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Miguel Sabido es de las pocas personas a las que su paso por Televisa no lo manchó, por el contrario, tanto él como su hermana Irene abogaron siempre por una televisión de calidad; la telenovela histórica nació con Miguel, la televisión educativa con Irene. En el teatro, la huella de Miguel es clara y seria, desde obra mayor hasta pastorelas, contribuyendo también al rescate y preservación del género. El antecedente sirve para mencionar la reciente carta que el dramaturgo e investigador dedica a la secretaria de Cultura, a colación de la controversia con la Casa del Poeta Ramón López Velarde. Sabido le pregunta ¿por qué ocuparse de un género extranjero, el cabaret, por más que haya sido su nicho y muy respetable fuente de trabajo, para imponerlo en la casa del poeta mexicano?, la reflexión es absolutamente válida, y más cuando el autor hace alusión al maravilloso género mexicano: la Carpa.
Si bien se deriva del teatro español, la Carpa en México tomó un sentido propio de crítica social al poder y del auténtico semillero que surgió desde el México profundo con actores y comediantes que saltaron luego a la pantalla grande para formar parte de nuestro cine de la Época de Oro.
Sabido menciona a María Victoria, Palillo, Cantinflas. En la Carpa no solamente se presentaban las llamadas bailarinas “exóticas”, como Tongolele; la Carpa también sirvió para llevar teatro a las comunidades más alejadas, como lo hizo durante años la Carpa Tayita de los Padilla; carpas que eran alquiladas y que desde hace años se pudren en las bodegas de la ANDA, bajo el teatro Jorge Negrete. Recojo la idea de Sabido porque en algún momento presenté la sugerencia a un funcionario de Morena encargado de Cultura, muy joven él, me mandó “con buenos modos” a volar, sin entender que el territorio se conquista también desde un escenario trashumante.
El teatro itinerante en carpa, bien planeado, no requeriría más que de la estructura que se arma y desarma y espectáculos planeados con gente del pueblo; talento sobra, y con guiones renovados, acordes a la época se podría rescatar un género ya mexicano, incisivo, crítico y a la vez, generar nuevas audiencias y nuevos actores, formados en la raíz y no en una pantalla.
La carta de Sabido a Ana Francisca López Bayghen (Ana Francis Mor), secretaria de Cultura del gobierno de la Ciudad de México debería ser escuchada y tomada como la recomendación de un “viejo lobo” que le sugiere que el verdadero teatro no necesita el espacio de la Casa del Poeta, sino la cercanía al pueblo.
Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez