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Por Ricardo Sevilla
En el ámbito musical existe una profunda –y terrible– desconexión entre la realidad y el mundillo discográfico.
Muchos solistas y agrupaciones esquivan los temas incómodos por miedo a perder los contratos millonarios que les ofrece la farándula.
Hoy en día, las grandes corporaciones discográficas han transformado la música comercial en un anestésico social, obligando a sus estrellas a ser “neutrales”.
Por eso sorprende cuando alguien rompe el molde. Lamentablemente, no suelen ser muchas las personalidades que se atreven.
Infelizmente, la mayoría guarda un silencio cómplice y sepulcral para cuidar sus jugosos contratos y patrocinadores.
Y, justo por eso, aplaudo que el vocalista de Maná reconozca el triunfo de Lula y celebre que el pueblo brasileño decidiera apostar por la izquierda. Coincido con él cuando opina, a través de un video que circula en redes sociales, que la derecha radical sirve al gran capital y no le importa arrasar con la naturaleza y la humanidad con tal de ganar más.
Lamentablemente, no solo ocurre en el ámbito musical. Esa indolencia es una constante en la élite cultural mexicana.
Acabo de ver y escuchar las declaraciones del actor Daniel Jiménez Cacho, que resultan indignantes.
Y es que el actor, ante los micrófonos de un opinólogo de la derecha, decidió montar un patético número melodramático y narcisista afirmando que la 4T excluyó a él y sus cuates actores, a pesar de haberles dado su voto.
Lo curioso a que el actor se indigna porque les llamaron “privilegiados” o “fifís”, tachando esto de mentira.
Sin embargo, en el mismo programa él mismo confiesa que él es uno de esos privilegiados que componen el 2% del gremio cultural”.
Desgraciadamente, esta clase de personajes ha. normalizado tanto su posición que admiten que son privilegiados con total indolencia.
Su desconcierto raya en la ignorancia: cuando dice que votó por la 4T. Y eso quiere decir que el tipo ¡no entendió nada!
Y no comprendió porque Andrés Manuel López Obrador siempre dejó claro que gobernaría para los de abajo, para los que menos tienen. ¡Era su principal planteamiento!
Y así, entre grupillos anestesiados y lamentos de la aristocracia cultural, vemos paseando a estos personajes entre reflectores, reflectores que rara vez sirven para iluminar al pueblo y que, las más veces, solo alumbran la soberbia de quienes nunca han sabido lo que cuesta vivir al día.