Diario Basta!

La boda de mi Adal

 Felicidades a mis queridos Adal y Karlita por su espectacular boda

Siempre tengo en men­te, público querido, có­mo arrancar cada Des­de el Averno, que gustoso escri­bo para ustedes, pero esta vez no sé por dónde empezar por primera vez en 626 columnas que ya llevo escritas para todos ustedes. No sé si empezar por agradecer con todo mi corazón a Adal y a Karlita el haber­nos invitado a una de las bo­das más bonitas y divertidas a que he ido en mi vida, y lle­var a mi hija Michaela de pa­jecito; o empezar narrando la odisea fantástica que fue esta unión; o el banquete, o los in­vitados; o cómo me la pasé yo. Así que, como me vaya vinien­do a esta perversa mente, se los iré narrando. Mi Karlita tenía verdaderamente resuelto abso­lutamente todo, desde el hotel que nos recomendó, que era el Grand Fiesta Americana Pue­bla, donde la verdad nos trata­ron como reyes. Todo fue pre­visto, por ejemplo, cómo quería que fueran vestidas las niñas que serían pajecitos, entre las que figuraban mi ahijada Ra­faella, hija de mi comadre y hermana Raquel Bigorra, y mi Michaela. Con todo el tiempo y la exactitud, para que fuesen vestidas igualitas, to­do lo organizó mi Karlita con una exactitud de relojero suizo.

Llegamos a Puebla, al hotel, y al primero que me encuen­tro en el lobby, perfectamen­te arreglado y hecho un gala­nazo, fue precisamente al no­vio, sí, a mi Adalito, que ya se iba a la sesión de fotos familia­res. Nos abrazamos, le deseé lo mejor y ¿qué creen? Que se me pone a llorar mi Adal en ese momento. La emoción y el es­trés de los preparativos, acom­pañados de un sube y baja de emociones; sus hijos ahí pre­sentes, todo este tiempo, el em­pezar una vida en común, to­das esas cosas que pasan por la mente de uno cuando se va a casar, y más por segunda vez (se los digo por experien­cia) así que hay que sacar to­do eso y mi Adalito lo sacó. Nos cambiamos en chinga por­que ya íbamos tarde y nos fui­mos rumbo a Africam Safari, donde fue la boda. Llegamos, y el lugar donde fue la ceremo­nia estaba espectacular, se oía a lo lejos toda especie de ani­males que viven muy simi­lar a su hábitat natural. Llegó mi Adal y al poco tiempo apa­recieron las pajecitas que se veían hermosas, más mi hija. Luego apareció mi Karlita, que además de hermosa se veía tan feliz como mi Adal. La ceremo­nia estuvo muy emotiva, y más cuando la hija de Adal le dedi­có unas palabras: ahí sí llora­mos todos. Terminó la ceremo­nia y ya nos esperaban unos autobuses para trasladarnos a donde sería la fiesta. El lu­gar, indescriptible, bellísimo; antes de entrar montaron un lounge donde te podías tomar un gin tónic y charlar mien­tras veías unas guacamayas y un búho, así como una ser­piente pitón de varios metros.

Ahí fuimos llegando todos, y saludé a Mauricio Castillo, amigo de toda la vida de Adal, y muy simpático, por cierto; a Gerardo Quiroz, a quien es­timo mucho, pues trabajamos juntos hace varios años. Llegó luego la familia, sí, la del Teno­rio, primero los originales, mi querido socio, amigo y herma­no Alejandro Gou con Abril, su esposa, que es lo máxi­mo; luego mis queridos Mascabrothers, con sus respec­tivas mujeres; mi queridísimo Ariel MiramontesAlberta­no, con Maya de Caló, que son íntimos.

Apareció después La­lo EspañaMárgara Francisca, que también lo adoramos; fa­milia de la novia y del novio, que por cierto mi Adal se llevó a toda la familia desde Monte­rrey en autobuses de lujo, para que estuviesen presentes. Des­pués de un par de gins entra­mos al lugar; nuestra mesa, la 32, de pista. Mi Adalito y Kar­lita se lucieron. Los integran­tes en la misma: Los Masca­brothers, mi comadre Bigo­rraGou y su servidor, cada uno con su respectiva pareja.

