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Piense

Cero cambios

Desde luego, la llegada hace una semana de José Antonio González Anaya, como secretario de Hacienda, en combinación con el anuncio de que José Antonio Meade Kuribreña –Pepe–, buscará la candidatura presidencial priísta, sin ser militante, confirma la cercanía, más ahora que nunca, del expresidente carlos salinas al lado del mandatario federal en funciones. González Anaya, es cuñado de salinas y cerrará el sexenio con las riendas financieras en la mano, incluso para medir los apoyos soterrados al candidato. Círculo cerrado y Meade encerrado en el gallinero. Por supuesto, los escándalos de Pemex no afectarán a quien salió de la dirección de esta empresa para dirigir la economía del país; ahora, Carlos Treviño será quien asome la cara… si quiere.

¿Y los desfalcos a Pemex, convertida en una suerte de caja chica, como la Lotería Nacional, de los favoritos de la clase política? Uno de los últimos conocidos tiene que ver con la refinería estadounidense Deer Park de la que la supuesta paraestatal mexicana, más bien casi privatizada, cuenta con el cincuenta por ciento de las acciones pero éstas no se ven porque no recibe regalías de ningún género. Las utilidades se van hacia el agujero negro de la corrupción, esto es diversos paraísos fiscales a donde llegan, anualmente, dos mil millones de dólares, cada año, provenientes de PMI (Pemex International), obviamente ligada a la nacional, cuyo destino se ignora. Es como una suerte de ahorro para los retiros de quienes han acompañado al peñismo hasta el final y hoy corren, como los caballitos, detrás de la montura de Meade en espera de un milagro guadalupano.

Lunas de miel

Rafael Loret de MOLA

El pasado martes 3 de julio, dos días después de una victoria aplastante y sólo sorprendente para los soberbios tuertos del sistema político mexicano –esos mismos que quieren reconstruir su miserable partido con la sobrina de salinas al frente-, Andrés Manuel, triunfante, pretendió cerrar el círculo –antes que fuera vicioso- con una visita al títere de cuanto él llamó “la mafia del poder”, enrique peña nieto. Se les observó cordiales y corteses lo que supuso una evidencia sobre la posibilidad de una transición, pacífica y ordenada, de la titularidad del Ejecutivo federal.

A partir de entonces hubo de esperarse a los conteos distritales –iniciados al día siguiente- para corroborar la aplastante victoria del tabasqueño, nada menos que con 53.9 de los sufragios emitidos aunque jugara de acuerdo a las viejas reglas; con toda la fuerza institucional, al servicio de la Presidencia y su abanderado sin militancia, el PRI quedó reducido a cenizas con una mínima representación en las Cámaras, algo así como el equivalente a las curules que se le obsequiaban al Partido del Trabajo hace una docena de años, y sin mayor fuerza como oposición. Para muchos, este golpe es definitivo; otros sueñan con la refundación… de las manos de la sobrina de salinas, Claudita Ruiz Massieu -¡ya superó al padre!-, y, sí, Rubén Moreira Valdés con la asesoría de Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa. Pura sangre nueva.

La “luna de miel”, entre el saliente y el entrante, terminó en cuanto el INE, con sus esbirros al servicio del presidencialismo que los enriqueció hasta más allá de la desvergüenza, multó con 195 millones de pesos a MORENA con relación al fideicomiso creado por ésta para auxiliar a los damnificados de septiembre de 1917. Andrés ofreció aportar el 20 por ciento de sus prerrogativas; y enseguida los dirigentes del PRI y el PAN, farsantes abrumadores, salieron a decir que ellos donarían el cien por ciento de sus recursos de campaña. No olvidemos el episodio completo porque los defraudadores fueron quienes mintieron y no aquellos que movieron sus disponibilidades; para los otros partidos, repelidos en las urnas, no hubo la menor mención por sus mentiras recurrentes.

De allí el retraso indebido en la entrega de la constancia de mayoría por la elección presidencial –máxime que el TRIFE alega que sólo se dieron siete impugnaciones cuando antes eran cientos, cuatro de ellas promovidas por el PES, supuesta aliada de Andrés, para tratar de salvar su registro-, y los obstáculos para la asistencia de López Obrador a la Cumbre de Puerto Vallarta, Jalisco.

A cambio de ello, comenzó otra “luna de miel”, nada menos que con el repudiado Trump –a quien no quiere la mayor parte de los mexicanos y más aún lo abomina-, hablando que tanto él como el propio Andrés habían colocado al establishment sin cargas partidistas. ¿En esta acepción entra el muro de la ignominia, que según Donald, el pato, debemos pagar los mexicanos? ¿Y las políticas migratorias que llegaron al extremo abominable de los campos de concentración nazi en donde se separaba a los hijos de las madres?

El futuro mandatario debe cuidar no sólo las formas –comprensible en una etapa de transición-, sino el fondo en el que las afrentas del huésped perentorio de la Casa Blanca lanza y sigue lanzando contra los mexicanos. Nadie votó por perdonarlo sino por recuperar la dignidad perdida.

La carcajada

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

¿Quién se atreve a argumentar en favor de la democracia en México? El modelo ya no sirve ni entre los que se decían a sí mismos sus guardianes: en Estados Unidos, nuestro deleznable vecino, los sufragios generales hubiesen dado la victoria a Hillary Clinton, por más de tres millones de votos, sobre el enloquecido Donald Trump y, sin embargo, éste ganó sin cuestionamientos al sumar las entidades claves, es decir a las que cuentan con un mayor nú- mero de delegados y definen la contienda. El absurdo es tal que ahora parece estar cobrando la factura a los estadounidenses incapaces de frenar la xenofobia, el racismo y la inhumana conducta de “su” presidente en Medio Oriente, lo mismo en Siria que en Jerusalén. Y todavía le falta un mes para cerrar su primer año en la Casa Blanca.

No nos extrañe que México haya retrocedido en el mismo renglón luego de la eufórica primera alternancia en el gobierno federal, protagonizada por un intruso quien ahora se declara abiertamente por José Antonio Meade, el abanderado priísta que no lo es. Lo del célebre “ritual” no fue sino una farsa indigna que exhibe la lacayunería de los militantes de este partido quienes, en una sola jornada, se sumaron eufóricos al “dedazo” y se pusieron a exaltar el nombre del exsecretario de Hacienda só- lo conocido por algo más del 35 por cierto de los mexicanos; esto es el 65 por ciento lo desconoce aún y, pese a ello, quiere ser presidente. Para él sólo contó un voto, el del presidente en funciones en su desesperado intento, que espero será fallido, por cubrirse las espaldas.

Los prejuicios

Rafael Loret de MOLA

loretmola.rafael@yahoo.com

El titular de la marina, almirante Vidal Soberón Sanz, fue contundente al reflejar su sentir y el de sus subordinados: aceptarán a cualquier candidato, sin importarle filiación, que gane la Presidencia y, además, aseguró que estaban preparados ya, desde ahora, para un “cambio de régimen”. Tan poca es su confianza en el refrendo priista ante la lejanía que mantiene el abanderado no militante de este partido quien, al fin y al cabo, se sacó la rifa del tigre… digamos como el tonto útil Francisco Labastida en 2000. Los paralelismos son odiosos pero en ocasiones necesarios. Por ejemplo, a diferencia del pobre Francisco, Meade es inteligente, pero no es político ni puede zafarse de algunos escándalos como la llamada “estafa maestra”, cometida en sus narices. El PRI está en la lona.

Lo saben todos. Aurelio Nuño Mayer, coordinador de la campaña priista y ex secretario de Educación, pasa vergüenzas y no replica cada que sus opositores –Damián Zepeda, del PAN, y Tatiana Clouthier, la hija el icono panista Maquío, convertida en morenista–, le lanzan a la cara, por televisión, que su partido ocupa un lejano tercer lugar en las preferencias electorales tomando encuestas de todo tipo, esto es incluyendo a las ordenadas en Palacio Nacional y a las que, con descaro, acercan a Ricardo Anaya hasta a cuatro puntos de distancia de Andrés, lo que está fuera de proporción.

La realidad es otra y lo saben en los grandes corporativos cuyos accionistas principales han dialogado ya con Andrés en busca de acuerdos de no agresión en la hora de sumar a todos. Para esta misión le sirve, a perfección, uno de sus hombres fuertes, Alfonso Romo, del grupo Monterrey al que tanto persiguió echeverría y luego sirvió de sostén a vicente fox y otros aspirantes, sobre todo al gobierno de Nuevo León, que recibieron el aval de aquellos llamados “riquillos” en la década de los setenta del siglo anterior.

Por cierto, no se trata de una guerra sucia señalar que varios de los principales colaboradores de Andrés tuvieron el sello salinista: Alfonso Durazo Montaño, Manuel Bartlett Díaz, Marcelo Ebrard Causabon, Esteban Moctezuma Barragán –tenía a los hermanos de éste más cerca–, Ricardo Monreal, y antes, el extinto Manuel Camacho Solís, amén de una larga secuela de personajes cuyos antecedentes son condenables… sólo falta que lleguen por allí Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa. Sería redondo.

El caso es que Andrés debe ser más cuidadoso con cuanto dice y explicar algunas posturas que resultan difíciles de digerir para sus simpatizantes y, en general, para todos los electores en potencia; lo digo porque, cada día, escucho a más desertores quienes, de plano, alegan su inclinación por no votar, decepcionados del proceso, de los partidos y de los aspirantes. Se ven por doquier, desde cada instituto político y no sólo alrededor de Andrés quien, insisto, sigue muy arriba en las preferencias digan cuanto digan de él.

Eso sí: no es guerra sucia hablar de hechos consumados y de cooptaciones indignas.

