Fuego abierto

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Raquel Bigorra

Cuando la relación se convierte en un campo de batalla campal, hasta pierde uno las ganas de llegar a casa. ¿A poco no? Tenemos conflictos en el trabajo porque nunca falta el jefe que anda de mal humor y nos carga la mano. El tráfico es un infierno por cualquier medio de transporte. Hasta los que andan en bici sufren de estrés. El salario no alcanza y la contaminación ambiental nos está matando. O sea que, vivir no es fácil. Llegas a casa buscando un poco de paz y te encuentras a un dóberman en lugar de marido. O a una Rottweiler, en lugar de esposa. Ya no vale la pena preguntarnos desde cuando vivimos así. Vamos a enfocarnos para saber de qué lugar salen estos enfrentamientos. Hay varios puntos que tocar. El primero tiene que ver con las expectativas. Si soñaste con el matrimonio perfecto y una relación sin diferencias, estás en un error. Hay que aceptar que todas las relaciones están muy lejos de la perfección. Esto es un trabajo de construir todos los días. Si no es como lo soñaste y no eres consciente de ello, estoy segura que cualquier diferencia va a detonar un conflicto. Comunica. No te guardes temas importantes ni esperes al primer conflicto para poner el tema sobre la mesa. Solemos mezclar y seguimos sacando cosas del pasado. Enfócate en resolver o llegar a un acuerdo en un tema a la vez. Olvídate de humillaciones o señalar a tu pareja con un látigo. Esto es bastante común.

Tratar de hacer sentir a la pareja mal con un comentario negativo acerca de su personalidad o hábitos, es muy desafortunado. Hay quien hasta lo hace en público y espera la primera reunión con otras parejas para carcajearse o burlarse despiadadamente. Es de mal gusto y no construye nada. Al contrario. Maneja los conflictos en momentos de calma. Después de tomar un café, de escuchar música suave, sin pronunciar el temido “tenemos que hablar”, dialoga con tu pareja. No se vale que guardes miedos o malos entendidos. Debemos comportarnos como adultos y aprender a decir lo que nos pasa, lo que necesitamos, lo que esperamos, hablar de nuestras prioridades, sueños y anhelos, con honestidad y amor. No necesitas herir a nadie para hacerte entender. Manipular y hacerte la víctima, mucho menos. Suma muchísimo si le dejas saber a tu pareja las cosas buenas que hace por la relación. Que sepa que lo valoras. Elógialo, recuerda siempre entre col y col, lechuga. Hay mucho que mejorar de cada relación pero también cada pareja tiene esa conexión especial que la hace única y diferente a las demás. No te permitas habitar bajo un fuego abierto. Mereces llegar a casa y encontrarte tu oasis. Ese que tú y tu mitad, tienen toda la capacidad emocional para poderlo generar. Adiós Rottweiler y Dóberman. Firma la pipa de la paz y vivieron felices para siempre, gracias a El manual de la buena esposa.