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Metamorfosis en las urnas: alianzas partidistas

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Ana E. Rosete

La historia electoral reciente del país no se puede entender sin las alianzas partidistas. Lo que comenzó como una herramienta de supervivencia se ha convertido en el eje del sistema político mexicano, marcando una transformación profunda que ha desplazado la ideología en favor del pragmatismo electoral.

Entre 2006 y 2012, las coaliciones respondían todavía a una lógica de bloques ideológicos relativamente claros. Por un lado, la “Coalición por el Bien de Todos”, integrada por PRD, PT y Convergencia, y por otro, la “Alianza por México”, conformada por PRI y PVEM, reflejaban proyectos de nación enfrentados. Para 2012, esta dinámica se mantuvo con “Compromiso por México”, que llevó a Enrique Peña Nieto a la presidencia, frente al “Movimiento Progresista”, consolidando la idea de que competir en solitario era cada vez menos viable.

El punto de quiebre llegó en 2018. La irrupción de “Juntos Haremos Historia”, encabezada por Morena junto al PT y el PES, capitalizó el descontento social y rompió el equilibrio tradicional. En paralelo, surgieron alianzas inéditas como “Por México al Frente”, que unió a PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, y “Todos por México”, integrada por PRI, PVEM y Nueva Alianza. Estas combinaciones evidenciaron que las diferencias históricas podían ceder ante la urgencia electoral.

Para 2024, el escenario se redujo a dos grandes polos. Por un lado, “Sigamos Haciendo Historia”, conformada por Morena, PT y PVEM, consolidó un bloque dominante. En contraste, “Fuerza y Corazón por México” reunió a PAN, PRI y PRD en una alianza impensable años atrás, obligados por la coyuntura a dejar de lado rivalidades históricas para competir frente al oficialismo.

Esta evolución revela una tendencia clara: el pragmatismo se ha impuesto sobre la ideología. Los partidos han difuminado sus fronteras programáticas en busca de sumar votos, dando paso a un electorado que ya no decide únicamente por la identidad partidista, sino por bloques estratégicamente construidos.

Así, las urnas mexicanas han dejado de ser el reflejo de posturas ideológicas rígidas para convertirse en el escenario de alianzas flexibles que hoy definen el rumbo político del país.

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