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• Resiste presión mediática y responde con datos duros claros
• Descarta narrativa extranjera sobre supuesto narcogobierno en México
• Exige corresponsabilidad a Estados Unidos por crisis de drogas
Juan R. Hernández
Ciudad de México.- Entre preguntas con jiribilla y claros intentos de hacerla trastabillar, la presidenta Claudia Sheinbaum se mantuvo firme, sin titubeos ni concesiones discursivas. La entrega voluntaria de exfuncionarios sinaloenses —Gerardo Mérida y Enrique Díaz— no representa riesgo alguno para el país: “Ellos decidieron entregarse”, zanjó.
El tono subió cuando se le buscó enganchar con la narrativa impulsada desde sectores de Estados Unidos. Sobre los dichos de Donald Trump, quien ha insinuado el poder del crimen organizado en México, Sheinbaum respondió: “Lo ha dicho, pero cuando hablamos no me lo dice a mí”.

Con cifras en mano desmontó el discurso del “narcogobierno”: recordó que en el sexenio de López Obrador se detuvo a 39 líderes criminales y 666 operadores, dentro de 45 mil detenciones. En lo que va de su administración ya suman 56 objetivos prioritarios y 672 vinculados capturados. “¿Cuál pacto criminal?”, lanzó con ironía.
Sobre el caso Sinaloa, explicó que el congelamiento de cuentas a Rubén Rocha y su entorno por parte de la UIF fue una medida preventiva derivada de vínculos financieros internacionales, no una investigación directa. Un matiz técnico que desactiva especulaciones.
En materia bilateral, Sheinbaum trazó línea: cooperación sí, subordinación no. Ante la próxima visita de funcionarios estadounidenses como Markwayne Mullin y Sara Carter, puso sobre la mesa el fondo del problema: el consumo de drogas en Estados Unidos y el tráfico de armas hacia México. “¿Quién vende la droga allá?”, cuestionó. Y remató: sin reducir la demanda ni frenar el flujo de armas, cualquier estrategia será incompleta.
La presidenta también rechazó de tajo cualquier insinuación de intervención militar extranjera: “Somos un país independiente y soberano”. Un mensaje que no sólo responde a Washington, sino también a los sectores internos que insisten en esa ruta.
En otro frente, confirmó a Diario Basta la visita del rey Felipe VI a México para un partido del Mundial 2026, aclarando que no implica recomposición diplomática porque nunca hubo ruptura. Incluso dejó abierta la posibilidad de un encuentro institucional. También vendrá el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa.
Eso sí, marcó distancia del espectáculo: no asistirá a ningún partido del Mundial en territorio nacional. En medio del ruido, Sheinbaum opta por el mensaje político: datos, soberanía y control del discurso. Aquí, la jiribilla no hizo mella.