veneración popular, libres del escrutinio público. Lo más grave es que la fanaticada los sigue y aprueba cada paso aunque no sepan cuál es la dirección del mismo.

Tales incondicionales, puestos de rodillas como sin adoraran a un santo o al dios encarnado, aseveran que nadie debe interrumpir sus esperanzas y cuantos lo hacen es menester enviarlos al infierno donde ya retozan varios ex presidentes malditos en medio de las torturas eternas; a cambio de ello, no faltan mujeres, y no pocos hombres también, cuya defensa cae en lo grotesco al aludir lo indefendible e intentar convertirlo en una nota falsa sólo porque ellos lo dicen y bajo el alegato superficial de que sólo se busca desacreditar al icono intocable.

Cuidado. El Presidente de la República no pude darse el lujo de ofender, fustigar o perseguir a un sector de mexicanos, salvo si son parte de la delincuencia feroz y deben ser reducidos a prisión, como tantos políticos que han hecho más mal que los peores sicarios –salinas, calderón, fox, peña, Gamboa, Beltrones, etcétera–; los demás, aunque sean reaccionarios, persignados o simplemente contrarios al gobierno, por convicción o conveniencia –hay de todo–, tienen el derecho, en democracia, de ser respetado. Por ello, es menester devolverle, quienes se sintieron aludidos –no es mi caso–, con el despectivo calificativo de “fifi”.

Cancerbero

Rafael Loret de MOLA

A estas alturas, cuando faltan pocos días para el tercer debate y para el comienzo del campeonato mundial de fútbol –para muchos, un faro que guía todas sus ilusiones y hace olvidar las tormentas brutales; sólo unos cuantos vibramos con otro tipo de emociones–, no se vislumbra una catástrofe que pueda modificar el rumbo de las elecciones. Tómese en cuenta de que el arranque del evento futbolístico, cada cuatro años, acapara la atención, sobre todo la de quienes apuestan por la siempre esperada resurrección del “tri” –en realidad no ha habido advenimiento alguno–, y estarán pendientes de los tres partidos de los seleccionados, del 17 al 27 de junio.

Esto es: ya les queda muy poco margen a los aspirantes presidenciales –cuatro sólo cuatros y tres, según se dice, bajo investigaciones judiciales–, para crecer o derrumbarse, según sea el caso, convenciendo a un electorado aburrido, hastiado diríamos, y profundamente convencido. Incluso, con el presagio inevitable de una victoria de Andrés, se teme a los algoritmos que pueden desviar, hackers de por medio, la voluntad ciudadana como ya ocurrió, nada menos, en la nación más poderosa del planeta, Estados Unidos, por la habilidad del ambicioso y devastador señor Putin, reelecto por cuarta vez.

¿Es lo anterior el signo de un nuevo advenimiento de las dictaduras? Hasta el señor Trump habla de que no permitirá “dictaduras” en “su hemisferio” al desconocer las elecciones en Venezuela –¿por qué no se hizo lo propio con las de Norteamérica luego de la embestida cibernética y reconocida de Rusia?–, y avalar, debajo del agua, las victorias de los candidatos más controvertidos. Por ejemplo, Andrés y su Morena. ¿Quién podría prevenir que éste acabaría siendo el más “prudente” al referirse a su intención de convertir las relaciones bilaterales con Estados Unidos en una “alianza para el progreso”, ignorando que ésta fue idea de Kennedy, en 1961, que luego traslado a Adolfo López Mateos; esto es hace cincuenta y siete años, lo que es medida de un retraso conceptual notable.

Pero, lo interesante de la cuestión es que no se han dado las reglas básicas para tal “alianza”, vieja, viejísima y que duró sólo una década, cuando en la Casa Blanca, el anaranjado Trump, el animal de las cuatro cabezas y cancerbero mayor del inframundo de Dante, requiere complicidad, y no cooperación, de los líderes a los que apoya y le tratan estupendamente, dejando hacer y dejando pasar –numen del viejo liberalismo–, cuanto le dé la gana. ¿Podría explicarnos mejor su teoría el señor López Obrador, a un mes de ser visto como presidente electo?