Aparecieron los novios y todo fue aplausos y felicidad; un cuarteto de cuerdas ame­nizó la comida; cuatro chavas con violines y un contrabajo tocando como las diosas; apa­reció el primer platillo para la bola de gorrones: para unos, un rollo de salmón exquisito; para otros, un hojaldre de queso brie en salsa de chipotles dul­ces, majadero; luego, una crema de pistache deliciosa; un file­te acompañado de papa al hor­no fue el plato fuerte, todo ex­quisito. Mesa de dulces y, an­tes, una de botanas deliciosas y postres maravillosos. Comi­mos, reímos, departimos, jun­to a nosotros las jirafas nos ha­cían la mejor compañía. Nos juntamos ya todos los de la fa­milia de Gou Producciones a la que pertenece mi Adal, obvia­mente; entonces ya en la pis­ta veías a mi adorada Liliana Arriaga La Chupitos, bailando con Albertano o con su asque­roso servidor; a Lalo España con Maya Karuna, o a algún mascabrother sacudiendo la pis­ta, o a mi querido Julio Ale­gría, pieza fundamental de es­te grupo, sacudiendo a nuestra adoradísima y cubanísima Da­yani, su mujer; mis compadres Raquel Ale Gavira también desgastaron las medias tapas de sus tacones echando el bai­longo. Los novios bailaron Fascinación, de mi Carlitos Rive­ra. Luego bailó Karlita con su papá El privilegio de amar, éxito de Manuel Mijares. También bailó Adal con su hija Paola y luego Karla con Diego, el hi­jo de Adal, ¡no saben qué mo­mentos! Más tarde llegó mi Consuelo Duval con un ga­lán joven (hace bien), simpati­quísima y hermosa como siem­pre; no paró de bailar, nos reí­mos sin tregua y bebimos igual. Llegaban los novios, que compartieron con los invitados durante toda la noche, por eso había un ambiente increíble, de buena vibra, de felicidad, de amor. No de balde les digo que es una de las mejores bodas en las que he estado en mi vida.

La familia de los dos, mara­villosa, nos tomamos fotos con todos; más de doce horas con­tinuas de fiesta: empezó a la 1 de la tarde y para las 12 de la noche, más o menos, saca­ron la tornaboda, chilaquiles y chanclas, que es un platillo típi­co poblano, delicioso y pareci­do a las tortas ahogadas, pero no pican tanto y llevan agua­cate, rellenas de carne moli­da de res y longaniza, basadas en caldillo de jitomate. Lue­go, también apareció el carri­to de shots y todo mundo le en­tró sin parar; yo le pegué du­ro a las perlas negras. La gente, feliz; los novios, más. Nadie se quería ir, por lo bien que lo es­tábamos pasando. Paola, la hi­ja de Adal, hermosa, con sus amigas y amigos, felices tam­bién. Hasta al Diego, su hijo menor, lo dejaron llevar a sus amiguitos. De verdad, de las bodas más divertidas a las que yo he ido. Al día siguiente mi Adal y Karlita salieron rumbo a su luna de miel, que por cier­to era sorpresa para Karla, así que la llevó con los ojos venda­dos hasta el aeropuerto y él se encargó de documentar y todo, poniéndole audífonos y antifaz a Karla, para que no se entera­ra el destino de la luna de miel y fuera sorpresa. Así que mi Karlita despertará del otro la­do del mundo, pues se la lleva­rá mi Adal por todo Asia, Viet­nam, Singapur, China, Japón entre otros, así que ya les con­taré cómo les fue. Pero una co­sa sí les aseguro, después de vi­vir la boda que viví, es el ma­yor augurio de una felicidad total. ¡Gracias, mi Adalito! ¡Gracias, mi Karlita! Y ¡que vi­van los novios! He dicho.