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Piense

Denuncias

Especial
Rafael Loret de MOLA

@loretdemola

Por ejemplo, Meade lanzó la acusación sobre el lavado de dinero que encubre Anaya y le colocó a éste, con una catarata de propaganda en redes sociales y en medios abiertos, con el lugar común de los criminales dispuestos a vender sus almas con tal de asegurarse una vida placentera.

Anaya, expresó su indignación por esta acusación basada en la compraventa de una nave industrial por 54 mdp. Dicen que no importa el monto sino la acción; y es verdad salvo si la operación respectiva no fuera un negocio entre particulares.

Lo peor, fue el intento de Anaya por ensuciar a Andrés con la falta de licitación, a favor del Grupo Rioboo. El hecho se dio desde 2002 y, ¡sorpresa!, se dio a conocer 10 años después en el preámbulo de las elecciones en las que López Obrador va tan arriba que un derrumbe a estas alturas sería visto como arte de un fraude inmenso.

Y, en el aire están los señalamientos contra el oficialista Meade, cuya tensión se observa en su vitíligo que ha dejado de tratarse al grado que perdió lo que había ganado en sus terapias en Cuba. Y como no tiene acceso al Hospital Militar, donde peña se ha sometido a quimioterapias de elite, la enfermedad lo pintó solo lo que le resta seguridad al mostrarse y receptividad en sus oyentes; no se trata de discriminación sino, de actos reflejos de las conductas reacias a ver con normalidad los padecimientos ajenos. Parte de nuestros defectos mayores, como la desigualdad social.

En fin, aunque Andrés grita que no es corrupto, el hecho es cada quien recibió sus bolsas de basura y están ahora repletas. Pero si de democracia hablamos es evidente quién ganará los comicios ¡y pobres de aquellos que busquen defraudarnos! Ya no. Sitiaremos al INE si es necesario, tanto los que hayan votado por Andrés como todos aquellos que no desean preservar un sistema corrupto.

 

 

Extraviados

Rafael Loret de MOLA

El rumbo está extraviado, la sociedad mexicana permanece, como zombi, en un estado de hipertensión que va desde la tristeza profunda al enfado de altos decibeles y el gobierno de la República, en sentido contrario, parece centrarse en imponer decisiones, a rajatabla, mientras el ejército, peligrosamente, tomas las iniciativas y divulga versiones inverosímiles e insostenibles ante el alud de las redes sociales que exhiben a los uniformados disparando, agrediendo, burlando, golpeando –lo mismo a ancianos y niños–, en pleno festín de impunidad. Nadie se mueve de una trinchera miserable escarbada para someter al colectivo.

Podría hablarse, como en la Gran Guerra, entre 1914 y 1918, hace exactamente un siglo, de una línea sobre la cual se asentaba la seguridad de los países en trance de ser invadidos y despojados; sí, la “línea peña”, que por supuesto coloca de un lado a las fuerzas institucionales con poder de fuego y al otro a una ciudadanía en estado de indefensión e incapaz de resolver los desafíos planteados por las ambiciones políticas, las reformas sin consenso y los genocidios que han sido consecuencias de intereses infames contra México. Por ejemplo, el oro y la cocaína que sale de Veracruz y de Guerrero con Iguala y Cocula en el escenario más evidente de la esclavitud que requiere de cooptar “desaparecidos” –acaso los 42 normalistas de Ayotzinapa más uno, soldado en activo–, para las grandes empresas mineras, canadienses con respaldo del criminal Grupo México a quien las vidas de los obreros son marginales… como en Pasta de Conchos, Coahuila.

En el México de las grandes simulaciones se presume que pasan cosas inauditas; por ejemplo, las fuentes oficiales son tan torpes que arguyen, para los ingenuos e incautos claro, que la represión puede constituirse al revés; esto es, desde las organizaciones civiles hacia el gobierno que se cura en salud asegurando velar por los derechos generales cuando han sido ellos los proveedores de la violencia a través de la insensibilidad y las amenazas recurrentes. Es muy fácil sembrar drogas a cualquier inocente; y lo es más seguir la línea de los vetustos “halcones” de Alfonso Martínez Domínguez –Jueves de Corpus de 1971–, capaces de rematar heridos, cagarles las muertes a las propias víctimas y hasta asegurar que se servía a la estabilidad de la nación, masacrando. Así paso en la eterna jornada de Nochixtlán, en Oaxaca, el día del padre del año pasado y reconstruido este año, para ser precisos, cuando se recordó, más bien, a las progenitoras de genízaros y sus mandos militares y políticos.

La distorsión fue enorme, al grado de que se saqueó un almacén de Coppel, perteneciente a uno de los brazos de la familia a la que pertenece Quirino Ordaz Coppel, impuesto gobernador de Sinaloa en donde los pleitos entre narcos se acelera en la cuna de los mismos –¿quién explica las razones por las cuales los grandes capos surgen de Baridaguato, hoy incendiada, y se reproducen en Jalisco y el norte del país sobre todo en Tamaulipas?–, queriendo culpar a los civiles a la defensiva, no sólo maestros, de la rapacidad; por fortuna hay pruebas documentales de lo contrario y de los botines de guerra exigidos por los uniformados.

Estiércol acumulado

Confieso a los amables lectores que cada vez me resulta más difícil traducir el empalagoso idioma gubernamental. A cambio de ello, las intenciones no pueden ocultarse.

Reparé en ello luego de varios días después de la caída del avión en el que viajaban Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos, amén de otros funcionarios y la tripulación, y que empeñosamente los voceros de la oficialidad, y hasta los opinantes gratuitos ligados al establishment, consideran un accidente aun cuando no encontraran explicaciones convincentes para certificarlo.

Ya pasaron casi ocho años desde aquel trágico 4 de noviembre de 2008. Dijeron que quizá once meses después sabríamos algo. La amnesia colectiva consumió el interés por el suceso.

 

Este columnista ya ha pasado por ello. En febrero de 1986 escribí que temía más al silencio de mis colegas y al consiguiente vacío en los medios informativos que a cualquiera otra reacción por parte de quienes ejercían entonces el gobierno.

Lo expresé, obviamente dolido, al percibir que casi me había quedado solo en mi insistencia por descorrer los “puntos oscuros” sobre el supuesto “accidente”, todo un montaje siniestro, en el que perdió la vida Carlos Loret de Mola Mediz precisamente cuando, con su prestigio político como único escudo, intentaba convencer a algunos personajes claves sobre el imperativo de solicitar al entonces presidente, miguel de la madrid, su dimisión, más bien su “licencia por causas graves” de acuerdo a como señala la Carta Magna.

Poco después mi voz fue la única que siguió escuchándose. Hasta ahora, treinta años después

¡No entienden!

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

No entienden. Los políticos de la nueva era van sin ideologías por los pasillos del poder. Ya no es dable hablar de derechas –aun cuando abundan los conservadores– ni de izquierdas en el amplio abanico desde los radicales hasta quienes se dicen responsables por tímidos. Lo importante es la conquista del poder y la distribución de las canonjías en una falsa interrelación con adversarios y acompañantes. La partidocracia manda y tal nos lleva hacia el cauce del fariseísmo de Estado.

He comentado, algunas veces, el planteamiento de Andrés Manuel en 1999, cuando aún dirigía al PRD y no encontraba cómo soltar las riendas a un sucesor con consenso, sobre la candidatura del corrupto empresario Gastón Alegre, protector de las fortunas de miguel de la madrid y carlos salinas, cuando tales ex mandatarios eran señalados como reyes del averno político y, por ende, repulsivos para el estratega e icono de la izquierda.

Respondió así, en mi casa, ante un selecto grupo de colegas:

–Primero debemos posicionarnos, avanzar con votos; después limpiaremos la casa.

Pero nunca hicieron lo segundo y la recoja de basura continuó hasta volverse una montaña de confusiones con el arribo de manuel bartlett díaz a las filas de la Morena de López Obrador, en donde éste decide todo y los demás se adaptan o son llamados traidores.

Ahora se incorporan Esteban Moctezuma, zedillista de cepa, Gabriela Cuevas, ex panista recalcitrante y Alfonso Romo Garza, el cómplice mayor de los fox. En esta dicotomía fatal se ha llevado, por desgracia, un tonel de decepciones aun cuando sus incondicionales no aceptan discutir sobre el tema y acuden al trillado concepto del “pasado”.

El festín termina

EPN
Rafael Loret de MOLA

Pedantería, autoelogios, aplausos institucionales, parodia en su máxima expresión y un profundo desdén hacia las opiniones de nueve entre cada diez mexicanos que lo repudian. En este entorno, brutalmente parcial, el mensaje de peña nieto no fue sino el último de sus grandes actos de manipulación colectiva con el abrazo de los mercenarios del periodismo quienes, gustosos, aprovecharon el último tirón del régimen de la barbarie –física, económica y política– para equilibrar sus inmorales mesadas. Digámoslo con cero cobardía.

El señor peña debió comprar, con millones de pesos que usó del erario como si éste fuera su caja fuerte personal, la complacencia de no pocos editores dispuestos a “suavizar” la salida de quien mintió, siempre, desde su discurso inicial el ya lejano 2 de diciembre de 2012, con el mismo blindaje de siempre en Palacio Nacional, hasta su pretendida rendición de cuentas plagada de mentiras como esa de que nos lega –él, hágame favor–, mejores maestros y mayores estándares en la educación de calidad; sólo faltó que subiera a la tribuna la célebre Elba Esther, la diabólica “novia de chucky” –seguiré insistiendo en el apodo porque me da la gana y para hacer rabiar a quienes todavía creen en la mal entendida caballerosidad que asimila las afrentas y los plantones histéricos de las mujeres públicos, que no de las verdaderas damas–, para hacer redonda una entrega plagada de vergonzosas simulaciones, hipocresías, transas pueriles y complicidades abyectas.