Por lo pronto, los mordiscos aumentan como si estuviéramos ante una jauría inoculada con la rabia mortífera de las ambiciones y los oportunismos –dos males arraigados en estas campañas en fase de finiquito real–, y no avizoráramos más futuro que el señalado por cada icono. Los mayores vicios del partidocracia se extendieron y ahora nos asfixian. ¡Qué desgracia!

Los “accidentes”

Rafael Loret de MOLA

La derecha suele acusar a la izquierda de todo lo malo, incluso de cuanto la misma propuso y accionó en los largos doce años de dominio presidencial y a lo largo de su supervivencia en calidad de opositora, rectora o mandante contrariando el espíritu del Constituyente.

A este columnista le parece rarísimo que, por instrucciones de los Moreno Valle, fallecidos trágicamente hace unos días, pudiera reformarse la Constitución local para posibilitar la rendición de la protesta como gobernador(a) ante el Tribunal Superior de Justicia de la entidad suplantando funciones del Congreso estatal y como previniendo que éste fuera contrario, mayoritariamente, al de la extinta señora Martha Erika Alonso Hidalgo. Algo así sólo puede entenderse como una condición previamente establecida para dejar correr las elecciones de presidente y diputados, guardándose la gubernatura para el falsamente “democrático” panismo. Por aquí deberían comenzar las líneas de investigación sobre los presuntos crímenes de la Nochebuena que fue tarde-negra.

No olvidemos el consumado fraude electoral en Puebla, avalado en última instancia por un evidente contubernio de cuatro magistrados, incluyendo a la presidenta Janine Otálora cuyo cinismo fue el peor, del Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal cuyas resoluciones son “inatacables” aun cuando sean absurdas y grotescamente tendenciosas como acreditaron los tres magistrados restantes. Precisamente en este punto se originan ahora las sospechas que se cruzan uno y otro bandos en medio de una batahola de rumores que incluyen hasta la huida pactada del matrimonio intocable, tanto que fue capaz el cacique de imponer a su bisoña señora como gobernadora.

Ahora es el PAN el que grita ¡justicia!; y lo hace vindicando las amenazas nazis, tal es la ultra derecha encabezada por Luis Banck, quien leyó un breve responso cargado con el veneno de la sospecha dirigido al gobierno federal y al presidente de la República, en concreto, quien aceptó el veredicto del TEPJF pero lo calificó como “antidemocrático” y “desastroso” extendiendo con ello la crisis política poblana que, supuestamente, podría haberse encaminado a una solución tres días antes de la muerte de la gobernadora, el viernes 21 de diciembre. Como nadie dijo nada entonces las alas negras de la sospecha se extienden.

Pero hay tantas otras posibilidades que se haría interminable enumerarlas. Una aeronave que volaba a 30 kilómetros por hora, blanco vulnerable sin duda; la dispersión de los cuerpos de las víctimas y del fuselaje del helicóptero “de última generación” y con muy escasas horas de servicio; las dudas acerca de quienes habrían de recibir a la pareja de gobernantes, frutos del nepotismo y la imposición; la celeridad para identificarlos cuando se trataba de siluetas carbonizadas y supuestamente alejadas unas de otras; y, sobre todo, la cantidad de intereses superlativos que pudieron entrar en escena, desde la presidencia hasta los grupos del crimen organizado, narcos y huachicoleros por ejemplo.

Si de algo se caracteriza el PAN es de no acertar JAMÁS, ni cuando fue gobierno entre 2000 y 2012, a resolver los misterios que rodean a los supuestos “accidentes” de algunos de sus connotados dirigentes: Ramón Martín Huerta, Juan Camilo Mouriño, Francisco Blake Mora y, más atrás, Manuel Couthier del Rincón. Ahora exigen, medio agazapados y con fines políticamente vergonzosos, que se proceda a investigar con rapidez mientras acusan a López Obrador.

Gobierno muerto

Rafael Loret de MOLA

La administración de peña está muerta; sin embargo, al espíritu chocarrero, el mismo que nos engañó y depauperó bajo el supuesto de “mover a México”, revolotea por Los Pinos escarneciendo a los mexicanos, privatizando el agua, dejando a buena parte de la Ciudad de México y del Estado circundante sin abasto del líquido indispensable. A todos les tocó por igual, a pobres y ricos, en una espiral de rencores encontrados entre un gobierno rapaz y un pueblo que decidió, el 1 de julio, sacudirse a las ratas que carcomían nuestras entrañas; aunque, debemos apuntarlo, aún esperamos JUSTICIA y no perdón ni olvido ni amnistías.

