A dos días de la represión porríl, a medio siglo de la represión del 68

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FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM

Ciudad de México.- A dos días de la represión porríl en contra de estudiantes del CCH Azcapotzalco en la plaza de rectoría, donde iban a entregar su pliego petitorio a las autoridades universitarias, miles de universitarios marcharon al filo de la una de la tarde, desde la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, conocida por ser una de las más “grilleras” por los mismos estudiantes, quienes se dirigieron a la rectoría de la UNAM ubicada justo a un costado de la Biblioteca Central y de la Facultad de Filosofía y Letras.

Con el sol en su punto máximo, los estudiantes de diferentes facultades del campus central, como de las otras Facultades de Estudios Superiores que se encuentran en diversos puntos de la metrópoli; también eran acompañados por alumnos de nivel bachillerato, principalmente por la comisión de estudiantes del CCH Azcapotzalco, donde se han originado las primeras demandas estudiantiles. Ellos han mantenido desde hace tres semanas el fuego prendido con constantes actividades sociopolíticas, como paros y protestas, las cuales incluso, han querido ser apagadas con las aguas porriles de la misma UNAM, “auspiciados”, quién sabe por quién, pero los alumnos exigen que se investigue y se condene a los responsables de estos actos que repudian firmemente.

La violencia permea a todos los niveles de la sociedad, cuando llega a la universidad, genera un punto de quiebre social donde las voces comienzan a surgir, de todos lados, los miles de estudiantes, incluso también de diversas vocacionales pertenecientes al Instituto Politécnico Nacional,  tanto como un contingente de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, se solidarizaron; la gota que derramó el vaso fue la represión del pasado 3 de septiembre, orquestada presuntamente -acusan los estudiantes- por el jefe de Auxilio UNAM, Teófilo Licona, conocido como “El Cobra”. La memoria histórica de los estudiantes después del movimiento del 68, no perdonará jamás los actos de represión.

Los estudiantes llegaron al grado de pedir la cabeza del rector Enrique Graue Wiechers, sin embargo, otros piensan que es mejor dialogar para buscar lo mejor para ambas partes, como lo piensa Osiris, un alumno de la Preparatoria 8 que formó parte de los miles de estudiantes que se manifestaron gritando consignas en contra de la violencia.

Durante la marcha, se escuchaban gritos que preguntaban “por qué nos asesinan, si somos la esperanza de América Latina”. La violencia es uno de los factores principales que llevan a los universitarios a protestar en contra del sistema, sin embargo, no es el único. Pues desde el pliego petitorio del CCH Azcapotzalco que exigen cumplan las autoridades, acusan de autoritarismo y represión a la libertad de expresión, desde la eliminación de murales del movimiento de Ayotzinapa creados por la comunidad estudiantil dentro de sus instalaciones, hasta la represión porríl orquestada por las mismas autoridades unversitarias.

Además, acusan de tintes de privatización de la educación, pues como lo argumenta la comisión del CCH “Azapo”, los alumnos de primer semestre no tuvieron acceso a las cajas dentro del plantel que les permitía pagar únicamente 20 centavos, pues la UNAM es subsidiada con los impuestos de los mexicanos, así lo argumentó una madre que acompañó al contingente de “Azcapo” porque son menores de edad. Por ello, los nuevos universitarios tuvieron que pagar en el banco, una inscripción al presente ciclo escolar que asciende hasta los 100 pesos. Este tipo de acciones vulneran ampliamente la educación superior, “pública y gratuita”, por eso es lo que se grita cada que se termina un ¡Goya! que envuelve y eriza la piel de quien lo escucha, siendo aclamado por miles de estudiantes al mismo tiempo.

Durante la marcha se podía observar el sudor sobre la frente de los estudiantes por la larga caminata que se realizó y duró más de 3 horas, el objetivo, organizarse para que se cumplan todas las demandas de cada plantel de la máxima casa de estudios, pues todas convergen en problemáticas generales, sin embargo, en lo particular, cada uno tiene una historia que contar.

En CCH Oriente una alumna de tan sólo 18 años de edad, fue secuestra al salir de su plantel, no regresó nunca más a su casa, sus padres sufren el dolor inconsolable de perder un hijo, de un manera cruel e inhumana, pues sus restos fueron encontrados en una carretera del Estado de México, incinerada y desnuda. Una alumna de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán fue violada en plena vía pública, ella acusa que nadie hizo nada y sólo veían con morbo. La violencia nos ha rebasado, y de lo que no están seguras las autoridades universitarias, es que el movimiento estudiantil los puede rebasar a ellos.

Axel Velázquez, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales se unió a la exigencia de sus alumnos y de los que no lo son, pero forman parte de la comunidad universitaria. Su manera de entender el presente conflicto va más allá de señalar únicamente al rector y pedir su cabeza, sin embargo, cree que alguien está detrás de esto. Así también lo piensan y expresan las autoridades capitalinas, como José Ramón Amieva, y el gobierno local electo, dirigido por Claudia Sheinbaum Pardo. Amieva dijo que fue un ataque organizado, Sheinbaum dijo que estos grupos porriles están “auspiciados”, y Axel sabe que se tiene que indagar a los responsables de los recientes ataques del pasado 3 de septiembre, pues los movimientos estudiantiles son aparatosos; como lo piensa el profesor de la UNAM, “las autoridades no saben lo empática que puede llegar a ser esta generación”, y la marcha del día de hoy en CU lo constató.

“Madre, aguanta, el pueblo se levanta”, se gritó después de que una madre tomara el megáfono para acusar las omisiones en los casos de estudiantes desaparecidos y asesinados, además la misma mujer acusó directamente a Luis Raúl González Pérez ante miles de estudiantes, por haber sido el responsable de borrar pruebas necesarias para el esclarecimiento de un caso de un estudiante desaparecido, cuando fue abogado general de la UNAM, ahora es el titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

“No están solos, no están solos, no están solos”, se escuchaba a las afueras de rectoría, desde donde miraban los burócratas, a quienes dicen los alumnos en sus consignas, “esos son, esos son, los que chingan la nación”. Ellos solo miraban el problema desde la comodidad de su oficina, mientras que los estudiantes y los padres que los acompañaban llevaban más de dos horas caminando bajo el sol, con sed de justicia.

Helicópteros sobrevolaban las inmediaciones de la plaza de rectoría, estudiantes hacían comentarios refiriéndose al movimiento que marcó una coyuntura en la construcción de la identidad sociocultural del mexicano del siglo XXI, “si ves una bengala, nos echamos a correr”, la bengala fue la señal para reprimir a los universitarios que llevaban a cabo un mitin en la Plaza de las Tres Culturas, el 2 de octubre de hace medio siglo.

Por lo pronto, al finalizar la marcha multitudinaria e interuniversitaria, los estudiantes exigen el cumplimiento de sus demandas, y si no lo saben resolver las autoridades, el movimiento va a crecer cada vez más, e incluso, pueda escalar a otros sectores de la sociedad, pues la violencia no afecta únicamente a la comunidad universitaria.

 

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