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Por Pedro Linares Manuel
Existe un tribunal al que ningún abogado puede impedirte llegar. No tiene edificio, expedientes ni jueces vestidos de toga. Tampoco admite influencias, dinero o privilegios. Ese tribunal habita dentro de ti: tu propia conciencia.
Desde la mirada simbólica de la Masonería, el ser humano trabaja constantemente sobre su Piedra Bruta. Cada decisión, palabra y acto deja una marca. Podemos ocultar nuestros errores ante los demás, construir explicaciones e incluso convencer al mundo de nuestra inocencia; pero existe un testigo que estuvo presente desde el principio: nosotros mismos. Por eso, el juicio más profundo quizá no ocurra frente a otras personas, sino frente al espejo interior.
Medirnos a nosotros mismos
La escuadra simboliza la rectitud de nuestros actos; el compás, los límites que debemos imponer a nuestras pasiones; la plomada nos pregunta si nuestra conducta permanece vertical cuando nadie nos observa. No son instrumentos para medir a los demás: primero deben medirnos a nosotros mismos. Y ahí comienza el verdadero tribunal.
¿Qué hiciste cuando pudiste ayudar y decidiste ignorar? ¿A quién lastimaste sabiendo que podías detenerte? ¿Cuántas veces cambiaste verdad por conveniencia? Pero también: ¿cuántas veces reconociste tu error, pediste perdón, reparaste el daño y decidiste comenzar nuevamente?
Porque este tribunal tiene algo extraordinario: no existe solamente para condenar; también existe para transformar. El verdadero castigo no es descubrir que alguna vez fuimos imperfectos. Es saber que comprendimos nuestro error y aun así decidimos permanecer iguales. Mientras exista conciencia, existe la posibilidad de tomar nuevamente el mallete y el cincel. Puedes corregir una piedra mal trabajada, reconstruir aquello que dañaste y regresar al camino.
MIRAR TU HUMANIDAD
Quizá algún día, cuando estés completamente a solas contigo mismo, la pregunta final no sea cuánto dinero acumulaste, cuántos títulos obtuviste o cuántas personas te admiraron. Será mucho más sencilla: ¿Qué clase de ser humano fuiste cuando nadie te estaba mirando? Y entonces comprenderás quién era el juez que siempre estuvo esperándote: tú mismo. Si hoy tu conciencia te está diciendo que algo debe cambiar, escúchala. Todavía puedes comenzar una nueva construcción. Libros y contenidos: www.mentisnovatea.com | Consultas psicológicas vía WhatsApp: 56 4410 4184