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CÉSAR A. MUÑOZ
GRUPO CANTÓN
Ciudad de México.- Mientras personas ejercen el trabajo sexual por decisión propia, otras siguen atrapadas en redes de trata que las explotan bajo amenazas, engaños o violencia. La diferencia entre ambos escenarios no sólo marca la línea entre un derecho y un delito, también define si una persona recibe protección o permanece invisible ante las autoridades.
En entrevista para Diario Basta, Nancy Cisneros integrante la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), explicó que el principal reto es identificar que detrás de una aparente comunicación voluntaria puede existir una situación de explotación.
“Hoy muchas redes de trata ya no necesitan tener a las víctimas en una calle para controlarlas. El primer contacto puede comenzar desde un teléfono celular, mediante mensajes, perfiles falsos o supuestas oportunidades, detrás de una conversación aparentemente normal puede existir una persona manipulando, vigilando y tomando decisiones sobre la vida de alguien más”, señaló.
La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) señala que las mujeres representan aproximadamente el 61% de las víctimas de trata detectadas en el mundo, mientras que las niñas representan cerca del 22% son menos de edad.
“No todas las personas que ejercen el trabajo sexual son víctimas de trata, pero tampoco podemos ignorar que existen miles de personas sometidas por redes de explotación. La diferencia está en la libertad, en la ausencia de violencia y en la posibilidad real de decidir sobre la propia vida.”
Mientras las redes de explotación buscan esconderse detrás de la tecnología y los espacios privados, el reto de las autoridades es detectar a quienes son obligadas, proteger a las víctimas y garantizar que los derechos humanos estén por encima de los prejuicios.
