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Por Lourdes Paz Reyes
Hay momentos que trascienden, ¿y si, sí? Sí, los calendarios se convierten en parte de la memoria e historia. México volvió a ser la mirada de miles de turistas que se unen en una gran fiesta futbolera. Después de 40 años, la pelota volvió a la casa y unió a millones de personas alrededor del mundo que llegaron a nuestra bella Ciudad, pero más allá de los partidos, los estadios o los reflectores, lo verdaderamente importante es lo que dejó en nuestras comunidades: espacios dignos, oportunidades de crecimiento económico y sueños para nuestras niñas, niños, jóvenes y familias.
Nuestra Ciudad de México vivió una transformación profunda, una transformación que se construye todos los días desde sus barrios, pueblos y colonias, respetando la identidad única de cada rincón de esta gran capital. Gracias al compromiso de nuestra Jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, hoy se concretó la rehabilitación de 300 canchas deportivas en distintas alcaldías de la Ciudad, una acción que coloca al deporte como una herramienta para el bienestar, la convivencia y la construcción de comunidad.
En Iztacalco, la casa de la sal y de los grandes espectáculos, fueparte fundamental de este esfuerzo. Hoy podemos decir con orgullo que contamos con 42 canchas rehabilitadas: 23 intervenidas por el Gobierno de la Ciudad de México y 19 por el Gobierno de la Alcaldía de Iztacalco. Son 42 espacios que han vuelto a llenarse de vida.
Quienes conocen nuestra alcaldía saben que durante más de una década estas canchas permanecieron en el abandono, las cuales eran conocidas como verdaderos “polvorines”: terrenos de tierra y polvo que, pese a las carencias, seguían siendo el punto de encuentro para quienes aman el deporte.
Ahora las familias encuentran canchas con pasto renovado, espacios seguros y dignos para convivir, entrenar y competir. Pero lo más importante es que estos espacios representan mucho más que infraestructura deportiva: son lugares donde nacen amistades, donde se fortalecen valores y donde miles de personas construyen proyectos de vida.
Y mientras nuestra Ciudad recibió visitantes de todas partes del mundo, hoy queremos que se lleven en el corazón mucho más que el recuerdo de un partido porque descubrieron la espectacular grandeza del Estadio GNP Seguros, la legendaria esencia del Palacio de los Deportes y la apasionante atmósfera del Estadio Alfredo Harp Helú, la magia de los canales de Xochimilco, la belleza de nuestro segundo pulmón, el Bosque de Chapultepec, la historia que resguarda el Zócalo capitalino, la riqueza cultural de Coyoacán, la majestuosidad del Palacio de Bellas Artes, la energía de Paseo de la Reforma y que disfrutaron el auténtico ambiente de las tradicionales cantinas y las emblemáticas pulquerías de nuestroquerido Centro Histórico, el sabor de nuestra gastronomía tradicional como el mole, el pipian, el pozole, entre otros platillos tradicionales; y la pasión con la que vivieron en cada rincón de esta gran metrópoli.
Y si algo demuestra esta gran fiesta futbolera es que los grandes eventos dejan huellas que permanecen mucho después del último silbatazo. Hoy vemos una ciudad que se transforma con la construcción de las Utopías, espacios que acercan derechos, cultura, deporte y bienestar a las comunidades; con más de dos mil proyectos realizados y ejecutados por nuestra jefa de gobierno, porque sí, un mundial termina, pero las obras se quedan para el bienestar de la Ciudadanía como el puente vehicular elevado de Tlallipan, que mejora la conectividad y la calidad de vida de miles de personas que transitan por los transportes públicos de esta inmensa Ciudad.
Todo ello ha sido posible gracias a una administración responsable que ha sabido invertir los recursos públicos en obras y acciones que generan bienestar para las y los ciudadanos. Porque el verdadero legado de esta celebración no se mide únicamente en los encuentros deportivos, sino en las obras, los espacios y las oportunidades que seguirán beneficiando a las familias de nuestra capital por muchos años.
Esta es la Ciudad de México, la capital en movimiento, el movimiento de la transformación, que recibió al mundo: una ciudad orgullosa de sus raíces, vibrante y en constante transformación. Una ciudad que hoy tiene el privilegio de ser conducida por mujeres transformadoras, con una Presidenta de la República y una Jefa de Gobierno que han colocado el bienestar de la gente en el centro de las decisiones públicas.
Su legado quedará escrito en la historia de nuestro país. Son dos grandes mujeres que han demostrado que de una semilla nacen los sueños; de los sueños, las metas; y de las metas, los logros que hoy se reflejan en un gobierno cercano al pueblo y comprometido con la justicia social. Pese a las adversidades, continúan avanzando y triunfando, demostrando que cuando hay convicción, trabajo y amor por México, no existen obstáculos que detengan la transformación. Su liderazgo es muestra de un país unido, fuerte y solidario, que se consolida día a día en la construcción de una verdadera transformación para el pueblo de México.
La fiesta futbolera concluyó, pero las canchas permanecerán. Permanecerán como un legado para las futuras generaciones, como espacios para construir comunidad y como una muestra de que cuando se gobierna pensando en las personas, los sueños también pueden ejecutarse.
Porque el fútbol no es solamente un deporte. Es una pasión que atraviesa fronteras, idiomas y culturas. Es la emoción de una niña que sueña con representar a su equipo; de un niño que imagina marcar el gol decisivo; de una familia que se reúne para compartir una tarde de juego; de una comunidad que encuentra en el deporte una razón para convivir y fortalecer sus lazos.
El fútbol también nos enseña algo fundamental: ninguna meta se alcanza en solitario. Nos habla de trabajo en equipo, disciplina, perseverancia, respeto y solidaridad. Nos recuerda que las grandes victorias siempre son colectivas.
Por eso me llena de alegría afirmar que la pelota volvió a la Casa de la Sal y de los grandes espectáculos. Volvió con alegría, con fuerza y con esperanza. Volvió a rodar en colonias y barrios que durante años esperaron esta transformación y que hoy recuperan espacios para la convivencia y la felicidad.
Porque cada cancha recuperada es una oportunidad. Cada balón que rueda es una esperanza. Y cada niña, niño, joven o adulto que encuentra en el deporte un motivo para sonreír, representa la verdadera victoria de nuestra ciudad.