Y no hablamos de Victoriano Huerta, el borrachín que vendió la vida de Madero a los estadounidenses entrometidos, sino del peor mandatario de nuestra generación quien exaltó el retorno del PRI a la Presidencia como una prueba fatal de que algo faltaba para fuetear a los mexicanos, como a las tercas mulas, luego de tantas traiciones a la democracia, la peor de todas, sin duda, la protagonizada por los fox en el 2000 cuando la esperanza fue aplastada con las botas y las hebillas con el apellido ultrajante de vicente.

Ahora, toca a juzgar a peña aunque el veredicto ya está dado. Basta observar, sin mediciones compradas por el mejor postor –las encuestas oscuras y los operadores de una mercadotecnia afín a los intereses de los corruptos en línea–, lo que piensan y califican los mexicanos sobre la actuación del futuro presidente para obligar a exigir justicia sobre el fútil perdón ofrecido por el presidente electo SIN la menor consulta a los mexicanos afrentados. NI PERDÓN NI OLVIDO. Y el presidencialismo autoritario sobra. ¿No fue por esto por lo cual votamos?

A la hora del finiquito de peña, los mexicanos estamos despiertos –y eso debe agradecérsele al mandatario electo–, pero pendientes de que las ofertas de justicia y libertad se cumplan… lo que no hemos visto en estos primeros meses de la transición, casi a la mitad de la misma, cuando el dolor ha aumentado al comprobarse ciertas componendas que benefician, sin duda, a dos de los peores líderes sindicales: la “maestra” excarcelada y el “Napito”, quien heredó de su padre al gremio minero, esto es como si fuera propiedad familiar, y retornó a México cual si fuera uno de esos viejos caudillos de la posrevolución; sólo faltaron un tren y los bombines.

Sí, estoy furioso ante tantas vindicaciones de los absurdos.

Gobierno muerto

Rafael Loret de MOLA

La administración de peña está muerta; sin embargo, al espíritu chocarrero, el mismo que nos engañó y depauperó bajo el supuesto de “mover a México”, revolotea por Los Pinos escarneciendo a los mexicanos, privatizando el agua, dejando a buena parte de la Ciudad de México y del Estado circundante sin abasto del líquido indispensable. A todos les tocó por igual, a pobres y ricos, en una espiral de rencores encontrados entre un gobierno rapaz y un pueblo que decidió, el 1 de julio, sacudirse a las ratas que carcomían nuestras entrañas; aunque, debemos apuntarlo, aún esperamos JUSTICIA y no perdón ni olvido ni amnistías.

El legado de peña no puede ser más atroz. Si se calculaba en 130 mil los muertos durante la magra gestión del miserable calderón, en el lapso actual, próximo a concluir, la cifra se elevó a trescientos veinte mil, cuando menos, además de más de 30 mil desaparecidos de acuerdo a los recuentos oficiales mentirosos como los de las víctimas de la masacre de Tlatelolco en 1968: hablaron de 28 fallecidos, nada más, cuando había cientos de familias en busca de sus hijos, hermanos, esposos y de jovencitas valientes, excepcionales, que hubieran podido sacar al país de la bancarrota de valores en vez de la ladrona Rosario Robles Berlanga, la primera de la lista cuando se decidan a iniciar el combate a la corrupción; ¿cuándo? ¿el 1 de diciembre?

Ya hemos dicho que, en trece años, de 2001 al 2014, ciento cincuenta mil personas perecieron en Afganistán como fruto de la invasión estadounidense que luego proseguiría a Irak y a Siria en donde, en este momento, el duelo entre dos fanatismos –el del Islam y el de Trump–, van en concordancia con los peores momentos de la historia, desde los horrores del Holocausto y, en general, de la Segunda Guerra Mundial. En nuestra tierra, la de Mesoamérica, igualmente se vivió el genocidio brutal que algunos petulantes insolentes llaman “conquista”. Y así por el estilo.

López Obrador no heredará un país en bancarrota sino un cadáver al que intentaremos resucitar con la energía de todos, no la de un solo hombre. Nadie está por encima de la soberanía popular y ésta delinea correctivos ahora, antes de que sea demasiado tarde. En sus manos está, presidente electo, con el aval del 46 por ciento de los mexicanos, ya no de la mayoría absoluta porque en ésta no se consideró, en julio pasado, al 30 por ciento de quienes no acudieron a votar y a cuantos lo hicieron anulando sus boletas y despreciando a todas las opciones.

Posguerra comicial

Rafael Loret de MOLA

EN ESTE MOMENTO, NACEN MUCHOS MÁS POBRES EN MÉXICO, EL 43.6% DE LA POBLACIÓN VIVE ESTÁNDARES DE MISERIA

Según cifras oficiales hay 53 millones 400 mil compatriotas lacerados, por la desigualdad social, la corrupción que favorece a la nueva aristocracia y la amición sin freno de sujetos, que han medrado con las minas, como prestanombres incluso de las empresas canadienses usureras, las comunicaciones y las multinacionales de alimentos y bebidas, que mantienen a la sociedad en estado de indefensión frente al gobierno y sus cómplices.

Fíjense en una de las turbiedades mayores: en las listas de Forbes no figura, entre los más adinerados del país y del mundo, ninguno de los nefastos ex presidentes de la República. Son pobres, de espíritu y ateos en cuanto a la moral que usan a Dios, iniciando con el Papa, cuando les conviene políticamente.

Espero la reacción de la CNDH sobre el aserto infeliz de Conán, El Bárbaro de Nuevo León. La tolerancia a este exabrupto grosero es generar, una violencia inaudita. ¿Cuántos regiomontanos se quedarán mochos ahora que vuelva Conan? ¿Y cuántos más serán víctimas de linchadores que apliquen, pero se, la fórmula del bárbaro? Por eso, no puede dejarse pasar tal inmundicia salpicada de un sadismo in extremis y de una deformación mental que lo convierte en algo así como un psicópata capaz de convertirse, en un santiamén, en un cuatrero con todo y su sombrero y sus botas adquiridas con peculios del PRI?

Lo mismo va para los aspirantes que acusaron con vehemencia y papelitos que no se podían ver ni leer. De no corroborar sus señalamientos, deben ser acusados por pervertir al colectivo con un rosario de mentiras.

Pero no; en México, alegan las viejitas de vecindad, jamás pasa nada. Ni que Andrés pierda los debates y, en lugar de bajar, suba en las encuestas. Su ventaja es irreversible y los tigres están despiertos.

Congreso inútil

Rafael Loret de MOLA

El debate sobre la conducta de la mayoría absoluta dentro de sendas Cámaras del Legislativo, esto es de franco apoyo a “su” presidente con la conocida arenga “es un honor estar con Obrador” –ahorrándose el “López” para que sea más contundente e inconfundible–, recala en el imperativo de que la fracción de Morena y las de sus aliados, el desahuciado PES, sin registro, y el Partido del Trabajo que de no haberse coaligado al partido de Andrés hubiese quedado fuera, entienda de que no son ellos “los mejores servidores del mandatario”, como suponen no pocos de ellos, y se conviertan en lo que en realidad son: representantes legítimos de los intereses del colectivo, del pueblo de México.

Por desgracia, si el presidencialismo a ultranza se vuelca, de nuevo, hacia los parlamentarios éstos carecerán de utilidad y más valdría suprimirlos para ahorrarse una tajada multimillonaria, mucho mayor a la obtenida por las inminentes rebajas de los salarios del presidente, ministros, diputados, senadores y, por supuesto, los secretarios de Estado; hay carios de éstos quienes ya hicieron cuentas y observan, pasmados, que ganarán menos de cuanto percibían antes de lanzarse a la carrera política, digamos actores, deportistas y personajes públicos ambiciosos.

Y como, de acuerdo a la Constitución, NINGÚN funcionario puede ganar más que el presidente los más afectados son, sin duda, los altos miembros de la Suprema Corte de Justicia y los integrantes de los órganos electorales cuya moral ha quedado por los suelos –de hecho así está desde 2006–, por lo cual en vez de pedir mantener sus emolumentos deberían clamar porque no se hagan auditorías y puedan salvar sus alteradas conciencias de un destino atroz, en la terrible oscuridad de las celdas.

En fin, no entiendo que debamos sostener a un Congreso, cuya insólita composición nos remite al “mayoriteo” priista que terminó en 1997 cuando el PRI quedó por debajo, en número de asientos, que sus oposiciones en conjunto, destinado a lanzar loas al presidente y a hacer las veces de lacayos formales en busca de ascender en sus respectivas carreras hacia los oasis de las gubernaturas o del gabinete. ¿Acaso Ricardo Monreal no desea dar el gran salto y Marcelo Ebrard, canciller próximo, no busca cumplir su sueño de dirigir a este país para prolongar el proyecto de Morena?

Las ambiciones no son exclusivas, ni mucho menos, de quienes fueron derrotados el primero de julio; van creciendo en los vencedores al ritmo de la importancia que cobra Andrés en todos los foros, sea negociando o de plano imponiendo directrices mientras peña se aleja, como el jonrón que cree ser: se va, se va, se va… pero es faul. Digo, para que nos entienda con precisión el tabasqueño que está en pleno desarrollo de su propio campeonato.

Un congreso avasallado es tan inútil como un pajarito sin pico y enjaulado, casi muerto. No tiene sentido gastar en el mismo; basta con que se apliquen otras funciones para no perder el tiempo ni desperdiciarlo en largos dictámenes a resolver “en votación económica”. ¡Qué festejen la Navidad desde ahora! O que Andrés les pida quitarse sus ropajes de lacayos para hacer vivir la autonomía entre los poderes de la Unión.

Morelos, corroído

Rafael Loret de MOLA

Son, sí, unos farsantes que esconden los rostros y agitan las manos en pro de sus propias fortunas, obtenidas de mala ley y con la sospecha sobre vínculos inconfesables que siempre eluden a la hora de rendir finiquito salvo en contadas excepciones. Se tiene a ocho exgobernadores detrás de las rejas y percibimos que no existe justicia pese a ello porque quienes se salvan son mucho más –acaso los peores– y solo los diferencia el grado de complicidad con los perentorios huéspedes de Los Pinos. Nunca, eso sí, se habían alcanzado los niveles de amoralidad en la Presidencia como en la administración federal en curso y en los gobernadores imitadores.

