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Por Ricardo Sevilla
¡No puede ser! A dos meses de la inauguración del Mundial y en medio de las obras que se realizan en el Metro CDMX, hay un auténtico caos en la Ciudad de México.
Ayer, por ejemplo, los convoyes dieron 800 vueltas menos, afectando a cerca de 2 millones de usuarios. Los estragos ya se sintieron. ¿Y sabe quién los padeció? No los políticos, ni los funcionarios públicos, sino la ciudadanía. Y es que el 70% de la población activa de la CDMX depende del Metro para llegar a sus centros de trabajo.
El sindicato de trabajadores de ese medio de transporte exige mantenimiento “real y a fondo”. ¿Y sabe qué hay detrás de esto? Varias razones. Una de ellas: que Adrián Ruvalcaba, el director, ha sido incapaz de resolver los problemas que aquejan ese organismo publico.
Por otro lado, Fernando Espino Arévalo, el líder vitalicio del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo (SNTSTC) del Metro de la CDMX, ha ocupando el cargo por más de 40 años.
Es decir: Espino es un líder “charro”
que ha estado estrechamente vinculado al PRI, por el cual, incluso, ha sido diputado local y federal en seis ocasiones.
¿Y sabe qué? Que a Espino y sus secuaces les importa un rábano que el Metro haya sufrido un impacto a la movilidad y que los trenes hayan reducido el 15% la frecuencia de paso debido a que, por su capricho, decidieron retirar de las vías a los trenes operativos.
Espino es la clase de bribón que lidera un sindicato subordinado al poder político y a intereses personales. Las cosas como son. Y prueba de de ello es su vinculación histórica con el PRI y su rotación en cargos legislativos.
Un lídercillo enquistado cuatro décadas en el poder no representa a una generación, representa a un sistema que se niega a morir.
Y para que las cosas mejoren en el Metro se necesita que salgan el “Charro” y el incompetente.
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El contenido de esta columna es responsabilidad del autor.