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Ninguna sombra de corrupción

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Por Ricardo Sevilla

La función pública no es un botín de reyes ni el lugar ideal para los afectos personales; es el espacio de máxima fidelidad al pacto social.

Cuando quien encabeza el máximo órgano garante de la democracia —el INE— se ve envuelta en redes de opacidad, contratos a allegados y presuntos conflictos de interés, esa conducta golpea el ámbito administrativo y lacera la fe pública.

La renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE obliga a una reflexión necesaria.

Es indispensable seguir exhibiendo y condenando los vicios que lastiman al Estado mexicano.

Lamentablemente, el caso de Guadalupe Taddei pone al descubierto la persistencia de prácticas patrimonialistas en el interior de la burocracia del Estado.

Y eso no es lo que prometió la Cuarta Transformación.

El expresidente López Obrador proponía tres ejes rectores para sostener su pensamiento político: “no mentir, no robar, no traicionar”.

Y eso lo tienen perfectamente claro quienes decidieron adscribirse a la 4T y continuar su obra. Quienes no comparten esta idea deberían abandonar la función pública.

Si el dinero hubiera provenido de una cuenta individual y personal no estaríamos hablando del INE.

Pero el núcleo neurálgico de este debate reside en la naturaleza de los recursos. Cada peso que transita por el INE no proviene de la bolsa personal de sus consejeros ni es el dividendo de una empresa privada; es dinero del pueblo. Es el producto del esfuerzo colectivo, de los impuestos pagados por millones de mexicanas y mexicanos que cotidianamente sostienen la economía nacional.

Y eso debe quedarle claro a todos los servidores públicos.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido enérgica y categórica: respaldará las investigaciones necesarias, eso implica que avala las auditorías a fondo por parte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF.

Entusiasma que ayer haya señalado con claridad que “no debe haber ninguna sombra de corrupción” en los órganos del Estado. Y eso habla de su enorme talla como Jefa del Ejecutivo. Definitivamente, hay una enorme diferencia entre su gobierno y el régimen neoliberal, donde todo lo solapaban e incluso lo dirigían.

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