El incendio

Rafael Loret de MOLA

Los conformistas, siempre hastiados de las opiniones y posturas de los demás, abrumados a cada rato cuando se sacuden las paredes de la inercia inútil, alegan que deben dejarse las cosas como están y, por ejemplo, cerrar el ominoso capítulo de Puebla, en donde pretende imponerse a la usurpadora Erica Marha Alonso Hidalgo de Moreno Valle, identificada como las “muchas faldas” del cacique asesorado siempre por Javier Lozano –hoy priísta en el borde la explosión de su pobre burbuja luego del fracaso de Meade y de sus corifeos–, cuya cultura le cabe en una uña, digamos al estilo de Karime Macías, la supuesta prófuga esposa de Javier Duarte, perseguido –como única acción de su podrido gobierno– por el otro gran derrotado, Miguel Ángel Yunes Linares, mucho peor a su enemigo.

Por cierto, y no quiero que esto aparezca como una defensa, la señora Karime dista mucho de vivir con los lujos y excentricidades de los funestos Yunes; la carrera del patriarca, por ejemplo, comenzó cuando se hizo del control de la gubernatura en el sexenio de Patricio Chirinos Calero, entre 1992 y 1998, a quien convirtió, alcoholizándolo y drogándolo –con su consentimiento, claro–, en una piltrafa humana incapaz de raciocinio alguno… para que él, Miguel Ángel, pudiera actuar a sus anchas. Y así comenzó la penetración del narco en la costeña entidad entre otras muchas lindezas.

Es la tónica de Rafael Moreno Valle, panista por conveniencia y heredero de una línea caciquil priista de primera mano. Recuérdese cómo los fox apoyaron a Ricardo Salinas Pliego, en la toma del Cerro del Chiquihuite, cuando se apropiaron, con la guardia personal del magnate de la plata y las remesas –Ricardo, claro–, del canal 40 que era propiedad, precisamente, de la familia Moreno Valle. A cambio de ello se abrió el camino para que Rafael se apoderara, cual si se tratase de un botín, de Puebla y sus nexos. No entiendo cómo los poblanos soportan este yugo, a no ser que sean parte de la abyecta aristocracia del lugar, misma que odiaba al general Ignacio Zaragoza por haber vencido a los perfumados franceses de mierda. Quizá lo hubieran linchado de no ser por la tifoidea y el tifus que lo aniquilaron meses después de su victoria el 5 de mayo de 1862, precisamente en septiembre del mismo año a los 33 años de edad.

Los Moreno Valle son herederos de Maximiliano y de todos los reaccionaros que ofrecieron a México en bandeja a un “príncipe” europeo para que los sacudiera del Benemérito Juárez, a quien odiaban por su sangre indígena; y lo más vergonzoso es que la primer comitiva de apátridas fue encabezada entre otro por José María Almonte, vástago del gran Morelos, el Siervo de la Nación, lo que demuestra que los hijos no son siempre espejo de sus padres ni siguen sus pasos, ni piensan igual, ni luchan hombro con hombro. Duele decirlo.

Puebla debe redimirse. No es posible, dadas las condiciones actuales, que permanezca una usurpadora en el poder cuando la mayor parte de los mexicanos vuelcan su esperanza a favor de una democracia que creemos apenas despunta pese a los intentos, ya ahora, de desviarla hacia los mismos escenarios de antaño. Lo decimos a tiempo, como siempre lo hemos hecho, antes de que la mala energía brote por todos los rincones heridos de nuestra gran nación.

Dos caminos

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Viendo hacia el futuro puede creerse que México tiene ante sí dos caminos: la dependencia total bajo el flagelo de las rectorías de Norteamérica y el perverso Trump; o un cambio sustantivo del “sistema” con la fuerza de una juventud que no tolera la partidocracia, aborrece la corrupción y quieren el rescate de su patria. Así lo percibo cada que dialogo con los universitarios y me dan alientos. Les digo lo amargo de saber sobre la imposibilidad de ver una transformación real del país a corto plazo y más si nos gobiernan los continuistas a quienes sólo asustan los reclamos de la Casa Blanca y los posibles escándalos por sus riquezas mal habidas; pero los temporales pasan y los sinvergüenzas mantienen dominio, territorial y mental, sobre millones de mexicanos agazapados. Y esto me revienta por dentro.

A los jóvenes comento que mi generación y varias de cuantas vienen detrás han fracasado rotundamente; quizá el parteaguas de 1968 nos condujo a la derrota interior y al ostracismo que pende de la impotencia. Creo, sinceramente, en la postración de muchos de quienes fueron protagonistas de aquellos hechos, fueron encarcelados y saben la verdad sobre los crematorios militares ahora ocultos bajo las siete llaves de las mentiras castrenses. No pudieron, de verdad, continuar el camino y ahora, como este columnista, nos agobia el presente por el cual jamás apostamos. ¿Cayó la hegemonía del PRI? ¿Y para qué? De cualquier manera retornaron las mismas mafias luego de doce años de tremenda simulación con una derecha sin capacidad para gobernar y muy propensa a las amoralidades y a los desvaríos, egocéntricos y alcohólicos. Punto cero.

Me temo que ser optimista, en estos tiempos y como tanto hemos repetido, es caer en la demagogia más recalcitrante, la misma que se da cuando se considera ofensivo cuestionar al presidente porque –se alega– con ello se falta al respeto a la sagrada institución, esto es como si la suprema voluntad fuese la cúspide del poder contrariando la tesis democrática del gobierno de todos y para todos; por ello, claro, se confunden los términos mandatario –quien obedece– y mandante –aquel que ordena–, siendo la figura del segundo la acreditación toral de la soberanía popular.

En España, por ejemplo, se insiste en la supremacía de una monarquía sin más sustento que las ceremonias denominadas de representación; aun así, los Borbones –con sangre mexicana más bien como explicamos en El Alma También Enferma–, cobran al año bastante menos que los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de México, el presidente de la República, el de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y, por supuesto, el diligente consejero presidente del Instituto Nacional Electoral. A Felipe VI le entregarán este año estipendios por 234 mil 204 euros –tres millones 900 mil pesos en promedio, variables de acuerdo al tipo de cambio– mientras el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, en México, se lleva más de siete millones de pesos en el mismo plazo aun cuando alegue que trabaja bastante más que la testa coronada. Allá, siquiera, el monarca se redujo el sueldo en más de cincuenta mil euros y aquí hasta el alcalde de la población más depauperada se fija honorarios muy por encima de la realidad.

Juego de Presidencia

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Alguna vez escribí que si la historia no estuviera plagada de episodios en los que los padres matan a sus hijos por el poder y éstos a aquellos, ni de líos de Mata-Haris espías que condensan en la promiscuidad las apetencias de los señores de horca y cuchillo, sería difícil de creer en la cantidad de intrigas, acuerdos soterrados, goles sucios, dobles intereses y lecturas, intenciones inconfesables y ruindades políticas que en el presente modifican perfiles y nos hacen la remontada mucho más difícil. ¿Pasaría algo similar a un tsunami si desapareciera la economía como rectora de la riqueza y retornáramos al honrado trueque para colocar a todos en la justa medianía, sin especulaciones escandalosas?

Quizá uno de los grandes estrategas estadounidenses, sentado en su cómoda y blindada oficina del Pentágono por ejemplo, llegó a la conclusión de que el extinto presidente de Venezuela, Hugo Chávez, era bastante más que un cáncer peligroso con posibilidades de extenderse al resto de las naciones del cono sur. Y le atacaron, duramente, durante largo tiempo si bien él mismo se ponía en el blanco con desplantes, poco serios los más, y actitudes belicosas sólo justificables si el petróleo de su país fuese el único material para proveer de verdadera riqueza.

Como existen otros –incluyendo la redituable especulación–, Chávez se fue quedando solo aunque después recuperó posiciones, no por su terquedad por perpetuarse –uno de los errores más graves por él cometidos–, sino porque la defensa de la soberanía de su país, enfrentado a la nación más poderosa de todos los tiempos, resultó poco menos que ejemplar.

Después Chávez alegó que los estadistas de América Latina –no los mandatarios turbios y acomodaticios–, están siendo víctimas de una suerte de “código negro”, ya no naranja, para inocular cáncer a algunas de las figuras prominentes de Sudamérica, como él, la señora Cristina Fernández, de Argentina, Fernando Lugo, de Paraguay, los brasileños Lula da Silva y Dilma Russef, entre otros. Además de Fidel, el de Cuba, cuya muerte tardía no permitió ver el alcance de la maldición. El hecho es que quien no cree en las casualidades, defecto de este columnista sin remedio, aplica la lógica y suma estadísticas para concluir que en ninguna otra época tantos mandatarios latinoamericanos habían padecido del mismo mal en distintas circunstancias, minados de moro irreversible.

Chávez, naturalmente, culpó a la CIA hasta que el cáncer lo mató el 5 de marzo de 2013. Y volvemos al inicio de esta columna. Si la inteligencia estadounidense no hubiese protagonizado tantas y crueles intrigas, magnicidios y matanzas impunes, no podríamos creer en algo que podría parecer incluso burdo. Pero, por desgracia –y sería muy positivo indagar y aclarar lo correspondiente–, la secuela de hechos infames ha sido tal que cualquier rumor, o una denuncia presidencial aunque viniera de un general ex golpista, llama nuestra atención y obliga a reflexionar hasta que punto lo expuesto por el venezolano ahora extinto pudiera tener visos de credibilidad. En lo personal, la duda acelera mis sospechas. ¿Y las de ustedes, amables lectores?

