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Por Ricardo Sevilla
La trayectoria de Héctor Serrano Cortés no se explica a través de la ideología, sino de la fontanería política. Y es que este sujeto lleva años practicando el innoble arte de controlar los flujos del dinero, la información y la coerción en los sótanos del poder.
De ser el hombre fuerte del sexenio de Miguel Ángel Mancera en la Ciudad de México, Serrano logró convertirse en el estratega del “Gallardismo” en San Luis Potosí.
El exdelegado de Venustiano Carranza exportó a tierras potosinas sus artimañas.
Muchos, seguro, recuerdan que el paso de Serrano por la Secretaría de Movilidad (SEMOVI) en la CDMX dejó una de las tramas de corrupción tecnológica más audaces de la década pasada.
Y es que, bajo el esquema de modernización, Serrano intentó imponer a más de 10 mil taxistas la sustitución de taxímetros por tabletas digitales con GPS a través de una licitación dirigida.
Este transa no solo implicaba un negocio millonario en rentas mensuales cautivas, sino la creación de una base de datos de geolocalización masiva en tiempo real.
Y mientras eso ocurría, paralelamente, las investigaciones de la Fiscalía General de Justicia de la CDMX desmantelaron la central de espionaje clandestino en la calle Marqués Sterling.
Desde ahí, presuntamente bajo la égida de Serrano, se intervinieron ilegalmente las comunicaciones de periodistas, empresarios y figuras de la entonces oposición, entre ellas el expresidente Andrés Manuel López Obrador y la actual mandataria federal, Claudia Sheinbaum.
El objetivo de Serrano era tan claro como inmundo: tener en sus garras información como moneda de cambio y mecanismo de extorsión.
Tras el colapso de su grupo político en la CDMX, Serrano se recicló en San Luis Potosí como la mente maestra detrás del gobernador Ricardo Gallardo. ¿Y sabe qué? ¡Le ha hecho mucho mal a los potosinos!