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Por Ceci Vadillo
Quiero comenzar reconociendo a las más de 120 mil mujeres que el 8 de marzo salieron a marchar de manera pacífica por sus derechos. A quienes levantaron la voz, caminaron juntas y gritaron consignas que provienen de décadas de lucha. Desde el Congreso de la Ciudad de México sabemos que tenemos la obligación de ser eco y voz de todas las demandas expresadas ese día.
México vive un momento histórico. Por primera vez tenemos una mujer presidenta, Claudia Sheinbaum. Su gobierno ha colocado los derechos de las mujeres en el centro de la agenda pública. La creación de la Secretaría de las Mujeres, encabezada por Citlalli Hernández, representa un paso histórico para institucionalizar una agenda feminista que, durante décadas, fue impulsada desde las calles, las organizaciones y las luchas de millones de mujeres. También se aprobó la reforma constitucional que garantiza un principio básico de justicia: a trabajo igual, salario igual. Pero sabemos que cerrar la brecha salarial no basta si los salarios siguen siendo precarios. Por eso el incremento histórico del salario mínimo —que ha crecido más de 150%— también ha sido una política que beneficia especialmente a las mujeres. En México, 47% de ellas perciben hasta un salario mínimo, 13% más que los hombres; mejorar los salarios es, por tanto, también cerrar brechas de género. Hoy esa lucha se traduce en políticas públicas concretas. Se creó la Cartilla de los Derechos de las Mujeres para que todas conozcan y ejerzan sus derechos, y se impulsaron 678 Centros LIBRES en todo el país para garantizar que las mujeres puedan vivir libres de violencia. En la CDMX, la jefa de Gobierno, Clara Brugada profundiza esta transformación. Su proyecto de ciudad coloca en el centro una demanda histórica: reconocer, redistribuir y reducir la carga de los cuidados. El trabajo doméstico no remunerado ha sido durante décadas una labor invisibilizada que recae casi exclusivamente en las mujeres.
La ciudad también ha avanzado en la prevención y combate a la violencia machista. Se han construido 334 kilómetros de Caminos para las mujeres libres y seguras, y se han reformado leyes para cambiar como juzgamos el acoso sexual y tipificado conductas como el acoso digital y la violencia en el noviazgo. Hoy el 95% de los feminicidas en la Ciudad de México están en prisión o cuentan con órdenes de aprehensión.
Ese es el sentido del feminismo cuando se convierte en política pública. No es una bandera individual ni una pose de ocasión: es una lucha colectiva que busca transformar la vida de millones de mujeres.