Montañas de desperdicio de oro

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Victor Sanchez

Hace unos 15 años, en un viaje a Medio Oriente me encontré con un empresario nigeriano. En el vuelo de El Cairo a Tel Aviv, platicamos por unas cuantas horas sobre sus negocios. De origen pobre, llegó a tener una fortuna de más de 150 millones de dólares en 10 años. Su negocio era ser pepenador de oro.

Sí, oro, ese metal precioso que provoca guerras, ahonda relaciones, da bienestar económico a pueblos enteros y es el símbolo de bonanza para una persona. Pero, sólo un loco tiraría oro a la basura.

Este hombre, cuyo nombre no recuerdo ya que ni siquiera me dio una tarjeta de presentación, pero transpiraba riqueza a varios kilómetros, me platicó sobre ese negocio, después de dos whiskis.

Todo empezó recogiendo basura cibernética y de teléfonos celulares en Francia, España y Portugal. Se dio cuenta, que algunas piezas llevaban pequeñas, pero muy pequeñas cantidades de metales preciosos y, curiosito el hombre, se dio a la tarea de separarlo en sus ratos libres.

Al poco tiempo empezó a vender varias cantidades de esos metales y empezó a tener una razonable cantidad de oro. Lo vendió y puso una empresa que compraba desperdicio de esos aparatos y los enviaba a un poblado cercano a Lagos. Lo transportaba en barco. Gran parte de ese cargamento es material peligroso, pero lo hacía ante la corrupción de aquel país africano.

La parte más importante de su riqueza fue la recolección de esos aparatos, con lo que eliminaba un problema de contaminación en países europeos. Después provocó otro problema en su país, donde hay tiraderos de plásticos que no son tratados. Pero, los celulares con pequeñas cantidades de oro, son separados y es la fuente de riqueza de nuevos ricos africanos. Una historia de un pepenador que se convirtió en millonario.