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Un poste incómodo

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Por Juan R. Hernández

A veces no hace falta una megaconstrucción para exhibir las fallas de un gobierno; basta un poste. El pilote S29 de la Línea 4 del Cablebús se ha convertido en el símbolo de una forma de gobernar que privilegia la imposición sobre el diálogo y la opacidad sobre la transparencia.

Nadie cuestiona que Tlalpan necesite mejores opciones de movilidad. Lo que los vecinos del barrio de Caramaguey rechazan no es el Cablebús, sino la manera en que el Gobierno de la Ciudad de México decidió avanzar: ingenieros realizando mediciones sin previo aviso, marcas sobre el terreno y ninguna explicación para quienes han vivido ahí durante generaciones.

Lo más preocupante vino después. Los habitantes acudieron a las autoridades en busca de respuestas y encontraron funcionarios que desconocían las características del sitio donde pretenden levantar la estructura. Como si eso no bastara, recibieron una respuesta que retrata la desconexión gubernamental: “es normal que haya insatisfacciones”. No, no es normal gobernar sin informar.

El conflicto revela un problema más profundo. La administración capitalina presume obras de gran impacto, pero olvida que la legitimidad también se construye escuchando a la ciudadanía. Los estudios de impacto, factibilidad y afectaciones ambientales siguen sin conocerse públicamente, mientras la incertidumbre crece entre quienes serán los primeros afectados.

Esta situación ya fue abordada por legisladores de oposición quienes atendieron las demandas vecinales y llevaron el tema al Congreso, mientras el gobierno permanecía en silencio.

Clara Brugada prometió un gobierno cercano a la gente. Sin embargo, en Caramaguey los vecinos sólo han encontrado puertas cerradas, respuestas evasivas y decisiones tomadas desde el escritorio. La participación ciudadana no puede reducirse a informar cuando las máquinas ya están listas para entrar.

Porque las grandes obras también se miden por la confianza que generan. Y cuando un simple poste provoca más preguntas que respuestas, lo que queda al descubierto no es un problema de ingeniería, sino una profunda falla de gobierno.

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