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febrero 3, 2023

Voces

Arreando al Elefante | ¿Cuánto vales, policía?

Ana María Vázquez 

“¿Cuánto cuestas?, ¿cuánto vales, policía?, si tú quieres yo te pago, pero nunca, nunca dispares” es el grito de un pueblo masacrado. El mundo, que debía condenar la atrocidad que está sucediendo en Perú guarda silencio o relega la minúscula nota a la parte más escondida de los diarios. Permanecen indiferentes y en silencio como lo hicieron con las masacres que hubo aquí, desde el 68, el Halconazo, Tlatlaya, los despojos de Salinas, el Fobaproa de
Zedillo, el nacimiento de el narcotráfico como industria trasnacional con Fox, la guerra oscura de Calderón, los saqueos de Peña y muchas más.

Era bueno callar, aunque masacraran al pueblo y lo convirtieran en modernos esclavos, finalmente, ante el río revuelto de esos años, muchas industrias extranjeras se beneficiaron cuanto quisieron de ello como hoy sucede con el país hermano. Es vergonzoso ver como los grandes diarios siguen mintiendo y escondiendo algo que debería ser vergüenza mundial. Hasta antes de los 90, no existían redes donde pudieran documentarse las masacres, hoy, en tiempo real podemos ver la violencia ejercida contra el pueblo, la misma que hasta hace poco tuvimos aquí y sin embargo, ni siquiera en Latinoamérica, ni en México, considerado el hermano mayor, los medios se atreven a protestar, como no sean algunos canales de YouTube que eventualmente reportan la durísima situación que vive hoy el pueblo peruano.

El elefante reumático no solamente está en México, sino en toda Latinoamérica, los viejos sistemas se niegan a morir, se aferran al poder y al gobierno o como en el caso de Brasil, se alían para provocar desorden social y golpes fallidos de estado en el que, como siempre, el pueblo es el que paga los platos rotos y tiene que lavarlos con su sangre.

Aquí, el viejo sistema ha encontrado en los golpes de corte terrorista, de hecho, o mediáticos el medio para intentar recobrar un poco del terreno perdido,
ese que se está viendo ventilado en el juicio contra García Luna en el que se expone la corrupción de tan solo dos sexenios de un hombre que jamás hubiera
llegado hasta donde llegó, sin la complicidad de los más altos funcionarios del régimen.

Entonces, con el superpolicía en el poder, nosotros también gritamos: “yo te pago, pero no dispares”; entonces ni la policía ni militares escucharon y “mataron en caliente”, como ahora lo hacen en Perú.

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