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Las nuevas Normas Técnicas Complementarias del Reglamento de Construcción entraron en vigor a finales del ejercicio de 2017, tras el sismo de septiembre de ese año
Diego Raya
Ciudad de México.- Luego de los sismos del 19 de septiembre de 1985 y 2017 de magnitud 8.1 y 7.1 que azotaron a la capital del país, se endurecieron las normas de construcción vigentes, ademas de que se llevó a cabo la actualización de de los mapas de zonificación geotérmica y sismicidad, los cuales exigieron un análisis dinámico más estricto de las estructuras, especialmente en los suelos blandos, los cuales son característicos de varias localidades de la Ciudad de México.
En entrevista con Diario Basta, Marco Antonio Velasco, ingeniero civil por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explicó, que después de los sismos de 1985 y 2017, se reformó el espectro sísmico para hacerlo más riguroso, además de que se realizaron correcciones relacionadas con las losas aligeradas, debido a las fallas observadas durante los movimientos telúricos. Explicó que, en diversos casos, las columnas de los inmuebles permanecieron en pie mientras las losas colapsaron, lo que provocó el llamado efecto de “brochetas” (es decir, quedan únicamente las columnas y se caen las lozas), por lo que las modificaciones buscaron atender este tipo de comportamiento estructural.
Asimismo, Hernández señaló que la frecuencia de vibración de un edificio no debe coincidir con la frecuencia del suelo sobre el que está construido, debido al fenómeno de resonancia: “Las frecuencias de vibrar de un edificio no debe ser igual a la del suelo”, aclaró, al explicar que cuando ambas frecuencias coinciden, el inmueble puede entrar en resonancia y aumentar considerablemente sus movimientos, con consecuencias destructivas. Como ejemplo, indicó que si el suelo del centro de la Ciudad de México tiene una frecuencia de aproximadamente dos segundos, un edificio construido en esa zona no debería tener esa misma frecuencia de vibración.
Por otro lado, Miguel Ángel Hernández, arquitecto de profesión, declaró para Diario Basta que, a raíz de los sismos de 1985 y 2017, el Reglamento de Construcciones de la Ciudad de México cambió y comenzó a hablarse de seguridad estructural, con el objetivo de garantizar edificaciones sin riesgos de sufrir colapsos espontáneos o provocados por fenómenos naturales.
Explicó que estas medidas “consisten en la revisión detallada de las estructuras, cimentaciones y tipos de suelo en el que se llevará a cabo las obras”.
Asimismo, Hernández destacó que la revisión resulta relevante debido a las características del subsuelo capitalino: “Contamos con diferentes tipos de suelos y cada uno de ellos conlleva diferentes tipos de cimentaciones”. En este proceso, agregó, los Directores Responsables de Obra (DRO), son quienes tienen a su cargo verificar y evaluar estos elementos, con el apoyo de especialistas en cada una de las áreas involucradas.
