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Lo que vivimos juntos también importa

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Por Xóchitl Bravo

La derrota duele. Quienes seguimos a la Selección Mexicana sabemos que el futbol tiene esa extraña capacidad de hacernos pasar -en cuestión de minutos- de la esperanza a la tristeza, de la emoción al silencio. Durante días soñamos juntos. Nos reunimos con nuestras familias, amistades y vecinos. Las calles se llenaron de playeras verdes, banderas y sonrisas. Por un momento, millones de personas compartimos la misma ilusión.

El resultado no fue el que esperábamos. Llegó la tristeza, la frustración y, seguramente, la búsqueda de explicaciones y responsables. Es natural. Pero cuando pasan las primeras horas después de una derrota, vale la pena mirar más allá del marcador. Porque lo que vivimos juntos también importa.

En una metrópoli tan grande, diversa y compleja, como la Ciudad de México, no siempre es fácil encontrarnos. Tenemos distintas formas de pensar, historias y preocupaciones. Sin embargo, estos días volvimos a reconocernos en las calles, plazas y espacios públicos. Nos abrazamos con personas desconocidas y celebramos juntos. Compartimos la idea de que esta vez la historia pudiera ser diferente y eso tiene un enorme valor.

El futbol nos recordó algo: necesitamos encontrarnos. Necesitamos recuperar nuestras calles, construir comunidad y saber que existen momentos que nos unen.

Ahora que la emoción del Mundial comienza a transformarse, tenemos la oportunidad de conservar algo de lo vivido. Que la alegría de encontrarnos no dependa sólo de un partido de futbol. Que sigamos haciendo nuestras las plazas, parques y calles. Que fortalezcamos nuestros barrios, pueblos y colonias. La grandeza de una ciudad no se mide únicamente por sus edificios u obras, sino también por la capacidad de sus habitantes para convivir, acompañarse y construir esperanza.

México no consiguió el resultado que millones deseábamos y, por supuesto, nos duele. Pero estos días ocurrió algo que ningún marcador puede borrar: volvimos a encontrarnos, a reconocernos y a sentirnos parte de algo más grande. La tristeza pasará. Lo que construimos juntos, si sabemos cuidarlo, puede permanecer.

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