Diario Basta!

El sismo y los zopilotes

Se ha señalado varias veces: los mexicanos somos un pueblo fuerte. Nos enfrentamos cotidianamente a todo tipo de males y catástrofes; en el ámbito social, padecemos malos gobiernos, pésimas condiciones económicas, inseguridad y violencia que son incentivadas por la ineptitud y la corrupción que caracteriza a los hombres del poder. Además de esto, la naturaleza también desempeña un dramático papel, y cotidianamente se presentan fenómenos que dañan a la población. Lamentablemente, los más afectados son siempre los más desvalidos y marginados, quienes no solo soportan la desgracia, sino también tienen que tolerar que se les utilice para las actitudes protagónicas de gente sin escrúpulos. Es el caso concreto de los medios en este país; Televisa y sus reality shows, en los que personajes como “el Dóriga”, “el Loret” y una “payasa” con sombrero texano hacen de las suyas. Estos sujetos inventan historias, incluso “regañan“ a los funcionarios, con tal de colocarse ellos las estrellitas de éxito, como si fueran los héroes y los rescatistas, cuando bien sabemos que lo suyo es el más puro negocio, aprovechándose del drama social suben su raiting, para vender más caro el tiempo de televisión a sus clientes. Otro ejemplo de hipocresía es el caso de las instituciones bancarias. Los bancos han gastado millones de pesos en publicidad, comprando planas enteras en periódicos, para expresar su pesar por la desgracia. Bien sabemos que todo eso es completamente falso. Los banqueros han señalado que contribuirán a los donativos, y que por cada peso que done el pueblo, ellos darán otro peso para la reconstrucción. Claramente, nadie cree en esas ofertas altruistas; los banqueros son bandidos, solo un ingenuo puede entregar un peso a quienes históricamente se han caracterizado por expoliar a la ciudadanía. ¿Cómo sabemos que el peso que se entrega se duplica? No se puede saber, prevalece la opacidad, y bien puede resultar que esos donativos tengan como destino los bolsillos de los banqueros. Hemos visto, en cambio, que en nuestro país los jóvenes son un verdadero ejército, son nuestra fuerza, y han realizado una labor digna de encomio para encontrar a las desvalidas víctimas del sismo. Loor a estos jóvenes mexicanos, ojalá que ese espíritu heroico se mantenga, y no abandonen ya ese importante papel de dirigir a este país. Anhelamos que así como su unión y trabajo desinteresado han ayudado a las víctimas a sobrellevar este aciago trance del desastre natural, así también sean ellos los que con su esfuerzo ayuden a todos los mexicanos a sacudirnos el mal gobierno que nos oprime como nuestra peor catástrofe.