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Hubo caos y fe en la 183 representación de Pasión de Cristo en Iztapalapa

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Juan R. Hernández

Ciudad de México.- La 183 Representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa, en su primer año como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, se vio marcada por retrasos, tensión y desorganización en algunos puntos clave del recorrido.

Con más de una hora de atraso, la crucifixión finalmente llegó al Cerro de la Estrella, donde miles de fieles aguardaban para presenciar el momento culminante de la escenificación que revive la pasión y muerte de Jesús.


Durante el trayecto, la fe fue protagonista: niños nazarenos, hombres y mujeres caminaron descalzos como acto de penitencia, algunos cargando pesadas cruces. Tal es el caso de José, de apenas 8 años, quien participa con fervor en esta tradición que forma parte de su vida.

Sin embargo, la organización se vio rebasada en la Macroplaza. La presencia de “visitantes especiales” generó molestia entre reporteros, camarógrafos y asistentes, quienes denunciaron empujones y obstáculos para realizar su labor o simplemente observar la representación.

Entre reclamos de “¡dejen trabajar!”, comunicadores enfrentaron a personas que, más interesadas en tomarse selfies o realizar transmisiones en vivo, invadían espacios destinados a la cobertura. Incluso, se registraron roces cuando centuriones resguardaban el área de la flagelación, impidiendo el acceso a quienes habían llegado desde temprano.

Mientras tanto, el comercio no se detuvo. Vendedores aprovecharon la afluencia con productos accesibles, desde paletas hasta bebidas, en medio de una multitud que buscaba el mejor ángulo.

Detrás de la escenificación, también se entrelazan historias de vida. Nazarenos que dejaron adicciones, familias agradecidas por superar enfermedades y promesas cumplidas se reflejan en cada paso cargando la cruz.

Ya en el Cerro de la Estrella, el cansancio del Cristo —tras portar una cruz de más de 70 kilos— se hizo evidente.

“Perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen”, resonó ante una multitud que, pese al caos, guardó silencio ante el clímax de la representación, mientras la Virgen María lloraba al pie de la cruz.

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