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¿Se puede amar sin comprender?

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Por: Pedro Linares Manuel

Apreciable lector, Amar es una de las palabras más usadas y, al mismo tiempo, menos comprendidas. Decimos amar a la pareja, a los hijos, a los amigos, a la humanidad. Pero surge una pregunta profunda: ¿se puede amar verdaderamente sin comprender?

Desde la mirada masónica, el amor no es solo emoción; es conciencia. Y la conciencia implica esfuerzo por entender al otro. Amar sin comprender puede convertirse en posesión, en control o en idealización. Cuando no comprendemos, proyectamos. Cuando no escuchamos, suponemos. Y muchas veces lo que llamamos amor termina siendo apego o necesidad.

La fraternidad masónica nos enseña que el vínculo auténtico se construye desde la empatía. Empatía no es estar de acuerdo con todo, sino hacer el intento sincero de colocarse en el lugar del otro. Significa escuchar antes de reaccionar, preguntar antes de juzgar y dialogar antes de imponer. Sin comprensión, el amor se vuelve frágil; con comprensión, se fortalece.

Sin embargo, comprender no significa permitirlo todo. Aquí aparece un elemento esencial: los límites. Amar no es tolerar lo que destruye. La fraternidad no elimina la responsabilidad ni la firmeza. En la Masonería, el respeto mutuo implica también saber marcar fronteras claras. El amor fraterno es firme, pero no agresivo; comprensivo, pero no permisivo.

En la vida cotidiana, muchas relaciones fracasan porque se confunde amor con sacrificio silencioso o comprensión con resignación. Amar con conciencia implica equilibrar tres pilares: empatía, respeto y límites. Sin límites, el amor se diluye; sin empatía, se endurece; sin respeto, se rompe.

¿Se puede amar sin comprender? Tal vez se pueda sentir afecto, pero no construir un vínculo sólido. Comprender no significa justificar, sino entender la raíz de las conductas para decidir con madurez cómo actuar.

En un mundo polarizado, donde la diferencia genera confrontación inmediata, practicar la fraternidad consciente es un acto revolucionario. Amar comprendiendo es elegir crecer juntos, y cuando no sea posible, retirarse con dignidad.
Porque el amor verdadero no solo abraza; también sabe orientar. No solo acepta; también sabe cuidar. Y en ese equilibrio silencioso entre empatía y límites, nace una ética más humana y más madura. Libros y contenidos: www.mentisnovatea.com

Citas psicológicas: WhatsApp 56 4410 4184

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