Con peña han tenido lugar los abusos más descarados, como el caso de Jabnel Carmona Bueno, una joven madre de 32 años, quien fue abusada sexualmente desde que tenía diez años y fue llevada por su padrastro a Alemania en donde la violó por vez primera. El sujeto, un rico empresario y propietario de un rancho donde cría caballos además de haber erigido un cortijo donde celebra corridas de toros, Leonardo Domínguez Adame, convirtió a la chica en objeto de sus bajezas, la peor de ellas hacerla madre, teniendo dos hijas con ella cuando apenas tenía catorce y dieciséis años, bajo el fútil argumento de que solo la usaría como incubadora porque su esposa, la madre de la víctima, ya no tenía posibilidad de procrear.

El monstruoso, desgarrador argumento, permitió a Leonardo registrar a las niñas como hijas suyas y de su mujer, esto es como medias hermanas de Jabnel, en un caso antológico de barbarie sexual. Y así, atemorizada por no querer sola a su progenitora, la niña toleró abusos incalificables, un día sí y otro también, durante casi dos décadas. Sumisa, callada, recibía regalitos supuestamente compensatorios como un “mapache” en condición de mascota y compañía. Hasta que tuvo el valor de salir, o pretenderlo, salir de su infierno.

Dos veces lo intentó. En 2013, cuando acabó en un siquiátrico costeado por Leonardo; y en este 2017, cansada ya de bajezas y ante el horror de que el sujeto, siempre armado y con una cáfila de maleantes alrededor, decidió llevar a vivir en sendas cabañas de su rancho a Jabnel, su madre y a otra chica, para saciar sus deplorables apetencias. Y fue la otra chica, con quien también tuvo hijos, la que intentó huir encontrándose en un laberinto interminable de pistolas y tiros. Entonces, Jabnel sacó su valor y se interpuso, subió a sus hijas y a su madre a la camioneta donde huía su compañera de desgracias y abandonó el rancho de marras.

Me llamó y le impulsé a denunciar los hechos, desde hace casi tres meses. Intenté que el fiscal, un pobre diablo llamado Javier Pérez Durón, y su auxiliar, Eduardo Mancera, se interesaran en el caso y prometieran celeridad. Nada hicieron, claro, porque el fulano este, Leonardo Domínguez, acudió a instancias superiores con las talegas de la corrupción y se pastorea delante de la casa en donde se apiñaron sus víctimas, con insolencia inaudita y sin que actúen las “autoridades”.

Tal es el dibujo, una negra pincelada, de la entidad que gobernaba Graco Ramírez cuando denunciamos los abusos. ¿Ahora entienden por qué fueron capaces de robarse hasta la ayuda a los damnificados de los terremotos de septiembre pasado? No ha sido, ni mucho menos, lo peor de estos infames.

¡Cárcel para ellos!

Derrotas o victorias

Rafael Loret de MOLA

En la efeméride del pasado 5 de mayo, “las armas nacionales se cubrieron de gloria”, al derrotar al mayor y mejor pertrechado ejército del mundo, ensoberbecido por sus capacidades de conquista. Fue un amortiguador contra la soberbia de los franceses atraídos por el botín mexicano, como lo están ahora, quienes al final de cuentas se impusieron y permanecieron en México varios años mientras el general Ignacio Zaragoza, héroe de la epopeya, moría en Puebla, de tifo y a los treinta y tres años de edad, cuatro meses después de la defensa de los fuertes de Loreto y Guadalupe.

México sigue, desde entonces, viviendo por las luces de quienes vencieron todo tipo de adversidades para legarnos una República y una causa, la de nuestra soberanía, por desgracia traicionadas a manos de una clase política putrefacta. ¿Y ahora? El brío se convirtió en frío, en hielo absoluto, bajo la mansedumbre de una sociedad ahíta que acaso tiene fuerza para protestar unas horas y volver a la rutina de las imposiciones de los descastados.

No por otra razón quienes ocupan del poder y se aúpan hacia los niveles más altos de una sociedad regida por los bienes materiales y no por la inteligencia ni la dignidad, hacen lo suyo a sabiendas de que sólo serán perseguidos si se pasan de la raya, digamos como en Veracruz, hoy Yuneslandia, o pierden el cobijo de las complicidades mayores al creerse que ya no las necesitan, digamos a imagen de cuanto sucedió con Tomás Yarrington, de Tamaulipas, no peor a su predecesor Manuel Cavazos Lerma ni a sus sucesores Eugenio Hernández Flores ni, mucho menos, al descastado y turbio Egidio Torre Cantú, rey del silencio dentro del ostracismo.

La historia es similar en las entidades cuyos mandatarios fueron electos hace dos años –luego hablaremos de quienes llevan un año–. Lo mismo entre los priístas infectos como el efebo de Oaxaca, gran favorito presidencial, que en Zacatecas, Tlaxcala y, por supuesto, Sinaloa, donde mandan los capos y sus sirvientes representan el pálido papel de gobernadores.

No muy atrás van los panistas: en Tamaulipas ha sido rebasado Francisco García Cabeza de Vaca, de pasado turbio y presente desalentador; en Chihuahua, quien fuera niño prodigio, Javier Corral Jurado, ya se disgustó hasta con su bancada; en Puebla, Toni Gali sólo parece tener prisa para aumentar sus giros negros; en Veracruz, el caos es más evidente con la desastrosa actitud de los Yunes.

Y los aliancistas, Carlos Joaquín, de Quintana Roo, y José Rosas Aispuro, de Durango, no han servido para maldita la cosa, salvo ampliar las rutas de la impudicia política. Devastador. Mejor nos acordamos de Zaragoza y la Puebla de 1862, no la actual, tan infectada por el temor… y acaso la cobardía.

Mesa servida

FOTO: CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

A unos cuantos días del segundo debate, el próximo domingo 20 de mayo en la Universidad Autónoma de Tijuana, se evidencia que los discursos no varían ni el lenguaje corporal de los aspirantes a distintos cargos de elección popular que actúan sus respectivos papeles y, en casa, desfogan euforias y frustraciones de acuerdo a cómo responsan los futuros sufragantes y señalen sus encuestas –las del primer libro, esto es las reales que no dan a conocer–, en medio de un creciente enfado de la sociedad.

No podemos soslayar la infamia con la cual se pretende convertir este escenario en hoguera cuando la ciudadanía todavía no se pronuncia en las urnas y da validez a la voluntad de un colectivo herido que ya no cree en monsergas pero, por desgracia, se siente atraído por el flautero de Hamelín, esto es el ídolo político de cada quien, para seguirlo como ratas ante la melodía cadenciosa y dormilona. Más que meditar en el futuro y las consecuencias de sus sufragios, estiman imperativo, nada más, creer a pie juntillas en su ícono –sea Andrés, los más, o Anaya, los mucho menos–, con basamentos en encuestas obviamente manipuladas para halagar a quienes las contratan y pagan. Ya verán ustedes cómo se justificarán, con pretextos mil, después del primero de julio. Estamos a mes y medio de distancia; el tiempo voló desde nuestras manos.

¿Hemos aprendido algo? Poco, si nos atenemos a las supuestas lecciones de los candidatos. Reiteramos, eso sí, que el sistema y sus vertientes han actuado en contra de la sociedad, en su conjunto, tratando de desvirtuar pronunciamientos y defendiendo al estado de cosas en contra de la conciencia del colectivo que impulsa hacia un cambio drástico en donde no sea tan sencillo corromperse y gozar de la infausta impunidad que remata la línea de la inmoralidad, pública y privada, también con la guía inverosímil de un empresariado falaz que NUNCA debió meterse en la contienda con la única intención de proteger SUS intereses y no los de la nación. A menos, claro, que se considere que Slim, Larrea y Baillères, junto a quienes les escoltan en eso de las fortunas inmensas, sean México, y los demás sólo las cenizas de sus valiosos habanos.

En el próximo debate, como sabemos, los candidatos a la Presidencia podrán centrarse en uno de los más grandes antimexicanos de la historia, Donald Trump. Los temas a tratar derivarán del comercio exterior, la seguridad fronteriza y los derechos de los migrantes. Poco espacio para los dislates entre unos y otros; amplio para enfocar el drama de México en las condiciones precarias que mantenemos, con TLCAN o no, ante el insolente vecino del norte. Un cuadro que, en principio, podría beneficiar o acabar de hundir a Meade, quien ya fue canciller, y permitirá probar el nivel para aspirar a ser estadistas de Andrés y Anaya. Me cuesta trabajo visualizar una reunión de López Obrador con Trump en la oficina oval. Es como una ficción terrífica.

Más allá de esto, lo cierto es que sobrevuela nuestras cabezas el espectro de un posible atentado –recuerden 1994–, ante la tremenda polarización de los aspirantes, la participación extrema de los grupos de presión y acaso la desesperación de quienes, desde la cúpula, parecen haber perdido los controles.

Por desgracia, la mesa está servida; pero nadie se ha sentado en ella… aún.

Absurdos

FOTO: ADOLFO VLADIMIR /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Hay tantos absurdos que no pocos califican a México como una nación surrealista, albergue de sofismas y espejismos, bajo el mando de una voluntad suprema quien dispone, por todos, y doblega el concepto de la soberanía popular. Ni siquiera ahora cuando festejamos la victoria de la democracia –no generalizada por el inmenso lunar de Puebla y algunos otros focos rojos como Ciudad del Carmen, más yucateca que campechana–, podemos confiar en el respeto irrestricto al interés colectivo volcado en la abrumadora victoria, incuestionable, de Andrés.

Por allí, el racista Lorenzo Córdova Vianello, consejero presidente del INE, filtró la nota sobre la posibilidad de abrir el 70 por ciento de la paquetería electoral antes de certificar el éxito abrumador del próximo presidente de México; acaso fue un último intento que Córdova deberá pagar en su momento, no por venganza sino por jugar con la voluntad de los mexicanos como si éstos fueran parte de algún juego de mesa. Este sujeto debe ser puesto en manos de los ministerios públicos correspondientes, ya mismo si es posible, y hacer entender a peña nieto que, aun cuando siga siendo presidente en ejercicio, ya no tiene el poder emanado del pueblo en unos comicios históricos.

