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Por Eduardo López Betancourt
Según algunos medios de comunicación, el Presidente norteamericano Donald Trump fue objeto de una rechifla durante su presencia en el último partido del Mundial en la ciudad de Nueva York. Es, definitivamente, el riesgo que corren diversos Jefes de Estado que merecen la reprobación de sus actos de gobierno, de ahí que deciden no asistir a eventos masivos.
Pero a Trump parece no importarle y, sin más, hace acto de presencia en cuanto espectáculo puede. Lo cierto es que otros hombres del poder prefieren retraerse de las concentraciones multitudinarias. En México se dio el caso de que Andrés Manuel López Obrador se llevara una silbatina cuando inauguró el Estadio de Béisbol Alfredo Harp Helú. En el mismo sentido, se reprobó la presencia de Gustavo Díaz Ordaz y de Miguel de la Madrid.
El último Presidente mexicano que dio motivo de reconocimiento público fue Adolfo López Mateos, quien por costumbre asistía a diversidad de espectáculos y siempre era recibido con intensos aplausos, lo que se traducía en aprobación popular. Me consta cómo en la Plaza México recibió grandes muestras de afecto que se convirtieron en absoluto reconocimiento a su labor presidencial.
Será muy sano para los dirigentes conocer el termómetro de su popularidad, es decir, no temerles a las masas que de manera anónima se expresan, algo que servirá de manera esencial para cambiar su estilo de gobierno, donde aceptar fallas resulta conveniente. Donald Trump muestra un valor indiscutible al presentarse en cuanto evento multitudinario puede.
En el último Abierto de Tenis que se llevó a cabo en Nueva York, fui testigo de que, en tres ocasiones, recibió la mayoría de los aplausos, aunque no dejaron de escucharse manifestaciones de crítica; estas, sin embargo, fueron menores frente a las ovaciones. El ejemplo de Trump bien podría servir para otros funcionarios, quienes deberían estar dispuestos a recibir las críticas a su desempeño; así mostrarían una valentía que, sin lugar a dudas, dejaría en claro su decisión de no temerle a las masas anónimas.
