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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El operativo implementado por el Ayuntamiento de Toluca para retirar automóviles estacionados en la calle Hidalgo evidenció más que un intento por mejorar la movilidad: exhibió la urgencia política de la administración de Ricardo Moreno Bastida por aparentar resultados frente a una ciudad que sigue enfrentando problemas de tránsito sin solución de fondo.

Desde primeras horas del día, personal de la Dirección de Sustentabilidad Vial y grúas municipales comenzaron a retirar vehículos estacionados en el lado izquierdo de la vialidad, en el tramo que va del monumento a la Bandera a Isidro Fabela. La medida fue presentada como una acción para recuperar el orden en una de las arterias más transitadas del centro.
Sin embargo, el efecto fue inmediato y previsible: decenas de automovilistas simplemente trasladaron sus vehículos a calles cercanas como Rafael Alducín, Guillermo Prieto, Primero de Mayo o Morelos, donde el problema se reprodujo sin que existiera vigilancia o control.
Vecinos y comerciantes señalaron que el operativo revela una contradicción evidente. Mientras el gobierno municipal busca imponer disciplina a los ciudadanos, mantiene sin resolver los desajustes dentro de su propia estructura administrativa y en la planeación urbana del primer cuadro de la ciudad.
“Quieren imponer orden afuera, pero no ordenan su propio gobierno”, reclamó un comerciante de la zona.
Para críticos de la medida, el operativo responde más a la necesidad de proyectar una imagen de actividad que a una política seria de movilidad. La administración municipal no ha construido nuevos estacionamientos públicos ni ha presentado un plan integral para absorber la demanda vehicular del centro histórico.
Así, mientras el Ayuntamiento presume orden en la calle Hidalgo, el desorden se multiplica a unas cuantas cuadras de distancia, dejando en evidencia que la estrategia no resuelve el problema, solo lo traslada. Y con ello, el gobierno de Ricardo Moreno intenta vender como avance lo que en realidad es apenas un gesto desesperado por demostrar que algo —lo que sea— se está haciendo.