Nada. Andrés ganó con ventaja tal que no debió haber sitio para los retrasos, acordados de manera soterrada, ni para la incongruencia de un sistema que se cae a pedazos en medio de un duelo casi grotesco por parte de los priistas asombrados –sobre todo aquellos gobernadores que cumplen el papel de plañideras en vez de pensar en alternativas viables–, y de los panistas marginados, convertidos en rastrojos de la mano de Ricardo Anaya.

Y ya es hora de evitar los largos lapsos entre las elecciones y la toma de posesión. Por lo menos, a partir del régimen de Andrés –reducido de seis años a un lustro y diez meses–, sólo serán noventa días los que conformen el espacio de la transición en vez de los cinco meses absurdos –faltan cuatro y medio–, para cumplimentar el actual proceso. En todas las naciones del orbe el cambio del titular del Ejecutivo se da en automático para evitar el absurdo de contar con dos corrientes de poder, no paralelas, sin coherencia entre ellas ni identidad como está sucediendo ahora.

Por ejemplo, llega una delegación de la Casa Blanca, encabezada por el secretario de Estado Mike Pompeo y algunos de los más cercanos colaboradores de Trump, destinada a comenzar el diálogo con Andrés sin darle importancia a un peña marginal y, francamente, estorboso por su prisa de salvarse de la quema cuando las llamas ya le llegan a la cintura. En el medievo estaría dando de gritos en la hoguera.

Mientras, el equipo de Andrés anuncia la construcción, en un año, de tres refinerías y cien universidades; pero también hacen falta primarias y secundarias y, sobre todo, el cumplimiento de promesas ineludibles: por ejemplo, la baja de los precios de la gasolina que no debe esperar tres años sino debe implementarse desde diciembre mismo; y las bases firmes que deben conformar el nuevo TLCAN antes de ser desplazado a un mero intercambio mercantil bilateral.

INE: sin límites

Señalando multas a tutiplén, cuyo destino jamás se aclara porque tiene su propio y generoso presupuesto con altos sueldos para los consejeros además, y con evidente inclinación hacia la vendetta, al estilo de las bandas criminales, y buena dosis de racismo, cuando menos en el principal de sus funcionarios, Lorenzo Córdova Vianello cuyo apellido, lo conecta con Joseph-Marie Córdova Montoya, el siniestro operador de carlos salinas.

El milagro de la cascada de votos en contra del establishment, posibilitó el derrumbe del PRI y del PAN, convertidos en muerto viviente.

Por lo pronto, el INE, además de inventarse multas con documentación obtenida con la celeridad de la mejor policía del mundo, para atrancar al presidente en cierne, dispara el dinero a los partidos como cartuchos envenenados, aclarando que
el presupuesto para ellos será menor durante 2019 porque no es un año electoral en el entorno federal. Y dispone lo siguiente sobre las entregas:

A Morena le tocan mil 600 mdp en vez de los 441 obtenidos en 2018. Al PAN le entregarán 888 millones, 21 más que el curso anterior pese a su derrota. Al PRI se le darán 837 millones en vez de los mil 100 que administró en este año convulso.

Hay una enorme contradicción: si en 2019 se dará sólo la mitad, el PRI y el PAN salen ganando: la mitad de mil 100 que usó el PRI en el ciclo anterior es 550 y no 837; y el PAN, en la misma línea sólo debería obtener 433.5 mdp y no 888. Las cuentasblandas nunca cuadran, aunque se hable de que los índices de depauperación del peso sirven para atemperar, con un alza importante y mayor a la tasa inflacionaria, la “pobreza” presupuestal de los partidos noqueados.

El peor mal

Rafael Loret de MOLA

El problema reventó por todo las entidades del país. Sencillamente, el sector salud se anquilosó, reducido su presupuesto al límite y abandonadas no pocas de las instalaciones “modernas” inauguradas con bombo y platillo por los demagogos que nos gobiernan de manera alevosa y sin el menor sentido social. De hecho, ni siquiera se tocan el corazón cuando dejan morir a decenas de niños, como sucedió en Comitán hace una década, si con ello subrayan su animadversión al sucesor.

Respecto a lo anterior, así actuó, y tengo todos los elementos para afirmarlo en mis manos, el sátrapa Pablo Salazar Mendiguchía, quien ahora, bajo los pantalones de Andrés, es pretenso aspirante a formar el equipo del futuro, sin siquiera dar la cara a sus coterráneos saqueados mil veces, y fomenta las sectas antinacionalistas. Estos sujetos, arraigados al presupuesto con frenesí insultante, aunque el icono de la izquierda los exalta por ser políticos “profesionales”, piensan sólo en ellos y no se perturban ni con el dolor más profundo.

Otro caso es el de la ladrona yucateca Ivonne Ortega Pacheco, sobrina del cacique que debe estarse quemando en Xibalbá, el inframundo de los mayas, quien abandonó a su suerte, por pura vendetta partidista, los hospitales de Mérida, Ticul y Tekax, construidos por su antecesor, el panista Patricio Patrón Laviada –quien tuvo otros pecados pero no el de hacer política con la sangre y la muerte–, hasta dejarlos en estado inservible; hace poco más de dos años, el propio Patrón Laviada realizó una marcha, solo –los panistas ni siquiera quisieron darse por enterados–, desde la capital yucateca hacia el sur de la entidad, de varios cientos de kilómetros, para protestar por la infamia.

Hace unos días, conversé con un joven brillante, Carlos Manzo, quien labora en el sector salud de Michoacán, o mejor dicho en la selva de Silvano Aureoles Conejo –¡no lo vayan a cazar!–, y me reveló el brutal abandono de quienes apostaron por el “seguro popular” inventado por felipe calderón: los asegurados saturaron los hospitales civiles particulares, por ejemplo el de Guadalajara, al que se le deben miles de millones de pesos, y éstos ya no admiten a los enfermos salvo si se paga parte de la deuda lo que ya no es posible por falta de fondos.

Lo peor viene de otra revelación que llegó a este columnista: buena parte de las participaciones federales, en materia de infraestructura y, sobre todo, de salud pública –sea a través del IMSS, del ISSSTE o del Seguro Popular–, pasan por la aduana de los grandes sicarios del narcotráfico, quienes disponen de buena parte de las mismas, y a veces de la totalidad, untando las manos de las autoridades con la ambición maldita que golpea a los enfermos y a los marginados.

Esta es la peor historia del México contemporáneo; más grave aún que la crecida de la violencia o la pretensión de asegurar el continuismo. Una vez más elevo mi voz: ¡MUERA EL MAL GOBIERNO!

Los infames

FOTO: TERCERO DÍAZ /CUARTOSCURO.COM

Dentro de un año habrá de cumplirse medio siglo, sí, de la matanza que marcó a mi generación y a otras más que sintieron el quebrar de sus alas en un espectro dominado por la autocracia, la demagogia y la corrupción. Cinco décadas después tales condiciones, en lugar de amainar como las peores tempestades que suelen degradarse como milagros científicamente explicables pero espiritualmente considerados un reflejo de la intervención del Creador, en México se han recrudecido hasta llegar a un extremo asfixiante y brutal. ¡Ya se roban los gobiernos hasta la ayuda a los damnificados por las catástrofes naturales! No puede existir felonía mayor.

Entre los personajes más señalados como negligentes y ladrones tras los terremotos del 7 y el 19 de septiembre  pasados, se encuentran el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, y su esposa, Elena Cepeda, quienes, sin moral alguna, pretendieron crear una aduana para detener los tráileres rebosantes de donaciones de mexicanos desde distintas entidades del país. Mucha de la ayuda enviada – no es posible cuantificarla– nunca llegó a sus destinos. ¿Qué se espera para declarar la desaparición de poderes en Morelos, función del Congreso de la Unión, donde el PRD culminó su obra devastadora?

También señalamos la conducta irregular, extraña, del cardenal Norberto Rivera Carrera, muy ligado a la directora del Colegio Enrique Rébsamen y al marido de la misma, prestanombres precisamente de Rivera, desesperado por los bienes enterrados y no así por los niños y adultos muertos, veintinueve en total, que fueron sacados desde el infierno injusto de los escombros.

País de Tuertos

Rafael Loret de MOLA

Algunos confundidos y otros panegiristas de la administración peñista –todavía los hay porque es mucho el botín a repartir–, insisten en que perseguir, reprimir, disparar contra varias decenas de jóvenes por haber secuestrado un par de autobuses y amagar con llevarse una “pipa” en apariencia llena de combustible, en la zona del genocidio de Iguala, está justificado y es proporcional: esto es, un autobús tomado en rebeldía vale más que la demanda de justicia y las vidas de los muchachos cansados del mal gobierno. Una paradoja, sin duda. Por supuesto, el “nuevo” plan de seguridad ordenado para varias entidades del país es una reiteración del concepto fascista para reprimir y matar ya instalado desde el deplorable sexenio de calderón cuya esposa, Margarita Zavala, quiere ocupar la silla presidencial sin poder deslindarse de las concesiones a favor de la guardería ABC de Hermosillo. Lo subrayo porque, a estas alturas, lo que no se vale es suponerse ignorante para sólo apreciar el rostro amable sin adentrarse en las culpas graves del pasado. Si bajo este criterio funcionara la justicia, ¿cuál sería la balanza para determinar quiénes deben estar encerrados si los autores intelectuales de asesinatos, desde magnicidios hasta genocidios, están jugando a ser legisladores para negociar con la administración federal? La confusión sembrada por el gobierno en torno a los estudiantes perseguidos y baleados, hace once meses apenas, para señalarlos como meros delincuentes, es una estrategia bastante simple para JUSTIFICAR la matanza del jueves 26 de septiembre de 2014

El rechazo

(AP Photo/Juan Karita)
Rafael Loret de MOLA

La encuesta es seria y contunde. De acuerdo a una encuesta dirigida por Berumen y Grupo Cantón, el 81.1 por ciento de los mexicanos reprueba a la administración de peña nieto, lo que no es novedad –nuestros sondeos, desde la Fundación que presido, nos dan un factor un poco más elevado lo que ya es decir–, salvo si consideramos un factor digno de tomarse en cuenta: quienes no avalan la gestión del mandatario, entre ellos millones que fueron sus votantes deslumbrados por su perfil personal, que no político, insisten en una circunstancia muy grave: el personaje NO tiene el control del país, con la inseguridad y la corrupción llevados de las manos.

