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abril 20, 2024

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Los insólitos robos de la Copa del Mundo

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El trofeo Jules Rimet sufrió dos robos: previo a Inglaterra 1966 y en Brasil en 1983

Carlos Horta Martínez.

 

Cuando se habla de robos en el futbol, uno piensa de un partido arreglado, de las decisiones arbitrales a favor de un equipo o por presiones políticas, sin embargo, ha habido otra clase de asaltos en el futbol, y es que en la historia de los Mundiales se ha visto el robo literal del trofeo para el campeón.

El trofeo Jules Rimet, que se entregaba a las selecciones ganadoras en las Copas del Mundo, entre 1930 y 1970, fue robado dos veces.

INGLATERRA 1966

La Copa Jules Rimet, trofeo para el monarca mundial, era una escultura del artista francés Abel Laffleur que representaba a Niké (la diosa griega de la victoria), con alas estilizadas. La figura tenía los brazos levantados y sujetaba una copa de forma octagonal. Medía unos 30 centímetros de altura y pesaba 3.800 kilos de plata esterlina enchapada en oro.

La Copa Jules Rimet llegó a Londres para el certamen de ese año en Inglaterra. Con la idea de presentarla al público, los organizadores la colocaron el 19 de marzo en una vitrina del Central Hall Westminster. Al día siguiente, el único guardia responsable se fue un rato para tomar un café. Cuando volvió, el trofeo ya no estaba.

Faltaba poco para el inicio del torneo y la Jules Rimet seguía desaparecida sin rastros, mientras que la policía de Londres y la propia Scotland Yard seguía en su búsqueda.

El 27 de marzo de 1966, David Corbett sacó a pasear a su perro como todas las mañanas, pero notó un comportamiento extraño en el animal: “Puso la atención en un paquete medio enterrado, cubierto de periódicos, detrás de un árbol. Saqué los periódicos que lo envolvían y vi a una mujer sujetando un plato sobre su cabeza, y una placa con las palabras Alemania, Uruguay, Brasil”, contó.

Un perrito llamado Pickles, con más olfato que la Scotland Yard, salvó el honor inglés, recuperando la Copa que cien agentes de la policía británica y Scotland Yard no habían podido lograr. Se supuso que el ladrón, asustado por la repercusión del caso, decidió abandonar el trofeo.

La policía británica interrogó a Corbett como si fuera un sospechoso, pero el hombre no tenía otra responsabilidad que la de ser dueño de un perro curioso.

Corbett cobró una jugosa recompensa de 6,000 libras, una compañía de alimentos de animales le regaló un año de comida gratis para Pickles. Además, dueño y mascota fueron invitados a la cena, luego de obtención del título de la Selección de Inglaterra, junto al plantel y a la reina Isabel II.

2° robo en 1983

El segundo robo fue en Rio de Janeiro, por un grupo capitaneado por un joyero. Nunca más apareció.

Brasil, con Pelé, logró conquistar el trofeo Jules Rimet en el Mundial de México 1970, además de atesorar para siempre el trofeo, tras haberlo ganado tres veces.

Un ambicioso empleado bancario llamado Sergio Pereyra Alves visitó el local una vez y descubrió que, si bien el trofeo estaba protegido por cristales a prueba de balas, la vitrina se encontraba burdamente adherida a la pared con madera y cinta.

Se lo contó a Juan Carlos Hernández, un joyero argentino radicado en Rio de Janeiro que, además de sus oficios legales, se dedicaba a reducir joyas robadas. No les costó convencer a dos ladrones experimentados llamados José Luiz Vieira da Silva, alias Bigode (Bigote) y Francisco José Rocha, alias Barbudo, quienes visitaron la sede de la Confederación y se metieron en el baño a la espera de que cerrara el local. Ya estaba entrada la noche cuando salieron de su escondite –nadie había revisado el baño–. Tardaron apenas veinte minutos en desarmar la vitrina por la parte de atrás, sacar el trofeo, meterlo en una bolsa y llevárselo.

El trofeo fue fundido en lingotes, que fueron vendidos por un total de 15 mil 500 dólares.

El robo del trofeo Jules Rimet, le dejó una lección a la FIFA. En la actualidad, La Copa del Mundo, como se llama el nuevo trofeo, está guardada con estrictas medidas de seguridad en la sede de la organización, de la que no sale nunca. Las selecciones que ganan los Mundiales se llevan a su país una simple réplica.

 

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