 

Tregua terminada

Rafael Loret de MOLA

Cada año es lo mismo. Algunos me preguntan por qué me duelen tanto las ausencias y no me aferro a las presencias en estos días de Navidad; suele suceder, en mi caso, que las primeras son más cada año y las segundas suelen regatear sus afectos o concentrarse en otras mesas más espléndidas de las que puedo brindarles. En estos vaivenes de mi profesión nunca sé, a ciencia cierta, si cenaré pavo –ayer no lo hice–, o me acerco, a pasos agigantados, al estatus de los sabrosos nopalitos que llenan de alegría a millones de mexicanos para quienes el calor de la familia es más importante que cualquiera otra cosa.
En política, en cambio, apenas hay tregua. El presidente de la República, acaso siguiendo con más énfasis el estilo echeverriano, no suele dejar un solo día sin intentar ganar las ocho columnas cotidianas incluso al célebre ícono rojo de la Coca-Cola, el entrañable Santa Claus en quien dejé de creer hace tantos años que no me acuerdo. Lo mismo debe sucederle al mandatario cuyas ofertas desfilan, cada veinticuatro horas, por los salones del Palacio Nacional en donde, claro, intenta provocar alguna nota espectacular para acreditar que nadie, a través de tantos años, ha trabajado más. No a los sesenta y cinco años, desde luego.
Se acerca el tiempo de los propósitos para 2019 y López Obrador ha divulgado tantos como si presagiara algún corte de camino indeseable. No es para tanto, creemos. Sin embargo creemos en firme que una presidencia democrática se condolida con la capacidad de la dirigencia para saber rectificar aunque sea de manera tardía; ya lo hizo el mandatario respecto a las prerrogativas económicas de las universidades –en la Ciudad de México y en Hidalgo, cuando menos–, y parece que su esposa le ha puesto a pensar sobre los tiempos perdidos en los aeropuertos –con la inquietud de quienes se lo encuentran en sus vuelos–, y acerca de su seguridad tan expuesta por sus constantes baños de pueblo que son como él mejores a las nutrientes alimentarias –le gustan mucho las hamburguesas McDonalds, como a mí, y también el pavo de monte ya tan escaso pero exquisito–.
Por lo demás las cosas se mantienen iguales. En la Cámara de Diputados hace apenas una semana ocurrió un auténtico zafarrancho al estilo de la era radical de la izquierda tras el descarado fraude electoral de 2006. ¿El motivo? La aprobación forzada de la Ley de Ingresos para 2019 con el enfoque del mayor cinismo conocido: los autores de los gasolinazos, los gremios del PRI y el PAN, se insubordinaron porque exigían bajar los precios de los combustibles que sus gobiernos, específicamente los del alcohólico calderón y el ladrón-asesino peña, instalaron a la par con la reforma energética, ya en los tiempos del segundo citado, como la mayor falacia recordada por este columnista.
Y, mientras, la Suprema Corte de Justicia, desde donde partió la idea de reducir sus estipendios sin señalar fecha ni cuantía, recibió cuatro mil setenta millones de pesos sólo en prestaciones durante el año por terminar a Dios gracias. La misma insolente marranada de otros años con un nuevo gobierno que pretende, con razón, dar una vuelta de tuerca.
Como dice el dicho: en México no pasa nada y todo sigue aparentemente igual.

Pobreza

Rafael Loret de MOLA

Cuando escucho, una y otra vez, al Conan del Norte, Jaime Rodríguez Calderón, que los programas asistenciales reducen la capacidad de producción y fomentan el ocio, me pregunto cuántas veces el hipócrita ha sentado a su mesa a las servidoras domésticas o a sus choferes y guaruras, los caballerangos incluidos, para compartir los alimentos; también si ha recorrido las zonas marginadas, por ejemplo en Oaxaca en donde existen quinientos setenta municipios, algunos de los cuales regidos por el concepto de “usos y costumbres” para evitar alterar la paz comunitaria.

Quien conoce México sabe muy bien que la tremenda desigualdad de clases, corregida y aumentada por el neoliberalismo mal llamado social, obliga a amortiguar los efectos de los posibles estallidos, de los gritos de batalla de los infamados, no es una quimera ni una mera ocurrencia, como la siniestra estupidez de mochar manos a los corruptos cuando no ha sido capaz de amarrarle los pies, como prometió, al fugado Rodrigo Medina de la Cruz, su predecesor a quien sólo detuvo unas horas para luego culpar a los jueces de dejarle las puertas abiertas y deslindarse del asunto. Claro, cómo ha estado solo en el gobierno de Nuevo León, sin diputados de su corriente ni alcaldes de procedencia cercana, le resulta muy sencillo lavarse las manos con la esencia de Poncio Pilatos acaso recogida por las tierras de Israel.

La realidad es que, por encima del factor de la violencia –gravísimo, desde luego–, debe situarse el de la miseria colectiva, donde se encierra buena parte de los mexicanos sin otra salida que la búsqueda diaria de la supervivencia –no hablamos de Venezuela, hipócritamente–, bien disimulada por otro bárbaro, éste del Bajío, vicente el de Martita, quien redujo ceros para aducir que con dos dólares al día de ingresos era suficiente para dejar la pobreza extrema; y de un carpetazo, los marginados pasaron a ser menos en la escala nacional erigiéndose como “rescatista” falsario de la sociedad. ¡Qué grave es cuando los demagogos ignorantes ganan el voto popular a golpe de chascarrillos, apodos, comparaciones y supuestas vivezas!

En 1976, casi al final de su campaña presidencial, lópez portillo gritó en una casa redonda de Salamanca, Guanajuato, a la vista de la chatarra ferroviaria, resultado del maridaje entre el abandono oficial y el saqueo del “líder” Víctor Flores Morales, un auténtico gángster jamás castigado por sus excesos:

–¡Nos habíamos olvidado de los ferrocarriles!

Todos pensamos que tal era un mensaje para rehabilitarlos, pero no fue así. Hoy, todos, en conjunto, podemos señalar a la clase política y lanzarle a la cara un solo grito:

–¡Se han olvidado de la pobreza!

Entonces, sin remedio, bajarían la cara avergonzados. Siquiera eso si un poco de pudor les queda.

En el abismo

Rafael Loret de MOLA

“Se puede gobernar de cualquier manera… menos con miedo”. La sentencia, aguda y certera, la escuché en voz de un gobernador del sureste del país acosado por los barruntos centralistas y las alianzas soterradas; parecía estar en una isla en donde los recursos pasaban de largo con rumbo a Cancún, centro de acopio de las vanidades presidenciales de las décadas de los setenta y ochenta de la centuria anterior. ¡Y se erigió estado a Quintana Roo con la promoción artificial para que hubiera suficientes pobladores para justificar la medida!

Ahora, claro, ya nadie recuerda el antecedente sobre todo por el vigor de los quintanarroenses quienes rompieron las cadenas virreinales asfixiantes cuando cesó la designación desde la capital del país –1975–, e inició su recorrido con sus primeras elecciones regionales que ganó el priísta Jesús Martínez Ross.

Viene a cuento lo anterior porque da la impresión que el presidente peña intenta, sólo eso, en hundir el pie en el acelerador y marchar hacia el abismo. Fue tarde cuando se dio a reorganizar sus propios cuadros y comenzar a atacar los mayores flagelos, el de la violencia en primer lugar y el de las deudas estatales en segundo, como efectos de un largo y ominoso transitar de la derecha por dieciséis años de vida republicana.

Fíjense ustedes: uno de los mayores reproches que pueden hacerse a los ex mandatarios panistas es su timidez hasta para revisar la historia patria despojándola de mitos y antihéroes convertidos en lo contrario por conveniencias circunstanciales. Con ello, además, habrían ganado puntos en su conservadurismo ante los ojos poco doctos de quienes creen en las telenovelas como guías existenciales imperecederas. Pues ni eso hicieron; vaya, no se atrevieron a escudriñar los expedientes de los presuntos crímenes contra algunos de sus principales iconos –el “Maquío” Clouthier, por ejemplo, muerto bajo sospecha de sus propios hijos, con quienes hemos hablado al respecto, y de no pocos de cuantos fueron sus mayores colaboradores, seguros igualmente de que la versión del supuesto “accidente” carreteril es un salida ridícula al mar de fondo–; ¿qué esperar, entonces, sobre los asesinatos de los periodistas bajo la férula de represores del PRI y el PAN a lo largo de más de un cuarto de siglo, coincidente con los respectivos “booms” del narcotráfico?

A cambio de ello, temerosos de ser vistos, a hurtadillas, los panistas en el poder financiaron series de televisión, con motivo del bicentenario de la Independencia si bien poco se movieron con el tema de la Revolución de 1910 acaso por presiones del priísmo en fase de retorno, y películas como “Hidalgo” y “Cristiada” en donde los lugares comunes se convierten en una especie de doctrinario para quienes desconocen los hechos –sobre todo los relacionados con la cruenta guerra de los cristeros, fanatizados por religiosos irresponsables mientras la Santa Sede se desentendía del fenómeno para no mancharse–, y aceptan la catarata de imprecisiones y aterrizajes del libreto absolutamente tendenciosos.

Por ejemplo, se presenta a Calles como “un monstruo” y se ignora, por ejemplo, que fue jefe directo de Manuel Gómez Morín, fundador del PAN, cuando creó el Banco de México y acabó con el caudillaje posrevolucionario, aunque para ello se derramara mucha sangre, como la del general Francisco R. Serrano y sus lugartenientes en la llamada matanza de Huitzilac de la que fue responsable directo el general Claudio Fox. Este apellido, en dos ocasiones, ha resultado devastador para los mexicanos. Los círculos siempre se cierran.

Segundas vueltas

Rafael Loret de MOLA

No me importa que haya sido el PAN; de hecho, la iniciativa tiene el sello del calderonismo cuando fue rechazada por la partidocracia imbuida en el Legislativo junto a la mayor parte de los puntos sustantivos de una pretendida reforma electoral que acaso no convenía al priísmo en cauce de recuperar la Presidencia. Las segundas vueltas electorales han sido el espejo más reluciente de cuantos reflejan el estatus y las verdaderas intenciones de una clase política putrefacta; también el PAN, porque su cálculo es acertado: puede lucirse a sabiendas de que sus adversarios harán lo imposible por detener la propuesta.

La farsa camina pero no por eso debe dejarse a un lado el debate. Veamos lo que aseveran las dirigencias partidistas, en comunión con el presidencialismo asfixiante todavía a pesar de su evidente desprestigio:

1.- Para el PRI y sus corifeos la medida tiene dos aspectos negativos: dicen que no existe tiempo para elaborarlas –cuando entre los comicios presidenciales y la asunción del mandatario existe un insólito espacio de cinco meses y fracción–, ni dinero para costearlas. Eso sí, gastan una barbaridad en la cooptación de votantes quienes acceden a sufragar por el PRI, creyendo que los observan a cada segundo, a cambio de enseres domésticos o limosnas con las que se compran las conciencias.

