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El cochinero del Congreso

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Cada vez que reviso la trayectoria de algún político en las Cámaras y cómo llegaron ahí,
invariablemente me encuentro con una palabra: prurinominal. Ya AMLO lo había planteado desde el “Plan A” reducirlos de 500 a 300 y en el Senado de 128 a 64; la presidenta Sheinbaum lo puso por escrito en sus 100 compromisos, el asunto fue enviado a la Cámara, por supuesto, no prosperó.

Es que, es indignante ver a un Monreal “apostando por el diálogo” en lugar del desafuero a Alejandro Moreno, ambos pluris; indignante ver a Hugo Erick Flores, otro pluri, sacando el bulto al desafuero y retirándose del cargo; indignante ver a Lili Téllez hacer desvaríos junto a Rubén Moreira y Carolina Viggiano; indignante ver a Pedro Haces haciendo negocios particulares, a Cuauhtémoc Blanco, intocable con todas sus acusaciones, a Adán Augusto López o al vocero de Morena Arturo Ávila y Emmanuel Reyes, todos, todos mirando para su santo; Marko Cortés, Ricardo Anaya, Enrique Vargas, Jorge Romero; pluris, pluris, pluris. Pero con voto y poder de hacer avanzar o detener iniciativas, algunos de ellos con carpetas de investigación detenidas por el fuero constitucional, gran premio a la corrupción.

Las voces que escuchamos día a día en los medios son, principalmente las de los antes mencionados y por los que ni usted ni yo votamos; estaban en las “listas” y les fue entregada una chequera y una Parker para firmar en mi nombre, pero sin mi consentimiento, en favor de sus propios intereses.

El Congreso de la Unión tiene actualmente 13,500 iniciativas rezagadas; de 2018 a la fecha se han aprobado 3 grandes incrementos y ya casi alcanzan el sueldo de la presidenta, eso sin contar con las prestaciones y bonos de los que gozan: ayuda para despensa y lentes, dieta, vuelos y transporte, préstamos sin intereses, etc.

Todo ello, para hacer del trabajo legislativo un circo en el que se gritan, se retan,
brabuconean y, como en el período anterior con Xóchitl, se encadenan ridículamente a las
sillas.

Hace mucho que se perdió la seriedad en el Congreso, hace mucho que los responsables
de legislar para el país han olvidado de dónde y para qué vienen y se han dedicado a hacer
un vil mercado de favores, dinero e influencias.

En Morena parecieran no estar conscientes del momento político que existe e insisten en
cobijar a un priista bravucón. ¿A cambio de qué? ¿En qué nos beneficia eso a los de a pié
que los observamos todos los días? ¿De qué les sirve ser mayoría si cada quien ve para su
santo, y dejan sola a la presidenta? ¿De qué sirven las letras de oro en el Senado cuando
está lleno traficantes de influencias y absolutos delincuentes que sin fuero ya estarían
presos?

¿Qué hacen para ganarse la curul que a veces, solo a veces ocupan?

Todo cambia para no cambiar, ¿verdad?

Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez

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