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Por Lengua Larga
En Morena CDMX algo se rompió… y no fue por casualidad. Desde la llegada de Héctor Díaz-Polanco, lo que antes era operación política hoy parece improvisación con credencial de partido. La estructura que durante años construyeron Tomás Pliego y Sebastián Ramírez, con diálogo, acuerdos y territorio, hoy luce desarticulada, como si alguien hubiera decidido borrar el manual y empezar de cero… pero sin saber cómo.
Porque si algo caracterizó a las dirigencias anteriores fue la capacidad de sentar a todos en la mesa, incluso en medio de tensiones. Hoy, en cambio, lo que hay es silencio. Ni con el Verde ni con el PT hay interlocución real. No hay reuniones, no hay ruta, no hay política. Y en política, el vacío no se queda vacío: se llena de desconfianza.
La ironía es evidente. Mientras a nivel nacional presumen unidad y presumen coalición, en la capital, la joya de la corona, la alianza pende de un hilo. No por diferencias ideológicas, sino por algo más básico: la incapacidad de operar. Porque una cosa es tener trayectoria académica y otra muy distinta entender que los partidos no se dirigen desde el escritorio.
Hoy Morena en la Ciudad de México no enfrenta a la oposición, sino a su propia desorganización. Y eso, en vísperas de 2027, no es un detalle menor: es un riesgo político real. Porque las alianzas no se sostienen con discursos, se construyen con acuerdos. Y si esos acuerdos no existen, lo que sigue no es la unidad… es la fractura.
Así, lo que antes era un bloque sólido hoy parece un rompecabezas mal armado. Y todo indica que, si nadie corrige el rumbo, la historia no será de continuidad, sino de cómo se dejó caer, por descuido o soberbia, lo que ya estaba construido.