Rencor y esperanza

Rencor y esperanza

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Rafael Loret de MOLA

Se entusiasman por ellos. En el fondo de cada conciencia, sin embargo, anida la desesperación, la impotencia y la rabia contenida. Si quienes ejercen ahora el poder no lo percatan, peor para ellos. Hay que avisarles: 2019 no será tranquilo ni pueden esperar que la sociedad siga cruzada de brazos ante el pasivo espectáculo de una clase política, que deseamos instalar en el pasado, represora, asesina y profundamente ignorante y desconocedora de la geografía nacional que heredó el nuevo gobierno. No es posible soportar más.

Desde luego no es misión de este columnista estelarizar el papel de aguador de fiestas en esta noche que esperamos tranquila y sin avisos de Apocalipsis como en las respectivas efemérides de 1994, 2006 y 2012. Sin embargo, es necesario reflexionar, una y cien veces si es necesario, cuáles son nuestros deberes primigenios empezando con el bienestar de la familia que no se agota con una buena cena de fin de año; lo trascendente es legarles a quienes nos siguen un México con justicia y libertad. ¿Y cuánto hemos andado en esta dirección? Veamos hacia atrás y resolvamos esta interrogante en lo más profundo de nuestras conciencias. De no hacerlo, el tiempo pasará y nos convertiremos en cenizas.

Nos duele México aun cuando, en familia, tratemos de consolarnos unos a otros, observando los pesebres hogareños que nos guían todavía con la esperanza de la estrella que se posó en Belén como demostración de que la humildad es el mejor ingrediente para ejercer el liderazgo, en este caso el divino, el más alto de todos, sobre las sociedades convulsionadas por el odio y la violencia.