2.- Para el PRD, y Morena también, el riesgo de las segundas vueltas electorales lo definió, hace años, el próspero Martí Batres con todo y sus tapetes caseros para tapar huecos del suelo: “si vamos a esta instancia la derecha suma y nos rebasa”. Una aseveración muy “democrática” que exhibe no sólo la corta visión de quienes integran a la izquierda sino su convencimiento de que, en cualquier caso, son más quienes los detestan. Por ello, claro, es mejor instalarse en la comodidad del treinta por ciento, suficiente para ganar aunque con ello se da cauce a las trampas como en el Estado de México. Pobre filosofía. Además, nunca calcularon que Andrés rebasara la mitad más uno entre los electores como definen la mayor parte de las encuestas.

3.- El PAN, por su parte, sabe de sobra que las hipótesis anteriores no prosperarán, a menos de que ocurra un movimiento popular sensible, pero la idea les sirve para pintarse de demócratas dada la facilidad con la que son capaces sus líderes de formar alianzas hasta con el mismo diablo si con ello pueden avanzar. ¡Persígnense las beatas de pueblo en forma de puritanas (os) que dicen amar a su país pero viven en Atlanta!

En fin, si de algo vale la voz de un ciudadano común, doy mi voto a favor de las segundas vueltas por una sencilla razón: es la única manera de recuperar el principio democrático fundamental, la voz de las mayorías, al forzar a elegir a quien reúna, cuando menos, la mitad más uno de los sufragios emitidos… aunque no se cuente a los abstencionistas. Con algo debemos empezar.

¡Justicia!

Rafael Loret de MOLA

EN EL CANTO AL OPTIMISMO DEL PRESIDENTE LÓPEZ OBRADOR, FUE NOTORIO QUE SOSLAYÓ HABLAR del narcotráfico como el flagelo mayor que abarca las tres cuartas partes de la violencia en nuestro país, pero sí hizo referencia a la necesidad de ponen un “punto final” para dejar atrás al pasado y comenzar a construir la cuarta transformación a la que muchos nos unimos con entusiasmo. ¡Cómo no hacerlo si clamo por un cambio de sistema desde hace años!

Pese a lo anterior, el punto final no debe caer en los lindes de la impunidad so pretexto de que sería alto el costo económico de la “persecución” –no lo es cuando se trata de encontrar y condenar a los delincuentes como se hizo dos veces con El Chapo bajo el dominio del peñismo tramposo–, y que no habría cárceles suficientes para los siniestros aunque apuntó que debería, en todo caso, comenzarse “por los de arriba”.

Y es que la confianzas hacia las instituciones no puede ganarse si los ladrones y asesinos del pasado inmediato, con basamentos de impunidad, disfrutan de la vida y de sus fortuna mal habidas en la cara de los mexicanos. En cualquier lugar donde se asienten el señor peña y sus secuaces habrá de enrarecerse el ámbito con las miasmas de la corrupción descarada. ¿No hay prisiones? Pues que se construyan sin túneles semi-habilitados por los peores para ridiculizar al gobierno en su conjunto.

Una administración que se declara incapaz de perseguir a la corrupción del pasado porque carece de celdas de seguridad, renuncia a la fuerza del Estado y a la capacidad de gobernar sin miedo y sin ataduras ni acuerdos en la parte oscura de su estructura; y no hay ni habrá jamás forma de corrupción mayor a ésta. México requiere JUSTICIA, no justificaciones..

Pasos en falso

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Los abusos comenzaron demasiado pronto, en este noviembre cargado de lo mismo de siempre, la violencia y la insensibilidad política que conduce, sin remedio, a la corrupción, pero con mayores elementos en contra de la ciudadanía. Por ejemplo, los legisladores, sobre todo quienes rebuznan porque así les salen sus sonidos guturales, se “premian” con bonos diversos, incluyendo una partida para hacerla llegar a los damnificados –la misma demagogia que usaron ya las dirigencias partidistas para insistir en su altruismo de pacotilla con cargo supuestamente a las prerrogativas de campaña–, mientras México se mueve, al fin, bajo la conducción de peña nieto.

Volvimos –si es que alguna vez no fue así–, a la costumbre del “dedazo”, sólo que esta vez bajo la resistencia de los integrantes del Jurásico mexicano en donde los dinosaurios subsisten a costa de devorar todo a su paso, sin dejar ni los restos. El presidente resuelve, muy en petí comité y con un representante institucional del crimen organizado, el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, las candidaturas de “su” partido aun cuando es evidente que se ha reducido el espectro de los “votos duros” –esto es de los incondicionales o de cuantos suman a una causa sus propios intereses personales–, de un 35 por ciento al veinte solamente por efecto de la devastación del peñismo.

Aun así, arrastrando los impulsos negativos de un régimen represor y corrupto en escalas superiores a cuantas habíamos observado en el pasado, el PRI levanta la cara y parece alinearse ya con José Antonio Meade Kuribreña, el secretario de Hacienda.

Peleas perdidas

Rafael Loret de MOLA

DESDE HACE TIEMPO LA TENEMOS PERDIDA Y NO PARECE HABER FÓRMULA PARA RECUPERAR LA SOBERANÍA DESPILFARRADA

No somos ni la sombra de las multinacionales que se expanden, por nuestro territorio a cambio de que nuestros coterráneos son tratados casi como animales apenas cruzan las mojoneras intentando obtener salarios miserables, pero en dólares; remesas enviadas a nuestro país.

Pese a lo anterior, abundan prestanombres que ceden la propiedad de sus compañías en crisis para ponerse a las órdenes de grandes consorcios que nos hincan los dientes por la senda de bancos, minas, telecomunicaciones y petróleo.

Somos rehenes de nuestras riquezas que desatan las ambiciones de los foráneos y limitan la capacidad de producir para México e intereses nacionales.

Ante ello, era de importante sopesar las posturas de los 4 candidatos, a la Presidencia de la República, en cuanto a relaciones bilaterales con el vecino complejo y ambicioso que no repara en ninguna huella conductora a la justicia social, el tema desterrado por razones de macroeconomía, y la equidad entre quienes trabajan y cuantos especulan y obtienen ganancias infames.

Tal es la razón por la cual, en México, las medicinas son las más caras del mundo. Los mexicanos están a expensas de los burdos desencuentros del poder y observan el abandono de hospitales cuando se trata de condenar al régimen precedente de otro partido.

No hay ambulancias, están en mal estado y algunas inservibles como muestra de la negligencia del Estado y la corrupción ingente.

Lo mismo sucede en el campo de las relaciones exteriores: un país enfermo, el nuestro, quedó en manos de negociadores tramposos, dispuestos a vender a su patria en barata a cambio de asegurar la riqueza de sus entornos familiares. La vileza ha sido tal que ahora se permiten condicionar a los aspirantes a la Presidencia para obligarlos a beber entre sus manos.

Manos muertas

Rafael Loret de MOLA

Cuando los clérigos y curas combaten al juarismo, desde el púlpito o a través de maestros religiosos que cuestionan al Benemérito bajo la teoría de que el Tratado MacLane-Ocampo fue un acto de traición y no una estrategia convenida para el final del genocida Maximiliano, el barbado enajenado de Miramar a quienes los traidores conservadores –cuya semilla germinada es azul–, le hicieron creer que el pueblo mexicano los vería con beneplácito y éste sólo lo hubo cuando se escucharon aquellos cánticos de ¡Adiós, Mamá Carlota!

Con un país devastado, sobre todo en cuanto a la falta de brazos y la ausencia de fondos, Juárez no tuvo opción sino la de las Leyes de Reforma en donde, entre otras cosas, expropió los llamados “bienes de manos muertas”, territorios extensos e improductivos en manos del clero que atesoraba gran parte del suelo patrio por “pura devoción” mariana. Ésta, y no otra, significó la satanización del inmenso Indio de Guelatao, que perdura de manera ignominiosa en las aulas de los colegios “privados” –desde legionarios hasta maristas–, y que debiera causar vergüenza a quienes lo señalan porque, con ello, exhiben su falta de humanidad y la ambición ilimitada por lo material. No cuenta el espíritu individual del amor –social– ni la conciencia colectiva.

Así, ahora, en la misma línea conductora, los politicastros que conforman al régimen más corrupto de la historia, juegan con los dineros de manos muertas, aquellos que generan los mexicanos y duermen la larga pesadilla de la corrupción, como si fuesen ahorros de las prominentes familias y herencias para retirarse del mundanal ruido de las necesidades a afrontar cotidianamente y arrinconarse, especulando, con la única misión de exaltar a sus cómplices del gobierno; son quienes conforman el penoso siete por cierto que apoya al régimen peñista, no los burócratas ni el ejército como algunos explican torpemente.

Son esos mismos recursos los que sirven para administrar las campañas proselitistas, ya iniciadas de hecho, pese a la promesa de usar esos fondos –con un tope de 486 millones por partido–, para auxilio de los damnificados por los terremotos de septiembre pasado y la consiguiente reconstrucción de capillas, edificios y viviendas en regiones abandonadas a su suerte: en Jojutla, por ejemplo, un ventarrón derribó, hace unos días, la deficitaria estructura de las aulas “reconstruidas” –ya vimos que no– con materiales baratos y poco resistentes. Claro, ello llevará a volver a empezar con las consiguientes concesiones a los socios del peñismo, el más deplorable de la historia moderna, y cuya estructura resiste, por la inercia presidencial, los escándalos de Odebrecht, Higa, Norman Foster y socio –el yerno de Carlos Slim Helú–, y demás constructoras rebosantes de prestanombres-socios.

No puede negarse que el asco es tremendo y ya va a la par con el rencor. Y sólo los pueblos masoquistas, como lo ha sido México en diversos momentos, pueden arrostrar el ignominioso signo de los dineros muertos en manos de los muy vivos hijos… de la política.

