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Ana E. Rosete
El PRD en la Ciudad de México vive una doble crisis: fue el único partido que perdió te-rreno a nivel nacional dentro de la coalición con PRI y PAN, y hoy enfrenta una disputa interna que pone en duda la legalidad de su dirigencia en la capital del país.
En entrevista con Diario Basta! la perredista Polimnia Romana señaló que el debilita-miento del partido responde a decisiones equivocadas desde la dirigencia nacional enca-bezada por Jesús Zambrano, particularmente la alianza con fuerzas ideológicamente opuestas y la selección de perfiles sin compromiso partidista.

La coalición, dijo, nunca logró ser entendida ni siquiera por su propia base. En campo, los reclamos venían de los militantes históricos del Sol Azteca.
“Era una mezcla imposible. Los propios perredistas nos reclamaban: ¿cómo se juntaron con el PAN? Había un discurso contradictorio que no convencía a nadie”, explicó.
El resultado fue un voto dividido que dejó al PRD “en la rayita”, aunque logró conservar el registro en la capital. A diferencia de PRI y PAN, el partido amarillo fue el que más resintió el costo político.
Pero la crisis también es jurídica. La exdiputada local aseguró que Nora Arias no puede asumirse como dirigente del PRD capitalino, pues los estatutos prohíben ocupar simultá-neamente un cargo de elección popular y uno partidista.
“Al rendir protesta como diputada pierde automáticamente la dirigencia. Ya no tiene per-sonalidad jurídica para actuar a nombre del partido”, sostuvo.
Esta situación derivó en un conflicto inédito: dos grupos buscan el registro del PRD local. El caso llegó a tribunales, donde la Sala Superior reconoció derechos a ambas partes.
“No hay instancia por encima de esa resolución. Es definitiva”, subrayó.
Sin embargo, acusó que decisiones locales han generado confusión y prolongado el con-flicto, incluso entre medios.
Para Sierra, la disputa no es menor: “Se está ganando tiempo para no iniciar ordenada-mente el proceso electoral”.
Así, el PRD capitalino enfrenta no solo el desgaste de una alianza fallida, sino una batalla interna que definirá su viabilidad política.