El legado de peña no puede ser más atroz. Si se calculaba en 130 mil los muertos durante la magra gestión del miserable calderón, en el lapso actual, próximo a concluir, la cifra se elevó a trescientos veinte mil, cuando menos, además de más de 30 mil desaparecidos de acuerdo a los recuentos oficiales mentirosos como los de las víctimas de la masacre de Tlatelolco en 1968: hablaron de 28 fallecidos, nada más, cuando había cientos de familias en busca de sus hijos, hermanos, esposos y de jovencitas valientes, excepcionales, que hubieran podido sacar al país de la bancarrota de valores en vez de la ladrona Rosario Robles Berlanga, la primera de la lista cuando se decidan a iniciar el combate a la corrupción; ¿cuándo? ¿el 1 de diciembre?

Ya hemos dicho que, en trece años, de 2001 al 2014, ciento cincuenta mil personas perecieron en Afganistán como fruto de la invasión estadounidense que luego proseguiría a Irak y a Siria en donde, en este momento, el duelo entre dos fanatismos –el del Islam y el de Trump–, van en concordancia con los peores momentos de la historia, desde los horrores del Holocausto y, en general, de la Segunda Guerra Mundial. En nuestra tierra, la de Mesoamérica, igualmente se vivió el genocidio brutal que algunos petulantes insolentes llaman “conquista”. Y así por el estilo.

López Obrador no heredará un país en bancarrota sino un cadáver al que intentaremos resucitar con la energía de todos, no la de un solo hombre. Nadie está por encima de la soberanía popular y ésta delinea correctivos ahora, antes de que sea demasiado tarde. En sus manos está, presidente electo, con el aval del 46 por ciento de los mexicanos, ya no de la mayoría absoluta porque en ésta no se consideró, en julio pasado, al 30 por ciento de quienes no acudieron a votar y a cuantos lo hicieron anulando sus boletas y despreciando a todas las opciones.

La huida

Rafael Loret de MOLA

El mexiquense peña nieto es un ladrón, además de haber sido autor intelectual de las masacres humanas de Tanhuato, Tlatlaya, Apatzingán, Vallarta y la represión brutal contra los normalistas de Ayotzinapa, la imagen misma de la corrupción gubernamental por encima de otros mandatarios desvergonzados –casi todos sus predecesores–, y de cuanto hubiéramos podido imaginar. En otros tiempos también se robaba vía comisiones pero ahora las ganancias ilícitas, por el “boom” del narcotráfico y la infiltración de éste en la esfera oficial, se suman por miles de millones de dólares.

Sólo por la estafa maestra, organizada por la rapaz ex perredista Rosario Robles Berlanga, la pizpireta seducida por Carlos Ahumada Kurtz, argentino de origen también dedicado a la minería –la explotación infrahumana más cercana al ejercicio de la esclavitud–, fueron desviados siete mil millones de pesos y la mujer en cuestión, con cinismo desbordante y creyéndose dueña de su destino bajo la impunidad, se presentó ante la Cámara baja vestida con un blanco absoluto –como un angelito sin alas–, para negar imputaciones ante la andanada de pruebas en su contra y la exhibición de sus complicidades con tres secretarios de Hacienda, Luis Videgaray, José Antonio Meade y José Antonio González Anaya, éste último el concuño de oro de carlos salinas. ¡Cuántos sinvergüenzas con doctorados en el exterior!

Temo que estudiar en los templos del capitalismo, así sea a través de becas, es un severo golpe al nacionalismo y un vicio que se ha vuelto costumbre en casi todas las administraciones en las cuales se ha dejado de hablar en español, siquiera para honrar la soberanía, durante los encuentros entre mandatarios de nuestro país y USA. Este es, por desgracia, uno de los signos del coloniaje anglosajón silencioso que mantiene su dominio sobre nuestra economía y el futuro avasallador como pagadores eternos de acreedores con nexos con los peores y más altos capos.

