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abril 22, 2024

México

En el PMS, el FDN, el PRD, y ganando notoriedad…

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CIUDAD DE MÉXICO. – Algo cambió en Gerardo Fernández Noroña que impidió reconocerlo a primera vista, con el muchacho que cuatro años atrás vimos llegar a la Universidad Autónoma de México, al hijo de la clase trabajadora, sin experiencia, pero con muchos sueños.

La institución lo recibió con un abanico cultural que aportaba el pensamiento crítico de la universidad pública fundada en 1974 en el DF, durante el gobierno del presidente Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), con edificios e instalaciones de primera calidad y un innovador modelo educativo superior en trimestres. Tenía 23 años cuando en 1983 se graduó como licenciado en Sociología, con la tesis “Estudio comparativo entre un conflicto en su contexto en la dicotomía movimiento obrero-Acermex”.
Se graduó, pues, en la ciencia encargada de estudiar con carácter científico las actitudes y corrientes que se presentan en la sociedad; la que hace énfasis en el comportamiento como seres humanos.

Estudios que, paradójicamente, acabaron con la fe católica que su abuela le inculcó desde niño, cuando los domingos de la mano lo llevaba al templo a oír misa, y así debe de ser pues desde entonces no hay noticias de que haya pisado alguna iglesia católica; inclusive, se ha declarado ateo, como Dios manda.

Todo porque, quizá, sus profesores (algunos de ellos exiliados de Argentina, Chile, Perú y otros países del Cono Sur que habían llegado a México asilados) en las aulas machacaban y machacaban sobre el marxismo.

Morir el estudiante Noroña y nacer el irreverente, contestatario y polémico licenciado en Sociología, todo fue uno; aunque como exactitud histórica debemos advertir que el “nuevo” Gerardo Fernández Noroña no nació de la noche a la mañana, sino hasta que entró a la política.

No se enteró, o no quiso enterarse, del sufrimiento que le causó a su abuela cuando supo de sus inclinaciones por el comunismo y esas cosas tan absurdas de la vida. La abnegada mujer, aunque no tenía los estudios suficientes para reflexionar lo bastante al respecto, intuía que el comunismo, el socialismo y las otras yerbas que en aquellos años tenían tantos adeptos, solo empujan a sus seguidores hacia el cerco oscuro del sacrificio, donde solo hay navajas que esperan una yugular para el degüello.

–Me jalo los pelos contigo. Te mandé a la universidad para que mejoraras y ahora me saliste greñudo, y hasta comunista. Me lleva la chingada –le decía, mirándole a los ojos con la sonrisa pícara de sus días mejores.

Por el contrario, el joven Gerardo tuvo una especie de gustillo al encontrarse ya licenciado y libre de las ataduras de los estudios. Dueño de muchas ideas y proyectos, salió en busca de lo que la vida ofrece a los jóvenes de origen humilde, amantes de la vida y con alguna preparación profesional. Sintiendo que podría brindar solidaridad y apoyo a quien lo necesitara, se metió al misterioso mundo de la política como hombre de izquierda.

En defensa de los deudores de la Banca, entregado de lleno en los brazos de la izquierda encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, símbolo de la resistencia en México frente a la hegemonía del PRI y por ende uno de los santones de la política de aquellos años, Fernández Noroña debutó en 1988 como diputado federal por el Partido Mexicano Socialista (PMS), surgido un año antes al unificarse los otros partidos de izquierda en México: Socialista Unificado de México (PSUM), Mexicano de los Trabajadores (PMT), Patriótico Revolucionario (PPR), la Unión de Izquierda Comunista (UIC), y el Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP). Ese año, el PMS seleccionó como su candidato a Heberto Castillo, quien al final declinó en favor de Cárdenas e integrarse en el Frente Democrático Nacional, FDN, que lo postulaba a la Presidencia de la República.

Como es sabido, en esa elección presidencial se asegura que Cárdenas arrasó, en particular en Michoacán y el DF, pero se “cayó” el sistema de cómputo, aduciendo fallas técnicas en dicho sistema. El PRI, según la versión oficial, se impuso, pero jamás se pudo tener certidumbre que los resultados oficiales correspondieran con la realidad.

Ante el éxito del FDN, Cárdenas propuso crear un nuevo partido político: el PRD, el cual se fundó en mayo de 1989 con él a la cabeza, junto con Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez. Noroña, que antes se había integrado al FDN, también se afilió. Lo hizo porque, al igual que Cárdenas, defendía las políticas sociales en favor de las clases más necesitadas y sectores vulnerables, la austeridad y la honradez en la burocracia, el laicismo y la soberanía nacional, y el control por parte del Estado de sectores estratégicos, en especial el de los energéticos.

Pero un día, el menos pensado, un golpe mental acabó de convencerlo de que si quería destacar en el rudo y turbio mundo de la política tendría que hacerse notar, y despertar a la adormecida sociedad que no acababa de reponerse de la crisis económica en la que la había dejado la administración de Salinas.

Y Dios (aunque él se había declarado ateo) con su gran sabiduría, le señaló el camino y gente comenzó a verlo cuando, en 1995, encabezó la creación de la Asamblea Ciudadana en Defensa de los Deudores de la Banca, que, como su nombre lo indicaba, decía defender a los miles de individuos cuyas deudas se habían multiplicado por el desbarajuste económico que se padecía en el país.

Al ruido y sus vociferaciones los compatriotas comenzaron a conocerlo por sus protestas y originales vestimentas. Por estas acciones, fue detenido en al menos en tres ocasiones.

El 23 de julio de 1996, por ejemplo, acompañado por varias mujeres, se acostó frente a Palacio Nacional, para impedir la salida del vehículo del presidente Zedillo, en reclamo de un dialogo directo relacionado con la deuda. Cuando el mandatario lo vio, bajó de su auto e intentó levantarlo. Pero Gerardo, sin volver el rostro e ignorando de quién se trataba, le dio un manotazo.

Ante este desplante del perredista, Zedillo solo acertó a decir:

–Veo que ustedes son un poco cerrados, sean más analíticos, por favor.

–Queremos pagar, pero los programas son superficiales –contestó Noroña, ya de pie y tras de haber reconocido al mandatario. Para entonces, a Gerardo ya le rehuían los banqueros, los partidos políticos y los legisladores, pero ganaba espacio en los medios de comunicación.

Cierta ocasión, llegó con cruces de cartón y se “crucificó” contra las mallas metálicas colocadas por el Estado Mayor Presidencial. Y, airado, tras de reconocer que era precandidato a una diputación federal por el PRD, rebatió a quienes decían que su “crucifixión” era una farsa, un acto de campaña (continuará).

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