López Obrador, por la puerta grande

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CIUDAD DE MÉXICO.– Andrés Manuel López Obrador entró, literalmente, por la puerta de enfrente, la puerta grande, entre aplausos y porras ciudadanas. Llegó virtual, y presidente electo se marchó del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Gran diferencia a lo ocurrido con sus dos antecesores, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, quienes cuando acudieron a ese mismo Tribunal a recibir el Bando Solemne (diploma, diría López Obrador) como presidentes electos, hace 6 y 12 años, tuvieron que entrar por la puerta de atrás o llegar en helicóptero, ante el rechazo social.

Este miércoles 8 de agosto fue el contraste de aquellos dos. López Obrador llegó muy tranquilamente en su automóvil Jetta Clásico (hecho en México), sin escoltas, sin guaruras. Se bajó justo frente a la puerta principal, la puerta grande del Tribunal. Y en vez de abucheos, recibió aplausos y gritos de felicitación.

Le acompañaban sus hijos, Andrés Manuel y Gonzalo Alfonso, y su coordinador general de comunicación social, César Yáñez, quizá el colaborador de mayor confianza del tabasqueño.

En la entrada, tuvo que pasar un filtro: el de las selfies. Sí, algunos trabajadores del Tribunal lo saludaban y pedían tomarse la foto, hasta que llegó a Janine Otálora, presidenta del Tribunal. Y caminaron juntos hasta el salón de plenos.

Formalismos de la sesión, la firma del “diploma” y el momento estelar: el discurso de López Obrador desde el podio más alto del salón de Plenos. Poco más de 15 minutos habló. Como lo estila, se refirió a un prócer de la patria: un día como hoy de 1879, nació el revolucionario Emiliano Zapata. Y a un amigo: Jaime Avilés, el periodista, quien hace un año falleció.

Discurso de tono conciliador. Destacó su compromiso de absoluto respeto a la división de poderes y a los órganos autónomos. Bajó del estrado feliz, con “diploma” en mano. Luego, saludó y le felicitaron sus futuros secretarios de despacho, colaboradores, legisladores, consejeros del INE, ministros de la Corte.

Salió al patio del Tribunal, acompañado de sus hijos, y ahí mostró a las cámaras su diploma. A su lado, como siempre, el discreto Yáñez.

Igual, por la puerta grande, López Obrador salió del Tribunal. La gente a los alrededores coreó: “Presidente, Presidente”. Se acercó a una señora que le gritoneaba con un ramo de flores. Las recibió y las levantó. Subió a su Jetta y se marchó a seguir trabajando en sus oficinas. Ya sin traer a cuestas esa palabreja de “virtual”. Ya como presidente electo.