102 lecturas
Por Ricardo Sevilla
En la derecha andan muy alebrestados. Y nerviosos.
Y es que la vinculación a proceso y prisión preventiva justificada dictada contra Ernesto Ruffo —respaldada por cerca de 100 datos de prueba presentados por la FGR ante la FEMDO— marca un punto de inflexión en la correlación de fuerzas del Estado mexicano.
¿Y sabe por qué están tan sudorosos los neoliberales? Porque el caso de Ernesto Ruffo desentraña la anatomía del privilegio y la resistencia de las élites a someterse al escrutinio democrático.
De ahí que los partidos de oposición, encabezados por el PAN y sus nuevas (pero visibles) fachadas electorales, han intentado y rayado de desacreditar el rigor de la ley bajo el gastado eufemismo de la “persecución política”.
Sin embargo, los datos duros desmoronan las calumnias y descalificaciones que vomitan los opinólogos alquilados por el conservadurismo.
Lo más interesante –y que les preocupa tanto– es que la FGR ha expuesto el andamiaje de corrupción que involucra el presunto tráfico ilegal de combustibles que operaban Ernesto Ruffo y sus secuaces.
Y les tiemblan los cachetes porque la Fiscalía no solo está investigando a individuos, sino a ese modelo de dominación que les permitía tener bajo su pernicioso dominio a las aduanas y otras instituciones públicas.
Y, justo por eso, los voceros del statu quo han quedado desolados porque la sociología del poder ha cambiado: el pueblo organizado ya no tolera la simulación y exige que la justicia no distinga colores partidistas ni blasones nobiliarios de la transición democrática.
El colapso argumentativo de los opinólogos del viejo régimen es el síntoma más claro de un cambio de época. Acostumbrados a la cómoda tarea de dictar absoluciones morales desde las tribunas mediáticas, hoy observan con estupor cómo el andamiaje legal desarma sus coartadas políticas.
Frente al peso lapidario de las pruebas, a la jauría de analistas orgánicos solo le restan los despojos de una retórica vacía, desolados ante la inapelable sentencia de la historia y de la ley.
¿Ya entendió por qué están que se los lleva el carajo?
