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REDACCIÓN
Los humedales del Alto Lerma retroceden ante la expansión urbana y agrícola, las descargas residuales y la extracción de agua por encima de la recarga del acuífero del Valle de Toluca. La pérdida compromete el equilibrio hídrico regional. Un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) registró que, entre 1973 y 2008, la superficie agrícola aumentó 299 por ciento y la urbana, 2 mil 199 por ciento.
En ese lapso, los cultivos ocuparon mil 246.7 hectáreas de vegetación acuática y 811.3 de tulares, hábitats que también sirven de refugio para distintas especies. En mayo de 2025, dependencias federales acordaron impulsar el ordenamiento territorial de la cuenca Lerma-Santiago para contener asentamientos en zonas de riesgo y preservar humedales y cuerpos de agua.
No obstante, estudios de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) señalan que las Ciénegas también padecen presión por corredores industriales, aguas residuales y sobreexplotación de mantos freáticos. El Programa Nacional Hídrico advierte que las descargas industriales y agrícolas pueden incorporar metales pesados, compuestos tóxicos, nitrógeno y fósforo. La contaminación afecta los hábitats de especies protegidas: la mascarita transvolcánica está en peligro de extinción y el ajolote de Lerma está sujeto a protección especial, conforme a la NOM-059.
La Comisión Nacional del Agua (Conagua) reportó para 2026 una recarga media anual de 336.8 millones de metros cúbicos en el acuífero Valle de Toluca, frente a una extracción de 411.92 millones. El déficit es de 75.12 millones y la disponibilidad media anual se considera negativa.
Para las familias de la cuenca, la pérdida de humedales reduce la capacidad del territorio para almacenar, filtrar e infiltrar agua. La contaminación y la extracción superior a la recarga agravan el deterioro. Aunque existe un acuerdo de ordenamiento, los datos muestran que persiste la presión sobre el ecosistema y el acuífero, claves para la seguridad hídrica regional.
