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MUERE SOLOVINO, UN CAN DE GASOLINERA DE TOLUCA

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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN

La muerte de Solovino, un perro en situación de calle adoptado por trabajadores de una gasolinera del municipio de Toluca, dejó entre sus cuidadores un llamado a brindar protección a los animales abandonados y, principalmente, a garantizar condiciones que reduzcan los riesgos a los que permanecen expuestos.

El can llegó meses atrás por cuenta propia a la estación de servicio. Los despachadores comenzaron por proporcionarle agua y alimento, pero su presencia se volvió habitual y decidieron acondicionarle un espacio para que permaneciera en las instalaciones. Con el paso del tiempo, los empleados asumieron colectivamente su cuidado. Además de conseguirle una caseta y un plato para su comida, organizaron la atención veterinaria y aplicación de vacunas. También le colocaron un pequeño uniforme que lo identificaba como parte de la estación.

Solovino permanecía diariamente cerca de los trabajadores mientras atendían a los automovilistas. Su presencia también comenzó a ser reconocida por clientes frecuentes, algunos de los cuales acudían con alimento o premios para el animal. El refugio improvisado representó un cambio en las condiciones de vida del perro, que anteriormente permanecía sin protección en la vía pública. Sin embargo, el riesgo asociado al tránsito vehicular continuó presente debido a la ubicación del establecimiento.

De acuerdo con el relato de sus cuidadores, el accidente ocurrió cuando Solovino observó a otro can y salió de las instalaciones para seguirlo. Al ingresar a la zona de circulación fue alcanzado por un vehículo. El impacto le provocó lesiones que ocasionaron su muerte antes de que pudiera recibir atención médica.

Tras el percance, los empleados decidieron conservar sus cenizas en una urna instalada cerca de la caseta donde descansaba. El espacio permanece como recuerdo del animal y de los meses durante los cuales estuvo bajo el cuidado de los trabajadores. El caso también evidenció la vulnerabilidad de los perros que permanecen en calles y avenidas, donde enfrentan atropellamientos, falta de alimento, enfermedades y ausencia de atención veterinaria. Para los empleados, proporcionar comida constituye solamente una parte de la responsabilidad que implica recibir a un ejemplar abandonado.

Después de la muerte del can, su caseta continúa dentro de la estación. Los empleados esperan que posteriormente pueda servir para recibir a otro ejemplar abandonado, bajo condiciones que permitan mantenerlo protegido del tránsito y otros peligros.

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