Ni raza ni hispanidad

RAFAEL LORET DE MOLA

 

Mal día para celebrar cualquier nexo con España, a la que tanto cariño le tenía hasta observar cuán equivocado estaba en mi percepción sobre el quijotismo y la fuerza de espíritu en los hispanos de hoy tan cerrados y obtusos, en medio de la batahola llamada Catalunya –en catalán así se escribe y es mi deseo nombrarla en su idioma natural-, y la absurda posición de una monarquía que no parece autocrática salvo cuando el gobierno parlamentario así lo exige.

España está rota desde su columna vertebral hasta las células neuronales; lo está desde los brutales años del franquismo cuando millones estaban aterrorizados ante la grotesca figura de un “caudillo” chaparrito, más cercano a lo chaplinesco que a los grandes personajes de la historia, que mandó durante 36 años y prolongó la agonía de los republicanos quienes, todavía hoy, no ocultan su tremendo rencor y buscan cadáveres en las laderas y en los viejos límites territoriales de cada pueblo ensangrentado. Y el trauma no se superó ni con la muerte de Franco porque fue él quien legó, por capricho y sin ninguna resistencia, una nueva monarquía de Borbones, afrancesados y tremendamente ostentosos como sus egos encendidos por las cortes aduladoras… igual que en México bajo el rufianesco comportamiento de la elite del poder.

En estas condiciones nuestro “día de la Raza”, cuando las antorchas brillan y los tamborileos ensordecen en algunos sitios específicos –para algunos la efeméride debía desaparecer por la mantenida esclavitud, pocas veces disfrazada, de las etnias, salvo en aquellas donde se han convertido en folklor para el turismo, regalando, o casi, sus excelentes productos manuales. ¡Y todavía los amorales los regatean… lo que jamás harían en un almacén de lujo como “el palacio de los palacios” de Alberto Baillères, en donde no hay descuento ni se solicita por estatus!

En Madrid, ya no en toda la península convulsionada con los aires de escisión en el País Vasco, la autonomía que persigue también su soberanía, se da el nombre de “día de la hispanidad” a la conmemoración de hoy. De ser por recuerdo de la colonia y la mal llamada “conquista” que no fue sino una invasión contra las bases indígenas asentadas en el territorio que hoy es México, la esdrújula sin par, entonces las festividades tendrían que ser sangrientas sobre una inmensa piedra de los sacrificios. Quizá como la sorda violencia contra los catalanes, el primero de octubre, hace apenas once días, por parte de la Guardia Civil y la Policía Nacional de España que rompieron lo que quedaba de corazón ibérico a los catalanes. Luego vinieron otras afrentas.

No debiera haber celebración, por tanto, ni en México, donde el término raza parece ser una indigna diferencia entre los criollos, los mestizos y los indígenas; ni en España en donde no fueron capaces de evolucionar, tras la muerte cómoda del dictador en su cama, bien apapachado hasta por el brazo de Santa Teresa guardado al lado del lecho, y mantuvieron la figura absurda de la monarquía parlamentaria con una bifurcación insana que produjo los brotes de rebeldía que hoy huelen a una fragmentación inevitable de una nación sin himno, con pobres identidades y una fractura entre conservadores y liberales que el tiempo no podrá curar.

La historia no pasa

Rafael Loret de MOLA

Apenas se designó a Luis Donaldo Colosio candidato del PRI a la Presidencia en noviembre de 1993, el ex mandatario luis echeverría, desde su heredad de San Jerónimo y ante un apretado grupo de contertulios variopintos –un empresario, un político y un escritor entre otros–, se permitió una reflexión sobre el pasado y el futuro del país:

–La verdadera dimensión de un político –expresó sin requiebros en la voz–, la otorga el ejercicio del poder. Sólo entonces podemos medirlo.

Él mismo confesaba, aunque no fuese esa su intención, las limitantes que debió asimilar durante el largo preámbulo a la nominación esperada. Más todavía cuando quien le señaló pasó a la historia como uno de los personajes más autoritarios de la segunda mitad del siglo XX: gustavo díaz ordaz. Es fama que éste no dejaba ni respirar a sus colaboradores en su presencia y a algunos los trataba francamente mal, desdeñoso y mordaz. Quizá por eso Echeverría agregó sobre el perfil del nuevo abanderado del entonces partido invencible:

–Se parece a mí. Ha sido muy discreto como secretario de Estado. Ya tendrá tiempo para hablar.

¡Y lo decía quien se había caracterizado por su irrefrenable locuacidad! El horizonte, dada esta condición, no resultaba nada halagüeño y no teníamos, al alcance cuando menos, refugio alguno.

De acuerdo al modelo presidencialista, estructurado por la Carta Magna para legitimar y aglutinar la representación del Estado y el ejercicio del gobierno en una sola voluntad, son escasas las salidas de la sociedad ante los excesos de quien desempeña la titularidad del Ejecutivo. No hay recursos jurídicos válidos, aunque técnicamente existan, ante la constancia de impunidad que delinea el cauce del sistema político mexicano. De esta forma, las querellas contra los mandatarios, lo mismo ayer y hoy, no dejan de ser pasajes anecdóticos anclados en la ironía popular. Hay mofa, no justicia aun cuando la descalificación colectiva sentencie a los predadores.

Pongamos ejemplos. Al propio echeverría, señalado como genocida por su intervención en la matanza de Tlatelolco, se le procesó sin alcanzar castigo por razones de edad y consideraciones políticas que determinaron el uso electoral del caso –en vísperas de los comicios de 2006– para luego zanjarlo sin el menor rubor. Esto es: se aprovechó el escándalo para escarnecer a los herederos del priísmo presidencialista y después se bajaron las cortinas con el propósito de no interrumpir la continuidad sustentada con el aval de los viejos aliados del establishment perfectamente reacomodados después de la primera alternancia.

También josé lópez portillo fue denunciado, por peculado, bajo el alegato de haber hecho uso incorrecto de los empréstitos signados bajo su mandato puesto que no había constancia alguna de haber sido destinados a “causas de utilidad pública” como reza el ordenamiento superior. El maestro Ignacio Burgoa Orihuela, cuya presencia se añora, instrumentó la querella, armada sin el menor resquicio visceral y con apego a derecho del que fue él uno de sus mayores especialistas, sin que se le diera continuidad a la misma. El presidencialismo, sencillamente, obró para desdeñar el asunto y archivarlo sin la menor intención de proceder legalmente. Primero la consigna; después la ley y quienes están destinados, supuestamente, a aplicarla.

El odio

Rafael Loret de MOLA

Me dicen algunos, acaso con afinada cursilería congruente con la debilidad de espíritu, que no debo hablar de odio para calificar a los personajes amorales que han devastado a la República; casi alegan un tono subversivo en quienes señalan a los malversadores, asesinos de cuello blanco, cómplices con los bolsillos llenos y una gama de corruptos de todos los géneros y encaramados en las ramas podridas del gran y resistente árbol de la patria que no se renueva, porque nos es entrañable, pero sí puede transformarse para limpiar de rastrojos muertos el entorno.

Pregunté cuál era la mujer más odiada del país y la respuesta de los amigos y seguidores del Facebook no dejó lugar a dudas aunque, como ya dije, me sorprendió, porque de acuerdo a mi criterio nadie es más perversa y repelente que la “novia de Chucky”, la inefable Elba Esther de Comitán. Pese a ello, el primer sitio correspondió a Rosario Robles Berlanga, la izquierdista traidora, titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano –es decir, de todo–, desde el 27 de agosto de 2015, tres años ya, antes al frente de la de Desarrollo Social desde donde ideó el “método Robles” que se convertiría en la “estafa maestra” del sexenio.

Y, en segundo sitio, el nombre de Angélica Rivera Hurtado, llamada “La Gaviota” en “Destilando Amor” y sobrina del ex presidente miguel de la madrid hurtado –quien lo dude puede dejar de seguirme al negarme toda credibilidad–, surgió con fuerza, no muy atrás de Rosario, acaso por los efectos de la pomposa casa blanca de las Lomas y sus estridencias al vestir y despilfarrar con un dinero que, supuestamente, le entregó Televisa como “indemnización”. De carcajada, igual que los 300 millones que dice la Gordillo recibió como herencia de su madre, una maestra rural de Chiapas.

Les siguieron Marta Sahagún Jiménez, ahora multimillonaria como reina del autotransporte a través de sus vástagos corruptos, y Margarita Zavala Gómez del Campo, llamada “la calderona”, monarca de la manipulación y la ligereza política como compensación por no revelar los abusos de su marido, “jelipe”. Sí, son las más odiadas, así sin eufemismos. Pero hay quienes quieren evitar la palabra “odio”, y acaso prohibirla como se hizo en el caso del movimiento LGTTT y algunos señalamientos semánticos ofensivos, porque es menester no agitar las aguas en momentos coyunturales como el actual.

Se equivocan. Cuando llegan las transformaciones vitales, y si son serias, la ruptura es inevitable y, para ello, la hoguera del rencor debe quemar, en leña negra, los nombres de quienes nos afrentaron y llevar a éstos, descastados y venales, a la cárcel. De otra manera, seguiremos la ruta de la “constitucionalidad” con la que Muñoz Ledo y Martí Batres justificaron su alterada entrada al Palacio Nacional el 3 de septiembre para asistir a un acto precisamente ilegítimo por inconstitucional.

Abramos el debate; no le temo a Muñoz Ledo en este contrapunto porque conozco sus puntos débiles y varias veces nos hemos cruzado. Lo respeto, sí, desde que se le veía como un joven altanero en la Decretaría del Trabajo bajo el mandato de echeverría. Y es que su sabiduría es proporcionalmente igual a su soberbia.

El peor mal

Rafael Loret de MOLA

El problema reventó por todo las entidades del país. Sencillamente, el sector salud se anquilosó, reducido su presupuesto al límite y abandonadas no pocas de las instalaciones “modernas” inauguradas con bombo y platillo por los demagogos que nos gobiernan de manera alevosa y sin el menor sentido social. De hecho, ni siquiera se tocan el corazón cuando dejan morir a decenas de niños, como sucedió en Comitán hace una década, si con ello subrayan su animadversión al sucesor.