La cuestión es, entonces, quién dirige a la nación –el término mandar no puede aplicarse cuando la soberanía popular, de acuerdo a la norma superior, recala en el pueblo aunque éste no la use ni tenga métodos accesibles para imponerla a los malos gobernantes, sea el federal o los estatales con cúspides de inmoralidad jamás alcanzadas, si las bandas de narcotraficantes infiltradas en la estructura gubernamental a través de secretarios de Estado, diputados y senadores, amén de no pocos gobernadores –alguna excepción habrá y cuando la encuentre también la difundiré–, que vendieron sus respectivas almas al demonio engendrado por los viciosos y sus capos.

De hecho lo dije en Tamaulipas, concretamente en Matamoros –la urbe por ahora semitranquila, según me dijeron mis colegas de allá, a comparación de Reynosa, en donde también estuve, Río Bravo y Nuevo Laredo–, y alguno de los oyentes salieron como si les hubiera dado salpullido: no creo que en esta entidad, como en otras, digamos Sinaloa y Michoacán, vistas ya como narco-estados que carcomen la conciencia nacional, puedan alcanzarse puestos públicos, desde las gubernaturas hasta los últimos regidores, sin la anuencia de los capos en funciones, aquellos que mantienen los controles en ausencia de autoridades con capacidad de réplica. De no existir los tratos del mal, como ha ocurrido, firmarían sus sentencias de muerte. Y esto lo sabe, el primero, el impopular señor peña ya sin legitimidad política ante el rechazo de ocho de diez mexicanos.

Lo que es excepcional es ese 19 por ciento que aún cree en él y considera que el golpeteo de los medios es el origen de los males engendrados durante su sexenio: esto es, las matanzas en Tlatlaya, Tanhuato, Apatzingán y otras poblaciones en donde se han disimulado los alcances, además de la “desaparición” de los normalistas de Ayotzinapa y la corrupción ingente que ha dado lugar a escándalos tan sonorosas como el de la pajera blanca de la “gaviota”, las propiedades que casi donaron las constructoras, HIGA en primer lugar, a rufianes como el “aprendiz” Luis Videgaray o el oficioso hidalguense, Miguel Ángel Osorio Chong, quien debería poner su tienda como los trabajadores chinos que ya inundan las tierras de fox allá por San Francisco del Rincón, en el Guanajuato profundo.

Y hay tanto más, como la sobrecogedora y maliciosa administración de los recursos enviados por distintos estadistas, desde Putin a Francisco, con diferentes cantidades que reflejan a unos y otros, para la reconstrucción del devastado centro del país incluyendo a la Ciudad de México –en donde las constructoras no son motivo de investigación alguna–, que explican per se la ominosa caída de peña nieto ante la mirada de sus gobernados.

Aun cuando le falten catorce meses para el finiquito institucional –estabilizado el cáncer que le corroe–, con un poco de dignidad el mexiquense debiera retirarse del poder antes del aplastamiento inevitable de su partido en 2018.

La mayor mentira

Rafael Loret de MOLA

El continuismo, según las mediciones de empresas con proyecciones a futuro, es más seguro para el país que la posibilidad “atroz” de un viraje hacia la izquierda, alarmadas las fuentes de poder ante la crecida inusual de esta instancia a la cual se comienza a contaminar, con el engrudo de la burguesía feliz en las redes del dinero sucio. ¡Pobres de los socialistas que caen en tales redes de miseria humana!

Así, la calificadora Fitch Ratings y su vocera Shelly Shetty –a quien se denomina directora de Deuda “Soberana” de América Latina–, aducen que una victoria de Andrés agregaría un serio detonante para la volatilidad financiera, un fenómeno ya presente por cuanto a la inestabilidad social, económica y política en todos los niveles sociales de nuestro país. ¿O una decisión electoral es acaso más influyente, para estos fines, que la imparable violencia –doscientos mil muertos en dos sexenios, un nivel sólo alcanzado en territorios en guerra–, la desesperación de millones por sus escasos ingresos y el rencor acumulado contra la clase política, el presidencialismo y la partidocracia? Me parece absurdo.

Pongamos que la súper valuada FITCH, quien siempre deja contentos a sus contratantes como cualquier negocio de encuestas nacional, hubiese estado funcional cuando se han producido las grandes revoluciones, violentas o pacíficas, o los momentos decisivos de la historia cuando el colectivo toma la decisión de sacudirse de los emancipadores y voltear las cosas como ha ocurrido a lo largo del mundo y de la historia –digamos la caída de las monarquías, el fin de las dictaduras, el derrumbe del Muro de Berlín y la detonación de las bombas atómicas sobre Japón, entre tantas otras cosas–, ¿hubiese prendido las alarmas porque los sacudimientos inciden en los augurios financieros de consorcios, especuladores y gobiernos cómplices del verdadero poder, el del dinero y la mafia? De carcajada.

Qué triste papel el del peñismo: comprar reconocimientos internacionales, modificar cifras según el entender de agraciados por sus conexiones con la cúpula política –no cópula, cuando menos en este sentido–, y lanzar augurios con el propósito de manipular la voluntad de un electorado aun en vías de madurez y, como tal, con severas lagunas de ignorancia. Pero el juego puede revertírseles.

La importancia que le da FITCH a un presunto triunfo de Andrés, fortalece al mismo al exhibir la preocupación de los ricos sobre el devenir de México. Si la aristocracia tiembla y miente… es porque, sin duda, avizoran las guillotinas.

Silencio de cobardes

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Hagamos una recapitulación sobre aquellos temas tabúes que no responden los funcionarios de hoy y eluden, penosamente, quienes aspiran a formar parte del “nuevo” gobierno federal a partir de 2018; es menester, claro, extender el señalamiento a los gobernadores de las entidades y a los alcaldes, limitados en su quehacer por la tardanza en que reciben sus respectivas participaciones a sabiendas de que entre el 50 y el 80 por ciento de las mismas van a parar a manos de las peores mafias, cual si se tratara de una alcabala tolerada por quienes, se supone, deberían velar por la soberanía nacional y, en vez de eso, reprimen a los mexicanos.

Ya hemos hablado del aborto, los matrimonios igualitarios, la presencia del clero en las decisiones gubernamentales, la convivencia con el narcotráfico infiltrado hasta la médula en el ejército y la marina, la dependencia respecto a la Casa Blanca y los crímenes perpetrados por el régimen peñista y que nadie denuncia ante los ministerios públicos. ¿Dónde están los jueces, magistrados y ministros, con sueldos millonarios, para dar la cara y atreverse a romper la ignominia de la falsa invulnerabilidad, en forma de fuero, para someter al titular del Ejecutivo a un juicio que exigimos la mayoría de los mexicanos por los daños causados, crímenes y peculados incluidos, y la ruptura de nuestra visión de futuro?

Están ausentes de las campañas ramplonas, entre otras cosas, la entrega paulatina de nuestro territorio a trasnacionales ambiciosas, con inclusión de playas e incluso el subsuelo –patrimonio nacional–, mediante concesiones a las mineras –sobre todo canadienses–, que no tienen límite alguno, favorecidas por el gobierno y los cómplices que lo conducen. Tampoco he escuchado a ningún candidato pronunciarse, con el vigor necesario, ante las políticas migratorias infamantes de la Casa Blanca ni respecto a los antecedentes sobre los entrometidos rusos en las campañas y procesos electorales. Ya están en México, aseguran los indicios, y parece que nadie reacciona. Sobran sordos o socios en potencia.

Nadie menciona, claro, los movimientos de los grupos armados, subversivos –más de cien de acuerdo a la agenda de la Defensa Nacional–, que pululan por veinte entidades de la República y se acercan a la Ciudad de México con avanzadas que se entremezclan con los aspirantes de distintos partidos a los diversos cargos –desde alcaldías hasta jefatura de gobierno–, mediando compromisos que asfixian el destino de la gran urbe. Pero, de ello, ni una sola palabra.

El cruce de descalificaciones es primero, antepuesto a los interese del colectivo y, con ello, podemos medir lo que puede esperarse de los postulantes enrabietados y evasivos –como Andrés, quien pudo darle una lección inolvidable al miserable Yunes Linares y optó por el silencio cuando menos sospechoso–, al parecer con disposición para la negociación antes de su deber primigenio, este es la defensa del sufragio universal en un proceso viciado desde ahora.

Silencio en lo fundamental; ruido de altos decibeles sobre la frivolidad política y los tartamudeos a ultranza. Además claro de la columna de cada campaña: La esposa de Meade, Juana Cuevas, va al supermercado; Ricardo Anaya exhibe a su hijo en la escuela y toca la guitarra de son; y Andrés, aprovecha hacer política en la peluquería… como “Cantinflas” en aquella inolvidable cinta: Si yo fuera Diputado. Ahora, el genial mimo no tendría palabras para hacer valer su derecho a ser legislador.

Lo dicho: en México la dictadura impone hasta los temas a tratar y alega que existe libertad de expresión.

 

 

Gobierno fallido

Rafael Loret de MOLA

Está claro que el gobierno no le ha servido a la sociedad, en su conjunto, sino sólo a sus grandes socios, precisamente aquellos que suelen acrecentar sus fortunas en tiempos de crisis severas, sean naturales o financieras. Todavía no pasa el riesgo en cuanto a los posibles meteoros de fin de temporada que siempre enlutan a cientos de familias, como ya ocurrió en Chiapas, Oaxaca, Veracruz y Tabasco, destruyendo la endeble infraestructura armada por un gobierno siempre deseoso de mojarse los pies en las rías desbordadas o en los caseríos devastados por los sismos para simular su hipocresía molecular sobre la “justicia social”.

