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Gusano devora bosque de Joco, sequía prolongada debilitó al arbolado

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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN

El Cerro de Jocotitlán enfrenta una de las crisis ambientales más severas de los últimos años. La presencia del gusano descortezador, una plaga asociada al debilitamiento de los árboles provocado por la sequía extrema, ha generado la pérdida acelerada de amplias zonas forestales, encendiendo la preocupación de habitantes que observan cómo el bosque se desmorona ante sus ojos.

De acuerdo con los trabajos realizados, más de mil 200 árboles fueron derribados como parte de un proceso de saneamiento forestal aplicado en al menos 35 hectáreas. La medida, explican autoridades, buscó frenar la propagación del insecto; sin embargo, para las comunidades locales el impacto es devastador.

El cerro no solo es un referente natural y cultural, también cumple funciones esenciales como la regulación de la temperatura, la captación de humedad y la protección del suelo.

Como respuesta reciente, se anunció la instalación de trampas de feromonas para interrumpir el ciclo reproductivo del gusano. Esta estrategia será aplicada durante los próximos meses, periodo considerado crítico por especialistas debido al aumento de temperaturas que favorece la expansión de la plaga. Aun así, persiste la inquietud sobre si estas acciones serán suficientes para contener un daño que se gestó durante años de abandono y estrés hídrico.

Mientras troncos talados permanecen apilados en distintas zonas del cerro, vecinos cuestionan la falta de políticas preventivas y de manejo forestal oportuno. La infestación, señalan, es consecuencia directa de la crisis climática y de la ausencia de vigilancia constante. La defensa del bosque de Jocotitlán se ha convertido en una exigencia social: protegerlo es preservar el equilibrio ambiental y el futuro de las familias que dependen de él.

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