Respecto a lo anterior, así actuó, y tengo todos los elementos para afirmarlo en mis manos, el sátrapa Pablo Salazar Mendiguchía, quien ahora, bajo los pantalones de Andrés, es pretenso aspirante a formar el equipo del futuro, sin siquiera dar la cara a sus coterráneos saqueados mil veces, y fomenta las sectas antinacionalistas. Estos sujetos, arraigados al presupuesto con frenesí insultante, aunque el icono de la izquierda los exalta por ser políticos “profesionales”, piensan sólo en ellos y no se perturban ni con el dolor más profundo.

Otro caso es el de la ladrona yucateca Ivonne Ortega Pacheco, sobrina del cacique que debe estarse quemando en Xibalbá, el inframundo de los mayas, quien abandonó a su suerte, por pura vendetta partidista, los hospitales de Mérida, Ticul y Tekax, construidos por su antecesor, el panista Patricio Patrón Laviada –quien tuvo otros pecados pero no el de hacer política con la sangre y la muerte–, hasta dejarlos en estado inservible; hace poco más de dos años, el propio Patrón Laviada realizó una marcha, solo –los panistas ni siquiera quisieron darse por enterados–, desde la capital yucateca hacia el sur de la entidad, de varios cientos de kilómetros, para protestar por la infamia.

Hace unos días, conversé con un joven brillante, Carlos Manzo, quien labora en el sector salud de Michoacán, o mejor dicho en la selva de Silvano Aureoles Conejo –¡no lo vayan a cazar!–, y me reveló el brutal abandono de quienes apostaron por el “seguro popular” inventado por felipe calderón: los asegurados saturaron los hospitales civiles particulares, por ejemplo el de Guadalajara, al que se le deben miles de millones de pesos, y éstos ya no admiten a los enfermos salvo si se paga parte de la deuda lo que ya no es posible por falta de fondos.

Lo peor viene de otra revelación que llegó a este columnista: buena parte de las participaciones federales, en materia de infraestructura y, sobre todo, de salud pública –sea a través del IMSS, del ISSSTE o del Seguro Popular–, pasan por la aduana de los grandes sicarios del narcotráfico, quienes disponen de buena parte de las mismas, y a veces de la totalidad, untando las manos de las autoridades con la ambición maldita que golpea a los enfermos y a los marginados.

Esta es la peor historia del México contemporáneo; más grave aún que la crecida de la violencia o la pretensión de asegurar el continuismo. Una vez más elevo mi voz: ¡MUERA EL MAL GOBIERNO!

Daños mayores

Rafael Loret de MOLA

Con la efeméride de la expropiación del petróleo, misma que cambió, en definitiva, el destino económico y político del país –el social no porque, por desgracia, el oro negro, mal administrado, no alcanza para iniciar con él siquiera la fallida “cruzada por el hambre” anunciada por el presidente enrique peña nieto como una panacea–, surge en paralelo la esfinge del general Lázaro Cárdenas del Río, sin exclusivas partidistas como pretendieron los dirigentes priístas durante varias décadas. Y pocos sabían que el ilustre personaje, precisamente, rechazó su credencial como priísta –la número dos, después de la del entonces presidente Manuel Ávila Camacho– porque consideró innecesario el cambio de siglas sin una verdadera reestructuración de estatutos que asumieran una tendencia vanguardista, con objetivo visionario como él era.

Pasamos la celebración con los hilos cambiados. Hay una división seria –no profunda porque suelen los priístas no ser demasiado audaces cuanto se enfrentan al poder presidencial, únicamente cuando quien ocupa Los Pinos es de su misma filiación–, dentro de algunos de los actores principales del partido en el poder, precisamente por la desazón causada por el anuncio de una modificación estructural que tienda, precisamente, hacia la derecha como si la segunda alternancia hubiera estado profundamente contaminada o condicionada a otra clase de intereses reñidos con el patrimonio nacional. Y así lo perciben no pocos mexicanos conocedores de nuestra epopeya histórica.

Lo que más me disgusta, en esta hora incierta, es observar a quienes ahora defienden la propiedad de la riqueza energética de México que es, claro, de los mexicanos desde 1938. Un cuarto de siglo nos separa aún del centenario, pero hoy recordamos que hace setenta y siete años desterramos a las compañías inglesas que habían forzado las cosas para explotar sin remedio a los petroleros mexicanos; como ahora siguen siéndolo los mineros y otros grupos a quienes las injusticias y los tratos inhumanos parecen haberlos detenido en el lejano principio de la centuria anterior. Una vergüenza para una nación dotada de tantos recursos naturales al punto de que Adolf Hitler, dispuesto a apoderarse del mundo, puso su mirada en nuestro territorio y pronunció una sentencia terrible:

–México sería la mayor potencia del mundo… si la gobernáramos los alemanes.

Fue una bofetada contra nuestro nacionalismo que supo a poco bajo los estruendos de la Segunda Guerra Mundial y la tardía participación del mexicano Escuadrón 201 con el que sumamos las pobres fuerzas militares de nuestro país a una contienda con tintes de Apocalipsis; sin embargo, nuestro petróleo se revaloró y pudimos, todos, salir delante de la precariedad que sembró en el “primer mundo” aquella conflagración mundial. La pregunta es: ¿por qué, entonces, nos quedamos rezagados? Y la respuesta única es a causa de la corrupción infinita que degrada a los hombres públicos y también a quienes la toleran. En buena medida, la amnesia colectiva nos coloca en este nivel por desgracia.

Por ejemplo, hace tres años el presidente peña anunció en Londres, a bombo y platillos, su disposición para ofertar, regalar, los recursos de nuestro subsuelo dada la baja en el valor del petróleo, de la mezcla mexicana del crudo. La reforma respectiva no fue suficiente porque los interesados no previeron la caída y se amontonaron pidiendo los contratos ofrecidos; apenas ahora se nos habla de que “los primeros acuerdos” se darán en junio acaso después de cerrarse los mismos en Gran Bretaña a la sombra del glamour. Otra vez, retornó peña de un periplo internacional con saldos rojos, muy lejanos a las expectativas originales. Como mandatario, en la perspectiva diplomática, es todo un perdedor aunque se sienta aristócrata.

Nadie ganó

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@hotmail.com

Con el ritual de la semana pasada –en un solo día el aspirante a la Presidencia, que no es militante del PRI pero “simpatiza” con este partido por ser “la mejor opción”, renunció a Hacienda, recibió el beneplácito presidencial, acudió a las sedes de los tres sectores del PRI con toda la vieja guardia reunida y entregó la carta de adherencia para ser reconocido como candidato en su momento, callando a todos los demás–, José Antonio Meade Kuribreña podría haber protagonizado su última jornada como empeñoso burócrata de altura: jamás ha sido electo para nada y ahora aspira a la Primera Magistratura con el aval del mandatario peor evaluado de la historia.

También, como fue evidente, en esas primeras veinticuatro horas no hizo sino reiterar su afecto y admiración por peña, acaso porque a partir de ese momento debió comenzarse a cortar el cordón umbilical para tratar de lograr lo que, en este momento, se antoja imposible: separarse de su progenitor político e incluso disociar su figura de la del PRI, como ya han hecho otros aspirantes, como el electo alcalde de Saltillo en una entidad afrentada por otro de los burdos fraudes electorales de la historia moderna, y sin que la dirigencia nacional del PAN, ocupada en los menesteres de la unción de un solo candidato con el PRD y el MC como corderitos, hiciera mayor ruido ante la afrenta. Cada quien lleva agua sólo a su molino.

Casi, de manera automática, las encuestas inducidas plantearon que Meade, en un solo día había subido como la espuma incluso colocándose por encima de los aspirantes del Frente Ciudadano, por separado.

El rechazo

(AP Photo/Juan Karita)
Rafael Loret de MOLA

La encuesta es seria y contunde. De acuerdo a una encuesta dirigida por Berumen y Grupo Cantón, el 81.1 por ciento de los mexicanos reprueba a la administración de peña nieto, lo que no es novedad –nuestros sondeos, desde la Fundación que presido, nos dan un factor un poco más elevado lo que ya es decir–, salvo si consideramos un factor digno de tomarse en cuenta: quienes no avalan la gestión del mandatario, entre ellos millones que fueron sus votantes deslumbrados por su perfil personal, que no político, insisten en una circunstancia muy grave: el personaje NO tiene el control del país, con la inseguridad y la corrupción llevados de las manos.

La cuestión es, entonces, quién dirige a la nación –el término mandar no puede aplicarse cuando la soberanía popular, de acuerdo a la norma superior, recala en el pueblo aunque éste no la use ni tenga métodos accesibles para imponerla a los malos gobernantes, sea el federal o los estatales con cúspides de inmoralidad jamás alcanzadas, si las bandas de narcotraficantes infiltradas en la estructura gubernamental a través de secretarios de Estado, diputados y senadores, amén de no pocos gobernadores –alguna excepción habrá y cuando la encuentre también la difundiré–, que vendieron sus respectivas almas al demonio engendrado por los viciosos y sus capos.

De hecho lo dije en Tamaulipas, concretamente en Matamoros –la urbe por ahora semitranquila, según me dijeron mis colegas de allá, a comparación de Reynosa, en donde también estuve, Río Bravo y Nuevo Laredo–, y alguno de los oyentes salieron como si les hubiera dado salpullido: no creo que en esta entidad, como en otras, digamos Sinaloa y Michoacán, vistas ya como narco-estados que carcomen la conciencia nacional, puedan alcanzarse puestos públicos, desde las gubernaturas hasta los últimos regidores, sin la anuencia de los capos en funciones, aquellos que mantienen los controles en ausencia de autoridades con capacidad de réplica. De no existir los tratos del mal, como ha ocurrido, firmarían sus sentencias de muerte. Y esto lo sabe, el primero, el impopular señor peña ya sin legitimidad política ante el rechazo de ocho de diez mexicanos.