Ahora mismo se frotan las manos con la tendencia especulatoria imparable gracias a la cual multiplican fortunas, siempre con información ilegal proporcionada por sus cómplices de la Secretaría de Hacienda, y aumentan sus haberes para luego devolver los favores a los miserables ex presidentes quienes les permitieron todo. El caso más patético es el del célebre “doctor zeta”, ernesto zedillo, convertido en consejero con enorme caudal en cada una de las trasnacionales beneficiadas durante su sexenio. Ha sido, sin duda, con excepción de peña, el mayor vendedor de cuanto formaba parte del patrimonio nacional y fue él quien ideó, además, la grotesca reforma energética con la visión puesta en la privatización mientras los corderitos camarales aprobaban sin chistar por obra de las diligencias de Manlio Fabio Beltrones Rivera, luego “catapultado” al sitio más devaluado entre los mexicanos: la presidencia del PRI donde duró hasta las derrotas de 2017; su fracaso en esta posición no admite réplica alguna.

Sólo los busca-chambas y los paracaidistas que irrumpen sobre las nóminas piensan lo contrario y aprovechan la dualidad competitiva de los presidentes, el saliente y el entrante, tratando de granjearse pleitesías manteniendo intacta la brutal maldición que significa para ellos vivir fuera del presupuesto como el mayor error concebible.

Quizá por ello cuantos ganamos la subsistencia por nuestra cuenta somos quienes percibimos las tremendas desigualdades que se acentúan con la pérdida del poder adquisitivo y la consiguiente devaluación del infeliz peso que ya va en camino de perder otros tres ceros, como en los tiempos del infeliz salinato luego de la ambigüedad que duró tres años, desde 1993 a 1996, ya bajo el régimen del simulador zedillo.

El hecho es que, en esta hora y este septiembre, antes y después de los festejos patrios en los que la maquinaria oficial con maridaje con los medios masivos –si bien la transmisión de los ceremoniales se acredita a los tiempos gubernamentales correspondientes, esto es sin recurrir a las facturaciones–, no ha sido posible marginar, ignorar o desdeñar la crispación creciente entre los mexicanos.

Se salvan porque millones aún sueñan con la esperanza prometida.

Toros para Andrés

Rafael Loret de MOLA

Con una intensidad, sin precedentes en la memoria del colectivo, el próximo presidente, Andrés Manuel López Obrador, ha procurado dar la nota cada día desde su triunfo electoral; y lo ha logrado con la avidez de quien parece ya no poder esperar, impaciente cómo es, el inicio de su mandato el 1 de diciembre; de hecho, comenzará a meter la mano en el Legislativo, de lleno, desde tres meses antes, el 1 de septiembre, cuando “ordene” a su mayoría proceder a introducir las reformas por él propuestas, trece en total, dirigidas a ampliar la reforma educativa, aumentar los salarios mínimos –especialmente en la franja fronteriza–, trasladar al Estado Mayor Presidencial a la Secretaría de la Defensa, revertir la privatización del agua y estructurar la revocación de mandato cuando el Ejecutivo o los miembros del Congreso desvíen el camino; sólo falta explicar cuál será la forma para hacer valer la soberanía popular en el último punto.

Sí, es cierto. El mandatario futuro ha estado más activo, mucho más, que quien supuestamente todavía ejerce la presidencia, apoltronado y silencioso como un muñeco de trapo abandonado en el diván, sin siquiera poder salir del clóset. Pese a ello, ha olvidado tres puntos torales o los ha desviado de los deseos generales, a saber:

1.- La inmediata reestructuración de las relaciones bilaterales con Estados Unidos, sumados a una medida euforia del anaranjado Trump, no parecen muy acordes con los rencores sembrados por éste por la insolencia de construir un muro de la ignominia –supuestamente a pagar por los mexicanos-, y sus políticas contra los emigrantes de México y Centroamérica quienes han sufrido el mayor de los tormentos: la separación de niños y padres como en la Alemania nazi. Sobre esto, es claro que la omisión tiene visos de acuerdo soterrado que bien haría Andrés en hacerlos públicos para cumplir con sus votos de demócrata.

2.- El trato que se dará a los cárteles y a los “capos”, obviamente protegidos por las agencias de inteligencia de los Estados Unidos, a quienes ofreció una amnistía que ahora limita, de acuerdo al criterio de la futura secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero. La falta de líneas al respecto abre el baúl de las sospechas.

3.- Cómo hará para fortalecer a la República, federal por mandato constitucional, si siembra tempestades al proponer a coordinadores por cada entidad, precisamente los adversarios de los mandatarios ungidos como tales sobre no pocos fraudes comiciales, lastimando la proverbial “soberanía” de los estados de la Unión. Si se trata de regenerar el mapa político del país que no sea reinstalando el régimen centralista que tanto ha dañado al país en ocasiones precedentes, sobre todo en la época del anti-héroe por antonomasia, Antonio López de Santa Anna, un nombre que causa vergüenza sólo pronunciándolo.

Ya es hora de lidiar los toros con peso, Andrés Manuel, y no los novillones propios de las fiestas pueblerinas. Política de altura, sí; demagogia en pequeño, no.

Hechos y mentiras

Rafael Loret de MOLA

Un juzgado federal ordenó reabrir el caso de la matanza de San Pedro Limón, Tlatlaya –en la que tanto hemos insistido–, en el peñista Estado de México en donde se repudian a los entenados y parientes del mandatario federal, sobre todo a Alfredo del Mazo Maza. Y sólo con esta actitud se pone en predicamento las actuaciones judiciales sobre la matanza de veintidós personas, la mayor parte civiles a quienes se pretendió situar como narcotraficantes, y se descubre el hilo fino de las masacres similares: la búsqueda de botines multimillonarios –en el caso mencionado fueron 80 millones de dólares, en efectivo, escondidos en una “casa de seguridad”–, y tomados por las tropas que los llevaron a la oficina principal de la Sedena.

Sólo en un día, los militares tomaron el control de la desquiciada Colima, donde residen los zares de las mentafetaminas, uno de los más potentes estimulantes que afectan el sistema neurológico, a la sombra de dos familias ex presidenciales: los de la madrid y los zedillo, con raíces por allí sobre todo los primeros. Todo ello, además, con la complacencia de los cómplices infiltrados dentro de la estructura gubernamental; además, se produjeron asesinatos en Guanajuato y Chihuahua –sendas entidades gobernadas por el PAN–, balaceras y narcobloqueos en distintas partes del país, sobre todo en Morelos y Tamaulipas, con saldo de varios muertos, amén de descubrirse diez cadáveres en Guerrero y registrarse más asesinatos en Veracruz o Yuneslandia, en donde el caos se extiende, sin disminuir un ápice desde la captura de Javier Duarte de Ochoa; el finiquito del rufián Yunes Linares serpa escandaloso igualmente.

Frente a estos hechos, en la misma jornada, el señor peña, listo a presentar su último informe dentro de poco más de una semana, en ausencia como es ya su costumbre, inventándose formatos y desplantes que sólo son lugares comunes, anunció una “cifra histórica” en cuanto a las inversiones extranjeras: 52 por ciento más de cuanto se captó en el sexenio anterior cuando la cloaca del entreguismo ya estaba abierta. Esto es: la administración actual NO HA TENIDO LÍMITES PARA VENDER AL PAÍS A PEDAZOS.

Algo similar ocurrió durante el mandato del odiado carlos salinas de Gortari, quien presumió de haber alcanzado, por primera vez en la historia reciente, un superávit en cuanto a los ingresos y egresos anuales, gracias a la venta de paraestatales útiles y con entradas seguras, como Telmex. A la larga aquello resultó una fatalidad porque disminuyó notoriamente la captación de recursos aunque se instituyera el conocido “terrorismo fiscal”.

Podría sintetizarse que la prioridad de peña, de cara a su muy próxima letanía de autoelogios es vendernos que hay confianza entre los extranjeros aunque se siga asesinando a los mexicanos y se reprima, cada día, a los periodistas valientes y libres, no a los malditos mercenarios de la letra impresa quienes, tantas veces, esconden la mano detrás de las bambalinas de sus empresas corroídas.

Las mentiras siguen; los asesinatos y los rencores también. Esto no puede terminar bien de manera alguna… ni con la esperanza puesta en el nuevo régimen.

El finiquito

Rafael Loret de MOLA

¡Llegamos! Algunos hechos trizas, otros hastiados –una estrategia oficial más para inhibir al voto-, y unos más dispuestos a defender la voluntad –soberanía– popular a cualquier costo porque si no es ahora, ¿cuándo podremos redimirnos? Los llamados a la insurrección revolotean por todos lados mientras quienes creemos en una revolución pacifista insistimos en que se respete el rumbo de los comicios y no se caiga en el terrible error de pretender otro fraude a base de algoritmos y demás recursos cibernéticos porque tal, no lo duden, pondría al país en el infierno mismo.

Los soberbios priístas alegan que quienes decimos estas cosas pretendemos manipular al colectivo suponiendo que sólo si pierde el PRI –desde el pobre tercer lugar de la contienda– puede haber democracia y no la habrá jamás si los números, no los votos, favorecen al no militante del partido en el gobierno quien no se afilia acaso por el mínimo de vergüenza que le queda. Debería responder a este embrollo siquiera en la última jornada, la de hoy, para tratar de aglutinar aunque sea a los priístas desbalagados. No lo hará porque sabe, muy bien, que le sería imposible gobernar con una nación mayoritariamente en contra y dispuesta a descabezarlo con o sin guillotina de por medio.

Pese a ello, y aunque parezca increíble, el señor peña insiste en creer –de acuerdo a versiones de personas cercanas a él– en la hipotética victoria de José Antonio Meade aun cuando ya sabe que éste no tiene el beneplácito de las dos potencias con injerencia en México, la del norte y la del Mundial de fútbol. El señor peña, literalmente, es odiado por los líderes de sendos países en pugna permanente por la hegemonía mundial que, por cierto, va ganando Rusia en cuanto su capacidad para hackear las “elecciones” de Estados Unidos para imponer al enajenado Trump al frente de la Casa Blanca.

