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febrero 27, 2024

Voces

Arreando al Elefante | Los muchos Roemer

17 lecturas

ANA MARÍA VÁZQUEZ
@Anamariavazquez

El 16 de octubre es la fecha que ha dado Israel para la extradición de Andrés Roemer, un escritor, ex diplomático y ex presentador de televisión acusado por usar su cargo para solicitar y forzar favores sexuales a por lo menos 60 mujeres.

¿Cuántos Roemer existen?, cientos. Con poder o sin él, el acoso, abuso y violación persisten en nuestro país. Ser mujer en este mundo tan “moderno y mediático” apenas representa cierta ventaja al menos para exponer en redes los casos que en la mayoría de las veces son vistos sin perspectiva de género, y con la insidiosa pregunta ¿por qué hasta ahora denuncias?, cuando la víctima no habla de inmediato; algunas nunca lo hacen. Increíblemente se sigue argumentando que “ella lo provocó”, aunque la víctima sea menor de edad.

En nuestro país, hasta 2021 se contabilizó entre mujeres mayores de 15 años, que más del 70% de la población femenina habría sufrido al menos una vez un episodio de abuso, acoso o violación; no se habla de las infancias ni de lo que sucede a puertas cerradas de la casa.

Grave, terrible, doloroso e inquietante resulta ver que, al paso de los años, prácticamente nada ha cambiado, que se sigue revictimizando, que los feminicidios, último grado de la agresión hacia una mujer, son escondidos por las fiscalías para hacerlos pasar por suicidios.

Los colectivos no paran de luchar, sin embargo, también han sido cooptados por fuerzas políticas, que los usan para sus propios fines de golpeteo.

Hay cientos de Roemer, con pequeño o gran poder, empresarios, escritores, directores de teatro, cine o tv, pero también jefes de departamento, maestros, superiores inmediatos, parejas, familiares… muchos Roemer que, escudados en una falsa masculinidad, siguen creyendo que tienen el poder para ignorar el “NO ES NO”, frase que, en el caso de menores de edad, ni siquiera pueden pronunciar por el terror y las amenazas.

Nos falta mucho como sociedad para entender que no somos propiedad, ni objeto, y que la voluntad debe basarse en el respeto y la equidad.

Muchas de las que ahora leen este texto, permanecen escondiendo el dolor silencioso del abuso, y lo guardarán en silencio como lo hicieron nuestras abuelas, con tal de no ser revictimizadas.

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