Diario Basta!

Mala estrella de Maximiliano

Primero lo fusilan, lo embalsaman con las patas, un doctor Licea, pero el doctorcito era ginecólogo muy vivillo, saqueó el cuerpo de Maximiliano, vendió las barbas, los ojos y cosas personales del Emperador, aunque usted no lo crea en Querétaro tenía sus seguidores, fueron quienes compraron esta especie de souvenirs del viejo de Carlota.

Aparte de que fue mal embalsamado y saqueado su cuerpo, el ataúd que le mandaron a hacer ¡le quedó chico! estaba grandote el buen Max, le doblaron las piernas para que cupiera en la caja mortuoria. Fue trasladado a la CDMX para después embarcarlo a Veracruz como lo pidieron los gobiernos europeos. Y qué cree, el carruaje que lo traslada se desconchinfla, se cae la caja en el lodo, dos veces, a poco no tenía mala estrella Max.

Ya sabrá como llegó al templo de san Andrés, fue el lugar escogido, las monjas quitaron de una mesa cáliz, copas, etc., para colocar el cadáver del Max, pero como se estaba descomponiendo el cuerpo, lo colgaron de cabeza para que le escurrieran las sustancian del embalsamiento, cuentan que a una virgen del templo le quitaron los ojos azules de vidrio que tenía para ponérselos a Maximiliano.

El hospital fue tomado por las fuerzas de seguridad juarista, mientras un doctor embalsamaba correctamente el cadáver. En la noche, llega el Presidente Juárez acompañando de Lerdo de Tejada, mira en silencio el cadáver, después reflexionando dijo, que era alto (Max medía 1.82) pero mal proporcionado, tenía las piernas muy largas, luego deduce que no era inteligente, aunque tenía la frente amplia esta se debía a la calvicie. Y se fue.

La iglesia era un lugar de culto a Max y las autoridades optaron por demolerla. Después Porfirio Díaz ordenó la demolición del Hospital para construir el majestuoso Palacio de Comunicaciones y Obras Públicas. López Portillo en 1979 ordenó que el edificio alojara al Museo Nacional de Arte, digo que tanto es tantito.