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El cinturón de la “libertad” que aprieta al continente

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Antes que ocuparse de lo prioritario, los daños ocasionados por el terremoto, Abelardo de la Espriella, nuevo presidente de Colombia cumplió uno de los pactos con los que lo llevaron al poder; reactivó relaciones con Israel y en consonancia con Estados Unidos e Israel, reconoció el control de Marruecos sobre la República Arabe Saharaui Democrática y de Israel sobre los Altos del Golán.

Apenas tomar posesión, se le vio en dos videos, uno oficial en el que se dirigía a la nación, cual reina de la primavera, enviando besos y saludando a la audiencia, previo a anunciar el saldo hasta ese momento de la tragedia de su país, y otro, en el que se le ve en un sitio cerrado, con su personal de trabajo, pero con guardias cubriendo las espaldas con escudos portátiles antibalas. Muy del perfil de Novoa, Milei, Bukele, Keiko, Rodrigo Paz y Kast que forman parte del llamado Escudo de las Américas o Coalición Anti-Cárteles lanzada el 7 de marzo pasado y del que también figuran Costa Rica, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Trinidad y Tobago.

Solo México y Brasil permanecen al margen; dos países que se han negado a ceder su
soberanía, dos países cuyos mandatarios resisten ante el injerencismo norteamericano, que
no entregan sus recursos, que no están dispuestos en convertirse en títeres de un gobierno
que, temeroso de un rechazo en las intermedias, pretende cerrar el cerco de poder en el
continente como tabla de salvación. Recursos a la mano: agua, minerales, mano de obra
barata, entrega de tierras como lo está haciendo Milei sin pudor en Argentina, todos con un
discurso de “libertad” ¿de qué?, ¿de quién?, o de la “ayuda” como la ha ofrecido muchas
veces Trump a nuestro país, cuando se sabe que la ayuda del gobierno norteamericano es
cobrada a precio de oro, de sangre, de arrasar con lo que toca; esto lo saben los
entreguistas, y aún así, viajan a Estados Unidos para “denunciar” a las dirigencias del
partido en el poder, entrega pura, servilismo de los que esperan obtener la bendición
naranja para que, en las próximas elecciones sea “recomendada” su figura y terminen como
el colombiano; cuentan con el franco intervencionismo y ya planean entregar Yucatán,
Chihuahua o Baja California y siempre enarbolando la bandera del narcotráfico, jugoso
negocio creado por USA y que no terminará, porque reditúa en Wall Street. Son tiempos de
locura y descaro desde los más altos puestos de los gobiernos, que pague el pueblo, no
importa.

Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez

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