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Por Gustavo Infante Cuevas
Claressa Shields no regresó al peso mediano para simplemente ganar. Regresó para recordarles a todos quién manda. Después de ser campeona indiscutida en peso pesado, bajar cerca de 38 libras en 14 semanas y volver a las 160, “T-Rex” detuvo a Kaye Scott en el sexto round y recuperó los cinturones WBA y WBC.

Lo impresionante no fue solamente el resultado, sino la manera. Shields impuso velocidad, precisión y experiencia desde el inicio. Scott, campeona mundial unificada y con ventaja de estatura y alcance, intentó hacer valer su físico, pero terminó sucumbiendo ante una rival que parecía pelear en otra velocidad. En el sexto, un poderoso golpe mandó a la australiana a la lona y, aunque consiguió levantarse, su esquina terminó lanzando la toalla.
Shields llegó a 19-0, con apenas cuatro victorias por la vía rápida, por lo que este triunfo tiene un sabor especial: fue su primer nocaut técnico en aproximadamente dos años. Pero, sobre todo, vuelve a colocarla en la cima de una división que ahora tiene un objetivo evidente: los otros dos cinturones.

Desley Robinson posee los títulos IBF y WBO. Si Shields quiere volver a ser indiscutida en las 160 libras, ahí está el desafío. Si busca una pelea de mayor impacto mediático, Lauren Price aparece en el horizonte.
Shields ya dijo que está en su “era Mike Tyson”. Quizá suene atrevido. Pero después de ser campeona indiscutida en tres divisiones y regresar de los pesados para conquistar nuevamente el mediano, ¿quién se atreve a decirle que no?