Peleas perdidas

Rafael Loret de MOLA

DESDE HACE TIEMPO LA TENEMOS PERDIDA Y NO PARECE HABER FÓRMULA PARA RECUPERAR LA SOBERANÍA DESPILFARRADA

No somos ni la sombra de las multinacionales que se expanden, por nuestro territorio a cambio de que nuestros coterráneos son tratados casi como animales apenas cruzan las mojoneras intentando obtener salarios miserables, pero en dólares; remesas enviadas a nuestro país.

Pese a lo anterior, abundan prestanombres que ceden la propiedad de sus compañías en crisis para ponerse a las órdenes de grandes consorcios que nos hincan los dientes por la senda de bancos, minas, telecomunicaciones y petróleo.

Somos rehenes de nuestras riquezas que desatan las ambiciones de los foráneos y limitan la capacidad de producir para México e intereses nacionales.

Ante ello, era de importante sopesar las posturas de los 4 candidatos, a la Presidencia de la República, en cuanto a relaciones bilaterales con el vecino complejo y ambicioso que no repara en ninguna huella conductora a la justicia social, el tema desterrado por razones de macroeconomía, y la equidad entre quienes trabajan y cuantos especulan y obtienen ganancias infames.

Tal es la razón por la cual, en México, las medicinas son las más caras del mundo. Los mexicanos están a expensas de los burdos desencuentros del poder y observan el abandono de hospitales cuando se trata de condenar al régimen precedente de otro partido.

No hay ambulancias, están en mal estado y algunas inservibles como muestra de la negligencia del Estado y la corrupción ingente.

Lo mismo sucede en el campo de las relaciones exteriores: un país enfermo, el nuestro, quedó en manos de negociadores tramposos, dispuestos a vender a su patria en barata a cambio de asegurar la riqueza de sus entornos familiares. La vileza ha sido tal que ahora se permiten condicionar a los aspirantes a la Presidencia para obligarlos a beber entre sus manos.

Desfachatez

Rafael Loret de MOLA

Como les adelanté, las estrategias no varían: ahora mismo, el inverosímil juego de las encuestas determina que suben, ya sea Meade o Anaya según sea el patrocinador, incluso para subrayar que los universitarios –en edad de votar, claro–, se inclinan más por la amalgama que logró el queretano ex presidente del PAN –una aseveración absurda considerando las verdaderas tendencias juveniles, siempre rebeldes y poco cautas en cuanto a cuestiones de estabilidad social, y están en fase de alcanzar a Andrés–; el cálculo es que, al final de mayo, a un mes de la jornada comicial, Meade o Anaya habrán alcanzado a Morena. Igual que en 2006.

Lo anterior evidencia no sólo la ausencia de imaginación de los estrategas políticos –foráneos en su mayor parte y, por ende, con propósitos de moldear a México como ellos quisieran que fuera–, sino igualmente que los salvamentos sólo pueden lograrse por la vía del fraude, incluyendo la de las conciencias atormentadas que inhiben los propósitos de cambio por la desgana ante la inmovilidad política y la expansión de los engaños sin matices.

Parecieran decirnos: aquel que quiera cambiar, de verdad, váyase a Venezuela o a Cuba para adentrarse en el inframundo de las izquierdas fracasadas… aunque sigan siendo dominantes en sus respectivos países, con o sin los Castro en el Caribe y sin Chávez en la nación sudamericana. En todo caso, alegan, México tiene sus propias perspectivas y un sistema férreo al alcance sólo de las pandillas del crimen y de una clase política, sin distingo de partidos, cómodamente instalada en el Olimpo, sin miramientos ni considerandos “hacia abajo”.

De allí que el no militante del PRI, José Antonio Meade, se desgañite, de nueva cuenta, señalando que Andrés es un “peligro” para la seguridad y el empleo, recreando viejas parodias del catalán Antonio Solá; y Ricardo Anaya –que no es corazón de león–, asevere que el aspirante de Morena es retrógrada por proponer cuestiones superadas como el alza de la gasolina y la torpe reforma energética. Del mismo modo, el pasado pinta mejor porque podríamos aterrizar en un aeropuerto que no se hunda y un peso a la par con el dólar como lo estuvo muchos años hasta el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines cuando sobrevino la primera gran devaluación: ocho peses por cada divisa verde.

Quiéranlo o no –y se demostró en el debate reciente-, la figura central de la trama de campaña es Andrés y por mucho. Les aseguro que aún millones de mexicanos no conocen a Meade siquiera ni saben pronunciar su apellido; y respecto a Anaya no puede decirse otra cosa aunque a éste le reconocen un poco más al igual que la amarga Márgara y el mimo quien se hace llamar El Bronco y mansea por todos sus flancos con bravatas propias del cobarde que ataca desde su corcel, con el látigo de su vocabulario vulgar, para retirarse a todo galope.

Farsantes y candidatos no parecen tener, pese a la experiencia de alguno de ellos sobre todo Andrés, la sensibilidad para entender al nuevo México que está despertando y busca liderazgos naturales, de verdad, para vindicar los años del oprobio de la dictadura perfecta, no casi.

Desarrollo de infamias

Rafael Loret de MOLA

El señor peña, en fase de finiquito y con los momios en contra por cuanto a las tendencias electorales y también su creciente impopularidad –ningún otro mandatario, ni su predecesor inmediato digamos, había llegado a sus últimos meses como mandatario envuelto en tanto rencor, tan tremendo dolor colectivo, como el actual–, arguyó que en las elecciones definiremos el desarrollo del país.

Y esta condición conlleva, desde luego, el suicidio del PRI con las armas ciegas de los deplorables que forman el anillo de la infamia alrededor del no militante Meade, atrapado por los tentáculos de las tinieblas. ¡Vaya candidatos a posiciones plurinominales! ¡Rubén Moreira, Pablito Gamboa, Osorio Chong, la hija de Beltrones y una larga lista de rufianes! Sólo les falta apretar el gatillo el 1 de julio.

Nadie persigue a la intocable –¿no que no los habría, señor peña, farsante?–, Rosario Robles Berlanga, cómplice mayor de la cúpula –pueden equivocarse, señores correctores en este caso y colocar la “o” en vez de la primera “u” acentuadas– de un poder territorial cuestionado por la disputa, y en muchos casos la sumisión, ante las bandas criminales, desde los “capos” mayores hasta los ladrones improvisados a quienes corretean los perros domésticos.

La nueva dama de las camelias, a quien trató de seducir Andrés cuando ya tenía ella la vista puesta en el empresario chantajista Carlos Ahumada –el de los videos políticamente sucios y no menos escandalosos porque son reales–, aunque el desaire le llevó a desprenderse de los encantos de sus piernas, siempre exhibidas en las reuniones claves, sirvió de plato fuerte para triangular ¡seis mil millones de pesos! desde el erario, utilizando a universidades y empresas fantasmas, sin que nadie conozca, salvo los beneficiarios entre ellos la señora Robles, el destino de los mismos. La cúspide de la era de la corrupción donde peña ha clavado su pendón.

¿Y qué decir de Emilio Lozoya Austin, heredero de uno de los salinistas químicamente puro del mismo nombre –uno del célebre trío de los “toficos” porque eran “bien ricos”–, quien recibió sobornos escandalosos en 2012, por cuatro millones de dólares, y a principios de 2016, por diez millones de la verde divisa durante su estadía como director de PEMEX; luego Lozoya dejaría a esta institución para mantenerse en la mediocridad de su carrera de economista.

Con estas cartas, además de las de la constructora HIGA que financia a la primer familia y a sus cercanos –como Luis Videgaray Caso–, acredita el régimen en curso su condición del ejemplo vivo de la corrupción; y ninguno de los aspirantes, ninguno reitero, aunque se digan ajenos a la misma están a salvo del escrutinio público y de las sospechas de cuantos no son sus incondicionales. Ahora bien, si éstos quieren ser felices, revisen las encuestas que favorezcan a su causa y duerman bien.

A los pocos periodistas independientes, como suele ocurrir, nos toca bailar con la más fea: la bilis de quienes saltan a la menor crítica sin entender que sin ésta, sencillamente, la democracia sería imposible.

Juego de Presidencia

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Alguna vez escribí que si la historia no estuviera plagada de episodios en los que los padres matan a sus hijos por el poder y éstos a aquellos, ni de líos de Mata-Haris espías que condensan en la promiscuidad las apetencias de los señores de horca y cuchillo, sería difícil de creer en la cantidad de intrigas, acuerdos soterrados, goles sucios, dobles intereses y lecturas, intenciones inconfesables y ruindades políticas que en el presente modifican perfiles y nos hacen la remontada mucho más difícil. ¿Pasaría algo similar a un tsunami si desapareciera la economía como rectora de la riqueza y retornáramos al honrado trueque para colocar a todos en la justa medianía, sin especulaciones escandalosas?

Quizá uno de los grandes estrategas estadounidenses, sentado en su cómoda y blindada oficina del Pentágono por ejemplo, llegó a la conclusión de que el extinto presidente de Venezuela, Hugo Chávez, era bastante más que un cáncer peligroso con posibilidades de extenderse al resto de las naciones del cono sur. Y le atacaron, duramente, durante largo tiempo si bien él mismo se ponía en el blanco con desplantes, poco serios los más, y actitudes belicosas sólo justificables si el petróleo de su país fuese el único material para proveer de verdadera riqueza.

Como existen otros –incluyendo la redituable especulación–, Chávez se fue quedando solo aunque después recuperó posiciones, no por su terquedad por perpetuarse –uno de los errores más graves por él cometidos–, sino porque la defensa de la soberanía de su país, enfrentado a la nación más poderosa de todos los tiempos, resultó poco menos que ejemplar.

