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octubre 7, 2022

Voces

Arreando al Elefante | Humanidad enferma

Ana María Vázquez 

Mirando, solo mirando dejamos transcurrir la vida, volteamos a otro lado al ver cómo se compra y vende la dignidad, mientras dejamos que “otro lo haga, que otro ponga orden”, porque al fin y al cabo, mientras “a mí no me toque”, todo estará bien; y así, pasa un día y otro hasta que nos damos cuenta que por “no querer ver” nos dejaron sin nada, que los hombres vendieron a los hombres, a las mujeres, a los niños, que los esclavizaron, que vendieron nuestras tierras y nuestros ríos, dejando un páramo en donde no crece ni la esperanza, ni los sueños, ni siquiera una misera hierba, que a costa nuestra muchos se enriquecieron pero ni a ellos les durará la paz ni la cosecha.

Vendieron todo, las almas, las voces, los pensamientos, callaron a los poetas, mataron los instrumentos, los enterraron y la música también calló.

Los pájaros y las bestias fueron encerrados en jaulas y otros sirvieron de tormento para un pobre astado y a eso le llamaron “fiesta”.

A los negros, los que no eran de tez clara o rubios los exiliaron de sus casas y quemaron sus haciendas, la humanidad ya estaba enferma, enferma de compraventa, de riqueza, podrida en ella, enferma de soberbia y de fingir saber más que el campesino al que masacraron una y otra vez porque “era tonto”, pues solo sabía sembrar y no tenía una carrera, solo sabía el “inútil lenguaje” de las plantas y la comunión con el ganado, la voz del aire y descifrar las estaciones.

Él no servía, en su lugar, en su terreno, unos hicieron agujeros para enriquecerse con el oro que robaron a sus entrañas y se volvieron locos de avaricia; otros, metieron maquinarias en los terrenos para exprimir hasta el último grano, el último fruto, otros más, construyeron vivienda sobre vivienda, una más alta que otra para demostrar quién de todos era el más poderoso; dinamitaron los mares para que, de una, saliera toda la pesca de un año, o de una década.

Luego, cuando todo su entorno estuvo seco, como una mujer estéril, volvieron los ojos a las tierras del vecino, a sus mares, a sus sueños y también se los robaron.

Inventaron la ley para robar y le llamaron conquista; inventaron la ley para hacer justicia y terminaron encarcelando, matando y torturando a inocentes.

Inventaron un nuevo lenguaje que daba
a los mejores lo mejor y le llamaron crecimiento económico; inventaron pretextos para dominar al otro y le llamaron religión. Y así, entre despojos e inventos llegamos hasta aquí. ¿Cómo volver atrás cuando la humanidad está tan enferma de sí misma?

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