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Lo que debía ser un domingo familiar lleno de calma terminó en horror en la presa Benito Juárez, en Villa del Carbón. Un niño ingresó para nadar y jamás volvió a salir, engullido por la profundidad
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En el municipio de Villa del Carbón, la tranquilidad de la presa Benito Juárez se hizo pedazos en cuestión de segundos. Risas, música y conversaciones quedaron en silencio cuando un grito desesperado rasgó el aire: un niño que momentos antes disfrutaba del agua había desaparecido sin dejar rastro. Nadie imaginaba que ese lago frío y aparentemente tranquilo se convertiría en tumba.
“Solo se metió un poco… y ya no salió”, narró un hombre aún desencajado, testigo directo de la tragedia. La desesperación se expandió como eco entre los presentes. Madres abrazaban a sus hijos, otros corrían sin rumbo buscando ayuda, mientras la familia del menor imploraba, lloraba, suplicaba por un milagro que nunca llegó. El pánico se apoderó del lugar.
Elementos de seguridad pública arribaron de inmediato, pero las aguas ocultaban su secreto. No había señal del pequeño. No hubo tiempo para dudas: se solicitó con urgencia el apoyo de equipos especializados. Buzos de la Cruz Roja, equipados con trajes, tanques de oxígeno y luces, comenzaron la búsqueda en un ambiente de tensión insoportable. El tiempo se volvió enemigo. Cada minuto era una puñalada a la esperanza.
Entre rezos, llantos y silencio absoluto, los rescatistas descendían una y otra vez a la oscuridad del fondo. Finalmente, tras horas que parecieron eternas, emergió la peor confirmación: el cuerpo del menor, sin vida, fue recuperado de las profundidades. La resignación cayó como plomo sobre quienes miraban.
La escena se volvió desgarradora. La familia estalló en gritos y llanto, abrazándose entre sí mientras el dolor los derrumbaba. “Es lo más terrible que hemos visto aquí”, murmuró una vecina con la voz rota. Policías acordonaron la zona, mientras peritos de la Fiscalía cumplían con los fríos protocolos legales ante la mirada incrédula de visitantes y pobladores.
El lugar que minutos antes era recreación terminó convertido en un escenario fúnebre. La presa quedó marcada por el eco del sufrimiento, recordándole a todos que bajo su aparente calma hay una fuerza implacable capaz de arrebatar lo más preciado en un instante.