Después Chávez alegó que los estadistas de América Latina –no los mandatarios turbios y acomodaticios–, están siendo víctimas de una suerte de “código negro”, ya no naranja, para inocular cáncer a algunas de las figuras prominentes de Sudamérica, como él, la señora Cristina Fernández, de Argentina, Fernando Lugo, de Paraguay, los brasileños Lula da Silva y Dilma Russef, entre otros. Además de Fidel, el de Cuba, cuya muerte tardía no permitió ver el alcance de la maldición. El hecho es que quien no cree en las casualidades, defecto de este columnista sin remedio, aplica la lógica y suma estadísticas para concluir que en ninguna otra época tantos mandatarios latinoamericanos habían padecido del mismo mal en distintas circunstancias, minados de moro irreversible.

Chávez, naturalmente, culpó a la CIA hasta que el cáncer lo mató el 5 de marzo de 2013. Y volvemos al inicio de esta columna. Si la inteligencia estadounidense no hubiese protagonizado tantas y crueles intrigas, magnicidios y matanzas impunes, no podríamos creer en algo que podría parecer incluso burdo. Pero, por desgracia –y sería muy positivo indagar y aclarar lo correspondiente–, la secuela de hechos infames ha sido tal que cualquier rumor, o una denuncia presidencial aunque viniera de un general ex golpista, llama nuestra atención y obliga a reflexionar hasta que punto lo expuesto por el venezolano ahora extinto pudiera tener visos de credibilidad. En lo personal, la duda acelera mis sospechas. ¿Y las de ustedes, amables lectores?

 

Piensa y medita

Rafael Loret de MOLA

Dentro de un mes, el domingo 1 de julio, en toda la República, destacando ocho entidades y la Ciudad de México en dónde habrá comicios locales, habrá de votarse con una boleta cubierta de la pátina de enjambres antiguos, acuerdos soterrados, concesiones predispuestas por los operadores de Los Pinos y el polvo del establishment que anula el sentido de la democracia con tal de favorecer a un pequeño grupo de privilegiados, entre ellos los empresarios cómplices, con órganos electorales viciados y ausentes de ética al estar entregados a los gobiernos estatales y, sobre todo, al federal que sigue asustando a los timoratos.

Cómo votar, me preguntan innumerables lectores, cuando las opciones no convencen, a pesar de la fanaticada de millones de personas que siguen incondicionalmente a Andrés y niegan cualquier síntoma negativo, y se desconocen los entuertos de cada candidato y de los dirigentes ávidos de escalar nuevos estatus a cambio de extender mentiras, reclutar pillastres –como el PAN con Miguel Ángel Yunes y su vástago o la esposa Erika Alonso de Moreno Valle– al estilo de Manuel Bartlett Díaz y Pablo Salazar Mendiguchía, execrables seguidores de Andrés; y no hablemos del PRI, infectado hasta la médula, ni del PRD convertido en esquirol, mientras cada instituto se dice, per se, la representación de “todo” México descalificando a los demás, aunque toleren a los abstencionistas curiosamente.

Abstenerse, desde luego, es una posibilidad también con alto contenido político si es reacción contra la pobre oferta política y la evidente manipulación de un sistema corroído en el cual las falsedades son obvias y se justifican bajo los espejos de la “guerra sucia”. Hace una semana, el domingo 20, atestiguaremos lo peor, en una debacle de la moral colectiva y de la ausencia de información veraz y sólida. Los mexicanos estamos atrapados en el mismo agujero desde hace ya varios lustros y no hay quien se atreva a extraerlos para que puedan, sólo entonces, ejercer su libertad de pensamiento.

He hablado de aplicar #cerocobardía a la hora de proceder ante las urnas. Lo hago ahora, de nuevo, insistiendo que estamos en juego todos, no sólo los convocados a sufragar. Sí, porque la irritación es tanta que la posibilidad de uno o más fraudes electorales –sobre todo en Yucatán donde imperan las faldas de Ivonne, Veracruz o Yuneslandia o Puebla, el territorio de los Moreno Valle–, desata las peores tormentas interiores y vuelca sobre las “instituciones” la furia ciega de los engañados indispuestos porque ya no se chupan los dedos con cualquier caramelito.

A la hora de votar la responsabilidad es enorme pero la solución es accesible si se piensa en el pasado atroz como referente y se avizoran los conflictos del futuro con elementos amafiados entre sí para doblar las rodillas ante los poderosos; nunca más, es necesario concluir, dejemos que nos saqueen y esclavicen quienes han negociado con la clase política para obtener ventajas en contra de los intereses nacionales. Formúlense estas interrogantes y que no les tiemble la mano porque, de otra manera, los gatillos estarán firmes en manos de los asesinos de conciencias.

México ya no puede darse el lujo de seguir esperando la redención como maná del cielo. ¡De pie, qué es la hora!

Clero político

Rafael Loret de MOLA

En apoyo al postulante del PAN, “el ayatollah” Francisco Barrio Terrazas, decretó la suspensión de los cultos en su diócesis, la de Ciudad Juárez, como protesta a lo que calificó como “fraude electoral” y con la anuencia y respaldo de otros altos prelados de la región.

El hecho suscitó reacciones inverosímiles. La madre del priista Fernando Baeza Meléndez, se presentó ante Talamás, con un grupo de mujeres “entronas”, y le dijo: -He sido toda mi vida católica y voté por el PRI. ¿Este es un pecado porque le ganó al PAN? Y tengo derecho a que pueda asistir a Misa porque lo político es ajeno a Cristo, Nuestro Salvador.

Talamás, sorprendido, no tuvo respuestas adecuadas, tomó asiento en un sillón de su casa, y habló sin parar de aquel suceso que, le enorgullecía: -De no haber sido por Monseñor Prigione, esto se hubiera fraguado; pero él fue con el chisme a Roma y el Papa Juan Pablo II me ordenó que no siguiera adelante.

Debí respetar, por la obediencia a la que nos obliga el Derecho Canónico, y cumplir con las indicaciones de la Santa Sede. Llegó al gobierno del Estado el señor Baeza Meléndez.

Al término de su mandato, en 1992, debió entregarle el poder estatal a Francisco Barrio, quien, al finalizar su periodo, en 1998, debió cederlo a Patricio Martínez García, priista y después senador, quien dejó su huella en las escalinatas del Palacio chihuahuense, a un lado donde se levanta el “Altar a la Patria”, donde cayera fusilado el cura de Dolores, el inmenso Miguel Hidalgo y Costilla.

A unos metros, una placa señalaba el lugar en donde Patricio había sufrido un atentado de bala, por parte de una señora perturbada, Victoria Loya: sólo disparó una vez…pero sobre la cabeza. Fue un milagro que se salvara. Y luego llegaría al Ejecutivo, en 2004, José Reyes Baeza Terrazas, sobrino del primer Baeza. Círculo cerrado.

Carnicerías

Rafael Loret de MOLA

En Sutherland Springs –un pueblecillo de apenas ochocientos habitantes, en Texas–, un solo hombre, armado, entró al templo del lugar antes de iniciar los servicios religiosos a los que suelen acudir unas cincuenta personas, y comenzó a disparar, preso de una ira irracional, hasta asesinar a veintiséis personas que iniciaban sus acostumbrados rituales, entre ellos varios niños y una mujer embarazada –con ello los muertos suben a veintisiete–; además, el reguero de sangre se extendió a 16 heridos más lo que significa que alcanzó a cuarenta y dos fieles. El dato estremece porque el sujeto, después abatido por la policía, tuvo tiempo bastante para acribillar a sus víctimas, casi todos los feligreses, durante varios minutos de horror; después, claro, llegó la policía. Siquiera.

Hace unos días, en una Sinagoga de Pittsburgh, otro tiroteo acabó con la vida de ocho personas mientras en México los ojos se fijaban en la caravana de migrantes y en la consulta de Andrés sobre el aeropuerto de la Ciudad de México.

El horror, una condición que anida en los mexicanos desde hace más de una década al grado de aprender a vivir con ella, nos hizo recordar, entre las tinieblas de la memoria, a un suceso igualmente bárbaro: la brutal masacre que cobró la vida de cuarenta y cinco tzotziles, entre ellos niños y mujeres embarazadas –bastante normal entre los más humildes que convierten a sus mujeres en incubadoras permanentes por ignorancia–, quienes oraban en el modesto templo de Chenalhó, en Chiapas, el 22 de diciembre de 1997, hace casi veinte años en las vísperas de la Navidad. La diferencia es que este hecho no tuvo conclusión alguna y se adujo las vendettas interraciales para justificarlo, en principio. No fue así: los cartuchos encontrados en la zona no pudieron ser substraídos por el ejército en su totalidad y algunos miembros de la sociedad civil encontraron algunos… propios de calibres exclusivos del ejército mexicano.

Entonces, sólo entonces, comenzó a mencionarse que todo se debió a una incursión de grupos paramilitares, al servicio de los caciques de la región, bien parapetados por las autoridades, desde el secretario de la Defensa, entonces Enrique Cervantes Aguirre, cuyos nexos con los cárteles más poderosos se evidenció con el tiempo al posibilitar reuniones entre los grandes “capos”, como el “muerto viviente” Amado Carrillo Flores, sinaloense en Ciudad Juárez, y los hermanos Arellano Félix, enseñoreados de la plaza de Tijuana en donde manda, por cierto, Jorge Hank Rhon, heredero del célebre maestro de Santiago Tianguistenco, Carlos Hank González, fallecido en su rancho el 11 de agosto de 2001, cerca de donde nació, y uno de los grandes gurús de nuestra política. ¿Van atando cabos?

El hilo conductor obliga a realizar un repaso sobre la impunidad reinante. Nunca compareció el entonces gobernador de Guerrero, Julio César Ruiz Chávez, ni el mando del ejército mencionado, ni mucho menos el presidente en funciones, ernesto zedillo. Venció, como siempre, la impunidad y, peor aún, se persiguió a quienes dieron notoriedad a la noticia hasta relegarlos y marginarlos a partir de entonces. Una dictadura perfecta, no “casi” como refirió Vargas Llosa cuando todavía se atrevía a llamar a las cosas por su nombre, digamos hasta antes de obtener la ciudadanía española.

El terror siempre se queda y la justicia pasa cuando los polos de la perversidad se atraen sin remedio.