Triste realidad que, desde luego, no comenzó con el sexenio en finiquito pero se desarrolló y elevó a la estratósfera con éste. Nunca antes habías avizorado una corrupción tan grande, un nudo de complicidades tan apretado y una impunidad paralela a las sociedades soterradas del mandatario todavía en curso. Por ello, vuelvo a clamar, no puede dispensarse perdón ni olvido a cuantos integraron el gabinete y el ampliado –ninguno se salva– felices de pertenecer a los grupúsculos intocables que llenaron sus bolsillos como en ninguna otra época de la historia. Esta es la dolorosa verdad.

¿Cómo convencer al presidente electo para no canjear los chantajes soterrados –de peña y sus falderillos– con la tristemente institucionalizada impunidad? Ha visto y sentido ya cómo defienden, como perros de caza, sus intereses económicos y jamás los sociales con la malhadada construcción del aeropuerto en Texcoco que fue siempre contra el sentido común para convertirse, como denunciamos hace cuatro años, en el mayor fraude del régimen peñista y así fue. No somos adivinos, simplemente analistas que no se dejan deducir por los dineros de la inmoralidad; y escribo en plural por decencia.

No debe haber salida para peña que no sea la que lleva a la prisión. Se lo debe Andrés a sus treinta millones de votantes, también a todo México.

Revolución y valor

FOTO: ILSE TRUJILLO /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Cada que voy a Puebla elijo pasar por la calle 6 oriente 206, en pleno corazón de la capital de los ángeles y demonios; los primeros rodean la Catedral, los segundos se revuelcan en la podredumbre del Palacio de Gobierno infestado de ladrones y de tiburones cómplices. En fin, me detengo ante el hoy Museo de la Revolución cuya fachada aún muestras las balas del ominoso batallón de policía, comandado por Miguel Cabrera –cuya existencia terminó por su malsana osadía en el mismo sitio– cuando los hermanos Serdán iniciaron, con dos días de adelanto, la lucha armada contra la dictadura.

Aquel error precipitó los acontecimientos y posibilitó a Porfirio Díaz Mori, a quienes algunos desconocedores del espíritu patrio han vuelto a honrar y se mantuvo adherido al poder presidencial durante tres décadas, perseguir a Francisco I. Madero –Indalecio o Ignacio–, y dispersar a los rebeldes por todo el país; el antiguo latifundista, miembro de la alta sociedad de Coahuila pero idealista y formado con un nacionalismo acendrado, llegó así hasta Ciudad Juárez refugiándose, indistintamente, en una choza en el límite fronterizo o en El Paso, Texas.

Pero no le obedecieron sus caudillos, Pancho Villa y Pascual Orozco, y éstos decidieron tomar por su cuenta la emblemática urbe y lo hicieron a sangre y fuego mientras, al otro lado del Bravo, los catrines estadounidenses tomaban refrigerios y canapés mientras veían a lo lejos la matanza. Cuestión de culturas y refinamientos como espejos de la crianza del odio.

Esta sola batalla bastó para que el oaxaqueño Díaz renunciara y tomara el vapor Ipyranga hacia Europa en donde, claro, fue bien recibido por los sátrapas de entonces, entre ellos el Káiser de Alemania. Luego se refugió entre los franceses a quienes había combatido durante la invasión a México y hasta le fue dado el honor de empuñar la célebre espada de Napoleón. Nunca fue el exilio justicia suficiente para el viejo autócrata cuyos restos permanecen en la ciudad luz, en el cementerio de Mont-Parnasse, y allí deben permanecer como sentencia eterna.

Madero nunca fue el verdadero padre de la Revolución como considera el actual presidente electo a sólo diez días de su ascensión presidencia. No ganó él la primera batalla, la decisiva, y su martirio en febrero de 1913 fue causa de una contrarrevolución, encabezada por el embajador maldito Henry Lane Wilson y el borrachín imperturbable Victoriano Huerta Márquez, y el inicio de la guerra constitucionalista cuyo vencedor fue otro coahuilense ilustre, Don Venustiano Carranza cuya esfinge preside, junto a la de Juárez, mi modesto despacho. Me falta la de Morelos que busco con ahínco.

Tal debiera ser una enseñanza y una inspiración para el régimen que iniciará el primero de diciembre. Cuídese de las traiciones, Andrés Manuel, y de cuantos se han convertido en sus enemigos sin necesidad; recuerde que, por principios, no hay para usted reelección posible ni marcha hacia atrás. Le exigimos sus mandantes, eso sí, que no le tiemble la mano y actúe con valor. #cerocobardía.