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La puerta que nunca está cerrada

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Por Pedro Linares Manuel

MASONERÍA Y SENTIDO DE VIDA

En la vida existen puertas que se cierran sin aviso: la del trabajo que perdimos, la de una relación que terminó, la de la confianza que traicionamos o la de una oportunidad que dejamos escapar. Algunas se cierran por decisiones ajenas; otras, por nuestros propios errores. Sin embargo, desde la mirada simbólica de la Masonería, existe una puerta que jamás desaparece: la posibilidad de reconstruirnos.

La puerta representa el paso de un estado de conciencia a otro. No basta con tocarla; es necesario estar dispuesto a dejar atrás aquello que ya no puede acompañarnos. El orgullo, la mentira, el resentimiento, la culpa y el miedo suelen convertirse en cadenas que nos mantienen frente al umbral, aunque la entrada continúe abierta.

APRENDER A LEER TU PROPIA HISTORIA

Muchas personas creen que comenzar de nuevo significa borrar el pasado. No es así. El iniciado no destruye su historia: aprende a leerla. Cada caída revela una debilidad; cada fracaso muestra una parte de la Piedra Bruta que todavía necesita ser trabajada.

La puerta nunca está cerrada, pero tampoco se abre sola. Requiere una llave: la honestidad. Sin ella, el arrepentimiento se convierte en discurso y la promesa de cambiar en una repetición del mismo ciclo.

Cruzar el umbral implica reconocer el daño causado, asumir las consecuencias y reparar, hasta donde sea posible, aquello que rompimos. No existe verdadera transformación sin responsabilidad. Pero tampoco existe justicia completa cuando se niega al ser humano toda posibilidad de redención.

La Masonería enseña que ninguna piedra debe ser desechada únicamente por sus imperfecciones. Mientras pueda ser trabajada, conserva la posibilidad de ocupar un lugar digno en la construcción del Templo Interior.

CON LA DECISIÓN DE VOLVER A EMPEZAR

Quizá hoy sientas que todas las puertas se han cerrado. Tal vez perdiste una relación, una oportunidad o incluso la confianza en ti mismo. Pero aún queda una entrada: la del reconocimiento sincero, el aprendizaje y la decisión de volver a empezar.

No regresarás siendo la misma persona. Volverás con cicatrices, experiencia y una conciencia distinta. Porque la puerta que nunca está cerrada no conduce al pasado: conduce hacia la posibilidad de convertirte, por fin, en el arquitecto de tu propia vida.

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