Lo que es excepcional es ese 19 por ciento que aún cree en él y considera que el golpeteo de los medios es el origen de los males engendrados durante su sexenio: esto es, las matanzas en Tlatlaya, Tanhuato, Apatzingán y otras poblaciones en donde se han disimulado los alcances, además de la “desaparición” de los normalistas de Ayotzinapa y la corrupción ingente que ha dado lugar a escándalos tan sonorosas como el de la pajera blanca de la “gaviota”, las propiedades que casi donaron las constructoras, HIGA en primer lugar, a rufianes como el “aprendiz” Luis Videgaray o el oficioso hidalguense, Miguel Ángel Osorio Chong, quien debería poner su tienda como los trabajadores chinos que ya inundan las tierras de fox allá por San Francisco del Rincón, en el Guanajuato profundo.

Y hay tanto más, como la sobrecogedora y maliciosa administración de los recursos enviados por distintos estadistas, desde Putin a Francisco, con diferentes cantidades que reflejan a unos y otros, para la reconstrucción del devastado centro del país incluyendo a la Ciudad de México –en donde las constructoras no son motivo de investigación alguna–, que explican per se la ominosa caída de peña nieto ante la mirada de sus gobernados.

Aun cuando le falten catorce meses para el finiquito institucional –estabilizado el cáncer que le corroe–, con un poco de dignidad el mexiquense debiera retirarse del poder antes del aplastamiento inevitable de su partido en 2018.

Catástrofes

Rafael Loret de MOLA

Presumiéndose que los constantes simulacros nos hacen más fuertes potencialmente. Pero, ¿es así?

Ni quien se ocupe de fincar responsabilidades. ¿Hubo seguimientos judiciales, contra los constructores ladrones que escatimaron en materiales sólidos en los edificios colapsados en el centro y otras colonias de la ciudad? ¿Al arquitecto que diseñó el conjunto habitacional de Tlatelolco, Mario Pani Darqui, donde cayeron 12 edificios y 4 más debieron reducir su altura, o al entonces presidente miguel de la Madrid, cuya tardía reacción permitió que la asfixia se llevara a quienes quedaron sepultados bajo escombros? Medroso, esperó hasta conocer las dimensiones de la mayor tragedia urbana de nuestra historia, con él, en su habitación de Los Pinos. La impunidad a favor de estos sujetos es la más indignante de cuantas se recuerden.

Sostengo, que es irresponsable, atávico, ilógico, dotar de materiales similares con los que construyeron sus casuchas los infelices damnificados; tarde o temprano volverán a pasar por la amargura de perderlo todo, incluso a sus familias, bajo el riesgo de rehabilitar sus existencias en las zonas derruidas, una y otra y otra vez. Por ejemplo, hablando de los huracanes, ¿cuánto se habría ahorrado si en lugar de levantar postes de luz y teléfonos en los mismos sitios, se excavara para protegerlos? ¿Por qué no hacer un esfuerzo para evitar que los mismos cauces de los ríos se lleven las vidas humanas como si se tratara de rastrojos inservibles?

Y de los socavones y la permanencia del corrupto asesino Gerardo Ruiz Esparza en la SCT, mejor ni hablamos; cuando menos, despreciémosle cuando lo veamos. Ya llegará su hora, esperemos, en el ya cercano diciembre.

Mordeduras

Rafael Loret de MOLA

No hay una sola banda criminal en el país, sea de narcotraficantes o secuestradores sobre todo, en donde no aparezcan uno o varios elementos ex militares o incluso personal en activo del ejército, cuestión que se guardan muy bien en no difundir los voceros castrenses para ahorrarse explicaciones y mantener la verborrea sobre las supuestas agresiones críticas a las Fuerzas Armadas. Los hechos son incontrovertibles.

Por supuesto, el general secretario, Salvador Cienfuegos Zepeda, se aferra a sostenerse haciendo la vista gorda mientras el secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, sigue sin tener el control de las dependencias con poder de fuego. Peligrosa situación, insisto, tomando en cuenta las campañas en pos de la Presidencia en un escenario totalmente desfavorable para el PRI y sus altos militantes.

No sugiero, afirmo que en caso de una controversia poselectoral, esto es por la resistencia de los personajes del sistema que teman ser perseguidos a posteriori en caso de una victoria opositora, sobre todo de la izquierda icónica, Cienfuegos y peña podrían estar dispuesto a utilizar su posición de mando de facto sobre la soldadesca para extender el caos por el país, acaso la misma intención que ocultan los operadores de la Casa Blanca y el mismo Donald Trump quien bien sabe que no es necesario disparar un solo tiro para hollar nuestro territorio. Por lo pronto, militariza la frontera.

El dilema está planteado ante la evidente crecida de la violencia en las entidades en donde ya se habían generado emergencias, digamos como Chihuahua con un gobernador, Javier Corral Jurado, quien ya se declaró insolvente para atajar el desafío pasándole la pelota al gobierno federal obviamente infiltrado como lo está igualmente el del estado gigante. Pero los hechos no admiten divagaciones de ningún género ante la situación caótica que, casualmente, vuelve a estar a lo largo de la frontera norte –Tamaulipas, Coahuila, Sonora y Baja California además de la citada Chihuahua–, como si fuera espejo de las intenciones de Trump, el anaranjado, con o sin muro de la ignominia de por medio.

Téngase en cuenta que lo mejor para el establishment, en Washington, es observar a México como un estado fallido para hincarle el diente; y, por desgracia, la pésima administración federal actual le facilita las mordeduras.

Evasores intocables

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Atrapados en las cataratas de los impuestos, exagerados en todos los rubros como si fuéramos un país generador de riqueza colectiva, poco reparamos en un hecho incontrovertible; quienes tienen más son los que deben cantidades desorbitantes al fisco… y nosotros, quienes trabajamos y estamos al día, los financiamos bajo el sambenito de la creación de empleos. Todo ello en un clima enrarecido y cada vez de mayor violencia. El sitio a Cancún, la semana anterior, así lo demuestra.

Dentro de los multimillonarios evasores, cínico por lo demás, están quienes más poder económico poseen e incluso el primero comienza a ser promovido en las redes sociales como posible aspirante independiente a la presidencia por su talante para hacer frente, de igual a igual, al “pato” Donald Trump investido, según repiten sin cesar los estadounidenses quienes se creen superiores, en “líder del mundo libre”, esto es de su territorio y sus satélites.

Veamos:

1.- Las empresas y consorcios de Carlos Slim Helú deben 70 mil 659 millones de pesos; de ellos, el Grupo Carso adeuda 4 mil 141 millones de pesos y América Móvil 20 mil 540 millones de pesos. Por supuesto Telmex goza del privilegio de la exención, 15 mil 417 mdp y Telecom 23 mil 284 mdp.

2.- CEMEX, cuyo accionista principal es Lorenzo Zambrano y antiguo productor de cemento, debe al fisco 38 mil 443 millones de pesos.

3.- El deplorable Grupo México, del criminal Germán Larrea Mota Velasco, no ha pagado 11 mil 133 mdp.

4.- El grupo Modelo, encabezado por Mauricio Leyva, elude la tributación por 8 mil 222 pesos y no existe la menor intención de cubrir el adeudo.

5.- La filial de Coca-Cola (Femsa), propiedad de la viuda de Garza Lagüera, no ha pagado dos mil 205 mdp.

6.- Bachoco, la de los huevos sin huevos, propiedad de la miserable familia Bours, de la que forma parte Eduardo Bours Castelo, el ex gobernador de Sonora responsable en paralelo, codo con codo con Margarita la postulante Calderona, adeuda mil 868 mdp.

7.- Televisa, el emporio de Azcárraga –ya van tres generaciones inamovibles–, debe dos mil 284 millones de pesos.

8.- TV Azteca, y el socio principal de la misma Ricardo Salinas Pliego, tiene un agujero fiscal de 254 mdp pero sumados a la deuda de Elektra hacen un total de 3 mil 365 mdp.

9.- Industria Peñoles y Grupo Palacio de Hierro, de Alberto Baillères González, tienen un rezago de 6 mil 124 millones de pesos… además de lo que puede valer la medalla Belisario Domínguez supuestamente instituida para exaltar la libertad de expresión y que el senador panista Javier Lozano aplaudió a rabiar perdiendo su propia dignidad. Baillères calla, más bien, para no hacerse notar.

10.- Grupo ICA, de Bernardo Quintana Isaac, concesionaria para la construcción de carreteras durante la época salinista y de nuevas obras bajo la férula de calderón, debe 2 mil 351 mdp.

 

 

¡Qué aburrido!

Rafael Loret de MOLA

Pocas veces, por no decir ninguna, en mi ya larga carrera como periodista –no sé si soy el patriarca pero, en todo caso, estoy muy cerca aunque no me siento viejo a mis 65 años–, había observado, alrededor del juego sucesorio, tanta frialdad y tanto desinterés. Hasta hace muy poco, incluso seis años atrás, los momios y las apuestas corrían como si se tratara de galgos en pos de la liebre con la intención, la de muchos burócratas con ganas de ascender o de otros con pretensiones de hacer carrera política, de colocarse en el equipo del favorecido “destapado”.

Ahora todo parece muy distante y además, en cuanto a la candidatura priísta a la Presidencia, el actual mandatario federal difundió que en su partido debía seguir el viejo ritual político, esto es, la designación por “dedazo”; fue tal el alboroto desatado por este señalamiento que dio lugar a dos reacciones inmediatas:

1.- El acomodaticio Emilio Gamboa, señaló que el señor peña nieto también viaja en helicópteros para cubrir compromisos personales de tal trascendencia como jugar al golf en compañía de empresarios- cómplices. Lo mismo hace el tal Gamboa, pero decidió contratacar para cubrirse.

2.- El pobre “iraquí”, Enrique Ochoa Reza, dirigente nacional del PRI gracias a la chistera presidencial, aseguró que la nominación se daría por el voto de los convencionistas, todos ellos militantes y no simpatizantes y dejó hablar a César Camacho, para asegurar que el “dedazo” pertenecía a la prehistoria política a la que el mismo interlocutor, Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, entre otros, pertenece en grado de velociraptor.

