Diario Basta!

2018 de incertidumbre

tigrebilly@hotmail.com

Cifras oficiales aseguran que en este diciembre hay por lo menos en números redondos 53 millones 400 mil mexicanos –de una población total de 120 millones– en pobreza y que de esta cantidad existen en condición extrema más de 7 millones. Obviamente que con la inflación de este año y otros problemas económicos la cifra es mucho mayor y va en aumento.

Según la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos será hasta el 2043 cuando el minisalario alcance el máximo histórico que registró en 1972, esto es, que a valor presente son 253.6 pesos diarios muy lejanos a los 88.36 pesos que regirán el año entrante. Además, los comicios del primero de junio de 2018, cuando se elegirá a un nuevo Presidente de la República, tendrán un costo público –pagado con nuestros impuestos– de 18 mil 256 mdp, a los que ya se suman 6 mil 700 millones destinados a los partidos políticos y sus campañas, cantidad que hace de estas las más costosas de la historia, lo cual es un gran despilfarro que pinta de negro el futuro del país.

Como establece la sabiduría popular nos espera nada de prosperidad para los años venideros en lo que corresponde a la mayoría de la población. De acuerdo con Roberto Candela Ramírez –economista e investigador de la UNAM–, en un análisis publicado en junio pasado por la Cámara de Diputados, dos son los escenarios posibles que esperan a México con rumbo a las elecciones de 2018. Uno es el camino hacia un país colapsado; el otro, posible, es el cambio hacia un México en transición y con viabilidad. Sus consideraciones se dieron a conocer por el Centro de Estudios sobre la Opinión Pública, que no representan postura alguna del órgano legislativo, pero por su interés destacamos lo principal. Dice: El país continúa sumido en un escenario de creciente conflictividad social, México continúa siendo uno de los países más violentos del mundo. El sistema político sigue adentrándose en un clima convulsionado y cada vez más extremo, pues no hay voluntad política para expandir los canales de democratización electoral y dar cauce cierto a la institucionalización democrática –al contrario, ejemplo de ello son las votaciones recientes en Edomex y Coahuila–.

Los organismos electorales permanecen desfasados de la realidad electoral y no cumplen cabalmente con su función de actuar como árbitros imparciales. En consecuencia – agrega– el desencanto por la democracia aumenta a la par que crece la propensión a impulsar, desde el poder, nuevas prácticas autoritarias.