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diciembre 9, 2022

Seguridad

Con ayuda de un menor de edad, apuñala a su pareja

Luego de asesinarlo, fue sorprendida tirando el cuerpo de su víctima en una carretera del estado de Puebla.

Redacción Grupo Cantón.

“¡Queda detenida!, y será trasladada al Ministerio Público” dijo un policía acompañado de su colega, mientras esposaba a Andrea Guadalupe “N”, quien desesperada y sudando a mares bajaba de la cajuela el cadáver de su expareja. “¿¡Y ahora cómo le vamos a hacer!?” dijo el menor de edad con las manos temblorosas, luego de haberse enjuagado la sangre que había salido del cuerpo de Isidro Rodrigo “N”, pues minutos antes había participado en el catastrófico crimen que marcaría su vida.

La violencia económica, las humillaciones y los golpes que sufría a diario Guadalupe se le fueron acumulando en su mente hasta que, un día la fémina de 26 años ya no pudo más y externó de forma violenta lo que por varios años calló.

EXPUESTA

Alteraciones cerebrales y trastornos disociativos donde la víctima refleja una desconexión y falta de continuidad entre sus pensamientos, recuerdos, acciones e identidad, son solo algunas consecuencias que una persona puede desarrollar al estar expuesta a un ambiente constante de violencia, pero muchos hombres y mujeres lo ignoran, algunos, quizá, ni siquiera lo sabían, pero la violencia escala y puede llevar a cometer crímenes atroces. “Ayúdame a recostarlo en el piso” dijo Andrea, mientras con apoyo del menor cargaban el cuerpo y lo recostaban sobre una sábana blanca, “Le acomodo los pies, ¿no?”, expresó el joven, “Sí, lo vamos a envolver para que sea más fácil cargarlo”, dijo Guadalupe luego de que ambos habían atacado a puñaladas al hombre hasta darle muerte. “Ya está envuelto con las bolsas”, dijo el muchacho, mientras Guadalupe iba por una jerga para limpiar toda la sangre que había derramado. “Voy a meter el carro para meterlo a la cajuela”, dijo y rápidamente se salió del lugar.

MÚSICA DE FONDO

Para controlar un poco sus nervios, Andrea Guadalupe puso música de fondo, mientras con ayuda del chamaco cargaban al muertito para meterlo a la cajuela del carro dentro de su domicilio en Ixtapaluca, Estado de México, para luego partir con rumbo a Puebla.

La mujer se puso al volante, pasó varios semáforos, varias calles y avenidas que parecían vacías, pues en su mente no dejaba de pensar que en su cajuela iba el cuerpo de quien en algún momento consideró “el amor de su vida”. No fue hasta una carretera del estado de Puebla que, al percatarse que estaba vacía decidió tirar el cuerpo entre los matorrales.

Fue así que paró el auto y rápidamente se dirigió a la parte trasera del coche, insertó la llave, abrió la cajuela y con las manos temblorosas trató de bajar el cuerpo. Más tardó en cargar el cadáver que en darse cuenta que elementos de La Policía de Investigación de la Coordinación de Homicidios Zona Oriente de la Fiscalía General de Justicia, ya estaba detrás de ella. Ya no pudo correr, ni gritar, ni hacer nada, pues la agarraron infraganti.

“¡Ya valió madres!” pensó, luego de saber que tendría que pagar por su letal crimen luego de que por muchos años ella había sido la víctima. Andrea Guadalupe tendrá que pagar por el crimen, el cual pudo evitar si hubiera denunciado a su agresor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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