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Detectan caso del gusano barrenador… Denuncian ganaderos falta de presencia de servicios veterinario

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La confirmación de la plaga en el ganado estatal, en una cabra del municipio de Tlatlaya, encendió la alerta sanitaria en el sur del Estado de México. Autoridades federales y estatales aseguran que el brote permanece bajo control

REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN

La noticia corrió de boca en boca en el municipio de Tlatlaya antes que cualquier autoridad tocara una puerta: un caso de gusano barrenador del ganado fue confirmado en una cabra, activando protocolos sanitarios.

El Gobierno del Estado de México y el Senasica difundieron mensajes de calma, asegurando que el foco fue atendido de inmediato y que el riesgo está “contenido”. Sin embargo, en las comunidades rurales, la versión oficial no alcanza para disipar el temor. Lo que ahí domina es la angustia por perder animales, patrimonio y sustento.

“Dicen que ya está controlado, pero nadie vino a revisar todo nuestro hato. Solo hacen muestreos y se van”, reclama Don Pedro, productor de la zona. La autoridad presume coordinación y vigilancia, pero los ganaderos hablan de una realidad distinta: falta de seguimiento, escasa presencia veterinaria y una comunicación limitada a boletines. “Nos piden confiar, pero llevamos años pidiendo apoyo y nadie escucha hasta que estalla una emergencia”, añade María González, criadora de caprinos.

El gusano barrenador no es una plaga menor: invade heridas abiertas, destruye tejido y puede provocar la muerte del animal si no se atiende a tiempo. Para las familias, perder una cabeza de ganado equivale a perder ingresos, alimentación y estabilidad. “Aquí no estamos hablando de estadísticas; estamos hablando de la comida de nuestros hijos”, señala Juana Arteaga mientras revisa sus animales con preocupación visible.

Aunque se decretó una fase preventiva, en la sierra, el término suena hueco. Productores advierten que, sin una vigilancia permanente, campañas de capacitación reales y apoyo material para control sanitario, cualquier “caso aislado” puede convertirse en tragedia colectiva. “No queremos comunicados optimistas; queremos presencia real en campo”, reclama un comité ganadero local.

La denuncia social es clara: más allá de este brote, lo que está en riesgo es una actividad que sostiene a miles de familias y que, aseguran, ha sido relegada por años. La plaga puede controlarse; la desatención institucional, no.

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