Si la historia…

Rafael Loret de MOLA

Alguna vez escribí que si la historia no estuviera plagada de episodios en los que los padres matan a sus hijos por el poder y éstos a aquellos, ni de líos de Mata-Haris espías que condensan en la promiscuidad las apetencias de los señores de horca y cuchillo, sería difícil de creer en la cantidad de intrigas, acuerdos soterrados, goles sucios, dobles intereses y lecturas, intenciones inconfesables y ruindades políticas que en el presente modifican perfiles y nos hacen la remontada mucho más difícil. ¿Pasaría algo similar a un tsunami si desapareciera la economía como rectora de la riqueza y retornáramos al honrado trueque para colocar a todos en la justa medianía, sin especulaciones escandalosas?

Quizá uno de los grandes estrategas estadounidenses, sentado en su cómoda y blindada oficina del Pentágono por ejemplo, llegó a la conclusión de que el extinto presidente de Venezuela, Hugo Chávez, era bastante más que un cáncer peligroso con posibilidades de extenderse al resto de las naciones del cono sur. Y le atacaron, duramente, durante largo tiempo si bien él mismo se ponía en el blanco con desplantes, poco serios los más, y actitudes belicosas sólo justificables si el petróleo de su país fuese el único material para proveer de verdadera riqueza. Como existen otros –incluyendo la redituable especulación–, Chávez se fue quedando solo aunque después recuperó posiciones, no por su terquedad por perpetuarse –uno de los errores más graves por él cometidos–, sino porque la defensa de la soberanía de su país, enfrentado a la nación más poderosa de todos los tiempos, resultó poco menos que ejemplar.

Después Chávez alegó que los estadistas de América Latina –no los mandatarios turbios y acomodaticios–, están siendo víctimas de una suerte de “código negro”, ya no naranja, para inocular cáncer a algunas de las figuras prominentes de Sudamérica, como él, la señora Cristina Fernández, de Argentina, Fernando Lugo, de Paraguay, los brasileños Lula da Silva y Dilma Russef, entre otros. Además de Fidel, el de Cuba, cuya muerte tardía no permitió ver el alcance de la maldición. El hecho es que quien no cree en las casualidades, defecto de este columnista sin remedio, aplica la lógica y suma estadísticas para concluir que en ninguna otra época tantos mandatarios latinoamericanos habían padecido del mismo mal en distintas circunstancias, minados de moro irreversible.

Chávez, naturalmente, culpó a la CIA hasta que el cáncer lo mató el 5 de marzo de 2013. Y volvemos al inicio de esta columna. Si la inteligencia estadounidense no hubiese protagonizado tantas y crueles intrigas, magnicidios y matanzas impunes, no podríamos creer en algo que podría parecer incluso burdo. Pero, por desgracia –y sería muy positivo indagar y aclarar lo correspondiente–, la secuela de hechos infames ha sido tal que cualquier rumor, o una denuncia presidencial aunque viniera de un general ex golpista, llama nuestra atención y obliga a reflexionar hasta qué punto lo expuesto por el venezolano ahora extinto pudiera tener visos de credibilidad. En lo personal, la duda acelera mis sospechas. ¿Y las de ustedes, amables lectores?

Un mes que asusta

Rafael Loret de MOLA

Septiembre es un mes que asusta. Y así hemos seguido. El año anterior, once minutos antes de la medianoche del jueves 7, el fuerte temblor, en realidad un terremoto, de 8.4 grados en la escala Ritcher, no causó daños mayores ni la devastación que se vivió en 1985 con un sismo de menos graduación. ¿Fue un milagro? Los técnicos no creen en ellos y asumen dos razones: Que el epicentro, setecientos kilómetros alejado de la capital por las costas de Chiapas, no fue tan cerca como el de hace treinta y dos años, situado en Oaxaca a cuatrocientos kilómetros.

Luego vendría el sismo del 19 y, entonces sí, se midieron los brutales alcances, sobre todo en Oaxaca, Chiapas, Puebla y Guerrero. Pese a ello, a la capital le fue bien aunque, como en 1985, no se cuantificó el número de muertos –se habló superficialmente de 148-. pero sí los edificios colapsados con una diferencia sustantiva, pese al drama brutal de la escuela Enrique Rébsamen, donde murieron sepultados cerca de 40 niños junto a algunos de sus maestros. La diferencia es que ni siquiera hubo responsables de erigir edificios con materiales de mala calidad, sobre todo en el caso del colegio al que está ligado el cardenal en retiro Norberto Rivera Carrera, y sin las especificaciones mínimas para evitar derrumbes.

El caso es que el susto fue mayor a las consecuencias mientras es esas mismas fechas, por Veracruz, comenzaba a pegar con fuerza Katia en medio de la tragedia de su mal gobierno.

En el calendario las fechas coincidieron respecto al horror de hace treinta y dos años; en la conciencia colectiva, en cambio, se ahondaron los rencores por cuanto la negligencia oficial en las zonas de desastre –desde Chiapas y Oaxaca hasta Veracruz–, y los politiqueros aprovecharon para sacar el rostro prohibiendo las clases en once entidades del país. ¡Qué bien le vino a Aurelio Nuño, quien se fue luego de campaña y está al pie de enriquecerse más de la mano de sus cómplices, el sacudimiento telúrico! Y a Peña también, mucho más que su deplorable y oscuro Informe, cuando salió ante las cámaras para aparentar preocupación ante el drama que no se dio salvo en Chiapas, Oaxaca y Tabasco en donde la cuenta de muertos llegó a dieciséis sumadas las tres entidades.

Bien sabemos, todos, del terremoto interior que llevamos incrustado al no haber sido capaces, todavía, de superar los temblores de los descastados y rufianes que nos gobiernan.

Amanecer

Rafael Loret de MOLA

Sino del optimismo que divulgaron sus discursos y de la fe de un pueblo ¡Qué paquete tienes presidente lópez obrador! ¡Ser digno de una gran nación y no fallarle! La voz de la crítica te seguirá como contrapeso. Acéptala con la humildad con la que abrazaste a todos. Por méxico y su futuro, no des tregua al corrupto y sacúdete de la maraña de personajes turbios. Comparto la emoción de millones de mexicanos; y la preocupación de quienes dudan.

No es que todo vaya a cambiar de la noche a la mañana; es que, entre millones de sufragantes, surgió la fe de un pueblo en el futuro, sabedor que logramos derrumbar la ignominia del sistema putrefacto, corroído hasta los huesos. Sólo una noticia nos asfixia: Puebla, colocada en el maniqueísmo entre el bien, y el mal. Los números suben y bajan en la ciudad de los ángeles y esperemos que, lleguen al Tribunal Electoral para decapitar al cacicazgo perverso de los Moreno Valle. No se merecen los poblanos un fraude entre un mar de optimismo.

México ganó una oportunidad. Y la vamos a aprovechar. Ningún retroceso, ninguna ambigüedad, no más felonías ni corruptelas familiares, ni entregas lacerantes al extranjero. Sí, Andrés será el mandatario más presionado de todos los tiempos… y acaso el de mayor poder en décadas. Por eso debe cumplir y hacer, construir y no parar, sacudir y jamás ceder. Démosle nuestra confianza. Tiende derecho a ella luego de años de lucha y perseverancia. ¡A ganarse el sueldo con sudor y entrega, Andrés! ¡Y a no fallarle a millones que votamos por ti! Sí, ahora puedo decirlo sin torcer la imparcialidad con la cual me conduje. Y estoy seguro de que, aunque pesan algunas ambigüedades, será su deber superarlas si, de verdad, como dijo emocionado la noche de la victoria, quiere pasar a la historia como un buen presidente. Que así sea.

¡Peña, a la cárcel!

Rafael Loret de MOLA

Algunos confundidos y otros panegiristas de la administración peñista –todavía los hay porque es mucho el botín a repartir–, insisten en que perseguir, reprimir, disparar contra varias decenas de jóvenes por haber secuestrado un par de autobuses y amagar con llevarse una “pipa” en apariencia llena de combustible, en la zona del genocidio de Iguala, está justificado y es proporcional: esto es, un autobús tomado en rebeldía vale más que la demanda de justicia y las vidas de los muchachos cansados del mal gobierno. Una paradoja, sin duda.

Por supuesto, el plan de seguridad ordenado para varias entidades del país fue una reiteración del concepto fascista para reprimir y matar ya instalado desde el deplorable sexenio de calderón cuya esposa, Margarita Zavala, quiso ocupar la silla presidencial sin poder deslindarse de las concesiones a favor de la guardería ABC de Hermosillo. Lo subrayo porque, a estas alturas, lo que no se vale es suponerse ignorante para sólo apreciar el rostro amable sin adentrarse en las culpas graves del pasado. Si bajo este criterio funcionara la justicia, ¿cuál sería la balanza para determinar quiénes deben estar encerrados si los autores intelectuales de asesinatos, desde magnicidios hasta genocidios, están jugando a ser legisladores para negociar con la administración federal?

La confusión sembrada por el gobierno en torno a los estudiantes perseguidos y baleados, hace cuatro años ya, para señalarlos como meros delincuentes, fue una estrategia bastante simple para JUSTIFICAR la matanza de aquel jueves 26 de septiembre de 2014 y tratar de desviar la atención mundial confundiendo las cosas: también los “43” –debiera hablarse mejor de los “42” porque uno de los desaparecidos era un soldado en activo y su presencia en la zona de la represión no tiene justificación alguna, ni la ha dado el mando supremo–, secuestraron camiones antes de ser brutalmente silenciados. Y hace dos años, dos normalistas más de Ayotzinapa fueron acribillados en la carretera de Chilpancingo a Tixtla, para reiterar y hacer crecer el genocidio con el cínico pretexto de dejar ver quiénes mandan.

Tal es el meollo del asunto en la cúspide de la manipulación colectiva. Aprovechar situaciones similares dándoles una interpretación sesgada y animando a muchos para que modifiquen sus criterios, dejándose llevar por las publicaciones inducidas por la oficialidad, respecto a uno de los mayores actos de represión desde la matanza de Tlatelolco en 1968. Pero de ello ni se acuerdan cuantos obedecen órdenes “superiores” y soslayan los precedentes.

Basta lo anterior para llevar a la cárcel a peña. ¿O sigue pensando en perdonarlo el presidente electo?