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Por Ricardo Sevilla
Hay una artimaña muy vieja en la política conservadora: cuando le faltan argumentos en el presente, corre al cementerio a desenterrar a un héroe patrio.
Y el PAN acaba de aventarse esa puntada con Francisco I. Madero. En una publicación que difundieron ampliamente en sus redes sociales –y que está redactado con las patas–, aseguran que si el prócer viviera y observara lo que hoy ocurre con la división de poderes “volvería a morir”, porque según ellos, Madero dio la vida en el Plan de San Luis por la independencia de los jueces.
Lamentablemente para los panistas, esta frase tiene un pequeño problema: ¡Es falsa!
Madero no se levantó en armas en 1910 para discutir la carrera judicial ni para defender a los magistrados de su tiempo. Pobrecillos ignorantes, lo debieron ver en un sketch de Brozo.
Y si Madero estuviera vivo y leyera el tuit del PAN, como ellos quieren, lo primero que les exigiría es que abrieran un libro de historia.
Y es que el Plan de San Luis no fue un borrador de reforma jurídica. Fue un grito de inconformidad de un pueblo cansado de que le robaran las elecciones.
El lema de Madero, que no recuerdan para nada, era claro y poderoso: Sufragio Efectivo. No Reelección. Madero quería que el voto de la gente valiera y que Porfirio Díaz soltara la silla presidencial después de más de 30 años de dictadura.
Es más, hay una ironía gigante que los pazguatos creadores de contenido del PAN pasaron pasar por alto: en el mismísimo Artículo 1° del Plan de San Luis, Madero desconoció a todos los integrantes de la Suprema Corte de Justicia de 1910.
¿Y por qué? Porque esa Corte no protegía a la ciudadanía; estaba sometida al dictador. ¿De dónde sacan estos atarantados que Madero buscaba blindar a las instituciones porfiristas? ¡Lo que quería era transformarlas porque no le servían al pueblo!
Lo cierto es que atribuirle a un personaje de 1910 las peleas políticas de 2026 no solo es torpe y descuidado; es una absoluta falta de respeto a la memoria histórica.
Se vale estar a favor o en contra de las reformas al Poder Judicial. Se vale debatir, disentir, marchar e incluso llorar por los privilegios perdidos, como hacen ellos. Pero lo que no se vale es disfrazar la propaganda partidista de lección de historia.
Si los partidos políticos de derecha quieren convencer a la sociedad, deberían hacerlo con propuestas claras y datos duros sobre el presente, no inventándole banderas a los muertos. Pero eso es pedirle peras al olmo.
A Madero déjenlo descansar en paz: él ya peleó su propia batalla, y esa batalla se llamó democracia electoral. Pero de eso ustedes no saben gran cosa.
